Clubes Escuela Republicana y la Sociedad Filotémica.

Expresiones políticas y sociabilidad de las Juventudes en Bogotá (1849-1867)

 

 

Escuela Republicana and Sociedad Filotémica Clubs. Political expressions and sociability of the Youth in Bogota (1849-1867)

 

 

Luisa Fernanda Cortés Navarro

Universidad Distrital “Francisco José de Caldas” (Bogotá, Colombia)

lfcortesn@udistrital.edu.co

contextosud@gmail.com

 

Resumen

Este artículo propone un ejercicio de reconocimiento a los sectores políticos juveniles organizados en los clubes Escuela Republicana y Sociedad Filotémica durante las reformas políticas de mediados del siglo XIX en Bogotá; generando posibilidades interpretativas no solo frente a su condición de juventud, sino a los móviles y posibles intereses políticos y de clase que los llevaron a establecer revisiones exhaustivas a los planteamientos ideológicos del “Socialismo utópico” francés, entre otros referentes. Estos Clubes Políticos, enarbolaron el heraldo de la juventud como sinónimo de transformación y de idealización de los valores de la nueva república, haciendo de la juventud una de las metáforas políticas con mayor trascendencia, tanto en la prensa como en las tribunas.

 

Palabras claves

Juventud; Clubes políticos; generaciones; Bogotá; Siglo XIX.

 

 

Abstract

 This article proposes an exercise of recognition to the youth political sectors organized in the Clubs Escuela Republicana and Sociedad Filotémica, during the political reforms of the mid-nineteenth century in Bogotá; Generating interpretative possibilities not only in the face of their youth, but also the motives and possible political and class interests that led them to establish exhaustive revisions to the ideological approaches of the French "utopian socialism", among other referents. These Political Clubs, hoisted the herald of youth as synonymous with transformation and idealization of the values ​​of the new republic, making youth one of the political metaphors with greater significance, both in the press and in the stands.

 

Keywords

Youth, political clubs, generations, Bogotá; 19th century.

 

 

 

 

Introducción

 

Las transformaciones sociales y la incesante ebullición de esquemas de pensamiento en Europa, -durante la segunda mitad del siglo XIX-,  tuvieron un carácter universal tan expansivo, que ni siquiera las recién emancipadas repúblicas americanas escaparon del influjo de sus ideas y del calor de sus debates[1], que de la mano de las interpretaciones y ajustes de la prensa y uno que otro entusiasta traductor local, muy pronto suscitaron conflictos de orden económico, político, cultural e incluso religioso. Se encendieron las calderas de una transformación social sin límites ni fronteras, alimentada por movimientos emergentes que se alzaron ante los poderes tradicionales y que tras los procesos de independencia, propiciaron una intensa movilidad social en busca del ascenso a los nuevos cuadros del poder económico, político y cultural en Bogotá, capital de Colombia (por entonces denominada Nueva Granada).

 

A la par de los acontecimientos políticos en la Nueva Granada obraban los de tipo ideológico. Los jóvenes granadinos intuían que el pensamiento daba en esos días pasos más largos que de ordinario, pues cada correo que llegaba de Europa producía estremecimiento. De Sismondi, de Fourier, de Saint-Simón, de Proudhon, o de cualquiera de los reformadores de la época, de quienes heredarían el interés por la cuestión social[2].

 

Sostiene José Luis Romero, que uno de los aspectos más relevantes para comprender la relación entre ambos continentes durante el siglo XIX, es entender que La palabra Europa significaba, más que un ámbito geográfico, un ámbito cultural”[3]  y que con el proceso de emancipación latinoamericana, la población empezó a reconocer “dos Europas”: una, relacionada con las memorias de la conquista y colonización, junto con las instituciones coloniales que aún prevalecían (Portugal y España) y una segunda, vinculada con un proceso cultural civilizatorio mucho más atrayente,  en el que las costumbres políticas y económicas modernas de Francia e Inglaterra,  brindaban a las élites latinoamericanas la posibilidad de observar otros referentes para construir o redefinir una identidad nacional, que para el caso de la Nueva Granada (Colombia) se debatió entre varios referentes: el legado hispánico, la potencialidad del pensamiento ilustrado “criollo” y el atrayente vínculo con el ideario francés, primordialmente.

Entre las élites Bogotanas, -de segunda mitad del siglo XIX-,  la tendencia estuvo enmarcada en la segunda mirada de Europa, siendo muy apreciada la amplia producción escrita de origen británico o francés. Es un lugar común para varios autores de cuadros de costumbres y memorias decimonónicos, referir al clima cultural de las calles bogotanas en las que se comercializaban folletines y libros en francés o recientemente traducidos, se facilitaba la suscripción a periódicos extranjeros y se hacían cada vez más frecuentes las representaciones de teatro y crítica. Inclusive, se sostenía que “La educación verdaderamente aristocrática quedaba incompleta sin un viaje a Europa. La experiencia de viajar y vivir en Europa resultaba invaluable para el estatus social y cultural de una persona, y para tal propósito París era haute clase…los viajeros consideraban a París como el primer centro de la cultura, - de hecho- de la civilización”[4].

Así mismo, la posibilidad de las élites y las clases emergentes de hacerse con los medios de comunicación y con los canales culturales de la época, les posibilitó extender sus visiones del mundo europeo a los sectores populares, aunado a la proliferación de espacios de socialibilidad como las tertulias o las reuniones de las asociaciones religiosas, políticas o de oficios[5]. De ahí que “La antipatía de los sectores conservadores hispanoamericanos provenía de las temáticas supuestamente desfavorables a los intereses religiosos, a principios como el orden y conservación del sistema, además, les molestaba profundamente que los periódicos [y otros espacios] fueran dirigidos muchas veces por jóvenes sin experiencia y sin conocimientos” [6] y que estos se atrevieran a utilizarlos para expresar el cúmulo de sus inconformidades generacionales.

 

Las tertulias de las clases acomodadas eran un poco más sofisticadas. Estas reuniones de las tardes dominicales en las residencias de moda de Bogotá, evidenciaban a veces un claro sabor foráneo. Muchos europeos eran invitados y todos hablaban de la guerra austríaca o de la política de Napoleón III… los cachacos, nombre que se daba a los jóvenes ricos, libres de preocupaciones y elegantes de la sociedad colombiana, hablaban también de Byron, Dumas, Lamartine y Victor Hugo. [7]

 

El rápido influjo del ideario Europeo encontró acogida dada la presencia cada vez más frecuente de los sectores jóvenes en diversos escenarios, siendo un momento de profunda crisis generacional, manifiesta en el declive del modelo de autoridad hispánico y de reproducción generacional de las ideologías de inicios del siglo XIX, combinada a su vez con los cambios educativos y pedagógicos puestos marcha en los años posteriores a las revoluciones de independencia en parte del continente americano y en el país en particular.

 

La chispa del conflicto generacional

 

La juventud de la presente época no es la juventud del tiempo de la bárbara dominación de tres centurias, en que se consideraba crimen el que un sud-americano se instruyese; no es tampoco la de la aciaga aunque gloriosa época de la independencia, en que apenas le quedaba tiempo para sacrificarse… esta juventud ha dado media vuelta i lo que hoy presenta al mundo con más orgullo es la más lozana mocedad, ataviada con el magnífico ropaje de la ilustración(Sic)[8].

 

En la Bogotá, a mediados del siglo XIX, una de las estrategias de más éxito para captar seguidores y lograr agruparlos en torno a un conjunto de ideas y planteamientos fue la creación de Clubes Políticos. Los mismos –de forma muy parecida con las asociaciones francesas- funcionaron como organizaciones que posibilitaban la participación de sectores de diferentes clases sociales y “la interiorización del credo republicano, entrecruzado con idearios cristianos y socialistas”[9]. Colectivos que tenían en común, ser segregados en los escenarios de la política tradicional nuclearon los intereses del estudiantado, clubes como “La Escuela Republicana” y la “Sociedad Filotémica[10], se consolidaron a partir de la participación de jóvenes de élite que consiguieron a través de las movilizaciones de sus colectivos, influir de forma importante en la configuración de los cuadros políticos decimonónicos del país, pese a no tener aún la edad para hacer presencia directa en los comicios.

Plantearon como base del conflicto generacional la ideología[11], lo cual potenció formas otras de participación en perspectiva de una mirada mucho más amplia del país y en relación con las naciones civilizadas de Europa. “De un lado con su esfuerzo por reorientar la economía y, de otro, retomando los hilos inconclusos de la Independencia para subrayar defectos y alternativas en la tarea de rehacer la sociedad con patrones distintos a los coloniales”[12], tuvieron la posibilidad de opinar e influir en los cambios culturales y políticos, también dada la concurrencia de las clases populares que les escuchaban y apoyaban atentamente. Estas juventudes decimonónicas, no vacilaron en adaptar experimentalmente algunos planteamientos del socialismo francés a su plan político, lo cual les brindo una nueva identidad –muchas veces contrastante con el linaje familiar- y que fomentó su reconocimiento en el escenario político neogranadino, asegurándose también un nuevo lugar de enunciación desde un inusitado interés por las causas populares y a su vez imprecando los remanentes políticos hispánicos que aún persistían. Por tanto, “El componente de aculturación se ligó al contenido de prestigio que tenían las ideas provenientes de Europa. Estas ideas tenían como vehículo de recepción y difusión a las élites ilustradas y emplazadas en el mundo urbano latinoamericano”[13].

Para ahondar en la relevancia de esta generación y el potencial de esta su presencia en el campo histórico y político “se hace necesario tratar tanto los factores históricos que facilitaron que los jóvenes pudieran actuar de forma colectiva como las características de su movilización, lo que requiere también explicar, siquiera brevemente, cómo los jóvenes se convirtieron en objeto y sujeto de específico de la política”[14]. Desde este enfoque, es preciso resaltar que en el contexto de la Nueva Granada (Colombia) de mediados del siglo XIX, son justamente los ecos tardíos de movimientos como el Romanticismo o las revoluciones burguesas europeas, los que favorecen la visibilización de algunos jóvenes como actores sociales[15], por reconocer en ellos un accionar distintivo, una reivindicación constante de su condición de juventud y ciertas características incipientes de lo que luego serán las organizaciones políticas juveniles del siglo XX. Aspecto de relevancia, en tanto se tiende a considerar a la juventud como grupo social definido solo hasta la modernidad, minimizando la importancia de estas emergencias antes del siglo XX, que también resultan trascendentales en la consolidación posterior de la Juventud como actor social

Por su parte, Carles Feixa sostiene que los rastros de acción de los jóvenes previos al siglo XX, se han presentado sobre diversas fachadas, en las que es posible reconocer cinco modelos de juventud, que en ningún momento indican modelos unívocos, pero si engloban algunas características de tipo organizativo a través del tiempo, que resultan ilustrativas para cualquier esfuerzo en recuperar la presencia de agrupaciones de jóvenes antes del siglo XX. “Los púberes en las sociedades primitivas sin Estado, los efebos en los Estados antiguos, los mozos de las sociedades campesinas preindustriales, los muchachos en las sociedades de principios de la modernidad y los jóvenes de las modernas sociedades postindustriales”[16].

A nivel colombiano, existen algunos esfuerzos por contextualizar la presencia de sectores jóvenes desde las propias particularidades del contexto nacional. El historiador Pablo Rodríguez, señala que en  nuestro contexto, ya se empleaban diversas designaciones para describir a los  jóvenes,  denominaciones que estaban condicionadas por la relación frente al lugar de origen o a la clase social a la que pertenecían. En el caso de los jóvenes de las clases menos favorecidas, se utilizaban apelativos despectivos: patán o mozo[17]. “Los mozos eran los mandaderos, mancebos y lazarillos de todas las casas. Los mozos no tenían gran entendimiento, pero ejecutaban las innumerables tareas que requería la sociedad preindustrial. Estos mozos eran nuestros actuales adolescentes. Sólo que esta adolescencia hoy se desenvuelve en el colegio, gracias a lo cual se ha extendido en forma inimaginable”[18].

En el caso de los jóvenes de élite existían otras formas de designación tales como: Cachaco, pepito (el pedante afrancesado) o cachifo[19]. Otras aparecen reseñadas en escritos autobiográficos como el del entonces joven, José María Samper en el cual adelanta una descripción de los tipos de estudiantes en la Nueva Granada durante el siglo XIX.

 

En la primera época florecieron el cachifo, el patán y el joven liberal más o menos revolucionario. En la segunda se formaron en las universidades, particularmente en la de Bogotá, el cachaco elegante (muy diferente del primitivo "cachaco" caparrota de Santafé) el literato imberbe, el poeta romántico a la Zorrilla, el orador impetuoso, el radical doctrinario, el reformador intrépido.  La tercera época ha producido muchos pedantes afrancesados,  la figura almibarada del  petit monsieur de la tierra, gastado y sin entusiasmo a los dieciséis años…El cachifo nunca fue repelente ni odioso; veníale su nombre del que se daba a los primeros estudios de latinidad (cachifa), y por ampliación se había extendido a los muchachos de cierta clase que estudiaban idiomas, matemáticas o filosofía. El cachifo solía ser risible pero jamás ridículo: era, en rigor, un pilluelo universitario[20]”.

 

En tal sentido, para la segunda mitad del siglo XIX la juventud en la Nueva Granada[21], pareció significar, más que una designación de orden etario, una categoría de carácter político y de clase social, al integrar en sí misma elementos ideológicos y discursivos que designaron unos actores sociales poseedores de tiempos para el ocio y espacios de sociabilidad, jóvenes idealizados por algunos, desde la tenencia de ciertas las virtudes y pasiones que la sociedad de entonces necesitaba para transformarse y avanzar decididamente hacia la construcción de la nación[22], tal como puede apreciarse en el siguiente fragmento:

 

Como el porvenir es una idea, esa idea es el oriflama de la revolución; ese oriflama orla la frente pudorosa del joven, que es el hombre de la sociedad futura….al tremendo vaivén de las columnas del templo de la sociedad, buscad el porvenir i lo veréis brillar sobre la frente joven[23].

 

 

La Influencia europea ¿punto de discordia?

 

Ser joven y hacer parte de los clubes políticos Escuela Republicana (Partido Liberal) y Sociedad Filotémica (Partido Conservador), fue una forma de decirle al establecimiento que había llegado el momento de las reformas y que las mismas tenían el toque de una nueva generación, que el medio siglo se caracterizaría por continuar los embates en contra del modelo colonial, las prebendas religiosas y todo aquello que mantuviera el status quo tal y como se conocía desde los tiempos de la independencia. “Hombres que nacieron todos en el momento en el que la estrella de Bolívar declinaba y éste se veía forzado a asumir la dictadura para preservar su obra… para expresar su fe republicana no vacilaron en santificar la fecha de la conjuración y fundaron la Escuela Republicana un 25 de Septiembre[24], sin dejar dudas sobre su identificación con los tiranicidas” [25].

El accionar de estas generaciones de jóvenes -muchas veces retratado con preocupación por la prensa- evidenció el anhelo de brillar bajo una luz diferente a la que iluminó a sus predecesores, los próceres y mártires de la independencia y que representaban en sí mismos,  importantes ideales nacionales,  que no obstante necesitaban ser transformados, a fin de dar respuesta a las actuales necesidades de la Nueva Granada, pues no se podía continuar con una mirada apologética a los logros del pasado, sin dar una mirada en perspectiva del porvenir.

Para el caso, la escogencia por parte de los jóvenes liberales de una fecha de inauguración tan controvertida como el 25 de septiembre, tuvo un efecto directo en la sociedad y la política nacional. En el recuerdo de la sociedad aún se encontraba muy presente la conspiración contra el Libertador Simón Bolívar, perpetrada en tal fecha, con lo cual, de inmediato se comprendió que esta generación de jóvenes no veía en la efigie de Simón Bolívar un ejemplo político a seguir, y más que eso, veían con recelo a los políticos que habían participado de algún modo en la gesta libertadora o en alguno de los gobiernos militares, por considerar que eran personas que se habían acostumbrado a dominar por las armas: “la gloriosa generación de los libertadores se empeña entonces en conservar intacta la herencia de la dominación”[26].

Algunos autores[27], han atribuido las enunciaciones políticas de las generaciones de medio siglo en toda Hispanoamérica a una expresión generalizada de la frustración, experimentada en las décadas posteriores a los procesos de independencia, en las que el monopolio del poder político terminó siendo ejercido por los hombres de la independencia, -militares en su mayoría-, con lo cual se restringieron para otros grupos sociales las posibilidades de ejercer algún cargo debido a sus condiciones económicas, sociales  y ante todo etáreas. Es en este complicado contexto latinoamericano en el que fructificaron algunos referentes ideológicos europeos. Acogida que se centró de forma especial en grupos urbanos ilustrados compuestos, de forma preferente, por estudiantes de élite de las principales ciudades, reunidos con sus congéneres y con la intención de presentar frentes comunes en contra de las instituciones representativas de la generación adulta y el legado hispánico, tal es el caso del ejército y la iglesia:

 

El hombre de la inteligencia es apóstol del progreso, el hombre de los combates es apóstol de la destrucción. La guerra, pues, es un medio útil i necesario cuando es mejor morir que vivir, esto es, cuando hai esclavitud; i la hai cuando el poder militar y religioso invade los derechos del ciudadano (sic)[28].

 

La prensa nacional dedicó extensos artículos para retratar este conflicto y desde luego, en algunos casos para manifestar una preocupación ante los impactos que las nuevas ideologías europeas tenían en los jóvenes estudiantes, quienes optaban por el civilismo, frente a la férrea tradición de hombres en armas, que habían legado los próceres de la independencia a quienes se culpaba de haber sido incapaces de conectar al país con un proyecto de nación moderno. Un artículo publicado en el diario el Neogranadino, -por entonces uno de los más importantes y con mayor difusión en el país-, titulaba “La Juventud y su posición en la Nueva Granada”, en el mismo, el joven escritor antioqueño Juan De Dios Restrepo[29] señalaba:

 

En los países republicanos como el nuestro, en que aun predominan la aristocracia con sus privilegios, y los pretorianos con su sable ¿quiénes son los que teniendo la fuerza y la inteligencia están llamados a gobernar la sociedad? La juventud… capaz de arrastrar sin temor los trances de lo desconocido, caminando hacia adelante con la vista puesta en lo porvenir, como el águila sube a los cielos mirando fijamente el sol[30].

 

Llamado que por supuesto tendría eco en los jóvenes de Bogotá, entre ellos José María Samper[31], uno de los más eminentes representantes de ésta generación; que mostraría una postura crítica sugiriendo que la Revolución de la independencia no había sido una revolución, como quería hacerse creer, pues “…a partir de ella se había fundado una República apoyada en los cimientos de un antiguo trono”[32]. Afirmaciones como estás pronto generaron respuestas en todos los órdenes sociales, al punto que los políticos de ambos partidos vieron en la nueva generación y sus posturas políticas, peligrosos principios que excedían incluso los programas de los partidos políticos establecidos  recientemente.

Sin duda, la agitación propia de las reformas de medio siglo XIX, de la mano con la consolidación de los partidos políticos y los fenómenos relacionados con el liberalismo económico permitieron la emergencia de “La Generación romántica” del siglo XIX[33], siendo los clubes políticos “Escuela Republicana” y “Sociedad Filotémica”, los avatares del cambio político en la naciente República. Al respecto, diría en su momento Rafael Núñez: “El movimiento político liberal fue en parte producto indirecto de la revolución que instauró en Francia el sistema republicano. De 1849 en adelante tuvimos un verdadero alud de utopías y paradojas francesas…para algunos era el maestro Lamartine, que acababa de publicar la poética leyenda de los girondinos; para otros  los estudios económicos de Louis Blanc y Proudhon. Otros encontraban gusto en el demagógico ejemplo de los antiguos jacobinos”[34].

De forma similar a Rafael Núñez, muchos contemporáneos corroboraron la marcada influencia ideológica del pensamiento francés en la intelectualidad bogotana. Personalidades como Salvador Camacho Roldán, Miguel Samper, José María Samper, Felipe Pérez entre otros, dieron cuenta a través de cuadros de costumbres, de artículos de prensa o de sus propias memorias de la enorme conmoción causada por la incursión de las ideas del pensamiento romántico y del socialismo utópico al país, con las divisiones de opinión que estas generaron.

 

Adaptaciones del pensamiento francés, la ruptura y la continuidad

 

Pierre-Luc Abramson, adelanta un análisis riguroso con relación a los encuadres ideológicos latinoamericanos durante el siglo XIX y en uno de los apartados de su libro, hace especial mención de las conexiones ideológicas entre los discursos de las juventudes del Club Político Liberal Escuela Republicana y el pensamiento francés[35]. En uno de los ejemplos más representativos menciona la alusión hecha por el joven José María Samper, al mártir del Gólgota en uno de sus discursos[36]. Sostiene Abramson que la directa conexión del tema religioso con los ideales del comunismo primitivo presente en el discurso de Samper es influencia directa del socialismo francés de Lammenais, para quién el socialismo que promulgó Cristo era la culminación de todos los conceptos morales y espirituales de la humanidad y quién además, se mostró partidario de la separación entre la iglesia y el Estado[37].

A su vez, el socialismo utópico de Fourier, sirvió como referente en los discursos  pronunciados en las tribunas de la Escuela Republicana y la Sociedad Filotémica sobre la emancipación de la mujer, el matrimonio civil o el divorcio; los postulados de Louis Blanc, sirvieron en la estimulación del sector artesanal a través de la figura de los talleres nacionales[38]. y el derecho al trabajo. Por otra parte, Abramson sugiere que Eugéne Sue y su Novela El judío errante, también “alimentó los agitados debates en las Sociedades Democrático-republicanas de la Nueva Granada, o clubes de la Revolución que fueron privilegiados en el arte oratorio, donde a cada paso eran pronunciados los términos Socialismo o comunismo para designar indistintamente toda aspiración a la justicia social o incluso simples consideraciones sociales”[39].

Los sectores tradicionales de ambos partidos, tuvieron una prevención en extremo exagerada, al punto que cuando los jóvenes liberales o conservadores, referían en sus discursos a la relación entre ricos y pobres, la riqueza y la pobreza o cualquier exaltación propia del romanticismo literario, eran tildados de comunistas. Para los conservadores,  “esta generación no tuvo tiempo de desprenderse de sus fantasmas juveniles y llamada a actuar en la vida pública del país terminó proyectándolos en su oratoria: Todos se reflejaban en la imagen ambigua de una cofraternidad universal de hombres selectos que se codean con las sombras lastimosas que emergen de un mundo de necesidad, que ellos deben redimir”[40].

Ante los ataques recibidos, los jóvenes de la Escuela Republicana afirmaron que los principios rectores de sus discursos reformistas, no buscaban destruir la sociedad como el comunismo, sino transformarla a partir del socialismo y se esforzaron reiteradamente por explicar que en el país había una confusión entre comunismo y el socialismo y que radicaba en la postura que asumían unos y otros frente a la propiedad privada. Para los jóvenes liberales era importante precisar, que en efecto, el comunismo desconocía la propiedad privada, pero que el socialismo[41] que ellos impulsaban se proponía la utilización productiva de esas propiedades.

Todo ello no importó, pues las generaciones adultas de ambos partidos políticos, vieron con prevención el giro declamatorio que los jóvenes imprimían en su intervenciones políticas y lejos de ver en ellos, la simple ingenuidad de las mentes jóvenes, presentían que todo ello esbozaba una amenaza para el que supiera interpretar las intenciones detrás de su preocupación por las clases populares, que según ellos, no era otra cosa que una peligrosa apelación partidista a las masas[42], sin embargo,  “con el tiempo se fue perdiendo el culto a la libertad, muchos jóvenes y muchas jóvenes, herederos del impulso emancipatorio e individualista aprendido en los poemas de Byron y Shelley, o en las novelas de Víctor Hugo o Gerard de Nerval, derivaron hacia el ocultismo, el misticismo o el socialismo utópico”[43].

Lo cierto es que cuando los primeros ecos de la Revolución de 1848 llegaron a Bogotá,  transcurría el año 1849 y la información con respecto a lo sucedido en Europa era sesgada, de manera que los jóvenes granadinos no pudieron prever el paradójico desenlace de la revolución y obstinadamente continuaron ensayando por la misma senda[44]. El socialismo, se fue vertiendo por las fracturas de la naciente sociedad neogranadina, a través de los clubes políticos del liberalismo radical y sociedades de artesanos que asemejaban las formas de acción política y de asociación de países como Francia. Un Socialismo Utópico y su adaptación en una sociedad sin proletariado industrial, pero si con un artesanado y unos comerciantes que se interesaban en su propio ascenso social.

Estos jóvenes románticos y soñadores, utilizaron argumentos con un profundo contenido social y económico, pero no como un acto de filantropía o de la pureza y el candor juveniles. Pronto la velocidad con la que ascendieron al poder –dos años después de la fundación de los clubes políticos-  y lo efímero de su alianza con la clase artesanal, darían cuenta de un fuerte interés de clase, que en principio mostró una mano amiga y un discurso fresco y renovador  –mediado por la metáfora de la juventud- pero que finalmente enmascaró bajo las banderas de un supuesto socialismo, el más puro interés de una clase comerciante en pleno ascenso social, “Los jóvenes del golgotismo, al uncir a su carro las reivindicaciones de otros sectores, alcanzaron un grado elevado de conciencia de clase”[45].

 

Una metáfora llamada “juventud”, clubes políticos y órganos de difusión

 

Ecsamínense las opiniones que emiten, ya por medio de la prensa,  ya en sus oraciones en tribuna, i se hallará la verdad de mi aserción.  La juventud señores, no está dividida sino por el velo de un nombre,  i ella debe rasgar o descorrer ese velo, ella está llamada a  realizar una empresa difícil i a esa dificultad es preciso que se opongan  la unidad de la acción i la armonía de las partes (sic)[46].

 

Será objeto de este apartado, realizar una aproximación a las formas en las que operó la metáfora de la Juventud en los escenarios políticos de mediados del siglo XIX en Bogotá, siendo los órganos de difusión y las tribunas los lugares a privilegiar, por tratarse de los espacios en los que el principal argumento fue, la condición de juventud.

 

El Filotémico: Periódico de la juventud, político, literario y noticioso (Sociedad Filotémica)

 

Atendiendo un llamado al deber, -como reiteradamente señalan en su periódico-,  la sociedad de jóvenes conservadores, fundó  el Semanario El Filotémico el 17 de Noviembre de 1850,  con el propósito de dar a conocer los principios y doctrinas sostenidas por su club político y de presentar un frente de oposición a las propuestas de la Escuela Republicana y -en general- de la administración liberal del Presidente José Hilario López. Los columnistas del Filotémico examinaron y publicaron denuncias y cargos presentados por el partido conservador a los funcionarios públicos, así como artículos defensivos ante los constantes embates del liberalismo y su correspondiente club político, la Escuela Republicana.

El Filotémico, se imprimió bajo el auspicio de la imprenta del diario “El Día”,  con el respaldo constante de José Ayarza, su director. Se trató de una publicación semanal, con un coste de 1 real, o de 10 reales el trimestre. Se podía adquirir con el presidente de la Sociedad Filotémica o en dos tiendas ubicadas en el centro de la ciudad.

El semanario contaba con cuatro páginas: en la primera, siempre bajo el extenso  título del semanario aparecía a modo de sentencia un aforismo de Cicerón “El buen ciudadano es aquel que no puede tolerar en su patria un poder que pretenda hacerse superior a las leyes”, en el cuerpo de la primera página se presentaba un artículo, que por lo general versaba sobre algún aspecto discutido al interior del club político, seguido por la crónica de algún evento cultural importante. En el cuerpo de la segunda página se abordaban las discusiones políticas e ideológicas más trascendentales de la semana, aclarando aspectos o atacando a los jóvenes de la Escuela Republicana o a los sectores más tradicionales del conservatismo. La tercera página se dedicaba a los asuntos religiosos y morales y la cuarta tenía un espacio para la literatura y la producción poética, bajo el título de “variedades”, página que finalizaba con un apartado titulado “colaboradores” y la editorial del Filotémico.

Entre sus múltiples secciones, tuvo dos con una amplia acogida: La primera fue “Parte moral y religiosa”,  dedicada a abogar por los principios religiosos, con artículos que explicaban de manera concreta algunos de los debates y consignas del catolicismo mundial, con el propósito de servir de instrucción a las nuevas generaciones y de atacar las máximas del gobierno liberal y su socialismo francés, que consideraban heréticas e inmorales.

La segunda, fue el espacio dedicado a la literatura y las composiciones líricas y poéticas, con la cual, este modesto semanario logró trascender históricamente, por tratarse del primer periódico en el cual poetas como Rafael Pombo o Julio Arboleda presentaron sus primeras composiciones.

En sus páginas se combatió abiertamente el socialismo y la indiferencia por las tradiciones por parte del liberalismo. Sin embargo tuvo varios puntos de convergencia con su par antagónica, en aspectos fundamentales para la Nueva Granada como la abolición de la esclavitud, la mejora de la educación, el desmonte del militarismo y ante todo el interés por lograr posicionar a la Juventud como la esperanza y bastión fundamental en el establecimiento de la nueva nación:

 

Cuando apareció El Filotémico, esperábamos que la juventud de ambos partidos se entendiese por sus órganos respectivos…a esa juventud hemos hablado mucho i siempre con la debida decencia i moderación, como que hablábamos a nuestros compañeros, a nuestros camaradas i amigos, a la juventud[47]. 

 

La Reforma (Escuela Republicana)

 

Después de cierto tiempo y ante la insistencia reiterada del otro club político,  la Escuela Republicana fundó el semanario La reforma, el 20 de Julio de 1851, el nombre escogido pone en evidencia la fuerte influencia del pensamiento Francés, en tanto que el semanario recibió el mismo nombre con el que se conoció el periódico revolucionario de Lamartine y de Ledrú- Rollín: La Reforma, en el que con consignas en contra del rey Luis Felipe,  canalizaban el grave descontento económico y social.

La Reforma, -en su versión colombiana-, se imprimió bajo el auspicio de la imprenta de El Neogranadino y con la venia de su director, el liberal Próspero Pereira Gamba. Una publicación semanal, con un costo de  un real, con lo cual  apenas se cubría el costo de impresión y de distribución. Para superar ésta dificultad, aceptaron en algunos números la publicación de avisos comerciales, con lo cual ganaban una mayor independencia en cuanto a la extensión de sus publicaciones y a los contenidos desarrollados por su programa político, sin preocuparse tanto por los costos.

Cada ejemplar de La Reforma tenía cuatro páginas, de un formato más pequeño que el de la prensa comercial. Tenía un tiraje no superior a los quinientos ejemplares, que se vendían en tiendas de revistas, a algunos espontáneos suscriptores y a todo aquel estudiante del Colegio de San Bartolomé[48] que estuviera interesado en conocer detalles acerca de las Sesiones Solemnes y demás actividades de la polémica asociación de estudiantes.

Este semanario se centró en la difusión, explicación y polémica de los puntos fundamentales de la ideología de los jóvenes liberales, respuestas a los pronunciamientos por parte de la oposición y una constante apología a la Juventud y a su deber para con la naciente república, que según ellos les necesitaba ahora más que en ningún otro momento de la historia[49].

 

Hemos querido, al dirijirnos por primera vez al pueblo por medio de un periódico; al congratularnos por primera vez con él  en un día de gloria, haciendo que oiga nuestra voz robustecida por la prensa , emplearla para recordarle, no simplemente la pomposa idea de un triunfo, sino el deber que él impone a su corazón y el culto que debe tributarle con su intelijencia, no para hacerlo creer con risueñas imajenes que es ya bastante grande con sus recuerdos solamente, sino para decirle que no lo es aún, i que dejará de serlo si no edifica, i redobla sus fuerzas para el porvenir (sic)[50].

 

Ecos de cambio, potencia de la Juventud como metáfora

 

A propósito del ímpetu que despertaban sus palabras, también conviene revisar qué tantas propuestas tuvieron un eco efectivo en las transformaciones sociales y políticas; ¿Qué tantas de estas propuestas lograron franquear la barrera de las tribunas, cuántas pasaron del verbo a la acción?

 

El santuario de las reformas se ha abierto, su sacerdocio está encargado a la juventud; porque si Dios quiere reformar al ánjel para ensalzarle más, basta que le reforme el corazón, i el corazón de ese grande ánjel llamado pueblo, es la juventud (sic)[51]

 

La primera reforma se fundamentó en el abandono a las influencias del domino español. Se preocuparon por concebir una manera diferente de “pueblo”, viéndolo no como la masa amorfa que está supeditada a la tutela de otros, sino como todo orgánico que aprende y que se transforma desde abajo, más que con el discurso y la promesa desde arriba.

 

El pueblo en la república no debe acatar como inteligente sino al que cuide de explicarle con sinceridad i en toda su estension lo que ella es; al que le demuestre la relación íntima de las necesidades jenerales de progreso para la sociedad con los deberes particulares que él tiene que llenar como fundamento de un gobierno(sic)[52].

 

Esta propuesta implicó, aparte de los procesos de alfabetización que realizaron con el artesanado, una postura férrea en contra de instituciones como la esclavitud, defendida y justificada por parte de algunos sectores del clero y de los terratenientes neogranadinos.

 

Hoy que en el sistema político estamos más adelantados que nuestros viejos amos ¿Por qué hemos de vacilar en dar liberad a los hombres de color? La juventud debe representar la sanción pública…i que la posteridad diga, que la juventud de 1850, fue bastante arrojada i que cumplió un deber para con la patria y la humanidad (sic)[53].

 

También es lugar común la separación de los poderes de la iglesia y el Estado. Que años después continuaría siendo uno de los máximos estandartes del Liberalismo, en tiempos de su gobierno en el denominado “Olímpo Radical”[54].

 

El poder civil i el eclesiástico deben estar enteramente separados el uno del otro. La política no debe intervenir en la relijion ni la relijion en política. La Escuela Republicana acabará de ilustrar estos principios en la tribuna i por la prensa, i no dudo que los legisladores de mi patria, en sus mayorías liberales, filantrópicas, exentas de preocupaciones i llamados a realizar nuestra reforma social, los llevarán a cabo (sic)[55].

 

Otros puntos del programa implicaron reformas en el sistema tributario, la Instrucción primaria universal y gratuita, la libertad de prensa, entre otros igualmente trascendentes, que al poco tiempo fueron necesarios para acusarles de comunistas.

 

Cien voces unísonas, tremendas por el influjo que ejercen sobre algunos jóvenes i sobre una gran parte del pueblo repitieron al instante un anatema al socialismo; como si la decrepitud con sus rutinas, tuviera en mi patria la triste virtud de producir, a la voz jenerosa de algunos jóvenes un eco menguado y egoísta…la misión de la juventud es grande, la indiferencia ahora sería un crimen (sic)[56].  

 

En suma, fuentes como la prensa y los discursos en las tribunas funcionaron como herramientas de producción y reproducción cíclica de imágenes sobre la juventud. Desde entonces es posible reconocer visiones duales con relación a los sectores jóvenes, que por un lado les ven como Vulnerables y proclives al riesgo y por otra parte les ven como factor dinámico en la transformación social.

Para el caso particular de estos Clubes políticos, se construye un vínculo entre la necesidad de una transformación social y la emergencia de una generación pionera, deseosa de contribuir en la consolidación del relato de nación independiente y entonces la palabra juventud trasciende para configurarse como una potente metáfora “ Fue sin duda la metáfora más poderosa durante la segunda mitad del siglo XIX, porque del mismo modo en el que la República joven se asume como presa de amenazas e inexperta, también se representa en el ímpetu, el reconocimiento de una novedad radical que deslumbra y atemoriza, pero que lleva consigo el poder del cambio y la transformación”[57].

Al parecer, en Bogotá la palabra juventud sirvió fundamentalmente y de una forma un tanto excesiva, para nominar las esperanzas e inquietudes de las clases políticas emergentes, fue el símbolo de una etapa de transición social  de la  lógica aristocrática de los apellidos y la “limpieza de sangre”, a una que a través de la ilustración permitió la emergencia de otros sectores, en virtud de su oficio y posición como hombres letrados.

En suma, el mérito de la generación de 1850 estuvo en los golpes que le propinaron a los remanentes de la colonia a nivel económico y social, logrando una progresiva laicización de la sociedad, en oposición a los sectores partidistas tradicionales que representaban la adhesión al espíritu español. Las juventudes liberales querían la apertura de la Nueva Granada al mundo moderno sin aduanas para ninguna idea”[58] y la metáfora de la Juventud como principal heraldo político, materializo este ideal.

 “Aquella generación tomó de una y otra de esas revoluciones, armonizó como pudo sus tendencias dispares a nuestro contexto y mientras, algunos de sus miembros eran sensibles al espíritu de la primera revolución francesa, los otros asimilaban atropelladamente el contenido social de los movimientos que a la sazón se desarrollaban en Europa y las ideologías novedosas que tenían sus profetas en Saint-Simón, Proudhon y Sismondi[59]. Fueron jóvenes con la capacidad de conectar –aunque no muy acertadamente- el pensamiento de la Nueva Granada con las ideologías más vanguardistas de la época, superando el dilema que era característico durante la primera mitad del siglo XIX entre la influencia cultural de Europa y el anhelo de construir un ideal robusto para la nueva patria.

 

Nosotros hacemos parte de la gran mayoría de la juventud, el porvenir de la patria ha sido depositado en nuestras manos por nuestros padres o por el pueblo. ¿Cuál será este porvenir?, es a nosotros, señores, como encargados de él a quienes toca dar solución a esa pregunta que el pueblo se hace constantemente (sic)[60].

 

Bibliografía

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Fuentes primarias

 Acta de Sesión Solemne de la E. Republicana. Bogotá, 30 de octubre de 1850.

Acta de Sesión solemne, Sociedad Filotémica. Bogotá, 28 de octubre de 1850.

Prensa

El charivari Bogotano, “Las tendencias del siglo y la Nueva Granada”, Bogotá, 08/10/1848.

La Reforma #5, Bogotá, 20/07/1851.

El Filotémico #1, Periódico de la juventud, político, literario y noticioso. Bogotá, 28/10/1850.

El Filotémico #12, Periódico de la juventud, político, literario y noticioso. Bogotá, 02/02/1851.

El Neogranadino. Bogotá, Artículo “La Juventud y su posición en la Nueva Granada”. 15/11/1850

 

Recibido: 31/10/2017

Evaluado: 11/11/2017

Versión Final: 16/01/2018



[1] Era común encontrar artículos, en los cuales se leían exageraciones de todo tipo, como la que se cita a continuación: “Los franceses han hecho sonar en toda la Europa la terrible trompeta de la democracia y bien pronto esa causa ha empezado a brillar en todo el mundo…pronto empezaran los comunistas granadinos a extender también sus mil brazos por todas partes, metiéndolas en los bolsillos de las gentes de bien, para que reine la igualdad” (Sic). El charivari Bogotano, “Las tendencias del siglo y la Nueva Granada”, Bogotá, 08/10/1848.

[2] Gerardo Molina. Las ideas liberales en Colombia. Bogotá, Ediciones Tercer mundo. 1970, p48.

[3] José Luis Romero. Situaciones e ideologías en América Latina. Medellín, Editorial. Universidad de Antioquia. 2001, p17.

[4] Jonathan Brown, “La tradición cortes en la cultura colombiana del siglo XIX”. Traducción de Enrique Hoyos. En The Américas, Vol. XXXVI, N° 4, Bogotá, 1980, p151.

[5]  Por ejemplo la Sociedad Democrática de Artesanos de Bogotá, en boga durante1846 con la vinculación de numerosos integrantes del naciente Partido Liberal, quiénes sin ejercer oficio de artesanos, se vincularon a la sociedad, primero ofertando clases de aritmética, lectura y escritura, para posteriormente aprovechar el espacio de las sesiones y la concurrencia de público,  para expresar sus ideas a favor de la libertad de prensa, la separación de la iglesia y el Estado y la distribución de la riqueza económica. Ideas que poco tiempo después, fueron expresadas por algunos de los jóvenes que integrarían la Escuela Republicana en 1849.

[6] Mario Aguilera y Renán Vega. Ideal Democrático y revuelta popular. Bogotá, Ed. Unibiblos, 1998, p91.

[7]  Jonathan Brown, “La tradición cortes en la cultura…, Op. Cit, p. 447.

[8] Carlos Holguín. Acta de Sesión solemne  Sociedad Filotémica, 28 de octubre de 1850, p11.

[9] Mario Aguilera y Renán Vega. Ideal Democrático y revuelta…, Op. Cit, p.89.

[10] Cada uno de estos clubes políticos, compuesto por la denominada “Generación Romántica”, hijos de las familias prestantes y de élite de los partidos tradicionales Liberal y Conservador, estudiantes de los principales colegios de la capital.

[11] Paul Ricoeur, sostiene que la ideología tiene un matiz profundamente simbólico orientado a perpetuar y fortalecer el vínculo social, en tanto la ideología funciona como una forma de reconocimiento,  vinculada a la necesidad de los grupos o colectivos de darse una imagen de sí mismos, de representarse, de ponerse en juego y en escena. “Quizá no exista grupo social sin esta relación indirecta con su ser propio a través de una representación de sí mismo”. Paul Ricoeur,  Ideología y utopía. Barcelona, Gedisa editorial, 2014, p212.

[12] Mario Aguilera y Renán Vega. Ideal Democrático y revuelta…, Op. Cit, p101.

[13] José Luis Romero. Situaciones e ideologías en América Latina. Medellín, Editorial Universidad de Antioquia, 2001, p21.

[14] Sandra Souto. “Juventud y movimientos juveniles: de la conformidad a la protesta”. Historia, pasado y memoria en el mundo contemporáneo. Zaragoza, Ed. Instituto de Estudios Turolenses de la Diputación de Teruel, 2014, p38.

[15] Se menciona el condicionante “algunos”, ya que si bien han existido individuos jóvenes en el sentido biológico del término, en la Nueva Granada solo podían considerarse “juventudes” aquellos que hacían parte de las élites económicas y políticas locales, quienes a diferencia de los otros,  gozaban de una moratoria social que les permitió tener espacios de sociabilidad y auto reconocimiento más dinámicos.

[16] Carlos Feixa. De jóvenes, bandas y tribus. Barcelona, Editorial Ariel, 1990, p28.

[17] El historiador Pablo Rodríguez, refiere a la mocedad como una fase inicial de la juventud; sostiene que era la forma de designar a los jóvenes que se encontraban en la adolescencia (13 a 18 años). Pablo Rodríguez. “Las edades de la vida”. Revista Credencial Historia, nº 129, Bogotá, 2000, p 204.

[18] Ibídem, p204.

[19] Similares documentos, reseñan que “Otra excentricidad de esos tiempos eran los apodos que se daban los estudiantes según su procedencia: al de Bogotá se le llamaba mosca; al de Popayán, tragapulgas; al del Tolima, timanejo; al de Cali, calentano; a los costeños, piringos; al antioqueño, maicero; al de Boyacá, indio; y al de Santander, cotudo”. Jose Maria Cordovez. Reminiscencias de Santa Fe de Bogotá. Bogotá, Editorial Panamericana. 2000, p32.

[20] José María Samper.  Historia de un alma. Bogotá, 1948, p52.

[21] Para mayores precisiones consultar los trabajos de: Carlos Reina y Luisa Cortés. Historia, juventudes y política: de la Escuela Republicana del siglo XIX a las élites y juventudes políticas en los gobiernos del siglo XX en Colombia. Editorial Universidad Distrital. 2014; Franz Riveros. Vicios, virtudes y educación moral en la construcción de la República 1821-1852. Bogotá, Centro de Estudios Socioculturales e Internacionales- Uniandes. 2006.

[22] Debe resaltarse que no todo joven neogranadino hacía parte de la Juventud, ya que la misma tenía por entonces un carácter de organización política, masculina y de élite, era la juventud, una forma de representar en ciertas personas todos los ideales patrióticos, que se creía debía tener cualquier proyecto de República.

[23] Antonio Hernández. Discurso en Acta de sesión solemne de la Sociedad Filotémica. Bogotá, octubre de 1850, p16.

[24] Al referir a la “Conjuración”, aluden a la “Noche Septembrina- 25 de Septiembre” en la que se perpetró un intento de asesinato contra Simón Bolívar, por parte de algunas personalidades políticas del país, ante el temor de una posible dictadura.

[25] Germán Colmenares. Partidos políticos y clases sociales. Medellín. La carreta editores. 2008, p121.

[26] Rodolfo Echeverría. Los Gólgotas. Bogotá, Editorial Mejoras.1944, p 14.

[27] Germán Colmenares. Partidos políticos y clases sociales. Medellín. La carreta editores. 2008 o el trabajo clásico de Frank Safford. “Acerca de las interpretaciones  socioeconómicas de la política en la Colombia del siglo XIX”. Anuario Colombiano de Historia Social y de la cultura. No 13. Bogotá, Años 1985-1986.

[28] Antonio Hernández. Discurso en Acta de sesión solemne…, Op. Cit, p16.

[29] Autor de artículos y cuadros de costumbres que aparecieron en diarios de amplia circulación por entonces, como El Neogranadino y El Tiempo, de Bogotá, y en El Pueblo, de Medellín, bajo el seudónimo Emiro Kastos.

[30] El Neogranadino, Bogotá, 25/11/1850, p4.

[31] Uno de los principales líderes de las juventudes liberales decimonónicas de Bogotá, ciudad a la que llegó siendo un niño. Su activa participación en la prensa, aun siendo estudiante es admirable, así como su capacidad oratoria que pronto lo consolidó como la cabeza visible, no sólo de la Escuela Republicana, sino de su generación a la que se denominó, “Generación Romántica”. Su participación en diversos cargos públicos y en los cuadros políticos nacionales será constante hasta finales del siglo XIX, cuando se retira siendo ya un anciano.

[32] José María Samper, citado en Germán Colmenares. Partidos políticos y clases sociales. Medellín. La carreta editores. 2008, P46

[33] Denominación con la que Jaime Jaramillo-Uribe refiere a la generación de 1850 en un artículo titulado “La controversia Jurídica y filosófica librada en la Nueva Granada en torno a la Libertad de esclavos”, en donde dedica un espacio particular a reflexionar el papel de esta Juventud frente a la Esclavitud. Anuario colombiano de historia social y de la cultura, no. 4 - 1969. Universidad Nacional de Colombia, pp63-86.

[34] Rafael Núñez, citado en Germán Colmenares. Partidos políticos y clases sociales. Medellín. La carreta editores. 2008, p49.

[35] Pierre-Luc Abramson. Las utopías sociales en América Latina en el siglo XIX. México, Editorial Fondo de Cultura Económica, 1999.

[36] Alusión por la cual, estas juventudes empiezan a ser denominadas “Partido Gólgota” por parte de la oposición conservadora y con la que trascienden en la historia política del siglo XIX, que dedicó varios apartados a los integrantes del club Escuela Republicana bajo la denominación de “Gólgotas”. Inclusive, existe un libro publicado en 1944 por Roberto Echeverría titulado Los Gólgotas, que retrata varios pasajes de la cotidianidad de las juventudes liberales.

[37]  Idea que también fue adaptada por los jóvenes liberales y que se vería materializada, años después durante el periodo político denominado Olimpo Radical

[38] En la práctica, el establecimiento de talleres nacionales, sugerido por Louis Blanc como solución al problema social del proletariado, tuvo en Colombia no sólo gran resonancia en las Sociedades Democráticas de Artesanos sino que incluso hubo proyectos del gobierno para ponerlos en ejecución. Tan es así que el gobierno de José Hilario López presentó un proyecto para que se estableciesen talleres industriales en la Universidad y en los colegios oficiales, en el año 1851.

[39] Pierre-Luc Abramson. Las utopías sociales en América Latina en el siglo XIX. México, Editorial Fondo de Cultura Económica, 1999, p84.

[40] Germán Colmenares. Partidos políticos y clases sociales. Medellín. La carreta editores. 2008, p113.

[41] Entre tanto, el socialismo que más se ajusta para caracterizar las intervenciones de la Escuela Republicana podría ser el socialismo de tipo conservador o burgués (Marx y Engels; 1980) que se caracteriza por buscar el cambio de las condiciones de explotación mediante reformas administrativas que no obstante preservan las relaciones de producción opresivas. Esto porque es importante recordar que estos jóvenes pertenecen a familias de  clase emergente -comerciantes y abogados-, a quienes no les interesa arriesgar su propiedad privada ni sus privilegios.

[42] Romero señala que “Los partidos policlasistas, románticos apelaban a sentimientos primigenios e indiferenciados en relación con las clases humildes en particular, con los grupos autóctonos sometidos a las duras condiciones de trabajo impuestas por el nuevo orden económico, y como este estaba visiblemente vinculado al capital extranjero, apelaban también a cierta elemental xenofobia disfrazada de nacionalismo constructivo “, Op. Cit, p.33.

[43] Jairo Gómez. “El Romanticismo como mito fundacional de lo joven”. Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales, Niñez y Juventud, Vol. VII, N° 1,  Manizales, 2009, p 75.

[44] Durante la Revolución de 1848 la unión con las clases populares forzó la abdicación del rey Luis Felipe y permitió que se proclamara una segunda República en la cual se defendía el sufragio universal (masculino), la libertad de prensa, se prohibía la pena de muerte y se defendía la libertad de asociación. No obstante, cuando la clase obrera tuvo la intención de participar de forma más activa y directa, la burguesía la dejó sin apoyo,  lo cual derivo en el fracaso de estos nuevos vientos de revolución. Sin embargo, con el abandono de la burguesía francesa a la clase obrera, el enemigo en común que era el absolutismo quedó atrás y entonces, mientras burgueses y obreros se enfrentaban entre sí, darían lugar en 1852 a la paradójica inauguración del segundo Imperio Francés, esta vez en manos de Luis Bonaparte (Napoleón III).

[45] Germán Colmenares. Partidos políticos…, Op. Cit, p.123.

[46] Acta de sesión solemne de la Sociedad Filotémica. Bogotá, octubre 28 de 1850, p12.

 

[47] El Filotémico #12, Bogotá, 02/02/1851, p1.

[48] Importante institución educativa Colombiana, que existe desde la Colonia hasta nuestros días y que ha sido la formadora de un amplio grupo de personalidades del acontecer histórico y político nacional.

[49]  Las cuatro páginas del semanario se distribuían regularmente bajo las mismas secciones, a saber: Encabezado apoyando la candidatura presidencial del General Obando; La editorial de La Reforma; Una columna titulada “Pronunciamientos”, en la cual se daba respuesta pública a la correspondencia o a las críticas de la oposición; En la parte central el artículo más importante de la publicación titulado “Crónica de la Escuela”; un espacio para la expresión poética o literaria; y en la página final “Las inserciones” donde se discutían aspectos de orden jurídico de interés de los estudiantes de la Escuela y finalmente la sección de avisos.

[50] La Reforma #1, Bogotá, 20/07/1851.

[51] Ramón Gómez,  Discurso en Acta de Sesión Solemne de la Escuela Republicana. Bogotá, 30 de octubre de 1850, p12.

[52] La Reforma #3, Bogotá, 03/08/1851, p2.

[53] Manuel Suarez Fortoul, Discurso en Acta de Sesión Solemne de la E. Republicana. Bogotá, 30 de octubre de 1850,  p19.

[54] Mayores precisiones en Carmen Escobar. La Revolución Liberal y la protesta del artesanado. Bogotá, Fondo de Publicaciones Fundación Universitaria Autónoma de Colombia,1990.

[55] La Reforma #7, Bogotá,  31/08/1851, p3.

[56] Juan Bautista, Discurso en Acta de Sesión Solemne de la E. Republicana. Bogotá, 30 de octubre de 1850, p51.

[57] Franz Riveros. Vicios, virtudes y educación moral…, Op. Cit, p.91.

[58] Gerardo Molina.  Las ideas liberales en Colombia 1849-1910. Bogotá, Ediciones Tercer mundo. 1970, p19.

[59] Ídem, p19.

[60] Joaquín Vélez. Discurso en Acta de Sesión solemne, Sociedad Filotémica, 28 de octubre de 1850. p49.

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