Francisco Julião y el socialismo uruguayo (1961-1964)
Francisco Julião y el socialismo uruguayo (1961-1964)
Francisco Julião and Uruguayan Socialism (1961-1964)
Agustín Juncal Pérez
Universidad de la República,
Facultad de Agronomía (Uruguay)
ajuncal@fagro.edu.uy
https://orcid.org/0000-0001-5013-7222
Resumen
En 1945 se constituyeron las Ligas Campesinas de Brasil que con el tiempo se constituyeron en un movimiento muy relevante de trabajadores rurales sin tierra. En 1960 sus protestas y movilizaciones en reclamo del acceso a la tierra se enmarcaron en la guerra fría latinoamericana. Este artículo analiza la difusión de las ideas propuestas por Francisco Julião, líder de las Ligas Campesinas, a comienzos de los años sesenta en Uruguay. A partir de un análisis de la prensa, se muestra la recepción del líder campesino brasileño entre los militantes del Partido Socialista uruguayo. Por último, se reflexiona sobre la necesidad de abordar los movimientos de trabajadores sin tierra de un lado y otro de la frontera.
Palabras clave: Francisco Julião; reforma agraria; sin tierra; Uruguay; Brasil.
Abstract
In 1945, the Ligas Campesinas of Brazil were formed, which eventually became a very important movement of landless rural workers. In 1960, their protests and mobilisations demanding access to land were framed in the context of the Latin American Cold War. This article analyses the dissemination of the ideas proposed by Francisco Julião, leader of the Ligas Campesinas, in the early 1960s in Uruguay. Based on an analysis of the press, it shows how the Brazilian peasant leader was received by the militants of the Uruguayan Socialist Party. Finally, it reflects on the need to address the movements of landless workers on both sides of the border.
Keywords: Francisco Julião; agrarian reform; landless; Uruguay; Brazil.
Introducción
Poco después de consumado el golpe de estado en Brasil, en mayo de 1964, el semanario socialista uruguayo El Sol reprodujo una entrevista a Francisco Julião, realizada meses atrás por la revista mexicana Siempre! Como preámbulo, para esa re-edición destinada al público uruguayo, el mencionado semanario añadió una breve presentación de las Ligas Camponesas bajo los siguientes términos:
“Las Ligas Campesinas aparecieron en Brasil casi como un fenómeno telúrico e hicieron famoso a su creador y líder, Francisco Julião, cuyo prestigio dentro y fuera de Brasil creció vertiginosamente en cosa de meses. Se veía en él a un segundo Fidel Castro. En la actualidad, aunque su empuje ha disminuido, conserva una gran fuerza entre los campesinos brasileños, sobre todo en el Nordeste hambriento. Toda la izquierda brasileña coincide en señalarle errores serios, pero en reconocerle el mérito indiscutible de haber puesto el problema campesino en la primera línea que le corresponde”.[1]
Luego de equiparar las figuras de Castro y Julião, las páginas de El Sol continuaron con algunas reflexiones del líder campesino brasileño sobre el rumbo de las izquierdas dentro del proceso político de su país. Al momento de realizar la entrevista, todavía bastante distante del cruel desenlace de la madrugada del primero de abril de 1964, el líder nordestino ya evidenciaba muestras de cansancio sobre las posibilidades de transformar el régimen de tenencia de la tierra a través de una vía parlamentaria. En su opinión, otros escenarios revolucionarios eran posibles y encaminaban la suerte de las izquierdas latinoamericanas que apostaban a la reforma agraria, con base en el ejemplo cubano. Particularmente, su influencia caló hondo dentro de las propuestas socialistas uruguayas que, desde finales de 1962, comenzaron a distanciarse cada vez más del camino electoral y parlamentario. Los nuevos posicionamientos del socialismo uruguayo respondían a las repercusiones de la revolución cubana. También se sumaba el hecho que, entre 1963 y 1972, el Partido Socialista quedó sin representación parlamentaria.
Tomando como punto de partida las notorias diferencias culturales, sociales y políticas entre las historias agrarias de Brasil (Buarque de Holanda, 1995; Fausto, 2021; Freyre, 1981; Prado Junior, 2011) y Uruguay (Moraes, 2008; Piñeiro y Moraes, 2008), el artículo explora cómo la militancia, los simpatizantes y el campo de influencia del Partido Socialista de Uruguay recibió y difundió las ideas de reforma agraria propuestas por Francisco Julião, líder de las Ligas Campesinas que, a comienzos de los sesenta, difundieron el lema de “reforma agrária na lei o una marra”.[2] Se parte de la hipótesis que Julião se convirtió en un líder campesino que alcanzó una circulación transnacional en la promoción de una reforma agraria “desde abajo” en el marco de la guerra fría latinoamericana (Weinstein, 2013; Marchesi, 2017). Para estudiar estos acercamientos y vínculos se analizaron dos medios de prensa -con circulación en Montevideo- donde se aglutinaron los argumentos para publicitar y defender los itinerarios políticos de Julião. Un primer espacio fue el semanario El Sol, un órgano de prensa vinculado al Partido Socialista y el otro medio de prensa fue el semanario Marcha –dirigido por Carlos Quijano- que formó parte de un espacio más independiente y plural.
El artículo se compone de cuatro breves secciones. La primera expone la evolución de los socialistas uruguayos en relación a los asuntos de la cuestión agraria; la segunda presenta la recepción de Francisco Julião en Montevideo durante 1960-1963; la tercera se centra en el año 1964, un punto de quiebre en las luchas por la tierra tanto en Brasil como en Uruguay; finalmente, una última sección expone brevemente algunas reflexiones para concluir el artículo.
Los socialistas y el campo uruguayo
El Partido Socialista fue fundado en 1910 bajo el liderazgo de Emilio Frugoni (1880-1969) y, al poco tiempo, ya contaba con una banca en la Cámara de Representantes. No obstante, los acontecimientos de la revolución bolchevique demostraron que era posible el acceso al poder mediante una “vanguardia revolucionaria” disciplinada y, al mismo tiempo, dieron cuenta de la relevancia del acceso a la tierra como elemento fundamental para atraer y comprometer a sectores campesinos rusos en el derrotero revolucionario (Hobsbawm, 2007: 72-81). En ese contexto, los partidos de izquierda uruguayos se consolidaron, como también se diferenciaron entre sí, al calor del “período revolucionario” signado por los sucesos de la III internacional –conocida como la “internacional comunista”- conformada en 1919.[3] A comienzos de la década de 1920, la mayoría de sus integrantes se mostraron favorables a aceptar las 21 condiciones de la Internacional Comunista de 1919 y se transformaron en Partido Comunista. Con un Frugoni reticente al cambio, y en minoría, se produjo la salida de la estructura partidaria y la posterior refundación del Partido Socialista. De allí en más existieron más desencuentros que encuentros entre comunistas y socialistas hasta que, en 1971, confluyeron dentro de la creación del Frente Amplio.[4]
Hasta mediados de la década de 1950, el socialismo uruguayo emprendió un camino que combinó elementos del marxismo y del liberalismo político (Yaffé, 2016). En el plano internacional, mantuvo sus críticas hacia el régimen soviético y, en el plano nacional, priorizó una estrategia “reformista” para realizar transformaciones graduales desde la acción parlamentaria (Yaffé, 2016: 133). Desde 1922, luego de su refundación, el semanario El Sol se convirtió en el principal difusor de sus ideas a través de la prensa escrita.
Desde su fundación, el Partido Socialista abogó por resolver la cuestión agraria y criticó la propiedad de la tierra porque “asume todavía formas semi-feudales” (Frugoni et al, 1944: 9). Por ejemplo, en 1913 presentó una iniciativa en la Cámara de Representantes sobre Contribución Inmobiliaria Rural, con una tasa progresiva sobre el valor de la tierra libre de mejoras realizadas (República Oriental de Uruguay, 1970: 123). En ese contexto, fue ganando terreno una prédica favorable a la colonización estatal de tierras, como manera efectiva para contrarrestar las consecuencias sociales del latifundio. En el caso de Frugoni las miradas se dirigieron a Argentina. Por ejemplo, siguiendo a Juan Bautista Alberdi, Frugoni pregonaría que “hay que colonizar y poblar” (Frugoni et al, 1944: 8). Años más tarde, durante la Convención Nacional Constituyente de 1917, propuso -aunque sin el éxito esperado- incluir en el texto el principio de “uso obligatorio de la tierra” por el cual el Estado podría tener la potestad de expropiar aquellas explotaciones “improductivas” (Frugoni et al, 1944: 9; República Oriental del Uruguay, 1970: 118).
En esta etapa marcada por el liderazgo de Frugoni, los socialistas presentaron en la Asamblea Nacional Constituyente de 1917 una solicitud para incluir el concepto de “uso obligatorio de la tierra”.[5] Por entonces, existía entre los socialistas rioplatenses un apoyo crítico a los acontecimientos de la Revolución mexicana (Yankelevich, 1994; Rama, 1957). Tal fue el caso de Frugoni que, en una conferencia de 1928, calificó al caso mexicano como una “un movimiento de innegable trascendencia social, una verdadera revolución agraria, sean cuales fueren las modalidades que, por encima de todo eso, hayan podido imponer las rivalidades de las diversas y numerosas fracciones” (Rama, 1957: 183).
En diciembre de 1930 fue presentada y aprobada ante el XI Congreso Ordinario la “Carta Agraria” donde se declararon algunos principios: “la desaparición del latifundio por los medios más expeditivos y eficaces” y la “defensa de los arrendatarios, de los pequeños propietarios, la acción de ordenamiento y contralor científico de la producción agrícola, los créditos, etc”.[6] En tres oportunidades Frugoni impulsó un proyecto de reforma agraria presentado al Parlamento: 1913, 1940 y 1943. El eje central concibió la defensa de los arrendatarios y de los pequeños propietarios, algo también impulsado por los socialistas argentinos (Hora, 2018). En ese sentido, era habitual que el líder socialista argentino Juan B. Justo, fuera citado directamente en los discursos de Frugoni. Sin embargo, debe advertirse que la estrategia socialista para el campo dejaba fuera a los asalariados (González Sierra, 1994). De ese modo, en esta etapa, los socialistas uruguayos no se vincularon a los sujetos sociales agrarios más numerosos del país.
A mediados de la década de 1950 hubo notorias modificaciones dentro del Partido Socialista. Entre el 29 Congreso (junio 1953) y el 30 Congreso (octubre 1955), un grupo de jóvenes “renovadores” irrumpió en la interna partidaria. Bajo el liderazgo de Vivian Trías se generaron una serie de modificaciones lentas y graduales que dieron como resultado una significativa transformación ideológica y organizativa. Por ejemplo, en el 15 Congreso Extraordinario de mayo de 1957 se modificó el reglamento y las formas electivas del Comité Ejecutivo Nacional (Yaffé, 2016: 137). En materia agraria, desde el conocimiento de los resultados del Censo General Agropecuario (CGA) de 1951, los socialistas profundizaron sus críticas sobre el régimen, distribución y apropiación de la tierra. En 1954 un editorial de El Sol denunciaba que poco más de mil establecimientos, mayores de 2.500 hectáreas, representaban un tercio del territorio nacional. Según lo que ya se conocía en la época esto podría ser aún más concentrador porque un mismo propietario podría tener más de un establecimiento.[7] En este contexto de análisis, los socialistas concluyeron que el Instituto Nacional de Colonización (INC) no había obtenido los resultados esperados desde su creación, con la ley 11.029, en enero de 1948 (Juncal, 2022). En una conferencia brindada en la Casa del Pueblo, en junio de 1954, el diputado José Pedro Cardoso calificó que el INC “no ha significado la reforma agraria”.[8]
A comienzos de los años 60’ con Trías aparecen dos cuestiones novedosas. En primer lugar, la reforma agraria se estimaba estratégica por dos motivos: en el plazo inmediato como forma de mejorar el nivel de vida de las “masas campesinas” y, en el largo plazo, para garantizar el desarrollo económico del país (González Sierra, 1994: 47-48). En su obra “Reforma agraria en el Uruguay”, Trías (1961) apuntaba a su urgente necesidad partiendo de tres premisas: el estancamiento de la producción ganadera, la fuerte concentración de la tenencia de la tierra y el evidente atraso técnico de la producción agraria. En tal sentido, Trías sostendría que “el régimen de tenencia está dominado por dos realidades igualmente antieconómicas y antisociales: latifundio y minifundio” (Trías, 1990: 83). En segundo lugar, se comenzó a propiciar la organización sindical en el medio agrario donde se identificaba a los trabajadores rurales como “la clase social más explotada del Uruguay” (Trías, 1961: 60). En tal sentido, los socialistas comenzaron a insertarse en zonas rurales para organización a los asalariados de los arrozales, las remolacheras y de la caña de azúcar.
La recepción de Julião en Montevideo
En 1961 se aprobó el proyecto 206, a cargo del Consejo Interamericano Económico y Social (CIES), que comenzó a promocionar una “reforma agraria integral” en los países latinoamericanos (Oberlin, 2024). En cambio, las Ligas Campesinas lideradas por Julião disputaron los sentidos de la reforma agraria con sus propuestas desde “abajo” que promovieron las ocupaciones de tierras.
En septiembre de 1961, Eduardo Galeano escribió una columna para el semanario Marcha donde hizo referencia a la crisis política que Brasil atravesaba debido a la sorprendente renuncia de su presidente, Janio Quadros, tras apenas siete meses de mandato. El escritor de Las venas abiertas de América Latina consideró que “un país contradictorio tiene políticos contradictorios. Los esquemas se detienen al pie de la realidad, vasta, compleja, borrascosa”. En los renglones siguientes aludió a las palabras del líder nordestino: “Francisco Julião, líder de las Ligas de campesinos del Nordeste pudo decir que [Quadros] era una incógnita: ‘indescifrable, puede ser muy bueno o muy malo’”.[9]
Tras la renuncia de Quadros, en agosto de 1961, la presidencia fue asumida por Joao Goulart, un gaúcho con una prolongada trayectoria en el Partido Trabalhista Brasileiro (PTB). Con una vasta experiencia en la función pública, había desempeñado cargos del Poder Ejecutivo y del Poder Legislativo. A pesar de haber ocupado la vicepresidencia de la República, durante los mandatos de Juscelino Kubischek (1956-1961) y de Quadros (1961), su imagen se asociaba al período democrático de Getúlio Vargas (1951-1954). En 1961, luego de la renuncia de Quadros, y ya con la investidura presidencial de los Estados Unidos de Brasil, Goulart comenzó a entablar diálogos con los principales líderes campesinos, entre ellos Julião. El propósito era promocionar una reforma agraria en dos niveles: el estadual y el federal. A modo de ejemplo, a nivel estadual, a comienzos de los años 60’ el Estado de Rio Grande do Sul había constituido un Instituto Gaúcho de Reforma Agrária (IGRA), durante el mandato de Leonel Brizola (Pereira, 2010). A nivel federal, se pudo avanzar en la aprobación de la Superintendencia de Reforma Agraria (Supra) en el gobierno de Goulart. Obviamente, el Golpe de Estado de 1964 significó la supresión de dichas instituciones. En noviembre de 1964, el Estatuto da Terra sustituyó al Supra (Ferreira y de Castro Gomes, 2014).
A comienzos de 1962, con apenas tres meses de instalado el gobierno de Quadros, Julião visitó Uruguay en tres días sumamente intensos. Primero, acudió a Punta del Este para entregar a la secretaría de la Organización de Estados Americanos (OEA) su “Carta de los Pueblos Latinoamericanos”. Según un periodista de Marcha, visitó la redacción del semanario donde conversó con varios de sus funcionarios y luego estableció un intercambio de palabras con su director, Carlos Quijano.[10] Más tarde, brindó conferencias de prensa, participó en un acto de la Plaza Libertad en el centro de Montevideo, antes de proseguir en una recorrida por la ciudad de este a oeste. Así conoció buena parte de Montevideo, desde las casas residenciales de Carrasco hasta la fortaleza del Cerro, donde todavía se encontraba una comunidad obrera asociada a la industria frigorífica.[11] Finalmente, regresó a Porto Alegre en un ómnibus que partió desde la capital uruguaya. La crónica realizada para Marcha por Juan José López Silveira[12] sirvió como preámbulo de una entrevista realizada a Julião y que fue reproducida en las páginas del semanario. En su introducción, el periodista presentó al militante brasileño del siguiente modo:
“No sólo Julião es el dirigente indiscutido de las masas agrarias nordestinas y el líder campesino de mayor envergadura de América Latina irredenta, sino que también aparece como el político capaz de llevar a cabo la unificación del pueblo brasileño –por encima de diferencias y contradicciones que supone una estructura geográfica de continente- en su lucha de emancipación económica. Por otra parte, esto es lo que Julião se propone. Pero además –y aunque no se lo proponga- su ejemplo, como el de Fidel Castro, está en vía de transformarse en imán atractivo, en espejo ineludible, del proceso de liberación de los demás países latinoamericanos. Julião ha dicho y nos repite que ‘la abolición de la esclavitud sólo tendrá vigencia, a condición de que se la complete con la reforma agraria’”.[13]
Luego, el periodista destinó unos párrafos para exponer el derrotero de la organización:
“Hace algunos años, Joao Firmino, un ‘foreiro’ del ingenio Galilea –lo que significa un paria sin tierra propia ni ajena, ni otra fuerza que sus brazos- tuvo la idea de constituir una especie de sociedad mutualista que asegurara a sus componentes nada más que un entierro decente, con mortaja propia, de tela, y cajón ‘loló’ que servía para diversos difuntos. Fue a ver al abogado Francisco Julião para que diera forma jurídica a su idea. Y el 1 de enero de 1955 quedó reconocida la personería de un organismo planeado como socorros mutuos o de beneficencia, pero que llevaba el nombre indiscutiblemente gremial de ‘Sociedad Agrícola y Pecuaria de los Plantadores de Pernambuco’. Fue esa la primera Liga Campesina del Nordeste de Brasil. De abogado, Julião se había convertido en el líder nordestino de la reforma agraria. El resto de la historia es más conocido. En todo Brasil, de Ceará a Rio Grande do Sul, funcionan alrededor de doscientas ligas”.[14]
Las conversaciones con López Silveira no fueron las únicas que Julião entabló con reporteros uruguayos. Ese 1962 continuó siendo un año sumamente vertiginoso en la recepción de las actividades del líder campesino en Montevideo. Seguramente con motivo de su reciente visita el ambiente capitalino quedó expectante y ávido por continuar pesquisando sobre la realidad nordestina, lo cual se evidencia en los números de ventas de su libro Escucha campesino. Según consta en las páginas de Marcha, en apenas cuatro días de febrero se agotaron los 1500 ejemplares del libro de casi 75 páginas publicado por Ediciones Presente.[15] El libro de Julião se divide en tres partes: una introducción denominada “Brasil un continente hacia la revolución”, a cargo de un periodista del semanario El Sol, Ricardo Carvalho. Luego, continúa con dos capítulos, menos voluminosos que el anterior, que consta en las traducciones al castellano de “Cartilla del campesino” y de “Cartas a los campesinos”, escritas originalmente en portugués. Aquí interesa rescatar fundamentalmente la primera parte del libro dado que ella cumple con el propósito de acercar la realidad brasileña al lector montevideano. El texto de Carvalho desde el comienzo otorga mucha relevancia al país vecino en el contexto regional, al expresar que:
“En el Brasil está la clave del futuro político de América latina. No es aventurado pensar que el rumbo que adopte un inmenso país de 8 millones y medio de kilómetros cuadrados, poblado por más de 70 millones de habitantes, con fronteras sobre todas las demás repúblicas sudamericanas, inmensas riquezas naturales y una poderosa industria en expansión influirá en forma decisiva sobre el destino de todo el Continente. De ahí que resulta una tarea apasionante para cualquier latinoamericano tratar de conocer las fuerzas que se enfrentan hoy en el interior del Brasil, de entender el sentido de las contradicciones que lo agitan, de avizorar las perspectivas más probables de su desarrollo político. Y para nosotros, los uruguayos, sobre los que los acontecimientos que se sucedan en el Brasil influirán de manera más decisiva que sobre ningún otro, esta tarea no es sólo apasionante, sino necesaria” (Carvalho en Julião, 1962: 7).
La crónica de Carvalho prosigue con una interesante descripción sociológica del contexto nordestino, territorio donde se libraba una importante lucha por la tierra. Precisamente, hasta aquellas tierras se desplazó el periodista uruguayo para encontrarse con el líder campesino. Antes de publicar parte del intercambio con Julião realiza una breve descripción biográfica de su entrevistado:
“Graduado en 1940, Julião se instala en Recife y comienza a ejercer la abogacía. Es entonces cuando empieza a comprobar lo utópico que resulta la posibilidad de lograr que se haga justicia a los campesinos aplicando la ley que ha sido dictada por los latifundistas que se sientan en el Parlamento estadual o nacional justamente para asegurar la permanencia del sistema. De manera natural es llevado así a descubrir que será imposible eliminar la explotación que padecen los campesinos mientras no se realice una transformación política. Pero, al mismo tiempo, Julião observa que no será posible en el Brasil ninguna transformación revolucionaria de sus estructuras agrarias sin una intervención activa de las masas campesinas mismas. Esto es lo que distingue a Julião de todos los demás dirigentes de la izquierda brasileña que lo han precedido. Muchos o la casi totalidad de ellos han planteado el problema agrario y la necesidad de la Reforma Agraria, pero fueron siempre intentos de realizar la reforma impulsándola desde las ciudades, en el Parlamento” (Carvalho en Julião, 1962: 23).
En octubre de 1962 fue candidato a diputado federal por el Estado de Pernambuco. Con el pretexto de la cobertura para Marcha, otro periodista que ya hemos reseñado, Juan J. López Silveira, acudió nuevamente al encuentro de Julião y envió una nota a Montevideo que resultó publicada en el semanario bajo el título “Las últimas elecciones comerciales de Brasil”. En ese reportaje se presenta a un Julião bastante más escéptico de lo habitual respecto al mecanismo electoral. Sin dar demasiados rodeos, el periodista uruguayo sostiene que Julião “está convencido de que el proceso electoral en la actual coyuntura es cosa superada en Brasil. Sin eufemismos, el líder de las Ligas Campesinas señala la vía revolucionaria como único camino practicable para resolver las contradicciones de su país”.[16]
Como se verá más adelante, a conclusiones semejantes arribaron una parte de los militantes socialistas uruguayos, luego de los resultados de las elecciones de noviembre de 1962. En el primer semestre de ese mismo año, los trabajadores de la caña de azúcar nucleados en el sindicato de la Unión de Trabajadores Azucareros de Artigas (UTAA), liderado por el dirigente socialista Raúl Sendic, comandó una marcha hacia Montevideo para denunciar las paupérrimas condiciones laborales de los asalariados rurales (González Sierra, 1994). Aunque todavía la demanda de tierras no estuvo sobre la mesa de negociación, no tardaría demasiado en congregar a los cortadores de caña de azúcar del norte del país en la frontera con Rio Grande do Sul.[17]
En ese contexto, resulta interesante recurrir a una conferencia brindada por Mario Benedetti a finales de 1962, luego de las elecciones de noviembre de ese año, para situar los contrastes sobre la lucha por la tierra entre Uruguay y el nordestino Pernambuco en Brasil. Dicha conferencia fue recogida íntegramente en una re-edición de El país de la cola de paja (1963) que originalmente se había publicado en 1960. En esa postdata de 1963, Benedetti profesó una interesante autocrítica sobre los caminos que la izquierda había emprendido al tratar la cuestión de la tierra y, en especial, los argumentos para realizar una reforma agraria. Aunque operó como una especie de catarsis por el magro resultado electoral de la alianza que los socialistas integraron dentro de la Unión Popular (UP), también cuestionó el error de haber enfatizado tanto en la inmediatez de la reforma agraria en caso de acceder al poder. Según su perspectiva, esa estrategia fue carente de sentido porque lo cierto es que eran pocas las probabilidades de que la UP asumiera el gobierno. Por si fuera poco, se alejaba bastante de las concepciones psicológicas del electorado montevideano, básicamente auto percibido como de “clase media”, a quienes la palabra “reforma” les sonaba a “despojo”. Entonces, Benedetti asumió como un hecho la profunda divergencia respecto a otras realidades latinoamericanas: sostuvo que en Uruguay la reforma agraria era “pensada” porque no podía ser “sentida”. En ningún momento mencionó explícitamente a Julião, ni a las Ligas Camponesas. Sin embargo, la comparación pareciera estar implícita en todo momento. Además, enfatizó que el caso uruguayo los asuntos agrarios, casi de modo exclusivo, confluían hacia un tratamiento parlamentario.
Para finalizar, sostuvo que para dar pasos certeros en favor de una reforma agraria se precisaba una sólida argumentación y explicación racional destinada al electorado. Basándose en los postulados del médico y profesor Eliseo Salvador Porta (1961), Benedetti avizoró algunas dificultades en el horizonte revolucionario de la izquierda que se sustentaba en la experiencia cubana. Poniendo el foco en el “hombre disponible” uruguayo, caracterizado por ser “evidentemente moderado, indiferente a la política, contrario a la violencia, escasamente solidario, supersticioso de la palabra libertad” (Benedetti, 1963: 143). En definitiva, hasta ese momento (1962), las realidades de Brasil y Uruguay imponían diferentes visiones sobre la reforma agraria, con base en los antagonismos sobre los “hombres disponibles”. Sin embargo, como se verá en el siguiente apartado, desde 1964, los socialistas comenzaron a hacer notar algunas convergencias con Brasil respecto a la lucha contra los latifundios.
¿Un cruce de caminos?
El año 1964 parece simbolizar una suerte de cruce de caminos en los repertorios sobre la movilización de la reforma agraria. Mientras en Brasil marcó el cierre definitivo de los proyectos de las Ligas Camponesas con el Golpe de Estado de abril, en Uruguay se inauguró un ciclo de protestas de los trabajadores de la caña de azúcar reclamando por el acceso a un latifundio improductivo de casi 30 mil hectáreas en el norte del país (Juncal, 2023). Ese evento marcó el inicio de una nueva forma de lucha en favor de una reforma agraria en el Uruguay de los años sesenta.
En 1964 la prensa uruguaya siguió de cerca los acontecimientos de la ruptura institucional del Brasil. La prensa que nos interesa destacar, El Sol y Marcha, cubrió principalmente las noticias más relevantes que llegaban al país sobre la situación de Julião. Dos semanas después de producirse el quiebre democrático, en abril de 1964, apareció en Marcha un manifiesto de Julião bajo el título “A los patriotas y al pueblo del Brasil” que fue posible obtener gracias a las gestiones emprendidas por Eduardo Galeano. Tiempo antes, desde su labor en la prensa capitalina en Marcha y en Época[18], se había deslumbrado con el accionar de las Ligas Campesinas. Al momento de publicar el documento del líder nordestino, el escritor uruguayo realizó una breve introducción que expresaba lo siguiente:
“Después de varias tentativas infructuosas, este cronista pudo, por fin, tomar contacto con Francisco Julião, creador y líder de estas ligas campesinas del nordeste del Brasil, perseguido ahora por el gobierno militar. Desde algún rincón, en el centro de la vasta selva brasileña, donde se encuentra escondido en condiciones penosas, Francisco Julião hizo llegar a manos del cronista, por medio de un emisario, el documento que va a leerse. Es la expresión de voluntad de resistencia de las fuerzas populares hoy aplastadas por el poder de las bayonetas. Es un llamado a la pelea, porque ‘ha pasado el tiempo de las elecciones’, y ha llegado ‘la hora de la unidad del sacrificio, del coraje, de la abnegación, de la fé’”.[19]
El manifiesto de Julião comenzaba señalando que “está implantada, finalmente, la dictadura militar en el Brasil. No existe ya la Constitución de 1946. La Constitución ahora, es el Acta Institucional de donde surgirán todas las otras leyes dictatoriales”.[20] Además, exhibía una breve reseña de los principales hechos en más de un mes desde la instauración de la dictadura el 1° de abril de ese mismo año. Luego, enfatizaba que “ya pasó el tiempo de las elecciones” y que era necesario pasar a un “Estado Revolucionario”, algo que el dirigente campesino venía insinuando desde varios años atrás. Sus reflexiones prosiguieron del siguiente modo:
“La base social, entre nosotros para iniciar el estado revolucionario, debe ser el Campesinado. Y el mensaje para conquista su confianza es una sólo: la tierra debe pertenecer a quien la trabaja con sus propias manos. Hagamos nacer en todo el país focos de guerrillas. Diez, cincuenta, cien, mil. El proletariado de las ciudades sabrá como comportarse frente a sus enemigos de clase. No hay Ejército invencible cuando el pueblo se decide a conquistar sus libertades”. [21]
Al mismo tiempo que Julião emprendía su largo exilio mexicano[22], en Uruguay se abrió el escenario propicio para realizar una movilización de los cañeros desde Bella Unión hasta la capital, Montevideo.
La concentración de trabajadores en las plantaciones de caña de azúcar del norte uruguayo que se inició en la década de 1940 impulsó la sindicalización. Como describen varias memorias y testimonios, desde 1960 en adelante se encuentran varios esfuerzos serios por crear una alternativa a un sindicato “amarillo” que databa de mediados de 1950 y estaba vinculada a la Central Sindical Uruguay (CSU). El proceso de sindicalización se hizo realidad a comienzos de setiembre de 1961, “entre bailes, guisos, fútbol y trabajar de sol a sol” (Santana, 2013: 53) dando origen a la UTAA que, desde un principio, contó con el apoyo y asesoramiento jurídico de Raúl Sendic.[23] Los itinerarios y las demandas de UTAA permiten establecer una periodización en dos momentos. Un primer momento abarca desde la fundación del sindicato en 1961 hasta 1963 donde las reivindicaciones se centraron en la ley de ocho horas, el pago en moneda nacional, el aumento de salarios, el acceso a asignaciones familiares y la abolición de las aripucas como viviendas (Santana, 2013). Un mes después de la fundación de UTAA, la dirigencia del sindicato viajó a Montevideo para solicitar una audiencia con el Ministerio de Trabajo y lograr una inspección en las plantaciones de caña de azúcar como forma de visibilizar las pésimas condiciones de trabajo. Tras obtener magros resultados, los “peludos” decidieron declararse en huelga en enero de 1962 (González Sierra, 1994; Merenson, 2010).
Un segundo momento se aprecia desde 1964 hasta 1973 con la lucha por la tierra como principal demanda. En ese contexto, las actividades de UTAA se entrelazaron cada vez más con la coordinación del trabajo en clandestinidad de Raúl Sendic y de los militantes organizados del barrio montevideano de La Teja en una especie de antesala del Movimiento de Liberación Nacional -Tupamaros- (Aldrighi, 2009). Sin descuidar los reclamos laborales, la lucha de UTAA comenzó a asociarse con su reclamo de expropiar un latifundio improductivo de 30.000 hectáreas. De allí en más, Uruguay conoció los reclamos del acceso a la tierra desde la “marcha cañera” de 1964 (reiterada en 1965, 1968 y 1971) como forma de movilización social (Juncal, 2015). Recorrió, de norte a sur, los seiscientos quilómetros que separan Bella Unión de Montevideo. Siempre bajo las consignas de “tierra para el que la trabaja” y “por la tierra y con Sendic” como forma de movilización social.
El planteo central fue que los trabajadores de la caña de azúcar accedieran a la producción para subsistir durante los largos meses de desempleo temporario. Las demandas se dirigieron hacia los poderes públicos: en primer término, al Parlamento quien podría votar y asegurar los recursos para la expropiación y, en segundo término, al INC quien podría llevarla a cabo como ente autónomo encargado de dirigir las políticas de tierras. En la coyuntura 1968-1973 el campo fue expropiado pasando a manos del INC. Sin embargo, los trabajadores de la caña de azúcar no fueron contemplados en ninguna de sus solicitudes de acceso a tierras bajo una modalidad cooperativa a pesar de los innumerables reclamos y las negociaciones entabladas con los poderes ejecutivo y legislativo de la época (Juncal, 2023). Al igual que en Brasil, el punto final de las movilizaciones por la tierra de UTAA se clausuraron con el Golpe de Estado uruguayo de junio de 1973.
Algunas reflexiones para un cierre provisorio
Entre 1963 y 1971 dos de los libros más influyentes entre la izquierda montevideana fueron El País de la Cola de Paja de Mario Benedetti (originalmente publicado en 1960) y Las venas abiertas de América Latina de Eduardo Galeano de 1971. En ambos la cuestión de la tierra, la reforma agraria y la comparación con Brasil aparecen a veces explícitamente y otras de forma implícita. En Benedetti las referencias al asunto pueden rastrearse en una postdata de 1963 donde se transcribe una alocución suya en el marco de una actividad desarrollada en la sede del Partido Socialista. Lo importante allí fue advertir la imposibilidad que identifica el autor para entablar diálogos con el electorado montevideano. También defiende la tesis de analizar la especificidad del “hombre disponible” en el campo uruguayo, siguiendo los postulados de Porta (1961), partiendo de que no “siente” como una demanda el acceso a la tierra y no estaría en su horizonte defender proclamas en favor de una reforma agraria. Sin embargo, los argumentos de su análisis podrían ser puestos en duda a partir de la nueva coyuntura que se inicia desde 1964 en adelante con la emergencia de las “marchas cañeras” y la recepción muy favorable que tuvo en la militancia de izquierda, especialmente la montevideana.
En cambio, en Galeano se pueden identificar una serie de fundamentos recogidos en su actividad de difusión que permiten mostrar el clima de época posterior a 1964. Por ejemplo, en Las venas abiertas de América latina, se sirvió de referencias del médico sanitarista/geógrafo Josué de Castro para argumentar las posiciones de una parte de una izquierda, estimulada por la revolución cubana, que comenzaba a realizar política con las armas: “yo, que he recibido un premio internacional por la paz, pienso que, infelizmente, no hay otra solución que la violencia para América latina” (Galeano, 1971: 9). Tras realizar una reseña de los principales acontecimientos de la realidad agraria latinoamericana, donde además de Brasil había referencias a los casos de Guatemala y México, sentenció que la puesta en marcha de la “Alianza para el Progreso” marcó un antes y un después porque “ya no es un tema maldito la reforma agraria: los políticos han aprendido que la mejor manera de no hacerla consiste en invocarla de continuo” (Galeano, 1971: 129). Para analizar la situación uruguaya, luego de recordar la infructuosa experiencia del reglamento de tierras artiguista de 1815, se amparó en el estudio del socialista Vivían Trías (1961). También Galeano disparó contra el sistema político uruguayo al señalar que “los proyectos de reforma agraria se acumulan, unos sobre otros, en el cementerio parlamentario, mientras el campo se despuebla: los desocupados se suman a los desocupados y cada vez hay menos personas dedicadas a las tareas agropecuarias, según el dramático registro de los censos sucesivos. El país vive de la lana y de la carne, pero en sus praderas pastan, en nuestros días, menos ovejas y menos vacas que a principios de siglo” (Galeano, 1971: 121).
Al comenzar la década de 1970 las expresiones de Eduardo Galeano en las Venas abiertas de América latina permiten mapear cierta inconformidad de los exponentes de los socialistas en el plano nacional y cierta simpatía con el camino de los “peludos” de UTAA que lideraba Sendic. En definitiva, ese parece ser parte de un nuevo tipo de lucha por la tierra que se expresó a partir de 1964 con las movilizaciones de la UTAA.
En definitiva, este breve artículo intentó mostrar los itinerarios transnacionales de Julião y sus aproximaciones con los socialistas uruguayos. Resta bastante por investigar sobre los vínculos entre las movilizaciones de los trabajadores rurales sin tierra de Brasil y Uruguay. Futuros estudios deberían poner foco en tres tipos de interacciones y procesos en la frontera uruguaya-brasileña. El primero, en las políticas de acceso a tierra diseñadas desde el Estado, en el caso uruguayo con el Instituto Nacional de Colonización (INC) y en el caso de Rio Grande do Sul con el Instituto Gaúcho de Reforma Agrária (IGRA). El segundo, con los movimientos de trabajadores sin tierra, en Uruguay con la Unión de Trabajadores Azucareros de Artigas (UTAA) en Bella Unión y, del otro lado de la frontera, con el Movimento dos Agricultores Sem Terra do Rio Grande do Sul (MASTER). Por último, en los liderazgos, en las conexiones y vínculos entre Raúl Sendic y Francisco Julião.
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Fuentes
Prensa y publicaciones periódicas consultadas:
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El Sol (1964).
Época (1962-1964).
Recibido: 05/09/2024
Evaluado: 17/11/2024
Versión Final: 18/12/2024
páginas / año 18 – n° 46/ ISSN 1851-992X /2026
[1] El Sol, “Antes del golpe. Como veía la izquierda el proceso de Brasil”, 8 de mayo de 1964.
[2] Sobre las Ligas Campesinas puede consultarse, entre otros los trabajos de Montenegro (2004), Correia de Andrade (2009) y Julião (2009).
[3] Para una descripción sobre la historia del marxismo en América latina, véase: Löwy (2012: 9-63).
[4] Para un somero repaso de las izquierdas socialista y comunista hasta la confluencia en el Frente Amplio, véase: Caetano (2019) “Historia mínima de Uruguay”, pp. 196-211.
[5] El Sol, “El Partido Socialista y la cuestión agraria”, escribe: José Pedro Cardoso, 21 de julio de 1954.
[6] El Sol, “El Partido Socialista y la cuestión agraria”, escribe: José Pedro Cardoso, 21 de julio de 1954.
[7] El Sol, “La tierra para quien la trabaja”, 29 de setiembre de 1954.
[8] El Sol, “La tierra debe ser para quien la trabaja y no fuente de especulación”, 9 de junio de 1954.
[9] Marcha, “Ruidos de sables en el Brasil”. Escribe: Eduardo H. Galeano. Viernes 1 de setiembre de 1961. Número 1073, Última Página.
[10] En 1926, el presidente mexicano Plutarco Elias Calles (1877-1945) invitó a Carlos Quijano para visitar aquel país. A partir de esa estadía, Quijano tuvo sus primeros contactos con el tema de la reforma agraria mexicana y publicó varios artículos para el diario El País durante febrero y abril de ese año. En 1963 apareció su libro “La reforma agraria en el Uruguay” que compendiaba doce editoriales publicados en Marcha entre enero y mayo de 1961 (Quijano, 1986).
[11] Sobre la comunidad obrera del Cerro, ver: Porrini (2023).
[12] Juan José López Silveira nació en el departamento de Tacuarembó en 1912 y falleció en Montevideo en 1965. Realizó la carrera militar e ingresó al ejército, pero desertó por sus convicciones políticas en 1935 y se exilió en Brasil. En otro capítulo de su vida, se sumó a las brigadas internacionales para luchar en la guerra civil española bajo la comandancia del muralista mexicano David Alfaro Siqueiros. Se afilió al Partido Comunista del Uruguay (PCU) y con la restauración democrática se le restituyó su grado de teniente coronel.
[13] Marcha, “La esclavitud del siglo XX”. Entrevista de Juan José López Silveira a Francisco Julião. Viernes 26 de enero de 1962. Numero 1093. Última Página.
[14] Marcha, “La esclavitud del siglo XX”. Entrevista de Juan José López Silveira a Francisco Julião. Viernes 26 de enero de 1962. Numero 1093. Última Página.
[15] Marcha, viernes 9 de febrero de 1962. Número 1095. Página 2.
[16] Marcha, “Las últimas elecciones comerciales de Brasil”, viernes 6 de octubre de 1962. Número 1127, página 19.
[17] Un abordaje pendiente en este trabajo son los posibles vínculos entre las movilizaciones de los Sin Tierra de Brasil y Uruguay. Vale tener en cuenta que en este contexto, en Rio Grande do Sul se desarrollaron ocupaciones de tierras por parte del Movimento dos Agricultores Sem Terra do Rio Grande do Sul (MASTER). Al respecto, ver: Pereira (2010) y De La Rosa y Gasparotto (2018).
[18] El diario Época fue fundado en 1962 bajo la dirección de Carlos Quijano. Luego se apartó y Galeano fue su director entre 1964 y 1966. En dicho diario también pueden encontrarse varias notas y editoriales sobre reforma agraria durante 1962, a modo de ejemplo véase: “Debates sobre reforma agraria y situación del campo” (19 de agosto de 1962); “En torno a la reforma agraria” (24 de setiembre de 1962); o “Reforma agraria: tema crucial y polémico” (22 de octubre de 1962). En 1964 Época realizó una extensa cobertura de la marcha cañera. El 14 de marzo de 1964 una foto iba acompañada del siguiente texto: “Cañeros en el local de ‘Amigos de EPOCA’. Una visita honrosa para nuestro diario”
[19] Marcha, “Manifiesto de Francisco Julião”, 14 de abril de 1964. Número 1202, pp. 16-18.
[20] Marcha, “Manifiesto de Francisco Julião”, 14 de abril de 1964. Número 1202, pp. 16-18.
[21] Marcha, “Manifiesto de Francisco Julião”, 14 de abril de 1964. Número 1202, pp. 16-18.
[22] Sobre una parte del derrotero de Julião en México, puede verse: Porfirio (2022).
[23] Raúl Sendic fue secretario general de la Juventud Socialista entre 1950 y 1952 y miembro del Comité Ejecutivo Nacional del Partido Socialista. Fue líder del Movimiento de Liberación Nacional-Tupamaros (MLN-T). En enero de 1967, ya en clandestinidad, renunció al Partido Socialista. (Yaffé, 2016: 159). Tras doce años de reclusión durante la dictadura civil-militar (1973-1985), formó el Movimiento por la Tierra. Falleció en 1989.