Reseña bibliográfica

                                                                                    

Reseñas bibliográficas

 

 

 

MANGIANTINI, Martín (2018). Itinerarios militantes. Del Partido Revolucionario de los Trabajadores al Partido Socialista de los Trabajadores (1965-1976). Buenos Aires: Imago Mundi, 336 páginas.

 

 

 

Los efectos de las reformas neoliberales y el estallido social del 2001 trastocaron los consensos sociales en torno al orden democrático nacido en 1983. En las ciencias sociales, y en la historiografía en particular, creció el interés por organizaciones políticas revolucionarias, de izquierda y peronistas, que habían esbozado proyectos sociales alternativos, siendo aniquiladas por la última dictadura militar y demonizadas tanto por el régimen castrense como por los sucesores gobiernos constitucionales. No obstante, las investigaciones sobre estas experiencias en la primera década de este siglo se centraron en aquellas agrupaciones que tenían a la lucha armada como principal estrategia para la toma del poder. El análisis de los partidos políticos revolucionarios que adoptaron otras perspectivas en los años 1960 y 1970 es un campo historiográfico poco abordado. Precisamente, este es el caso de la obra de Martín Mangiantini, Itinerarios militantes. Del Partido Revolucionario de los Trabajadores al Partido Socialista de los Trabajadores (1965-1976). Basada en la tesis doctoral en historia del autor, su principal aporte reside en que toma como objeto de estudio a una de las corrientes de izquierda más relevante de la historia reciente debido a su presencia en importantes luchas sociales de las últimas décadas y a su legado en distintas agrupaciones trotskistas del presente.

Si bien algunos aspectos de la corriente fundada por Nahuel Moreno ya habían sido estudiados por otros autores, en este libro observamos un análisis global que permite reconocer la identidad política de sus militantes, su lógica de organización y su inserción en diferentes espacios de la sociedad argentina entre 1965 y 1976. Mangiantini logra probar sus hipótesis a lo largo de la investigación, principalmente demostrando que las diferentes estructuras partidarias (Partido Revolucionario del Pueblo [PRT], PRT-La Verdad, y el Partido Socialista de los Trabajadores [PST]) expresaron una propuesta política-ideológica que se desarrolló en el seno de un sector de la militancia obrera y juvenil opuestas al peronismo, a diferentes expresiones de otros partidos de izquierda como el Partido Comunista y el Partido Socialista, y que se desplegó en oposición a las organizaciones político-armadas. Para cumplir con sus objetivos resulta un acierto estructurar el libro en diferentes capítulos temáticos: el primero de ellos analiza el posicionamiento de esta tradición de izquierda ante diferentes acontecimientos: los golpes de Estado de 1966 y 1976, el Cordobazo y otros levantamientos populares, y los gobiernos peronistas de la década de 1970. Permite, por un lado, vislumbrar el proceso de radicalización social ocurrido durante esos años y, por otro, reconocer las posturas públicas de la corriente morenista frente a diferentes sucesos de la realidad política, el impacto de estos acontecimientos en dicha organización, y sus diferencias de caracterización sobre algunos de los hechos narrados con respecto a otras corrientes de izquierda y del peronismo.

En los capítulos siguientes puede observarse el principal mérito de la obra: a partir de un relevamiento detallado, principalmente, de documentación interna y publicaciones de esta tradición, el autor estructura cuestiones centrales como su identidad y organización, su inserción en el movimiento obrero y el movimiento estudiantil, y su interacción con otros sujetos sociales. Asimismo, articula la especificidad de esta corriente con respecto a otras, especifica su autopercepción, sus tácticas, su presencia en diferentes ámbitos (con elaboración de valiosos cuadros estadísticos), y su intento de adaptación a los cambios coyunturales. Todo ello sin descuidar las tensiones que podían generarse en la práctica con otras agrupaciones y entre su conducción y militancia.

Específicamente en el capítulo II, Mangiantini revela los puntos centrales de la identidad de la corriente morenista explicando el porqué de su táctica insurreccional y su rechazo a la lucha armada; el internacionalismo propio de la teoría trotskista, teniendo en cuenta su vínculo con organizaciones similares de otros países, el análisis de la situación en diferentes latitudes, principalmente en Latinoamérica, y el involucramiento de su militancia en este sentido; la relación y diferenciación con la identidad peronista; la importancia que tuvieron los procesos electorales para visibilizar la propuesta de esta corriente en diversos sectores sociales; y el rechazo a determinados comportamientos que eran percibidos como contrarios a la identidad de esta tradición. No obstante, si concebimos que la identidad de un sujeto social se conforma y reconstruye en base a las experiencias y, además, a las confrontaciones y competencias con otros sujetos, quizás hubiera sido conveniente el abordaje de otras fuentes escritas y orales de agrupaciones políticas que convivían con el morenismo en diferentes espacios, aún a riesgo de sobrepasar los objetivos de esta obra.

En el tercer capítulo resulta destacable el esfuerzo del autor por mostrar, por un lado, las características organizativas de las estructuras partidarias analizadas en diferentes momentos, pero al mismo tiempo exhibir las tensiones que podían producirse entre los objetivos de la dirección partidaria ante la cambiante coyuntura y la puesta en práctica de los mismos por su militancia. Si bien Mangiantini apela a algunas entrevistas a miembros de la organización como complemento de su análisis profuso de fuentes escritas, hubiera resultado enriquecedor para la investigación ahondar también sobre las memorias de militantes de base, simpatizantes de las agrupaciones lideradas por Moreno u otros actores presentes en conflictos puntuales, con el fin de encontrar otros matices acerca de las características de la organización y las tensiones en su interior.

El episodio IV evidencia de forma detallada las características de la inserción del morenismo en el movimiento obrero. Cuestión central para este tipo de organización, el autor realiza una tarea minuciosa que permite comprender en términos cuantitativos y cualitativos el peso de esta corriente al interior del movimiento obrero. Resulta destacable la elaboración de cuadros que permiten visibilizar la presencia de militantes en diferentes establecimientos fabriles y la descripción sistemática de la participación de estas estructuras partidarias en organizaciones sindicales en el lugar de trabajo y en diversos conflictos entre capital y trabajo.

El quinto apartado resalta particularidades de esta corriente en relación a su nexo con diferentes sectores de la juventud, en particular con el movimiento estudiantil,  con otros sujetos (intelectuales y campesinos), y muestra una novedosa concepción para la izquierda en los sesenta y setenta con respecto de la liberación de la mujer y la diversidad sexual. Sobre esto último, la obra no profundiza sobre el peso y el rol de las mujeres y otros géneros al interior de estas estructuras partidarias, aunque realiza un esbozo acerca de las contradicciones entre las posturas de la corriente y la cultura machista en la sociedad argentina, además de las tensiones que podrían haberse generado dentro de esta corriente.

Por último, merece destacarse que Mangiantini, en la conclusión de su libro, señala que la importancia de la inserción de esta corriente en diferentes espacios y sus características como organización permiten revisar la categoría de “Nueva Izquierda”, tomada como punto de partida por muchos historiadores. De esta manera, abre un nuevo debate en torno a cómo puede abordarse y conceptualizarse a las izquierdas surgidas en las décadas de 1960 y 1970.

 

 

Leandro Molinaro

Universidad de Buenos Aires,

 Centro de Estudios Históricos de los Trabajadores y las Izquierdas, (Argentina)

leandromolinaro@gmail.com

 

 

 

 

 

ASTARITA Carlos, GARCÍA MAC GAW Carlos, ZINGARELLI Andrea (coord). (2017). Conflictos sociales en la Antigüedad y el Feudalismo. El conflicto social precapitalista. EDULP: La Plata, 198 páginas.

 

Confictos sociales en la Antigüedad y el Feudalismo es una compilación realizada por los Dres. Carlos Astarita, Carlos García Mac Gaw y Andrea Zingarelli, investigadores especializados en el estudio de sociedades pre capitalistas con amplia experiencia en la docencia y la investigación de la Universidad Nacional de La Plata. Los trabajos que componen dicha compilación fueron desarrollados en el Centro de Estudios de Sociedades Precapitalistas (CESP), integrante del Instituto de Investigaciones en Humanidades y Ciencias Sociales (IdIHCS-Conicet-UNLP).

 En cada capítulo se abordan diversas cuestiones relativas al conflicto social en las sociedades precapitalistas. Entendemos por “conflictos sociales” a aquellos enfrentamientos religiosos, revueltas de esclavos y luchas campesinas; expresiones de tensión en la estructura y entre clases sociales. La compilación abarca un amplio período cronológico y un extenso marco geográfico que comienza en la Mesopotamia del periodo Protodinástico (circa 2350 a. C) y finaliza en la Inglaterra de 1381.

El libro está dividido en un prólogo, 16 capítulos, y una breve reseña del currículum vitae y la línea de investigación de cada uno de los autores que integran la compilación. A fines de facilitar la reseña, los trabajos que componen el libro pueden dividirse en tres bloques, en base al periodo que analizan: Mesopotamia y antiguo Egipto (capítulos 1 al 8), el mundo grecorromano y tardoantiguo (capítulos 9, 10 y 11) y Europa medieval (capítulos 12 al 16).

La antigua Mesopotamia se trata en los capítulos 1, 4 y 6. En el primer capítulo, titulado “Iniquidades sociales y legitimidad política en Mesopotamia a fines del período Protodinástico” Pablo Martín Rosell toma como fuente el Edicto de Urukagina -circa 2350 a. C- para dar cuenta de las medidas tomadas contra los abusos a la población y visualizar la desigualdad social de la sociedad mesopotámica del III milenio a. C. De igual manera, Yesica Leguizamón trabaja en el capítulo cuatro –“Edictos de Remisión por Deudas: signos de crisis social y económica en la sociedad paleobabilónica”, analizando fuentes varias pertenecientes al periodo pre babilónico (2000-1750 a. C.), en las que se observan medidas similares en un marco cronológico posterior. Finalmente, en el sexto capítulo, “Rebeliones individuales y colectivas en Siria del II milenio”, escrito por Leila Salem, se nos presenta un análisis de dichas rebeliones a través de las Cartas de El Amarna 73 y 74, documentos considerados por los historiadores como el primer registro de relaciones internacionales y diplomáticas entre Estados.

Los trabajos presentes en los capítulos 2, 3, 5, 7 y 8 hacen alusión a conflictos sociales en el antiguo Egipto, abarcando el periodo entre el Reino Medio (2055-1650 a. C.) y el Reino Nuevo (1099-1069 a.C.). Tanto en el capítulo 2 como en el 3 se utilizan como fuente textos provenientes de la llamada “literatura pesimista” egipcia, narraciones de ficción que datan del Reino Medio, y que dejan entrever la inestabilidad política que caracterizó al período. En el capítulo 2, –“Representaciones del caos y el conflicto social en el Reino Medio egipcio”- se analiza la llamada “Profecía de Neferty”. En dicho relato se observa la pèrdida del poder del rey, y cómo este vacío político es ocupado por los nomarcas (gobernantes provinciales). Asimismo, se pone énfasis en los extranjeros, quienes traspasan las fronteras de Egipto y se asientan sobre el territorio. En el capítulo 3, “Representaciones de una revolución social en el Reino Medio egipcio”, se utilizan como fuente las “Admoniciones de Ipuwer”, también proveniente de esta literatura “pesimista”, en el que se atestigua una revolución social que destruye a la sociedad tradicional egipcia.

En los capítulos 5, 7 y 8 se trabaja, en cambio, con fuentes administrativas, que dan cuenta de las instituciones y funcionarios del antiguo Egipto, además de las dinámicas de explotación y sus conflictos derivados. En el capítulo 5 -“Persecuciones y reclusión a los trabajadores del Egipto faraónico”, por María Belén Castro- se trabaja a partir del Papiro Brooklyn 35.1446, que contiene información concerniente a individuos que trabajaban para el Estado egipcio y al registro de eventos de huida de esos sujetos a sus obligaciones, su persecución y reclusión. Los capítulos 7 y 8 están escritos por Andrea Zingarelli. En el séptimo capítulo, titulado “Huelgas de trabajadores en el Imperio Nuevo egipcio”, se analiza un fragmento del Papiro de Turín, que hace referencia a los trabajadores de los templos alrededor de año 29 del reinado de Ramsés III (Circa 1155 a. C.). En el capítulo 8, “Contradicciones sociales a fines del imperio Nuevo egipcio: los robos de bienes”, se utilizan fragmentos de papiros del Museo Británico (10053, 10068 y 10052), documentos judiciales de finales de la dinastía XX que recogen los procesos a los que eran sometidos los ladrones de tumbas, actividad frecuente en este periodo (entre el 1126 y el 1069 a. C.).

En el siguiente bloque temático se abordan los conflictos sociales en el mundo grecorromano. En el capítulo 9, “Conflictos sociales en la polis griega y en la república romana”, Carlos García Mac Gaw analiza la cuestión de la insurrección en las sociedades griega y romana en base a cuatro ejes: la conspiración de Cinadón -s. IV a. C.-, relatada en las Helénicas de Jenofonte; la presión popular en la republica romana -s. I a. C.- extraído de un fragmento de las Guerras civiles de Apiano; el levantamiento de Euno en Sicilia -135 – 132 a. C.-, en la versión de Diodoro Sículo en su Biblioteca Histórica; y la guerra de Espartaco -73-71 a. C.- en los textos de Floro, Apiano y Plutarco. El capítulo 10 –“Conflictos religiosos en el imperio romano”, por Mariano Splendido- se circunscribe al siglo IV d. C., donde se pueden vislumbrar en las fuentes los conflictos religiosos existentes, tanto entre paganos y cristianos como entre las diferentes corrientes que caracterizaron al cristianismo en la antigüedad tardía. Las fuentes utilizadas son variadas; desde Plinio el joven hasta Agustín de Hipona.

“Rebelión y resistencia campesina en el occidente tardoantiguo” se titula el capítulo 11, a cargo de Pablo Sarachu, en el cual se analiza un conjunto de textos de la Antiguedad Tardía: las bagaudas, una serie de rebeliones contra las autoridades estatales que se produjeron en algunas regiones de la Galia y de Hispania hacia fines del siglo III y durante la primera mitad del siglo V. El autor analiza estos conflictos a partir de los textos de Eutropio y Aurelio Víctor, la Nueva Historia de Zósimo, pasajes de la Vida de Germano de Auxerre y un fragmento de Sobre el gobierno de Dios de Salviano de Marsella, entre otros.

El último bloque temático de Conflictos sociales… se adentra en el periodo medieval. En los trabajos que ocupan los capítulos 12, 14 y 15 puede observarse que el denominador común en los conflictos sociales del periodo altomedieval es la resistencia de los campesinos dependientes frente a la aristocracia, reflejada en las crónicas religiosas. En el capítulo 12, “Violencia, fuga de siervos y bandolerismo como expresiones del conflicto social en el reino visigodo de Toledo” Sabrina Orlowsky trabaja a partir de la Vida de san Fructuoso de Braga y la Vida de los Santos Padres de Mérida, y visibiliza cuestiones como la resistencia al trabajo, la fuga y la violencia, hechos casi cotidianos, a juzgar por su frecuente aparición en las fuentes. El capítulo 14, “Clérigos y campesinos, entre el control social y la revuelta (León, ss. XII-XIII)”, escrito por Carla Cimino, busca analizar la relación del clero parroquial con el conflicto social. Las fuentes proceden de las diócesis de Salamanca y Zamora, en el reino de León, y son representativas de la situación de los siglos centrales de la Edad Media. En primer término, el caso de la comunidad de Candavera, cuyo presbítero murió a manos de los vecinos en una confusa situación. En segunda instancia, el caso de los vecinos de Medina del Campo encuentra a los clérigos de la villa a la cabeza de los actos violentos. El tercer documento, procede del episcopado del obispo don Suero Pérez, de Zamora. Finalmente, en el capítulo 15 -“Mecanismos de reproducción y conflictividad social en dominios monásticos españoles”, por Rosana Vassallo- se trabaja sobre los mecanismos de reproducción y conflictividad social en los dominios monásticos españoles. La imagen convencional que poseemos sobre los señoríos en el feudalismo pleno medieval, compuesta por señores que ejercen su poder político sobre un espacio, con frecuencia monolítico, dista mucho de lo que presenta la evidencia documental. La situación de dependencia que poseían los campesinos en un mismo lugar variaba considerablemente de un caso a otro. En la fuente utilizada para este trabajo, se observa el conflicto suscitado a partir de que Alfonso X de Castilla (1221-1284) reconozca al monasterio de San Andrés de Blandes, en Burgos, como propiedad de la abadía de Santa Juliana, en un documento fechado en 1270.

El capítulo 13, escrito por Carlos Astarita, representa una excepción al modo en el que se analizan las fuentes a lo largo de Conflictos sociales… Se titula “Una revuelta campesina a comienzos del siglo XII” y tiene como objetivo replantear el texto de una conocida fuente medieval, las Crónicas de Sahagún. Dichas crónicas fueron compuestas por los monjes del Monasterio de Sahagún (León, España), y tratan sobre los excesos cometidos por los burgueses entre los años 1109 y 1117, durante las denominadas “revueltas burguesas de Sahagún”. Al haber sido escritas dos siglos después de los hechos relatados, el trabajo del Dr. Astarita busca presentarlas como una construcción apócrifa con mera intencionalidad política acerca de un conflicto en particular entre los campesinos y el clero.

El último trabajo que compone el libro se titula “El levantamiento inglés de 1381”. En él, la autora, Laura da Graca, analiza dicho levantamiento, considerado una de las máximas expresiones de la lucha de clases en la Edad Media. Esto se debe a la escala de la rebelión, que afecta a varios condados del sudeste de Inglaterra, y a la radicalidad de las demandas formuladas por los líderes campesinos, de claro contenido antiseñorial, plasmado en un fragmento de la Crónica Anonimalle.

A modo de conclusión, podemos añadir que la compilación de los Dres. Astarita, Mac Gaw y Zingarelli está estructurada de manera concisa, llevando al lector a reconocer el hilo argumental que sostiene dicha estructura y a la comprensión de la complejidad de los conflictos sociales en las sociedades precapitalistas. De la escasez primaria de fuentes que caracteriza  la investigación histórica de períodos tan remotos deriva la necesidad de apelar a todo tipo de evidencia: según se anuncia en el prólogo de la presente obra; “la costumbre dice que cuando el historiador escribe para un público no especializado, las fuentes primarias solo se mencionan limitadamente o se excluyen. En este libro rige lo opuesto: las fuentes tienen un lugar de privilegio.”[1] La obra da cuenta de la importancia del estudio de los conflictos sociales en las sociedades precapitalistas y justifica la compilación de trabajos tan distantes en su análisis tanto espacial como temporalmente.

 

 

Lucía Esther Cuenca
Facultad de Humanidades,

Universidad Nacional de Mar del Plata (Argentina)
madvainilla@gmail.com



[1] Astarita, C., García Mac Gaw C. y Zingarelli, A. (coord). Conflictos sociales en la Antigüedad y el Feudalismo. El conflicto social precapitalista. Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación, Universidad Nacional de La Plata, EDULP, La Plata, 2017, p. 4.

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