Reseña bibliográfica

Reseñas bibliográficas

 

Castellanos, Santiago, En el final de Roma (ca. 455-480): la solución intelectual., Ediciones de Historia, Marcial Pons, Madrid, 2013, 339 páginas. ISBN 978-84-92820-87-0

 

Santiago Castellanos, profesor de la Universidad de León, y docente invitado de la Universidad de Oxford, es conocido en el mundo académico por sus numerosos artículos, pero también por el público en general, debido a su incursión en la literatura de ficción con Martyrium. El ocaso de Roma (2013) y Barbarus. La conquista de Roma (2015). Ese mismo estilo dinámico y elegante con el que están narradas sus novelas, el lector lo encontrará desde la primera a la última página de El final de Roma. Dos adjetivos que no suele asociarse a la escritura erudita y que en un texto que se adentra en problemáticas para nada sencillas, destacan con brillo propio.

En el final de Roma no es un manual “sobre la decadencia del Imperio” sino un ensayo acerca de cómo vieron o no los contemporáneos su desaparición, y la construcción de un discurso intelectual en ese momento de crisis. La estructura llama la atención porque no presenta un encadenamiento lineal, sino que más bien utiliza el recurso de los vasos comunicantes: las ideas, conceptos y personajes se van desarrollando y son retomados en reiteradas intervenciones, profundizándose con cada vuelta. Tal vez por este motivo sea un texto que necesita más de una lectura. A nivel formal cuenta con una Introducción, seis capítulos, un breve “Apunte final” a modo de conclusión y un extenso apartado de bibliografía actualizada y fuentes.

La introducción y los dos primeros capítulos dan cuenta del estado del arte de las discusiones más recientes, tanto arqueológicas como historiográficas, sobre el “final” del imperio, la injerencia de la presencia bárbara en los textos y en el registro material o el debate teórico a nivel de la recepción textual aplicable a la literatura del siglo V. El autor nos alerta desde las primeras páginas de la introducción que aunque la cuestión del “final” es muy relativa y cada jurisdicción y región geográfica del Occidente romano tuvo su propio desarrollo, la idea apareció como una construcción discursiva en el siglo VI de la mano de los bizantinos, y de su emperador Justiniano. El libro se centra en el estudio de algunos textos de la época (455-480) y en la percepción que ellos reflejan acerca del “final de Roma”: la “solución intelectual”. A través de las cartas y panegíricos sobrevivientes de Sidonio Apolinar, se puede atisbar algo de lo que ocurría en esos momentos de incertidumbre y tumultos. Sin embargo, nada en ellos permite estimar que los romanos occidentales pensaban sus tiempos como una época final, aunque sí de profunda crisis y transformaciones.

Esto le permitirá a Castellanos darnos en la “Introducción” un repaso por la “obsesión” de la decadencia, cómo se ha visto reflejada en la historiografía anglosajona (mayoritariamente) y cómo influyó esta lectura en el resto de los historiadores, a lo largo de los siglos XIX y XX[1]; incluso en ciertos autores que están embarcados en esta vertiente historiográfica a principios del XXI, el caso de Heather o Ward-Perkins. Para equilibrar nos presenta los enfoques menos catastrofistas[2] que se han aproximado al tema desde perspectivas culturalistas, religiosos o institucionalistas.

Dicho de este modo parecería que el autor simplemente intentara colocarse en uno u otro bando sin demasiados ambages. Sin embargo, la cuestión de la “caída” y la obsesión por la decadencia le dan el marco justo para relativizar la idea, introduciendo en el capítulo siguiente, el aporte de la arqueología. Con esto se plantea la posibilidad de ver los cambios sincrónicos y diacrónicos a lo largo y ancho del imperio, aunque confunde los conceptos de “ramp and step change” (traduciéndolos al revés).

Tanto las fuentes documentales como la investigación arqueológica atienden a determinados intereses y deben ser vistos siempre en su origen y destino para analizarlos. El bagaje arqueológico servirá para acercarnos a las capas menos favorecidas de la sociedad, que no han dejado registros textuales pero que pueden verse reflejadas en las nuevas redes de aldeas, en la variación a nivel simbólico, en diversas expresiones de valores en las jerarquías, etc. El análisis textual es abordado a través de la teoría de la recepción cultural y literaria. Castellanos nos recuerda que en el siglo V la escritura sigue siendo un instrumento y un producto elitista, y mayormente cristiano.

Por consiguiente, tanto la introducción como el capítulo 1 se balancean entre “el material y el discurso retórico”, en los que el lector recibe un panorama acerca del cambio en todos los niveles. Es destacable el peso que adquieren las iglesias en la creación de identidades dentro de la comunidad campesina, que desamparada por la desarticulación de la administración imperial, empieza a crear nuevas redes de relaciones o a fomentar las que existían de larga data, a pequeña escala. Es allí en donde más se nota el papel de los textos a la hora de construir símbolos, valores, o remitir a tradiciones que se están perdiendo con cada convulsión. La arqueología, a su vez confirma un resurgir de las iglesias (urbanas y rurales) que en regiones como Hispania o África, ocupan el vacío imperial. Un tema que se retomará en los capítulos 3, 4 y 5.

La cuestión, muy en auge, sobre el fin de las villas en Occidente tiene asignado un espacio importante. Castellanos, apoyado en las investigaciones arqueológicas de Chavarría y Lewit, nos muestra que la visión decadentista debería dar paso a la del cambio, a una transferencia de lugares de poder: de los foros, villas y templos a las iglesias. En su argumentación, aunque de manera tangencial, propone la posibilidad de una nueva mirada sobre el siglo V hispano, y la necesidad de rever todo ese período como génesis de las aldeas (que la historiografía más tradicional suele anclar en el siglo X), a la luz del material arqueológico y los crecientes descubrimientos.

El capítulo 2 “Los bárbaros” retoma ideas del anterior, sobre la incidencia o no de los bárbaros en la aparición de nuevas aldeas, del colapso del imperio en el Occidente romano, etc. Pero también hace un repaso del concepto del bárbaro, como creación griega adaptada por los romanos, que desandando una larguísima tradición, culmina, con sus variantes, en la pluma de Amiano Marcelino, Salviano o el propio Sidonio. Con un trasfondo moralizante en los escritores cristianos.

Da cuenta aquí, por supuesto, de la ya clásica pero no extinta controversia acerca de la magnitud de las “invasiones bárbaras”, dividida entre los que minimizan el valor absoluto de ese concepto, como Goffart, o los que lo reactualizan como Heather. Castellanos opta por no centrarse exclusivamente en el concepto “invasión” sino en intentar formular hipótesis que pongan en diálogo las nociones de “barbarie” y romanidad” presentes en la evidencia textual y arqueológica, sin perder de vista que el siglo V es el de la consolidación de la presencia bárbara en el imperio.

Se podría pensar que el capítulo concluye de manera abrupta con esos dos postulado, sin embargo, no es un compartimento estanco sino un tema que subyace en todo el libro. En el capítulo 2 se especifican las principales líneas de discusión que el lector debería tener en cuenta. Una vez logrado eso, el desarrollo continúa a nivel del análisis textual que se propuso en las primeras páginas de la introducción.

“Lo perdieron por su negligencia”, con esa cita comienza el capítulo 3, y resume la forma en que Oriente concibió la pérdida de Roma, y la cuestión de la legitimidad del reclamo sobre los territorios de Occidente, por parte de sus emperadores. Argumento también utilizado por los escritores cristianos a quienes les interesaba acentuar la preeminencia de las figuras ascendentes de la iglesia, en detrimento de los gobernantes de turno, que se codeaban en exceso con los invasores. Recordemos que es el momento en que la Iglesia está intentando establecer la ortodoxia y la mayoría de los contingentes bárbaros profesan la fe arriana, o sencillamente son paganos.

El capítulo desenvuelve tres ideas que buscaron resolver el problema de la consolidación del poder en Occidente: la “solución gala” (una especie de golpe de estado por parte de la aristocracia gala y los visigodos) con Avito a la cabeza, quien es a su vez una figura marginal o central dependiendo del contexto en que se escriba la historia, y por parte de quién (Jordanes, Hidacio, Prisco, Sidonio, etc.). La segunda es la “vía militar”. Tiene que ver con el interés de Mayoriano en hacerse con el poder dejando de lado a Avito, apoyado por los visigodos de Ricimero. Mayoriano es un hombre de Oriente, amparado por el nuevo emperador León. Sin embargo, la derrota de la flota que intentó recuperar África de los vándalos, llevó al final de las pretensiones de Mayoriano, y a la condena por parte de los intelectuales orientales.

La tercera es la opción del “griego”, en la figura de Antemio. La intención es tratar de proyectar, a través de los discursos y panegíricos en su honor, una especie de confluencia de intereses de Oriente y Occidente, y aquí es clave el papel de Sidonio encargado de escribirlos.

En el siguiente capítulo vuelve la vista a los contemporáneos del siglo V y su actitud ante el “significado” del 476 como un final definitivo o como una crisis más. Encontramos gran cantidad de extractos de cartas de Sidonio a sus colegas, de hagiografías, de Historiae, de textos en latín que pueden parecer reiterativos, ya que se encuentran traducidos al castellano inmediatamente antes. Sin embargo, para quienes conocen el dicho de “traductor traidor” sabrán que los pequeños matices que se descubren en la lengua original, nunca podrán ser sustituidos por una traducción. Motivo por el cual el autor puede detener su argumentación, en por ejemplo, el significado particular de un haec en un fragmento en especial.

En el recorrido que se propone, aunque los autores se muestran alarmados por el rumbo que están tomando los acontecimientos, ninguno de ellos está convencido de encontrarse ante el final de nada. A pesar de ello, como veremos en el capítulo 5 “Desprenderse de la patria o del cabello. Buscando una identidad”, comprenderemos que nuestros testigos se sienten como los “últimos romanos” (una idea que ya se había presentado en la introducción y que ahora es retomada para ser explicada). Esta expresión debe entenderse desde el punto de vista intelectual, ya que es la solución de la que se habla en el título del libro que estamos reseñando. Hay una cesura de tipo político que los contemporáneos vislumbran muy bien. Que obliga a los aristócratas e intelectuales a actuar, a preocuparse por el destino de la res publica y a intentar una salida. Sidonio les escribe a sus amigos y colegas, instándolos a no perder la identidad romana que estará dada por las letras, por la supervivencia del latín, como un símbolo de la cultura[3].

Al analizar las discusiones teológicas y religiosas, en un tiempo de grandes desequilibrios, se descubre que la prudencia es la mejor carta para jugar. Una “época episcopal” que se manifestará en el resurgir de las iglesias y en las inscripciones que dejarán marca en sus dinteles, como loa a sus constructores y benefactores. Ya no los emperadores, sino los obispos locales, muchos de ellos antiguos miembros de la aristocracia imperial.

El último capítulo retoma, para concluir, la cuestión de la apropiación del tópico del bárbaro por parte de la aristocracia romana: del mal olor al buen rey dependiendo de los escritores, de los tiempos, y de las necesidades del momento. Esto explica cómo fue posible que los regna bárbaros pudieran consolidarse y florecer en un ambiente más allá de los límites originales de asentamiento. También explica cómo aquellos “últimos romanos” que defendían la romanidad fueron capaces de adaptarse, en la generación siguiente, a los tiempos que corrían. Cómo fue capaz, esta nueva generación, de escribir y comprender la historia de los bárbaros desde su óptica y ya no desde los ojos de los romanos. Allí se halla, en definitiva la “solución intelectual” al colapso de Roma.

En el final de Roma es un ensayo interesante, que debe leerse como quien pela una cebolla, capa por capa, para adentrarnos en los pormenores que le importan a su autor. Desde las más externas donde se encuentran los puntos de anclaje de cualquier análisis histórico, hasta las más íntimas que desmenuzan fuentes al nivel de la sintaxis latina. Para quienes no son especialistas en el periodo, es un completo punto de partida, con estados de la cuestión puestos al día y aportes fundamentales sobre arqueología. Para quienes sí lo son quizá los primeros capítulos sean reiterativos e incluso aburridos, pero lanzan algunas ideas provocativas como la relectura del siglo V hispano, e incorpora desde el título, la necesidad de una interpretación del final de Roma desde la lectura de la teoría de la recepción.

La utilización de un lenguaje sin retruécanos academicistas lleva a engaño. No es un libro para el gran público, a pesar de su amable lectura. Eso queda de manifiesto con la aparición de las primeras alusiones en latín, los pies de páginas con citas a obras en alemán que no tienen sus traducciones en castellano, o la alusión a conceptos que no se explican porque queda implícito que son de dominio de quien los lee.  En definitiva, un libro muy recomendable para quienes están dispuestos a una lectura paciente y minuciosa, resaltador en mano, y libreta de apuntes mediante.

Viviana Talavera

Universidad Nacional de Mar del Plata

nemesisvengadora@hotmail.com







Poy, Lucas, Los orígenes de la clase obrera; huelgas, sociedades de resistencia y militancia política en Buenos Aires 1888-1896,  Imago Mundi, , Buenos Aires 2014, 334 páginas, ISBN 978-950-793-199-4.

 

En los últimos años la historiografía referente al movimiento obrero ha cobrado impulso gracias a la publicación de numerosos artículos, revistas y libros que vuelven a situar a este tema como objeto de estudio. El libro "Los orígenes de la clase obrera; huelgas, sociedades de resistencia y militancia política en Buenos Aires, 1888-1896" de Lucas Poy se enmarca en estos esfuerzos historiográficos que buscan analizar el desarrollo de la clase trabajadora en Argentina. Puntualmente el recorte 1888-1896 viene a responder a un problema que había sido dejado de lado: los orígenes.

De este modo la obra hace una recuperación de autores clásicos, pioneros de la historia de los trabajadores, como Diego Abad de Santillán (Anarquista) y Jacinto Oddone (Socialista), entre otros. Sin embargo el presente trabajo no se ciñe a las tradiciones de izquierda, sino que se propone estudiar las organizaciones y la clase en sí, recuperando un periodo histórico que, con excepción de los esfuerzos de algunos autores como Bilsky o Falcón, había quedado casi olvidado. Este recorte temporal le permite discutir con los planteos de la historiografía revisionista de los años sesenta que, al vincular el origen de la clase obrera al peronismo, ignoran la historia de lucha, formación y desarrollo del proletariado. Al mismo tiempo critica las tesis de los  investigadores -con Luis Alberto Romero a la cabeza- que proponen que la clase trabajadora, en el siglo XX, se disolvió en los "sectores populares" negando el carácter objetivo de la misma e ignorando el desarrollo de sus organizaciones, sus tradiciones y su identidad clasista. Poy, al analizar el desarrollo subjetivo de una clase obrera objetivamente determinada, le responde a estas nociones que intentan escindir la historia de los trabajadores de sus organizaciones y sus luchas.

El libro cuenta con una introducción, ocho capítulos y unas palabras finales, a lo largo de todo el texto, el autor desarrolla tres problemáticas principales: la caracterización de los factores objetivos que constituyen a la clase; la dinámica de los trabajadores en la lucha gremial y, finalmente, un análisis de las ideologías de izquierda en relación al movimiento obrero.

Para realizar su análisis Poy hace un amplio uso de fuentes primarias: utiliza estadísticas estatales, aunque el principal aporte son los periódicos de época. Recurre a diarios comerciales,  y a la vez nos brinda una relectura de las prensas clasistas: anarquistas (La questione Sociale, El perseguido, L'avvenire) y socialistas (Vörwarts, El obrero, La vanguardia),  distinguiendo y explicitando las posturas políticas sostenidas en las mismas. Éstas, a su vez, son acompañadas por publicaciones gremiales como El obrero panadero o La unión gremial.

A lo largo de todo el texto resalta la influencia teórica y metodológica de autores clásicos del marxismo británico, principalmente: E.P. Thompson. En este sentido el análisis de las organizaciones, ideas y experiencias de lucha tienen un rol protagónico en la obra de Poy y son determinantes al momento de explicar la formación de la clase obrera. A su vez, para tener una visión totalizadora, son necesarios otros trabajos que, sumados a los elementos aportados por este libro, analicen diferentes experiencias (las tradiciones o la marginalidad, por ejemplo).

El primer eje del presente trabajo analiza la estructuración del proletariado de Buenos Aires en relación al mercado de trabajo, la organización de la ciudad y sus condiciones materiales de existencia. Así, el autor muestra que los trabajadores de Buenos Aires tienen como particularidad el carácter estacional y poco calificado de su trabajo. De esta forma propone como hipótesis que los empleos temporales favorecían el vínculo entre obreros de profesiones diversas, rompiendo con la tendencia a aislarse en sus propios oficios. Al experimentar en forma conjunta la explotación en sus diferentes trabajos, los asalariados rompen con la conciencia corporativa en favor de la solidaridad de clase. Esta idea resulta novedosa ya que pone como eje la identidad común de los trabajadores en torno a experiencias de explotación que no se circunscriben, únicamente, al lugar donde desempeñan su actividad y que está vinculado directamente con las particularidades del mercado de trabajo. A su vez, la originalidad de la hipótesis radica en demostrar cómo la falta de estabilidad laboral no impidió la organización, sino que favoreció la creación de lazos de solidaridad entre diversos oficios. El principal ejemplo es la industria de la construcción, que vinculaba a trabajadores de diferentes gremios relacionados directa o indirectamente, dentro de la misma rama. Esta caracterización del mercado laboral es acompañada por una breve descripción de la vida y los problemas de los asalariados en sus barrios.

La dinámica de la lucha de clases es explorada en los capítulos 2 al 5, donde se presentan los momentos de alta conflictividad (1888-89, 1894-96) y los momentos de reflujo (1890-94), analizando la evolución del proletariado de diferentes oficios (construcción, pintores, panaderos, etc.), poniendo de relieve la conformación de espacios de organización y de lucha (comisiones, sociedades de resistencia). El autor busca establecer el contexto político y económico para enfatizar de qué modo cómo la coyuntura influyó en la dinámica histórica del movimiento obrero. Así, remarca la pervivencia de las luchas y la resistencia de las organizaciones en los tiempos difíciles, como también la agitación en los momentos de alza en la lucha de clases. En este sentido la huelga grande (1896) se nos presenta como el ejemplo más ilustrativo para desarrollar su hipótesis ya que, si bien este conflicto comenzó en los talleres ferroviarios, en poco tiempo logró extenderse a toda la ciudad, beneficiado por un contexto de crisis política y una superación de la recesión económica. En primer término la huelga se propagó entre los diferentes oficios ferroviarios, pero  pronto se estableció un clima huelguístico que impulsó el desarrollo de conflictos con el protagonismo de otros trabajadores (panaderos, cocheros, etc.), quienes también se enfrentaron a las patronales. Algunos de ellos se vieron influenciados por ideologías revolucionarias; otros, por el clima huelguístico generalizado (que las corrientes de izquierda ayudaron a generar). A su vez la huelga se alimentó de organizaciones gremiales nacidas al calor de experiencias previas que, al mismo tiempo, establecieron consignas de carácter general, como la jornada laboral de ocho horas. Si bien la lucha fue derrotada, su desarrollo le permite al autor concluir que allí los trabajadores comenzaron a conformar una identidad clasista. En oposición a estas organizaciones propiamente obreras, Poy menciona el nacimiento de los Círculos Obreros Católicos como parte de la ofensiva de un sector de la clase dominante para controlar la "cuestión social". A su vez, plantea los límites de las sociedades de base nacional por su carácter policlasista; sin embargo, a pesar que no se proponga estudiarlas, es necesario problematizar con mayor profundidad la función de tales organizaciones en otros trabajos.

Finalmente los últimos dos capítulos están dedicados al análisis de las influencias anarquistas y socialistas en el seno del movimiento obrero y los debates entre ambas fuerzas y al interior de cada una. Explora las diferencias entre ácratas (anti-organizadores y organizadores) y socialistas (las primeras generaciones y las posteriores) a la luz de los cambios ideológicos internacionales, de las influencias de sus figuras fundamentales y de las luchas obreras.

Para entender el proceso de formación de la clase trabajadora es necesario ahondar en las diversas experiencias de explotación de los asalariados. El eje puesto en las organizaciones y las acciones nos permite acercarnos a los sectores más adelantados de la clase proletaria que, en ese momento, se está cristalizando. De esta forma, el autor, al estudiar el proceso histórico concreto de las huelgas del período 1888-1896, logra establecer tanto los momentos de lucha como el repertorio de las aún precarias organizaciones de los trabajadores.

Este trabajo retoma la tradición thompsoniana tanto en la concepción de clase, como en el análisis que el marxista británico propone: "la noción de clase entraña la noción de relación histórica. Como cualquier otra relación, es un proceso fluido que elude el análisis, si intentamos detenerlo en seco en un determinado momento y analizar su estructura. (...) La relación debe estar siempre encarnada en gente real y en un contexto real".[4]

En sintonía con esta idea, el estudio de Poy enuncia una hipótesis innovadora que, partiendo de una caracterización de la estructura objetiva del proletariado, analiza el contexto real del nacimiento de las organizaciones, de las luchas y de una identidad clasista en tanto factor determinante en el proceso de transformación de los trabajadores en clase obrera.

En este contexto de crisis donde se hace necesario volver nuestra mirada hacia las formas de organización, las ideologías, las identidades y experiencias de la clase obrera, el aporte de esta obra se vuelve sumamente relevante, no sólo como debate historiográfico, sino como recuperación política de la tradición de organización y lucha propias de la clase trabajadora.

 

Lucas Glasman

Escuela de Historia (Universidad de Buenos Aires)

lucas.glasman@gmail.com

 

 

 

 

 
 


Scocco Marianela, El viento sigue soplando. Los orígenes de Madres de Plaza de Mayo de Rosario (1977-1985). Rosario, Último Recurso, 2016, 188 páginas. ISBN 978-987-3852-12-1

 

En el comando atendían todos los días, nos hacían ir a preguntar, a probar, cada ocho días, no todos los días. Ahí me empecé a ver con Don Ángel Alba, Fidel Toniolli, y las mujeres María Prat que falleció, Inés Patachini y yo. Los vi varias veces, entonces dije: “Bueno, acá pasa algo”. Me acerqué y sí, estos tienen el mismo problema, digo: “Entonces lo  más prolijo es que nos juntemos, será viejo el proverbio pero la unión hace la fuerza, no vamos a estar unos por acá, otros por allá.” La voz que cuenta algunas de las anécdotas que devienen en la constitución del organismo “Familiares de Detenidos y Desaparecidos por Razones Políticas y Gremiales” en la ciudad de Rosario es la de Lucrecia Martínez, Madre de la Plaza 25 de Mayo. Citado en la investigación de Marianela Scocco, este testimonio es solo una muestra de las múltiples voces que circulan por El viento sigue soplando.

La puesta en discurso de la voz testimonial implica un orden en el relato de la propia vida, especialmente, para aquellos que fueron víctimas de la violencia estatal. A través de la narración se busca comprender y dar sentido a aquello que se padeció como víctima de un poder abusivo. Así como para los sujetos la narración es el modo de significar la propia historia individual, la historia oral a través de la puesta en común de todos esos relatos configura la imagen de una historia reciente, que está viva, resignificándose constantemente.

A través de un recorrido por los recuerdos que reconstruyen cada uno de las entrevistadas El viento sigue soplando visibiliza la particularidad de la conformación de los organismos de Derechos Humanos en Rosario, establece periodizaciones y principalmente indaga acerca de los orígenes de Madres de la Plaza 25 de Mayo.

Los procesos subjetivos de rememoración y olvidos, necesarios a la hora de narrar el pasado, no se presentan de manera espontánea en individuos aislados; por el contrario, se encuentran inmersos en una compleja red de relaciones institucionales, sociales y culturales. Por ello, al analizar estos testimonios desde el punto de vista de la configuración de una identidad a partir de los recuerdos subjetivos la autora se propone indagar acerca del componente social de los mismos, ya que las memorias individuales son posibles solo dentro de determinados marcos sociales que conllevan la representación general que la sociedad tiene en relación a determinados temas y confieren sentido a los recuerdos individuales.

El primer capítulo del libro presenta un amplio repaso de la situación política nacional y local hacia fines de los años sesenta por medio del relevamiento de manera concisa de los distintos tipos de organizaciones de derechos humanos que funcionaron como antecedente y nutrieron con su experiencia a aquellos que se consolidaron durante la última dictadura militar. A través del análisis de diversas fuentes, tanto documentales como periodísticas, Scocco logra establecer las redes de relaciones que operaron en favor de la creación de nuevos frentes de lucha tales como Familiares de detenidos por Razones Políticas y Gremiales y la Asamblea Permanente por los Derechos del Hombre, cuyo principal referente se encuentra en la Liga Argentina por los Derechos del Hombre para el caso de Rosario.

La autora identifica dos líneas de acción que hacia el año 1977 se presentaban como alternativas para aquellas personas que se encontraban en la búsqueda de sus familiares. Alternativas, ya que tomaron caminos diferentes en su plan de lucha, aunque no por eso excluyentes, dado que muchas de las personas que fueron entrevistadas aparecen en los reiterados testimonios optando por ambas vías simultáneamente.

Los capítulos siguientes seguirán el rastro de ambas líneas de acción a lo largo de las entrevistas. Es por ello que aparecen organizados a través del relato de una voz principal que funciona como eje articulador del diálogo que establece no sólo con los testimonios de las múltiples entrevistas realizadas sino también con los documentos oficiales, los archivos de la prensa local y nacional, y un nutrido marco teórico de referencia. En su conjunto las voces trazan un recorrido por medio del cual se reconstruyen distintos aspectos de la lucha que comienza a darse en las agrupaciones que reclaman activamente información acerca del paradero de sus seres queridos. Además muestran los itinerarios que fueron habilitando los encuentros entre los miembros de lo que posteriormente se conocería como Madres de la Plaza 25 de Mayo.

Cada una de las voces que domina los capítulos logra mostrarnos las diferentes funciones que ejercieron implícita y explícitamente las distintas instituciones y actores sociales en el período más violento de la historia argentina iluminando de manera reveladora  el panorama del escenario local que presenta a Rosario como un caso diferenciado de lo acontecido en Buenos Aires.

En este sentido, testimonios como de Esperanza Labrador resultan clave para la comprensión de la función de los consulados en relación con la averiguación de los paraderos de los detenidos desaparecidos y la preservación de la vida de los familiares frente a la amenaza del estado. A través de su experiencia se puede entrever el rol del Consulado de España en el caso particular de la desaparición y asesinato de sus dos hijos y su marido. Por su parte, el relato de Nelma Jalil muestra claramente cómo operaban algunos sectores de la Iglesia en la contención de la lucha por medio del persistente engaño hacia los familiares de las víctimas, especialmente a sus madres. De este modo se evidencia no solo la connivencia de parte de la cúpula eclesiástica sino también el registro de la actividad de cada uno de los familiares que se llevó a cabo en las seccionales policiales donde la investigadora fue a recabar los datos para contrastar con aquellos indicios que aparecían mencionados una y otra vez en los relatos de las entrevistadas.

Este diálogo no solo traza una imagen significativa de los actores sociales que contribuyeron directa o indirectamente a la interrelación y agrupación de los familiares de las víctimas, sino que además aporta como contraparte una red de significados que son los que logran dar forma a la identidad que finalmente nuclea a las Madres en una organización propia y diferenciada que refleja la especificidad de su reclamo.

Párrafo aparte merece la reconstrucción de los orígenes de la filial rosarina de Abuelas de Plaza de Mayo. A través del estudio de las distintas entrevistas, recogidas en un enorme trabajo de archivo periodístico y documental del testimonio de Darwininia Gallichio, se analiza su doble pertenencia, tanto a Abuelas como a Madres. Esto permite aclarar los distintos objetivos de cada uno de estos organismos, que en su coexistencia rosarina toma matices propios sentando así una de las tantas particularidades que se presentan en su accionar de lucha y que los diferencia de sus pares porteños.

Al resaltar las similitudes y diferencias en los procesos de constitución de los organismos de derechos humanos de Rosario en contraste con los de Buenos Aires se evidencia también el accionar de uno de los actores sociales de mayor importancia: la prensa. El rastreo de las solicitadas y noticias en los periódicos locales y nacionales hecha luz sobre las políticas adoptadas por los medios locales a la hora de la difusión de las denuncias tanto de Familiares como de Madres.

Las “Palabras finales” de Marianela Scocco analizan cómo esas dos líneas de acción que se identificaban hacia 1977, se desarrollaron por distintas vías complementarias durante la dictadura y de qué manera cobran mayor visibilidad en el contexto pos guerra de Malvinas y fundamentalmente a partir del  retorno de la democracia en 1983.

Este último apartado presenta una clara explicación de la incidencia de organismos tales como Madres de la Plaza 25 de Mayo y Abuelas de Plaza de Mayo en el posterior desenvolvimiento de los juicios por crímenes de lesa humanidad a través de la explicitación de las consignas que diferenciaron tanto a Madres como Abuelas de otros organismos de derechos humanos tanto en la ciudad de Rosario como en el resto del país.

El valor de esta investigación reside en que logra sistematizar y organizar un conjunto de testimonios recogidos mayormente en entrevistas a través de los cuales no solo se reconstruye la historia de la conformación de un organismo de fundamental importancia para la comprensión de la dimensión local, sino que además logra poner en consonancia esa historia con el contexto político nacional contribuyendo a la comprensión histórica del período 1976-1983.

 

María Julia Hernández

Escuela de Letras (Universidad Nacional de Rosario)

mariajuliahernandez@hotmail.com



[1] Gibbon, Historia y decadencia del Imperio romano, Ramsey McMullen, Corruption and the Decline of Rome, Mazzarino, El fin del mundo antiguo, Heather, La caída del imperio romano, por citar algunos de los autores de los muchos que nombra Castellanos en una muy actualizada lista en su estado de la cuestión, en varios idiomas.

[2] Vogt, The Decline of Rome. The Metamorphosis of Ancient Civilization, Wickman, Una historia nueva de la Alta Edad Media. Europa y el mundo mediterráneo, 400-800, Brown, El mundo de la Antigüedad Tardía. De Marco Aurelio a Mahoma, etc.

[3] En 2015, o sea dos años después de aparecido el libro que estamos reseñando, verá la luz The Final Pagan Generation de Edward Watts, que se centra en los acontecimientos de un siglo anterior y en la certeza que tiene esa “última generación” de serlo. De ser la última generación que verá a sus dioses en los altares, que verá cómo una forma de vivir y sentir empieza a ser modificada por un nuevo culto. Los “últimos romanos” del siglo V se aferran a sus letras sabiendo que su generación es la última que las verá como la han visto cientos de generaciones anteriores.

[4] Edward P. Thompson. La formación de la clase obrera en Inglaterra. Madrid, Capitán Swing, 2012. pág. 27

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