Izquierda peronista y democracia: la experiencia del Partido Auténtico (1974-1976)

Izquierda peronista y democracia: la experiencia del Partido Auténtico (1974-1976)[1]

Peronist left and democracy: the experience of the Partido Auténtico (1974-1976)

Federico Cormick

Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas,

Instituto de Historia Argentina y Americana "Dr. Emilio Ravignani" (Argentina)

federicocormick@gmail.com

https://orcid.org/0009-0009-0225-2598

Resumen

Este trabajo analiza las características del Partido Auténtico (1974-1976) que nucleó a organizaciones y referentes de la izquierda peronista, desde Montoneros y la Tendencia Revolucionaria del Peronismo hasta sindicalistas provenientes de la resistencia y dirigentes de la rama política del peronismo como varios ex gobernadores. El partido realizó propuestas de redistribución económica, soberanía política y participación popular, en la perspectiva de aportar a un proceso revolucionario de liberación nacional. Su intervención estuvo centrada en el plano institucional y exploró distintas formas de política democrática.

Palabras clave:  Partido Auténtico; Peronismo; Izquierda peronista; Democracia; Montoneros; Tendencia Revolucionaria del Peronismo; Historia Argentina Reciente.

Abstract

Throughout history, violence has been a topic of constant interest, giving rise to numerous This work analyzes the characteristics of the Partido Auténtico (1974-1976) that brought together organizations and leaders of the Peronist left, from Montoneros and the Revolutionary Tendency of Peronism to unionists from the resistance and leaders of the political branch of Peronism such as several former governors. The party made proposals for economic redistribution, political sovereignty and popular participation, with the perspective of contributing to a revolutionary process of national liberation. His intervention was focused on the institutional level and explored different forms of democratic politics.

Keywords: Partido Auténtico; Peronism; Peronist left; Democracy; Montoneros; Tendencia Revolucionaria del Peronismo; Recent Argentine History.

Introducción

El Partido Auténtico (PA) fue parte del proceso político marcado por la apertura constitucional y el retorno del peronismo al poder en 1973, que se extendió hasta el golpe de Estado de 1976, una coyuntura histórica densa, de fuertes contradicciones y disputas sociales y políticas, con tensiones que atravesaron al propio peronismo desde 1973 y se profundizaron tras la muerte de Perón el 1 de julio de 1974. Entonces, la presidenta Martínez de Perón, secundada por López Rega -principal figura de la derecha peronista-, arremetió contra otros sectores del peronismo y del movimiento popular con la intervención de varias provincias y de la universidad, la persecución al activismo, la habilitación para la actuación de la Tiple A, y una política represiva que incluyó la movilización de las Fuerzas Armadas y el Estado de sitio. Planteó un proyecto económico de flexibilización y ajuste del gasto público en alianza con grupos económicos dominantes como se expresó con el ajuste del ministro Rodrigo a mediados de 1975 respondido por la última irrupción combativa del movimiento obrero y popular del período, con la huelga general de la Confederación General del Trabajo (CGT) y las Coordinadoras Interfabriles. Las organizaciones armadas, escalaron el nivel de sus acciones en la última mitad de 1975, profundizando una línea que se venía ampliando desde el año anterior. En ese marco la presión empresaria y reaccionaria confluyó con las Fuerzas Armadas en una salida golpista el 24 de marzo de 1976 (De Riz, 2000; Franco, 2012; Svampa, 2003).

En los últimos meses del gobierno de Perón y bajo el de Martínez de Perón, se conformó y desarrolló el PA, una experiencia político-institucional de la que formaron parte sectores críticos del peronismo oficial, con referentes históricos y una gravitante presencia de Montoneros y la Tendencia Revolucionaria del Peronismo (en adelante Tendencia). Su breve trayectoria se emparenta con la de muchas experiencias de ese acelerado momento político, pero concentra a su vez una serie de características relevantes para el conocimiento del período, del peronismo y de sus expresiones de izquierda. Sin embargo, aún son pocos los trabajos sistemáticos que dan cuenta de esta experiencia política original, que llegó a contar con la afiliación de decenas de miles de personas, extendiéndose por gran parte del territorio nacional, buscando articular la tradición peronista con una perspectiva de radicalización y un programa de igualdad social y liberación nacional.

No se puede pasar por alto que la predominancia de lecturas violentológicas sobre los años ’70 (Acha, 2012) condicionó el abordaje de aquellas experiencias que no podían encorsetarse en la violencia política. En el caso del PA, esto redundó en la escasez de indagaciones y en la predominancia de lecturas que tendieron a subordinarlo a la práctica militar montonera. Con ello, se perdieron de vista características fundamentales como la articulación de un campo político ubicado en el ala izquierda del peronismo -donde Montoneros fue un actor gravitante pero no exclusivo- y su apuesta a una disputa en el plano institucional, a partir de la cual se desplegaron diversos sentidos de la práctica democrática.

Hasta el momento los abordajes sobre el PA son pocos. Se encuentran referencias como aspecto tangencial en diversos trabajos sobre el peronismo de los años ‘70, la izquierda peronista y Montoneros, tanto de un genero testimonial (Anguita y Caparrós, 1998; Fernández Long, Berent y Fernández Long, 2019; Perdía, 2013; Salas, 2008), como del campo académico (Antunez, 2015; Bartoletti, 2011; Gillespie, 2011; Otero, 2020; Tocho, 2020), mientras que los estudios específicos sobre el PA se restringen a un puñado de artículos y ponencias, quedando como un tema que demanda aún mayor exploración y reflexión. Entre los trabajos académicos existen principalmente cuatro líneas de investigación sobre el tema. En primer lugar, se destaca el estudio de Ladeuix (2012), quien al igual que Andrade (2000) pero de forma más sistemática, buscó sintetizar una serie de rasgos generales reconstruyendo su trayectoria. El eje de su análisis refiere a la lógica y estructuración partidaria, destacando como el PA buscó reemplazar al Partido Justicialista (PJ) replicando formas tradicionales de organización del justicialismo (desde las unidades básicas, hasta las juntas promotoras regionales), evidenciando líneas de continuidad con el peronismo clásico. En segundo lugar, una serie de artículos buscaron sistematizar las orientaciones expresadas por el PA, prestando atención a la publicación El Auténtico y a la construcción de una identidad de “auténticos” peronistas (Baeza Belda, 2009; Wild, 2016). En tercer lugar, algunos trabajos realizaron aportes importantes para atender a la dimensión regional de esta experiencia, particularmente en Misiones (Rodríguez, 2000 y 2009) y recientemente en La Rioja (Peralta, 2023). Finalmente, Garrido (2023) tomó al PA como punto de inicio de un estudio sobre las articulaciones políticas de Montoneros en su “segunda clandestinidad”.

Este trabajo se enmarca en líneas de investigación que atienden a la historia argentina reciente, a la historia del peronismo, y a los estudios sobre la democracia, inscribiéndose particularmente en los estudios que vienen prestando atención a las experiencias institucionales y/o políticas -no militares- de la izquierda peronista y la Tendencia Revolucionaria del Peronismo en el período (Cormick, 2023b; Friedemann, 2021; Otero, 2020; Tocho, 2020). El trabajo se propone analizar las características del PA a partir de una serie de fuentes primarias escritas (documentos originales del PA y periódicos del período) y orales (de ex militantes ligados a dicho partido), y tomando como punto de partida los avances de la bibliografía específica.

La hipótesis general consiste en que el PA fue una experiencia original y relevante, tanto por las características de su intervención política –que incluyó la participación en la única disputa electoral del período-, como por ser la primera iniciativa institucional que congregó a un campo de la izquierda peronista en la historia argentina; pero cuya valoración fue obturada por la preeminencia de miradas violentológicas, principalmente las que lo entendieron como un instrumento de la política militar de Montoneros. Sobre esa base, se exploran una serie de hipótesis secundarias que entienden al PA como: 1) fruto de la confluencia de distintos sectores del peronismo radicalizado que exploraron la convergencia en la específica coyuntura que abrió la muerte de Perón; 2) expresión de un campo de izquierda peronista, caracterizado por su apuesta a un proyecto revolucionario de liberación nacional; y 3) ejemplo de la persistencia entre los sectores radicalizados de iniciativas institucionales –que coexistieron con otro tipo de prácticas políticas- que dieron marco a la exploración de distintas dimensiones de democracia.

Unidad del “auténtico” peronismo contra la “traición”

El Partido Auténtico se conformó a partir de la confluencia de distintas expresiones del peronismo radicalizado, entre las que se pueden destacar tres.

La mayor gravitación correspondió al par Tendencia Revolucionaria del Peronismo-Montoneros. La organización armada, conformada en 1970, había logrado un lugar influyente en el seno de la Juventud Peronista (JP) y de los sectores radicalizados del peronismo durante la campaña electoral que llevó a Cámpora al gobierno. Entonces se había constituido –junto con las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR)- como conducción política de una mucho más numerosa y diversa Tendencia, que en los primeros meses de 1973 pasó a desarrollar una serie de “frentes” entre los que se destacaban la JP, la Juventud Universitaria Peronista (JUP), la Unión de Estudiantes Secundarios (UES), la Juventud Trabajadora Peronista (JTP), la Agrupación Evita y el Movimiento Villero Peronista (MVP) (Bartoletti, 2011; Cormick, 2023a; Gillespie, 2011). Para entonces, la Tendencia, expresión gravitante del ala izquierda del peronismo, al tiempo que sostenía una importante capacidad de movilización, se había integrado a distintas experiencias institucionales en el parlamento, ministerios nacionales, gobernaciones provinciales y universidades (Cormick, 2023b; Friedeman, 2021; Tocho, 2020). Pero en su enfrentamiento con la derecha y la ortodoxia peronista, había perdido posiciones desde la caída de Cámpora a mediados de 1973, algo acentuado después de que Montoneros matara al Secretario General de la CGT Ignacio Rucci y el peronismo oficial desplegara una campaña de “depuración”. Reclamando que Perón reencauzara el movimiento en un sentido de “liberación nacional”[2], la Tendencia mostró mayor autonomía a inicios de 1974 con la renuncia del bloque de diputados de la JP, el acto en la cancha de Atlanta a un año del triunfo electoral, y el enfrentamiento con el líder justicialista en la Plaza de Mayo el 1 de mayo, aunque evitó una ruptura definitiva con Perón.

Ante el giro que implicó el ascenso de Martínez de Perón, Montoneros y la Tendencia pasaron a la oposición, a la “clandestinidad” y en el primer caso retomando la lucha armada. Con ello se reconfiguraron las otras formas de lucha, sosteniendo la organización y movilización popular, principalmente en el movimiento obrero, y apostando a disputar la representación política del peronismo en confluencia con otros sectores disidentes por medio de un partido alternativo al PJ[3].

Montoneros argumentó sobradamente sobre la necesidad de promover esta instancia política[4], promovió la participación de su militancia en las distintas zonas, asignó a dirigentes importantes el seguimiento de esta iniciativa[5] y destacó a algunos de sus referentes públicos para su actividad en el partido, como Norberto Habegger, dirigente de primera línea de Montoneros y Miguel Zavala Rodríguez, diputado de la JP hasta septiembre de 1974[6] y pronto director del periódico El Auténtico. En distintos puntos del país se destacaron referentes de la Tendencia, incluyendo al ex diputado Carlos Kunkel[7], el dirigente estatal santafesino Mario Aguirre (Anguita y Caparrós, 1998); el ex intendente de Salta Héctor Bavio[8] y el tucumano Ismael Salame, máximo dirigente de la JP de la zona (Baschetti, en línea).

El aporte de Montoneros y de la Tendencia para la conformación del PA fue fundamental, tal como lo muestran los esfuerzos políticos y materiales puestos en juego, incluyendo la asignación de tareas a cientos o miles de militantes para su desarrollo. No obstante ello, el perfil político y la propia legitimidad del PA se definieron gracias al protagonismo y convergencia con otros sectores. Es el caso de los ex funcionarios de la rama política del peronismo cuyas figuras más importantes habían sido recientemente gobernadores provinciales. Coincidían en una perspectiva clásica del peronismo y el aval de Perón para sus gobernaciones, pero también en una experiencia de radicalización al calor de alianzas con la Tendencia y sectores más amplios de la izquierda peronista en oposición al sindicalismo ortodoxo, lo que terminaría con su desplazamiento (Antúnez, 2015; Servetto, 2010). Allí se destacaba el ex gobernador de Buenos Aires, Oscar Bidegain (Bustingorry, 2015; Tocho, 2020), quien había sido integrante del Partido Laborista, diputado y presidente del bloque peronista, perseguido y encarcelado en la resistencia, activo reorganizador del partido en los primeros’70 y había acompañando a Perón en su retorno. Aunque en su gobierno había una fuerte presencia de la izquierda peronista, tras su renuncia forzada en enero de 1974 se mantuvo bajo la orientación de Perón. Fue luego de la muerte de Perón que promovió la reorganización partidaria, reclamando la incorporación de los sectores “excluidos”, en particular los ligados a la Tendencia[9]. Por su parte el ex gobernador de Mendoza Alberto Martínez Baca, adherente al peronismo desde los años ’40, era un político de carrera que había tenido cargos públicos y responsabilidades partidarias desde los ’60, y se había ubicado junto a Perón frente al neoperonsimo (De Marinis y Abalo, 2005). De forma similar, Jorge Cepernic, ex gobernador de Santa Cruz, era un ganadero católico militante peronista desde las primeras presidencias de Perón, colaborador de la resistencia peronista y leal a Perón, aunque sin trayectoria en cargos públicos (Auzoberría, 2014). Ambos compartieron el aval de Perón, el rechazo de la ortodoxia sindical -que finalmente impuso a sendos vicegobernadores- y el apoyo de sectores movilizados y en particular de la Tendencia, lo que llevó finalmente a su destitución y a la intervención de ambas provincias por el gobierno de Martínez de Perón. También el ex gobernador de Córdoba Ricardo Obregón Cano, desplazado por un golpe policial en febrero de 1974, adhirió al Partido Auténtico[10], aunque el rol protagónico lo asumió Antonio Lombardich ministro de Bienestar Social de la provincia. En Salta, en cambio, el ex gobernador Ragone no aceptó la invitación cursada por Cepernic (Antúnez, 2015) y la representación del PA recayó sobre el ex intendente de la capital salteña. También otras figuras de la política peronista se integraron al nuevo partido, como Felipe Gallardo, primer gobernador de Chaco antes del golpe militar de 1955.

El otro afluente de influencia nacional fue la Agrupación del Peronismo Auténtico (APA) encabezada por militantes peronistas de larga trayectoria sindical y política. Su mayor referente era Andrés Framini, histórico dirigente obrero textil, contemporáneo al primer peronismo, con responsabilidad en la CGT a partir de 1955 -reorganizada luego como CGT Auténtica-, referente de la resistencia y coprotagonista del impulso de programas como La Falda (1957) y Huerta Grande (1962). En 1962 ganó las elecciones a gobernador de Buenos Aires poniendo eje en el fin de la proscripción al peronismo y tras su anulación se ubicó en oposición al vandorismo, enfrentó al gobierno de Onganía, y fue activo promotor del retorno de Perón, participando del primer intento fallido de 1964 y acompañando -aunque con menor gravitación- la campaña de 1972-1973 (Brion, 2013; Garulli, 2007). Otros referentes de la APA eran Armando Cabo, dirigente metalúrgico que participó de la conducción de la CGT durante el primer peronismo, y Dante Viel, dirigente santafesino de los trabajadores del Estado, ambos exponentes de la resistencia, integrantes de la CGT Auténtica, adherentes al levantamiento de1960 encabezado por el General Iñiguez por el retorno de Perón, y referentes del activismo obrero de los años ’60 (Baschetti, en línea; Galasso, 2005). También se destacaban Sebastián Borro, protagonista de la toma del Frigorífico Lisandro de la Torre; los dirigentes metalúrgicos Avelino Fernández y  Rafael Colace; y el referente peronista Arnaldo Lizaso[11]. Estos y otros militantes históricos se agruparon a un año del triunfo electoral de marzo en una comisión de homenaje que planteaba una explícita línea de continuidad entre “la resistencia” iniciada en 1955 y la emergencia de la “juventud maravillosa”, bregando por una perspectiva antiimperialista y de “liberación”[12]. Apoyaron la convocatoria de la Tendencia a la concentración del 1 de mayo de 1974[13] y luego realizaron su primera declaración pública reivindicando que “los viejos y auténticos peronistas” de la resistencia habían estado en la plaza cuestionando a los “traidores” y reclamando a Perón una rectificación del rumbo gubernamental[14]. Tras la muerte de Perón la APA avanzó en su constitución formal por medio de su primer Congreso “Horacio Chávez” en septiembre de 1974, planteando una reorganización profunda del movimiento y el partido peronistas que debía incluir un proceso masivo da afiliación, y orientarse por el programa sostenido por el peronismo en las elecciones del 11 de marzo de 1973. Luego de reiterar la propuesta de reorganización partidaria con elecciones internas y el fin de las intervenciones[15], la APA se volcó al armado de una propuesta alternativa al peronismo oficial. Según Framini:

“nos propusimos cumplir con el mandato del general Perón, intentando la democratización del Movimiento a partir de la reapertura de las afiliaciones, la puesta en marcha de las unidades básicas y la convocatoria a elecciones partidarias donde pudieran expresarse las bases peronistas. Por supuesto, todo eso fue rechazado, es entonces que decidimos renunciar al Partido Justicialista, e impulsar el Peronismo Auténtico”.[16]

De esta forma, a partir de la coyuntura abierta tras la muerte de Perón, la convergencia de estos sectores del peronismo dio lugar a la conformación del PA. Aunque no logró la incorporación de algunos dirigentes nacionales como Cámpora o Ragone, ni de varias expresiones del alternativismo peronista, su influencia se extendió logrando adhesiones diversas como las del ex rector de la UBA Rodolfo Puiggrós[17], curas obreros afines al Obispo Enrique Angelelli en La Rioja[18] y referentes del peronismo revolucionario como Alicia Eguren de Cooke (Mazzeo, 2022), acercando posiciones con experiencias como Cruzada Renovadora de San Juan y Tercera Posición de Misiones, y buscando ampliar el campo de representación al evocar a otros referentes como Alberte, Toxler, Mugica o Atilio Lopez[19].

Los auténticos: la construcción de un partido nacional

El Partido Auténtico se lanzó formalmente con la presencia de unos 200 delegados el 11 de marzo de 1975, a dos años del triunfo de Cámpora, en el mismo Restaurante Nino en que Perón había dado impulso a lo que sería el Frente Justicialista de Liberación (FREJULI) en 1972[20]. Si bien Montoneros ya a fines de 1974 establecía vínculos con la perspectiva de una articulación de este tipo –en ese marco, por ejemplo, Roberto Perdía viajó a México para promover un acercamiento con Obregón Cano y Puiggrós (Perdía, 2013: 420)-, finalmente la conformación del PA parece haberse cristalizado a partir del recorrido por distintas provincias de varios referentes de la APA encabezados por Framini, junto con Zavala Rodriguez, buscando el apoyo de sectores críticos del justicialismo, incluyendo en ello a los ex gobernadores que terminarán incorporándose[21], proceso acelerado a su vez por la proximidad de las elecciones provinciales en Misiones, donde fue desoído el reclamo por la realización de elecciones internas en el PJ[22]. Entonces se conformó una Junta Promotora Nacional, encabezada por Bidegain y Framini, y comenzaron a impulsarse juntas en distintas provincias. Aunque inicialmente se había denominado Partido Peronista Auténtico, el partido debió sacar el término “peronista” por imposición de la justica. Para noviembre de 1975 sus publicaciones daban cuenta de juntas en Buenos Aires, Entre Ríos, Corrientes, San Luis, Santa Cruz, Mendoza, Córdoba, Neuquén, Salta, Santa Fe, Formosa, Chaco, San Juan, La Rioja, Misiones y Capital Federal; y señalaban núcleos en el resto de las provincias[23]. Bajo el lema de “Reventar las planillas de la Justicia Electoral con las fichas de afiliación del Partido Peronista Auténtico”[24], afilió entre 40.000 y 100.000 adherentes[25], aun en un marco represivo que desalentaba la exposición pública. Las nuevas juntas se construyeron a partir de unidades básicas y fueron acompañadas por asambleas populares y congresos provinciales.

La construcción del PA fue distinta según las condiciones regionales. No existen hasta el momento estudios exhaustivos para el conjunto del territorio nacional, pero algunos casos regionales que cuentan con estudios específicos, son un aporte para su conocimiento.

El caso de Misiones muestra una conformación temprana del PA, ya constituido y en funciones –primero como Partido Descamisado, luego como Partido Peronista Auténtico[26]- desde inicios de 1975, con el propósito de intervenir en las elecciones provinciales para la gobernación. Los trabajos de Rodríguez (2000, 2009) permiten una aproximación sistemática a su composición y dinámica. El activismo partidario estuvo motorizado por militantes de la JP y la Tendencia con presencia urbana, cuyo referente más importante fue Juan Figueredo y por pequeños productores agrarios que, siguiendo la dinámica de los acontecimientos nacionales a lo largo de 1974, se fueron radicalizando y acercando a la Tendencia, en una creciente confrontación con el gobierno de Martínez de Perón. A mediados de 1974 se abrieron del más amplio Movimiento Agrario Misionero (MAM) y conformaron las Ligas Agrarias Misioneras (LAM), bajo conducción de Pedro Peczak. Según uno de sus principales referentes, Pablo Fernández Long, el marco de la muerte del gobernador misionero y la derechización creciente del gobierno provincial bajo influencia del nacional, aceleraron la radicalización de este sector. En ese marco, con contactos que habían surgido tras la apertura de 1973, algunos de sus referentes se incorporaron a Montoneros (Fernández Long, Berent y Fernández Long, 2019). Sobre la base de las estructuras agrarias y de los frentes de la Tendencia, la militancia del PA asumió un carácter provincial en un doble sentido: se extendió por distintas regiones de Misiones, pero sus iniciativas políticas, incluida la campaña electoral, tuvieron un sostén y una impronta fuertemente localizada, mientras el apoyo nacional fue limitado, tal como lo reconocería luego el propio PA nacional[27]. Con todo, según apreciaciones de la prensa, mientras el oficialismo dominaba “unas 80 unidades básicas de las 120 que funcionaban el 11 de marzo. Las 40 que restan pertenecían a los sectores de la JP Regionales”[28]. Desde sus inicios el PA planteó un perfil popular, centrado en la movilización y en la organización de las bases. Se trató de la única experiencia en que pudo participar de una elección, y allí sus candidatos/as en general eran trabajadores de distintos rubros y gran parte de ellos eran elegidos en asambleas en fábricas, obrajes y barrios, con la voluntad de mostrar una efectiva representación popular (Fernández Long, Berent y Fernández Long, 2019; Rodríguez, 2000 y 2009).

Una experiencia distinta se dio en La Rioja. Allí la construcción del PA fue más fugaz y focalizada. Bajo la gobernación de Carlos Menem el lugar de los sectores más radicalizados y en particular de la Tendencia era restringido, y eso se expresó en la predominancia del oficialismo en la capital. Pero en la región de Chilecito se desarrolló una experiencia de mayor autonomía a partir de la articulación de sindicatos de la construcción (UOCRA) y de municipales (SOEM), la pastoral del Obispo Angelelli, el desarrollo de la JP, y con ellos el despliegue de un grupo de tres concejales afines: Luciano Castro, Juan Eusebio Chumbita y Domingo Bordón[29] (Peralta, 2023). También aquí, las disputas al interior del peronismo desarrolladas desde 1973 se profundizaron en 1974 con el asenso de Martínez de Perón. La intervención partidaria derivó en la expulsión del PJ de los concejales radicalizados y el intento infructuoso de destituirlos de sus bancas. Conformaron entonces el Bloque de la Juventud Peronista y adhirieron a la APA. Sostuvieron una actividad política propia, en vínculo con sectores juveniles, obreros y religiosos, incluyendo el impulso de jornadas de ayuda social, festivales de amplia convocatoria, y la publicación de solicitadas del PA en diarios locales. Avanzado 1975 conformaron la Junta Promotora Provincial del PA[30], aunque constituyó una experiencia fugaz. Luego de su fundación en octubre de 1975 en un barrio humilde de Chilecito[31] con el apoyo de referentes cordobeses y la presencia del ex gobernador Cepernic; se sostuvo por apenas un mes cuando la mayoría de los integrantes de la Junta Promotora fueron detenidos, desarticulando la experiencia[32] (Peralta, 2023).

De esta forma, el PA se conformó a partir de diversas iniciativas regionales –que en muchos casos aún restan ser investigadas- evidentemente heterogéneas  por su trayectoria, composición y gravitación política. Con ellas se gestó el partido nacional que en noviembre de 1975, con la presencia de unos 200 delegados, realizó en Córdoba su congreso nacional “Perón-Evita”[33], con la propuesta de “reconstruir las bases históricas, políticas y sociales del peronismo”[34] y se postuló para participar en las próximas elecciones nacionales, anunciadas para 1977 y luego adelantadas a 1976.

El impulso del PA fue parte de un proceso más amplio de disputa sobre las orientaciones del peronismo que llevó a la conformación de otras estructuras nucleadas en un flamante Movimiento Peronista Auténtico (MPA) que emulaba la estructura del movimiento peronista y cuya conformación se terminó de formalizar en septiembre de 1975 con un congreso en el Hotel Savoy. Desde entonces el impulso del MPA y del PA, fue acompañado de la publicación quincenal El Auténtico[35]. En el MPA, mientras el PA ocupaba el rol del PJ, las otras ramas se forjaron a partir de una reformulación y ampliación de estructuras orientadas por la Tendencia: la Agrupación Evita expresaba a la rama femenina, la JP se transformó en Juventud Peronista Auténtica, y la militancia de la JTP se reestructuró en el Bloque Sindical del Peronismo Autentico[36] en donde se incorporaron sectores más amplios como el dirigente Roberto Tapia de Córdoba. Con ello, en el MPA se ampliaba la ya referida gravitación montonera sobre el PA.

Evidentemente la articulación entre sectores provenientes de la APA y de la rama política por una parte y Montoneros y la Tendencia por la otra, potenciaba la formación de un campo común de la izquierda peronista. Los primeros ocupaban los principales lugares de referencia pública y daban mayor legitimidad a una disputa al interior del peronismo, mientras los segundos, al tiempo que aportaban también dirigentes de distintos niveles de responsabilidad, parecen haber sido los principales garantes de la organización, el financiamiento y una amplia movilización de activistas (Gillespie, 2011). Pero a su vez, a lo largo de la experiencia del PA se pueden observar matices y contradicciones en la articulación entre ambas camadas[37]. Máxime cuando durante 1975, al tiempo que Montoneros ampliaba la magnitud de su accionar militar –al igual que otras organizaciones armadas-, se consolidaba un consenso antisubversivo en franjas gravitantes del campo político y mediático (Franco, 2012). Por supuesto, tanto los referentes de la APA que desde inicios de 1974 confluían con la Tendencia como los militantes de la rama política -y en particular los ex gobernadores que habían articulado en sus provincias-, conocían el lugar dirigente que Montoneros ocupaba en la Tendencia y su condición de organización político-militar. Pero eso no implicaba que coincidieran necesariamente con la ampliación y el perfil de las acciones armadas ni que entendieran de igual forma cuáles debían ser los acuerdos y los límites del PA. De allí que, como ha sido recuperado por la bibliografía (Anguita y Caparrós, 1998; Bartoletti, 2011; Gillespie, 2011; Ladeuix, 2012; Perdía, 2013), puedan observarse diversos momentos de diferenciación o tensión. Así, en la conferencia de prensa del 4 de junio de 1975, mientras Framini se limitaba a explicar el carácter legal y electoral del PA, Zavala Rodríguez advertía sobre la opción de ir más allá del marco institucional en caso que las posibilidades legales fueran coartadas. Del mismo modo, la adhesión pública de Montoneros al PA, explicitada en los encuentros y en el congreso partidario generó algunas reacciones de sorpresa o rechazo. Las tensiones se hicieron más evidentes a partir de acciones armadas de envergadura realizadas por Montoneros, que en más de un caso fueron cuestionadas abiertamente por otros sectores del PA, como fue el asalto al Cuartel de Formosa en octubre de 1975 frente al cual tanto Lombardich como Framini se diferenciaron públicamente, o la acción de diciembre en donde murieron el general Cáceres Monié y su esposa, que fue condenada por Framini.

Sin embargo, no fueron las contradicciones internas, sino el marco represivo el que llevó a la finalización de esta experiencia. Para diciembre de 1975, en un clima golpista y contando ya con el pedido de captura de Bidegain[38], el PA fue proscripto[39]. Su apoderado legal, Diego Guelar, recuerda haber quemado entonces 100.000 fichas de afiliación para evitar la detención de sus integrantes (Baschetti, 2007). A diferencia del MPA que bajo conducción montonera se sostuvo desde la clandestinidad y el exilio[40] y mutó luego en el Movimiento Peronista Montonero (Garrido, 2023), el PA se desarticuló en el marco del golpe de Estado, luego de algunos meses de intentar fallidamente persistir en la clandestinidad[41].

Una izquierda peronista por la “liberación nacional”

Las orientaciones políticas del Partido Auténtico sintetizaron los planteos de distintos sectores del peronismo que coincidían en una perspectiva radicalizada a la que se puede enmarcar en la izquierda peronista.

En el caso de Montoneros, la organización se había definido tempranamente, tanto por la lucha armada como vía principal de lucha como por el socialismo nacional como perspectiva estratégica[42]. Sin embargo, estas no fueron las definiciones que atravesaban al conjunto del PA. De hecho, ya la misma Tendencia, aún siendo hegemonizada por Montoneros, mostraba un perfil propio centrado en orientaciones coyunturales y reivindicaciones sectoriales. Aunque enmarcada en la perspectiva estratégica del socialismo nacional o la patria socialista[43] y reconociendo la conducción montonera, su centro de actuación y discusión no era el de la lucha armada, sino la movilización y disputa política no armada (Cormick, 2023b; Tocho, 2020). Ello constituía un puente con otras experiencias que no estaban encuadradas bajo la conducción montonera, pero que coincidían en una perspectiva a la izquierda del peronismo.

La primera expresión de la APA se registra, justamente, en un acto convocado por la Tendencia, donde Dante Viel, luego de ratificar su lealtad a Perón, sostuvo que “una cosa es ajustar el proceso revolucionario a la realidad y otra muy distinta es la pretensión de la reacción de que la contrarrevolución sustituya a la revolución”, planteando la perspectiva de “la patria liberada”[44]. La orientación fue pronto enfatizada por toda la agrupación sosteniendo que “no hay liberación sin revolución”[45], y planteando la necesidad de “Reconstruir real y efectivamente el Frente de Liberación Nacional para enfrentar el avance imperialista”[46]. Con esta perspectiva, Framini apostaba a “consumar de una vez y para siempre la Revolución Nacional que el pueblo espera y reclama”, aunque aclarando que, no se refería a “tumultos callejeros” o “acciones descolgadas”, puesto que “Las revoluciones son obras de los pueblos y como toda obra implican una larga y tenaz tarea de preparación y de consumación”[47]. En su última declaración la APA recuperaba la perspectiva de “liberación” del último discurso de Perón pero sostenía que tras su muerte se estaba “desvirtuando” el proceso y consolidando “la dependencia” dando lugar a una hegemonía de “Los monopolios”. Frente a ello un “auténtico partido peronista” debía recuperar el programa del 11 de marzo y orientarse en una perspectiva de  “liberación nacional”[48].

También los ex gobernadores que se incorporaron al PA habían dado cuenta de cierto campo común. Al planteo de liberación de presos políticos y una orientación contraria a los grandes grupos económicos, Bidegain sumaba la perspectiva del socialismo nacional (Tocho, 2020), y de la función social de la propiedad (Antunez, 2015), lo que se expresó en un proyecto de reforma agraria que ampliaba el acceso a la tierra y avanzaba sobre los grandes terratenientes[49] (Cormick, 2023b). Un año más tarde sostenía la apuesta a una “revolución evolutiva” con perspectivas de “Liberación”[50]. También Martínez Baca y Cepernic coincidían en un discurso antioligárquico que planteaba una perspectiva de liberación -y el primero de socialismo nacional-, y en políticas que habían llevado a fuertes enfrentamientos como el proyecto de expropiación de tierras de compañías inglesas en Santa Cruz, o la reforma educativa en Mendoza (Antunez, 2015; Auzoberría, 2014; De Marinis y Abalo, 2005; Servetto, 2010).

A partir de estas trayectorias, el PA se proponía expresar al “verdadero y único peronismo, el que al decir de Evita ‘SERÁ REVOLUCIONARIO O NO SERÁ NADA’”[51]. Basado en la idea de que era necesario “salvar al peronismo” de la traición, en pos de la “liberación nacional” para alcanzar “una patria justa, libre y soberana”, en lo inmediato el partido proponía recuperar el “programa del 11 de marzo”, al que valoraba por:

“la lucha contra los monopolios, la participación de los trabajadores en el control y planificación de la economía, la denuncia de los compromisos contraídos con el imperialismo a espalda del pueblo, el freno de la sangría de recursos hacia el exterior, la regulación de la participación de la mediana empresa en el desarrollo nacional y la protección del pequeño y mediano productor… un sueldo digno y un trabajo estable, casas para los que no tienen casas, tierra para los que no tienen tierra, hospitales para los enfermos, justicia para los que han nacido o envejecido bajo la injusticia, educación para quienes no han podido educarse, en definitiva redención de los pobres, los descamisados de nuestra Patria”.[52]

Estas definiciones iban de la mano de la recuperación de postulados clásicos del peronismo, la “justicia social”, la “liberación económica” y la “soberanía política” contraponiéndolas al perfil del gobierno, señalado como “antiperonista y antipopular”[53] y recuperando la contraposición entre “liberación o dependencia”[54]. A su vez, estos planteos tenían despliegues locales, en función de las características de cada región. Así, por ejemplo, en La Rioja, señalando que el gobierno provincial no había cambiado “las estructuras de los gobiernos liberales” y que “La tenencia de la tierra no fue modificada”, se planteaba un programa local centrado en la “Planificación de una reforma agraria” con participación popular, que incluía “una correcta distribución del agua” y una “Política crediticia e impositiva y de precios retributivos destinados a incrementar la productividad agrícola-ganadera de los pequeños y medianos productores”[55].

Luego del rodrigazo, el PA desplegó una persistente campaña de agitación. Cuestionaba a la “camarilla proimperialista” que dirigía un “gobierno no peronista” y promovía la reconstrucción del movimiento peronista y el impulso de un “amplio frente de Liberación Nacional”[56], en sintonía con la consigna “liberación nacional y social” que acompañó las portadas del periódico El Auténtico[57]. Impulsó entonces un programa para una salida política frente a la crisis nacional, reclamando la renuncia de Martínez de Perón, la convocatoria inmediata a elecciones, la garantía de libertades públicas y el fin de la represión, y presentando un plan económico que postergaba los pagos hacia el exterior y priorizaba el desarrollo interno con una política redistributiva progresiva que ponía en el centro a los trabajadores[58].

Como está a la vista, aunque sin la radicalidad sostenida por las organizaciones armadas –las que para algunos autores, dieron la impronta a la izquierda peronista de los años ’70 (Gil, 2020)-, la experiencia del PA se constituyó como una expresión de izquierda peronista en la medida en que articuló una perspectiva estratégica revolucionaria por la liberación nacional con un planteo inmediato de autonomía nacional, redistribución progresiva del ingreso y protagonismo popular, sintetizado en el programa del 11 de marzo. Tomando en consideración que la izquierda peronista es una categoría politética que no se puede reducir a las diferentes miradas monotéticas -centradas en la representación social, la delimitación política o ideológica, la expresión de ciertos métodos de acción, la delimitación identitaria u organizativa- (Caruso, Campos, Vigo y Acha, 2017), son varios los rasgos que dan cuenta de su afinidad. Además del evidente contraste relacional con la ortodoxia y la derecha peronistas del período, el carácter de izquierda peronista se liga a las propias trayectorias y delimitaciones políticas, que pueden considerarse en un espacio de frontera de las izquierdas y el peronismo (Campos, Friedemann y Gómez, 2023), a partir de definiciones de carácter antiimperialista, tercermundista y revolucionario.

En disputa por la(s) democracia(s)

Una particularidad del Partido Auténtico fue su carácter institucional, aunque con una perspectiva de cambio radical y en articulación con dinámicas de movilización y organización características de expresiones populares no estatales. Esta condición original para una fuerza política de la izquierda peronista de los años ’70 abre lugar a una consideración sobre las formas y sentidos de la democracia que lo atravesaron. Esto, tomando en cuenta la sugerencia planteada por Barletta, Ramírez y Lenci, sobre la posibilidad de “recuperar algunos sentidos perdidos de la democracia” en el período, que vayan más allá de “la democracia entendida exclusivamente como consensual y procedimental” (2021: 50). Se trata de una dimensión relevante a considerar, en la medida en que, como lo señaló en su momento Lesgart, a partir de los años ’80 “la democracia política –parlamentaria, representativa, polárquica-, que privilegiaba el componente institucional, procedimental y representativo por sobre el emancipatorio, directo y participativo, cumplió la función de término de consenso” (2004: 118), desdibujando formas alternativas o más heterogéneas de concebir y practicar la democracia, y estableciendo una contraposición antagónica entre la “revolución” y la “democracia”.

En este caso, lo que aparece como característico de la experiencia del PA es que el centro de su actuación se desplegó en el terreno institucional de la democracia representativa, pero que lo hizo, por una parte, buscando aportar con ello a un proceso revolucionario, y por otra parte, dando centralidad a lógicas de participación democrática vinculadas con las prácticas del movimiento popular.

La relación de estos activistas con la disputa en la democracia representativa mostraba diversos recorridos. Los ex gobernadores y muchos militantes provenientes de la rama política tenían una amplia trayectoria político-institucional en el oscilante sistema político argentino marcado por golpes de Estado y la proscripción del peronismo. A partir de 1973 esas gobernaciones habían ponderado la dimensión social de la democracia en curso, y habían empalmado con una amplia movilización y participación popular. La experiencia de referentes sindicales de larga trayectoria era similar: aunque volcados a una militancia reivindicativa, se habían enmarcado políticamente en el partido peronista y en algunos casos habían participado activamente de las disputas electorales (Antúnez, 2015; Auzoberría, 2014; Brion, 2013; Bustingorry, 2015; De Marinis y Abalo, 2005; Servetto, 2010).

El camino de los sectores juveniles y en particular de Montoneros era distinto. Estos últimos habían iniciado su recorrido político cuestionando de plano al sistema político al que llamaban “demoliberal” contraponiéndole la perspectiva de lucha armada[59], pero pronto iniciaron un viraje que atravesó su propia concepción de democracia (Cormick, 2023c). Al calor de la campaña electoral de 1972/1973, diversas expresiones de la JP y luego también Montoneros se incorporaron a la disputa electoral, aportaron a equipos que planificaban políticas de gobierno y asumieron luego responsabilidades institucionales en distintos cargos ejecutivos y legislativos (Antúnez, 2015; Cormick, 2023b; Tocho, 2020). En consecuencia, el desarrollo de la Tendencia desde 1973 se caracterizó por el despliegue de un movimiento popular que se ligaba con expresiones institucionales en donde la democracia representativa se articulaba y tensionaba con expresiones de democracia directa. Esa trayectoria permite entender cómo a partir de mediados de 1974, aún con el reimpulso de la lucha armada y el pase a la clandestinidad, Montoneros sostuvo líneas de acción orientadas a otras dimensiones de la acción política, incluyendo la apuesta a la movilización popular y la promoción de una herramienta político institucional como el PA, bajo la concepción de que las distintas formas de lucha aportaban al mismo objetivo revolucionario (Salas, 2008; Otero, 2020).

De esta forma, quienes confluyeron en el PA coincidían en que esa perspectiva de izquierda peronista debía expresarse en el plano institucional. De allí que el PA quisiera ser la “expresión político-electoral” del peronismo, encuadrado en las “leyes del sistema (inscripción legal, reconocimiento de los distritos electorales, vigencia de la carta orgánica partidaria, etc.)”, compitiendo abiertamente con el PJ[60]. La temprana experiencia misionera, en donde el PA desplegó una disputa electoral, es un claro ejemplo. Allí los auténticos se aliaron con el partido local Tercera Posición (TP). La formula a gobernador y vicegobernador fue Teófilo Puentes (TP) y Pedro Peczak (PA). La campaña cerró en un acto que convocó entre 6.000 y 11.000 personas. La lista fue apoyada por Vanguardia Comunista (VC), el Partido Revolucionario Cristiano (PRC), el Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT), y sectores afines al Partido Socialista de los Trabajadores (PST). Los resultados electorales dieron el triunfo al peronismo oficial, tal como se informaba el día posterior, con los siguientes resultados: “FREJULI 74.326. UCR 62.787. Auténtico-Tercera Posición 15.244. Oros partidos y votos en blanco 9.7555”[61]. Los cálculos finales indicaban el 9,7% de los votos para la alianza TP-PA (5,7% PA y 4,03% TP)[62], una cifra por debajo de las expectativas de la Tendencia pero muy superior a las distintas fuerzas de izquierda y centroizquierda que no sobrepasaban el 1%[63]. TP obtuvo una de las 32 bancas al parlamento provincial, y el PA alcanzó dos[64] (Rodríguez, 2000 y 2009; Fernández Long, Berent, y Fernández Long, 2019).

También la apuesta a una disputa electoral, fue eje de la intervención política del PA a lo largo de 1975, y sobre todo después del rodrigazo:

“La legitimidad del poder en un gobierno peronista se funda en el apoyo popular, expresado en los actos masivos y en el voto legítimamente emitido. Hoy este gobierno carece de ambos elementos pues se ha dejado de lado el programa votado por el pueblo y a la vez este pueblo, reiterando una vieja práctica de participación popular, se volcó a Plaza de Mayo para manifestar su repudio al gobierno, no fue oído y tampoco se animaron los personeros del régimen a ‘explicar’ sus actos gubernamentales. Hoy ese pueblo nuevamente tiene el derecho a manifestarse institucionalmente por medio del voto, como reiteradamente lo ha hecho, por lo que el Partido Peronista Auténtico reclama la inmediata Convocatoria a Elecciones, sin proscripciones y con amplias garantías de legalidad a fin de que nuevamente este glorioso pueblo de su veredicto y elija su futuro”.[65]

El perfil institucional se expresó también en cierta actividad parlamentaria, aunque restringida a los distritos en donde el PA contó con legisladores, quienes en general venían de experiencias previas, ya fuera como integrantes de la Tendencia, o por ser afines a alguno de los ex gobernadores. Así, por ejemplo, en la Provincia de Buenos Aires, varios diputados provinciales de Almirante Brown, Lencina, Lomas de Zamora, San Isidro, La Plata y el área metropolitana identificados con los auténticos, participaron de disputas parlamentarias relacionadas con la carga de las tasas municipales sobre los sectores de bajos ingresos[66]. En Chilecito (La Rioja), el Bloque de la Juventud Peronista que se incorporó al PA promovió iniciativas vinculadas con reclamos sindicales y populares[67] (Peralta, 2023). No existe por el momento un relevamiento sistemático de esta tarea parlamentaria, aunque hay referencias a la presencia de legisladores del PA en distintas regiones, entre ellas Mar del Plata y Azul en Buenos Aires, Neuquén, Santa Cruz, Chaco y San Juan[68]. En este marco, el de Misiones fue el único caso en donde los legisladores fueron elegidos directamente como parte del PA. Pablo Fernández Long y Juan Figueredo se centraron en denunciar irregularidades en leyes laborales, asumiendo la defensa de diversos sectores de trabajadores en fábricas, aserraderos, emprendimientos forestales o yerbateros, así como de colonos rurales, en una línea de intervención que ponía el foco en el cuestionamiento a los monopolios (Rodríguez, 2000 y 2009). Según el primero de ellos:

“el Negro Figueredo y yo, diputados electos, nos concentrábamos en una nueva forma de militancia, esta vez desde la Cámara de Representantes de Misiones. Con el Negro nos dividíamos el trabajo. Él recorría la provincia recogiendo las necesidades y reivindicaciones más urgentes, que eran la base de nuestros proyectos, y yo trabajaba en la Cámara dándoles forma, impulsándolos en las comisiones y buscando el apoyo de los otros bloques. De hecho, los proyectos más importantes presentados por el PA fueron acompañados por los bloques del PJ y la UCR” (Fernández Long, Berent y Fernández Long, 2019: 178).

Esta apuesta a ligar la actividad parlamentaria con reclamos sociales había sido promovida desde el principio, dando también importancia a lógicas de participación democrática a partir de la propia experiencia de organización popular. Así en el inicio de la campaña electoral en Misiones se planteaba que “Las juntas que se organicen deben llamar de inmediato a asambleas por fábricas, establecimientos, colonias y barrios para organizar la campaña electoral de nuestro partido”, mientras que la propaganda debía garantizarse “con lo que se tenga: con tiza y carbón mientras no haya otros elementos” y para los locales, se decía, “que sean las casas de los compañeros, los clubes, las iglesias o cualquier otro lugar de que se disponga”[69]. La elección de los candidatos en asambleas era fruto de esta lógica, que buscaba representar “a todo el pueblo”, y por ello los candidatos eran trabajadores rurales, de la madera, del tabaco, de la construcción, agricultores/as, empleadas domésticas, maestros, médicos y sacerdotes[70].

De esta forma, la experiencia del PA presenta una intervención original para la izquierda peronista del período, en la cual se buscaron articular distintas dimensiones de la democracia: procedimental, sustantiva, participativa y/o revolucionaria.

Conclusiones

El estudio sobre el Partido Auténtico resulta relevante para abordar la diversidad y complejidad de las prácticas políticas que atravesaron a los años ’70, en donde convergieron diversas expresiones políticas -incluyendo distintas tendencias del peronismo-, se desplegaron iniciativas políticas que iban desde la lucha armada hasta la disputa institucional, y en donde la actividad política aparecía tensionada por el proceso de radicalización por un lado, y por las políticas de persecución y represión estatal y paraestatal por el otro.

La particularidad de esta experiencia puede analizarse con mayor profundidad partiendo de una perspectiva no violentológica, y en este caso, que se proponga entender las condiciones políticas que llevaron a una serie de referentes y grupos políticos del peronismo radicalizado a confluir en una propuesta donde la presencia de Montoneros y la Tendencia Revolucionaria del Peronismo era gravitante pero no excluyente.

En ese sentido resulta significativa la valoración de las trayectorias de distintos referentes y agrupamientos políticos no montoneros, desde sindicalistas de la resistencia hasta ex gobernadores, quienes se radicalizaron al calor de los conflictos internos del peronismo que caracterizaron a aquella apertura política, y que jugaron un rol gravitante en la apuesta a disputar la representación del peronismo al oficialismo. Y fue importante, a su vez, que en la trayectoria previa de Montoneros y la Tendencia, se hubieran ampliado significativamente prácticas políticas no armadas, incluyendo la movilización popular y la experiencia en marcos institucionales, que facilitaron su convergencia con otros sectores del peronismo.

Para que estas trayectorias se expresaran en una articulación común fue clave la inflexión en la coyuntura política que implicó la muerte de Perón, en la medida en que la falta de su liderazgo y el ensañamiento de Martínez de Perón frente a distintos sectores del peronismo, habilitó una convergencia práctica, a partir de una común oposición al gobierno, en base a una reivindicación propia sobre ciertas banderas del peronismo.

Esta articulación, expresó un campo de izquierda peronista, en la medida en que en el plano estratégico enfatizaba el carácter revolucionario del peronismo recuperando los planteos de Eva Perón y se planteaba una perspectiva de liberación nacional y social; y en el plano coyuntural se oponía a la política económica de Martínez de Perón y le contraponía el programa del 11 de marzo de 1973 caracterizado por una perspectiva de independencia nacional con limitación a la injerencia de los organismos internacionales, de fuerte redistribución del ingreso y de activo protagonismo popular.

Resulta relevante apuntar que esta articulación política de izquierda peronista se cristalizó en una herramienta política que disputaba en el plano institucional, participando de elecciones provinciales y promoviendo las nacionales. En la única experiencia electoral concretada logró atraer el voto de sectores del peronismo radicalizado y contó con el apoyo de experiencias de izquierda y centroizquierda, conformando una alianza que alcanzó cerca del 10% de los votos.

Esto se liga con un tipo de aproximación a la democracia en la cual, por una parte se disputaba el terreno de la democracia realmente existente buscando adecuarse a las exigencias procedimentales de la práctica político electoral, por otra parte se sostenía un sentido social (o sustantivo) de la democracia relacionado con la apuesta a una sociedad más equitativa, a su vez se promovía una dinámica de democracia participativa en la medida en que se articulaba la movilización popular con la intervención electoral y se buscaba dar a ésta una impronta popular eligiendo a sus candidatos en asambleas obreras o por sector, y todo esto se hacía con la perspectiva de aportar a un proceso revolucionario tensionando aquellas lecturas posteriores a los años ’80 que recuperaron a la democracia como dimensión necesariamente contrapuesta a la revolución.

De esta forma, la trayectoria del PA resulta de interés para abordar el período, entre otras cosas, porque tensiona algunos presupuestos relevantes: la existencia de una convergencia de distintos sectores y referentes del peronismo y la relevancia de una práctica institucional ponen en tensión las perspectivas violentológicas que tendieron a simplificar la explicación del período a partir de iniciativas subordinadas a la dimensión militar –en este caso de Montoneros-; la delimitación de un campo de izquierda peronista a partir de una perspectiva “revolucionaria”  de “liberación” con un planteo progresivo para la coyuntura convoca a ampliar esta categoría para el período sin restringirla a quienes optaron por la lucha armada y/o se definieron por el socialismo; y el perfil de esta intervención convoca a una pregunta más general sobre las características y disputas sobre la democracia que atravesaron a dicha coyuntura, contribuyendo con ello a valorar los múltiples sentidos que atraviesan a la democracia en la historia nacional.

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Recibido: 20/02/2025

Evaluado: 15/05/2025

Versión Final: 21/05/2025

páginas / año 18 – n° 47/ ISSN 1851-992X /2026                         


[1] Este trabajo es el resultado de la investigación realizada en el marco del Programa Posdoctoral en Ciencias Humanas y Sociales radicado en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires.

[2]Montoneros, JP, JTP, JUP, UES, MVP, Agrupación Evita, “Reencauzar el movimiento peronista como eje de liberación”, El peronista lucha por la liberación Nº1, 18/04/74, pp.21-40.

[3] Fernando Vaca Narvaja, entrevista del autor, 6/08/2022.

[4] “Reorganizar para salvar al movimiento”, La Causa Peronista Nº5 al Nº8, 08/74.

[5] Roberto Perdía y Diego Latorre hacían el seguimiento del PA por la conducción montonera.

[6] Yamila Zavala Rodríguez, entrevista Biblioteca Nacional Mariano Moreno, 2014.

[7] Carlos Kunkel, entrevista Archivo Oral Memoria Abierta, 2002.

[8] Gerardo Héctor Bavio. Entrevista Archivo Oral Memoria Abierta, 2015.

[9] Bidegain, Oscar, “Después de Perón”, Noticias, 27/08/74, p.14.

[10]El Auténtico Nº6, 26/11/75, p.8.

[11]Noticias, 24/04/74.

[12]“Acto en recuerdo de la lucha popular por la reconquista del gobierno en camino hacia el poder”. Solicitada. 11/03/74. En Baschetti, 1996: 540.

[13]Cabo, Dardo. “Queremos un 1º de mayo, no un 20 de junio”, solicitada, 04/74.

[14] APA, “Al General Perón de sus viejos amigos y leales soldados peronistas”, Noticias, 8/05/74.

[15] APA, “Al Consejo Superior del Partido Justicialista”. Solicitada. Clarín, 17/02/75.

[16] Declaraciones de Andrés Framini del 4/06/75 en el Círculo Italiano. Citado en Brion (2013: 98).

[17]El Auténtico Nº6, 26/11/75, p.3. También Perdía, 2013.

[18]Entre ellos, el Padre francés Francisco d’Alteroche. Domingo Bordón. Entrevista del autor, 18/10/2024.

[19]El Auténtico Nº1, 17/09/75, p. 2.; Nº2, 1/10/75, p. 1; Nº6, 26/11/75, p.5 y 8.

[20]Clarín, 12/03/75, pp.24-25; La Opinión, 12/03/75, p.24; Panorama 22/03/75.

[21]El Cronista Comercial, 6/02/75, 9/02/75; La Opinión, 18/02/75.

[22]El Territorio, Misiones, 2/02/75, p.3.

[23] “Apuntes del Peronismo Auténtico”, 20/11/75.

[24] PA, “Boletín Informativo Nº3”, citado en“Apuntes del Peronismo Auténtico”, 20/11/75, p. 32.

[25]“Apuntes del Peronismo Auténtico”, 20/11/75; Partido Auténtico Nº2, 04/76, p.4; Ladeuix, 2012; Perdía, 2013; Wild, 2016; Bartoletti, 2011.

[26]Clarín, 16/02/75, p.14.

[27] PA, “Boletín Informativo Nº1”, 05/75. Citado en: “Apuntes del Peronismo Auténtico”, 20/11/75, p.18.

[28]Clarín, 14/02/75, p.16.

[29]Domingo Bordón. Entrevista del autor, 18/10/2024.

[30]El Independiente, La Rioja, 27/10/75, p.3.

[31]El Auténtico Nº5, p. 7.

[32]Domingo Bordón. Entrevista del autor, 18/10/2024; El Independiente, La Rioja, 12/11/75, p.1.; El Auténtico Nº6, 26/11/75, p.4.

[33] El Congreso debió hacerse en una sede alternativa porque el lugar inicial fue destruido por un atentado del Comando Libertadores de América. El Auténtico Nº6 Suplemento Especial, 26/11/75.

[34]Partido Auténtico Nº2, 04/76, p.2.

[35] El periódico sacó 8 números, hasta la proscripción del partido.

[36]El Auténtico Nº6, 26/11/75, p.7.

[37]En otros campos de las izquierdas se dieron articulaciones y tensiones similares, como lo ejemplifica la experiencia del Frente Antiimperialista y por el Socialismo (1973-1974) del que participaron el Partido Revolucionario de los Trabajadores y otras expresiones armadas, junto a dirigentes obreros y populares como Agustín Tosco, Armando Jaime, Alicia Eguren, Silvio Frondizi y Rodolfo Ortega Peña, entre otros (Cormick, 2023d).

[38]PA, “Bidegain”, Solicitada. La Opinión, 26/11/75, p.4; El Auténtico Nº6, 26/11/75, p.1

[39]PA, “Otra vez las proscripciones”, Solicitada, La Opinión 28/12/75; La Opinión, 26/12/75, p.8.; El Auténtico Nº7, 10/12/75, p.1 y 6; Partido Auténtico Nº2, 04/76, p.4.

[40]Partido Auténtico Nº2, 04/76. Vocero Latinoamericano del Peronismo Auténtico, Boletín N°4, México, 08/76.

[41]“11 de marzo. El mandato traicionado”. Solicitada. La Opinión, 12/03/76, p.6; Nuevo Hombre, 5/02/76.

[42]Montoneros, “El llanto para el enemigo”, Punto Final Nº122, 19/01/71, pp.16-22.

[43]JUP, “Los estudiantes peronistas junto al pueblo en el proceso de reconstrucción”, solicitada, Clarín, 26/04/73, p.20; JTP, “Trasvasamiento sindical para el socialismo nacional”, Clarín, 27/04/73, p.16.

[44]El Descamisado Extra, 14/03/74, p.7.

[45] APA, “Al General Perón de sus viejos amigos y leales soldados peronistas”, Noticias, 8/05/74.

[46] Citado en “Apuntes del Peronismo Auténtico”, 20/11/75, p. 10.

[47]Noticias, 24/04/74.

[48] APA, “El peronismo vuelve”, declaración, 02/75. En Baschetti, 1999: 469.

[49] Guillermo Gallo Mendoza, entrevista del autor, 7/12/2022. Gallo Mendoza fue ministro de Asuntos Agrarios de la Provincia de Buenos Aires.

[50] Bidegain, Oscar, “Después de Perón”, Noticias, 27/08/74, p.14.

[51] PA, Comunicado ante la expulsión de sus referentes del PJ, 03/75. Citado en “Apuntes del Peronismo Auténtico”, 20/11/75, p. 16. Destacado en el original.

[52]PA, “El Peronismo vuelve con el Peronismo Auténtico”, solicitada, La Opinión, 21/03/75.

[53] PA, “Solo el pueblo salvará al pueblo”. Declaración, 07/75.

[54] PA, “Hoy como ayer, liberación o dependencia”. Declaración, 17/11/75.

[55]El Independiente, La Rioja, 5/11/75, p.11.

[56]PA, “Primero la patria, luego el movimiento, después los hombres”, Solicitada, Clarín, 22/07/75.

[57]En sintonía, el MPA desplegó la misma consigna y reivindicó los “objetivos y banderas del nacionalismo revolucionario antioligárquico y antiimperialista” (El Auténtico Nº2. 1/10/75, p.5).

[58] PA, “El Peronismo Auténtico al Pueblo de la Patria”, Solicitada, Clarín, 24/8/75.

[59] Montoneros, “El llanto para el enemigo”, Punto Final Nº122, 19/01/71, pp.16-22.

[60] PA, “Boletín InformativoNº1”, 05/75. Citado en: “Apuntes del Peronismo Auténtico”, 20/11/75, p.15.

[61]Clarín, 14/04/75, p.1.

[62]El Territorio, Misiones, 25/04/75, citado por Rodríguez (2009: 23). Cifras similares en Clarín, 15/04/75,  p.23;  Ladeuix (2012) y Andrade (2000).

[63]Ibidem.

[64]Clarín, 14/04/75, p.1.

[65]PA, “Isabel Martínez debe irse”, Solicitada, 1/07/75. En “Apuntes del Peronismo Auténtico”, 20/11/75, p.30. También en Baschetti, 1999:488.

[66]El Auténtico Nº3, 14/10/75, p. 6

[67]Domingo Bordón. Entrevista del autor, 18/10/2024.

[68]El Auténtico Nº2, 1/10/75, p.4; Nº3, 14/10/75, p.6; Nº5, 12/11/75, p.7; Nº6, 26/11/75, p.4 y suplemento; Auzoberría, 2014

[69]El Territorio, 8/02/75, p.10. Citado por Rodríguez (2009: 20).

[70]El Territorio, 8/04/75, p.10. Citado por Rodríguez (2009: 21).