Reseña bibliográfica

Rougier, M. (dir.) (2025). El desarrollo esquivo. Historia de la economía y la política económica argentina (1860-2020). Buenos Aires: Errepar, 256 páginas.

El desarrollo esquivo es una obra colectiva imprescindible para cualquier persona que esté interesada en comprender la realidad económica argentina. En sus 256 páginas se analiza con el rigor de los especialistas los devenires de la pendular historia económica argentina. El trabajo es un intento consciente por articular las discusiones historiográficas más recientes con los desafíos conceptuales y políticos del presente. Dirigido por Marcelo Rougier y coordinado por Camilo Mason, el libro reúne a economistas, historiadores, politólogos y sociólogos vinculados al Centro de Estudios de Historia Económica Argentina y Latinoamericana (CEHEAL) y a las cátedras de Historia Económica y de Políticas Económicas de la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA. El resultado es una síntesis rigurosa, interdisciplinaria y políticamente situada que se propone, ante todo, explicar por qué el desarrollo nacional ha sido (y continúa siendo) esquivo.

El libro marca un  claro posicionamiento político inicial, inscripto en un contexto de fuerte disputa por el sentido común económico. La lógica del algoritmo, la circulación de explicaciones lineales en redes sociales y la creciente aceptación de narrativas que reducen la complejidad histórica a supuestas verdades técnicas vuelven indispensable un ejercicio como el que propone esta obra: leer la historia económica argentina no a modo de inventario de datos ni  de repertorio de recetas, sino como un proceso atravesado por estructuras de largo duración, decisiones políticas, conflictos sociales y restricciones materiales persistentes. Como sostienen los autores, nuestro presente no es “algo del pasado”, sino que el pasado vive y actúa en él a través de múltiples manifestaciones y herencias que condicionan y enmarcan las posibilidades de futuro. Esa premisa, que remite tanto a las tradiciones braudelianas como a la economía política clásica, orienta toda la obra y la vuelve particularmente pertinente para pensar la Argentina actual.  

Aunque elaborado con fines pedagógicos, el texto excede por completo la función de “manual de cátedra”. Actualiza debates, revisa interpretaciones canónicas y propone una periodización alternativa que articula continuidad y ruptura, crecimiento y crisis, ideas económicas y procesos institucionales. Uno de sus mayores aciertos radica en la notable capacidad para poner en relación la macroeconomía con la historia institucional, los ciclos políticos con los procesos productivos y las políticas económicas con las condiciones sociales de su implementación. La perspectiva interdisciplinaria es clave para lograr esta integración, permitiendo explicar cómo actores sociales, decisiones políticas, condiciones externas y estructuras productivas se combinan para generar trayectorias históricas complejas.

Entre los aportes metodológicos más relevantes se encuentra la periodización propuesta. En lugar de reproducir las divisiones clásicas (MAE–ISI–VAFI o la secuencia gubernamental 1862–1930–1976), el libro opta por periodizar en función de ciclos económicos y transformaciones estructurales, ofreciendo una lectura más matizada y coherente con los datos presentados en cuadros y gráficos. Lejos de funcionar como simples ilustraciones, estos materiales empíricos constituyen un componente central del argumento al permitir visualizar tendencias de largo plazo, rupturas exógenas, inflexiones productivas y cambios en la estructura social.

Otro mérito destacable es la coherencia interna lograda pese a tratarse de una obra escrita por quince especialistas. Aun con aportes provenientes de distintas disciplinas, los capítulos comparten una estructura común: para cada período se analiza primero el contexto internacional, luego la coyuntura argentina, las políticas económicas implementadas, y finalmente el nivel de desarrollo industrial y sus limitaciones. Esa homogeneidad metodológica contribuye significativamente a la claridad de la obra.

La introducción, a cargo de Marcelo Rougier, sitúa el libro dentro de la compleja tradición de la historia económica como campo híbrido entre la economía y la historia. A partir de un recorrido que va desde la economía clásica del siglo XVIII hasta los enfoques contemporáneos, Rougier muestra cómo la disciplina se ha construido en un diálogo no exento de tensiones  con diversas corrientes teóricas: desde los economistas clásicos, el marxismo y la Escuela Histórica Alemana hasta los Annales. En las primeras páginas de esta obra colectiva, su director subraya que la historia económica no es una mera aplicación retrospectiva de categorías económicas, sino un modo de comprender los procesos sociales, productivos e institucionales que configuran el largo plazo, atendiendo a las variaciones de contexto, a los actores y a la especificidad de cada trayectoria nacional. En este marco, El desarrollo esquivo se inscribe precisamente en esa tradición: la de iluminar los procesos económicos argentinos a partir de evidencia empírica sólida, debates historiográficos actualizados y una comprensión estructural de la economía en su relación con la política y la sociedad.

El capítulo inicial aborda el período 1860-1913. Reconstruye la inserción periférica de Argentina en la economía mundial, subrayando las posibilidades y límites de un esquema primario-exportador. Las principales variables macroeconómicas permiten explicar el crecimiento sostenido a partir de 1870 como resultado no solo de la expansión del comercio internacional y del ingreso de capital europeo, sino también de la inmigración masiva y de la integración de la región pampeana a los mercados globales. Sin embargo, los autores subrayan que el “derrame” social y geográfico fue limitado y que, incluso en su mejor momento, Argentina no alcanzó los niveles de desarrollo de países comparables como Australia o Canadá. El libro recupera aquí un matiz conceptual fundamental: la periferia no es simplemente un lugar en la geografía internacional, sino una posición estructural que condiciona las trayectorias posibles respondiendo, sin mencionarlo, a aquellas posturas simplistas que asemejan a esos con los de una supuesta Argentina potencia.

Este enfoque se profundiza en el apartado siguiente donde se exploran las décadas de entreguerras. Contra la tendencia de muchos manuales, el libro no reúne el período 1860-1930 en un solo bloque, sino que identifica en la Primera Guerra Mundial un punto de inflexión decisivo. La crisis del comercio internacional y la imposibilidad de importar bienes manufacturados reabrieron el debate sobre la industrialización sustitutiva, mientras que la década de 1920 mostró, como argumentaron Di Tella y Zymelman, una “oportunidad perdida” para reformular la estrategia de desarrollo. Los autores destacan que el fracaso no se explica únicamente por condiciones externas, sino por decisiones políticas e intereses de clase que siguieron apostando a un modelo exportador agotado.

La crisis de 1930 inauguró, según la periodización propuesta, la primera fase de la industrialización sustitutiva, que se extiende hasta 1952 y constituye la tercera sección. Aquí el libro ofrece una lectura sumamente interesante: más que oponer un modelo a otro, reconstruye cómo la estructura económica se reorganizó en torno a una doble dependencia: las divisas del sector agrario y la expansión del mercado interno impulsado por la industria que marcaría todo el siglo XX. La narrativa se sostiene en datos precisos y en una lectura muy fina de los actores sociales, desde sindicatos hasta tecnócratas, empresarios industriales y agrarios, entre otros actores sociales y económicos .

La sección siguiente recorre los años 1953-1975 se presenta como una etapa de expansión industrial luego del ajuste realizado por el gobierno peronista en 1952, pero marcada por inestabilidad político-institucional, inflación persistente y creciente concentración económica. La industrialización por sustitución de importaciones llegó a su fase “compleja”, exigiendo mayores escalas productivas, capacidades tecnológicas y coordinación estatal, en un contexto político que no lograba garantizar estabilidad ni acuerdos estratégicos duraderos. El libro demuestra cómo estas tensiones explotaron en 1975 con el conocido “Rodrigazo” marcando, una vez más los límites del desarrollo Argentino..

Las tensiones de esta segunda fase sustitutiva  se resolvieron, tras el golpe de 1976, en un nuevo régimen de acumulación basado en la valorización financiera, el endeudamiento externo y la desindustrialización, cuyos efectos estructurales perduraron más allá del retorno democrático. Durante el cuarto capítulo, los autores trabajan sobre el ciclo 1976-2001 que combina la transformación del aparato productivo, la redefinición del rol estatal y las tendencias a la concentración y extranjerización en relación con los cambios institucionales y la reconfiguración de los actores de poder no sin avances y retrocesos. En este punto, el libro recupera una idea central de la economía política: las políticas económicas no son neutrales sino que están vinculadas a proyectos políticos que benefician a determinados sectores y proyectan un horizonte particular de país. La articulación entre dictadura y liberalización, y su continuidad ,aunque con matices, en los años noventa, se muestra así como parte de un proceso más amplio de reestructuración social y económica.

Finalmente, el libro llega al siglo XXI  con su última entrega en donde los autores realizan una lectura matizada del ciclo de crecimiento 2002-2011 y de su estancamiento posterior. La recuperación impulsada por el boom de commodities, la mejora del empleo y el fortalecimiento del mercado interno de los primeros 2000 conviven con la reaparición de restricciones estructurales, en especial la restricción externa, que volvieron a tensar la dinámica macroeconómica. La década de 2010 aparece así como un período en el que viejos problemas reaparecen bajo nuevas formas: inflación, estancamiento productivo, puja distributiva y dificultades para sostener políticas industriales de largo plazo.

Para finalizar, El desarrollo esquivo dialoga con la tradición estructuralista latinoamericana, con la CEPAL, con la economía política histórica y con las revisiones críticas de la historiografía económica argentina. Su gran mérito es evitar dicotomías simplistas —Estado vs. mercado, liberalismo vs. intervencionismo, agro vs. industria— y mostrar que el desarrollo es un proceso político donde confluyen coaliciones, conflictos y decisiones estratégicas de actores sociales.

Esta obra colectiva cumple con creces su “anhelo de aportar al debate sobre el desarrollo económico y social”. Su lectura complejiza las interpretaciones habituales y obliga a repensar el presente argentino desde la densidad del pasado, entendiendo que las restricciones actuales son el resultado de trayectorias históricas largas, no de errores coyunturales ni de voluntarismos políticos. El aporte final de la obra es, precisamente, ese: ofrecer un mapa conceptual y empírico sólido para comprender por qué el desarrollo argentino ha sido esquivo y qué dimensiones deberían considerarse en cualquier proyecto que aspire a construir un futuro más estable, inclusivo y sostenible. Se trata, sin dudas, de un libro imprescindible para estudiantes, investigadores y para todo lector interesado en entender la compleja trama de la economía argentina.

Blas Chiummiento

Universidad Nacional de Rosario (Argentina)
blaschiummiento@gmail.com