Secciones, colección y genealogías: estrategias editoriales de Marta Brunet en la revista Familia (1937-1938)

Secciones, colección y genealogías: estrategias editoriales de Marta Brunet en la revista Familia (1937-1938)[1]

Sections, Collection, and Genealogies: Marta Brunet’s Editorial Strategies in Familia Magazine (1937–1938)

Claudia Darrigrandi

Centro de Estudios Americanos,

Universidad Adolfo Ibáñez (Chile)

Claudia.darrigrndi@uai.cl

https://orcid.org/0000-0003-0650-2346

Resumen

En este artículo se propone una lectura de la revista chilena, de corte magazine, Familia, bajo la dirección de Marta Brunet (1935-1939), a partir de secciones que están orientadas a visibilizar y exponer la biografías, actividades y contribuciones de mujeres. El concepto de sección, además de ser una herramienta racionalizadora de los contenidos de la prensa, se entiende en este artículo como un método para elaborar, con cada entrega, genealogías de mujeres cuyo quehacer se desempeñó en distintas áreas del saber. De este modo, se propone que por medio de la entrega semanal la revista articula colecciones y genealogías de mujeres. El análisis se circunscribe, por lo tanto, en un marco conceptual que hace dialogar el valor simbólico de la ventana (García-Moggia, 2022), la noción de colección (Benjamin, 2022; Pearce, 2013), y la propuesta de ensayo de género de Mary Louise Pratt (2002). Se propone que la base serial de las secciones, que da origen a colecciones, y el énfasis en los rostros y personajes femeninos contribuyen a pensar en una variante del ensayo de género, en el que escritura y diagramación, exponen tanto el trabajo de las mujeres como parte de su biografía y su condición.

Palabras clave:  Revista Familia; magazine; Marta Brunet; secciones; colección; ensayo de género; genealogías.

Abstract

This article offers an analysis of the Chilean magazine Familia, directed by Marta Brunet between 1935 and 1939, focusing on the role of its sections as mechanisms for organizing, highlighting, and circulating the biographies, activities, and contributions of women. While the section traditionally serves to structure and rationalize periodical content, this study approaches it as an operative category whose serial nature enables the systematic production of genealogies of women across diverse intellectual and cultural fields. Through its weekly issues, the magazine thus establishes a framework in which collections and genealogical series of women are assembled and made legible to the public. The analysis is grounded in a conceptual framework that brings into relation the symbolic dimension of the “window” as a representational threshold (García-Moggia, 2022), theoretical perspectives on the notion of the collection (Benjamin, 2022; Pearce, 2013), and Mary Louise Pratt’s formulation of ensayo de género (2002). It is proposed that the serial logic of the sections and the prominence accorded to female visibilities contribute to shaping a variant of the gendered essay in which textual discourse and visual design jointly disclose women’s work, biographies, and social conditions.

Keywords: Familia; magazine; Marta Brunet; sections; collection; ensayo de género; genealogies.

Desde finales de siglo XIX es posible constatar en las revistas ilustradas y en los magazines prácticas orientadas a la exhibición de figuras públicas como parte del contenido que identificamos como social pero también como forma de construir referencias y entramados sociales vinculados a saberes, profesiones o roles relevantes para la esfera pública. En ese amplio escenario, existen matices acordes a los lineamientos específicos de las revistas, sean estos de corte literario y/o artístico, misceláneo o de actualidades. Son numerosos los ejemplos; Mundial Magazine, dirigida por Rubén Darío, publicaba la sección “Cabezas”, en la que el mismo poeta se encargaba de presentar en cada número a una figura de las letras hispanoamericanas y comentar su obra. Entre otras, Darío escribió sobre José Enrique Rodó, Ricardo Rojas y Leopoldo Lugones. Sucesos, publicada en Chile, publicó durante algunos años, la sección “El santo del día”, compuesta por una ilustración y su respectiva reseña biográfica. La figura expuesta generalmente provenía del mundo político. Tiempo después la portadilla de la revista se convierte en el espacio para la columna “La vida que pasa”, en la que se destaca a una figura que ha tenido alguna relevancia pública. Como dato no tan anecdótico, por un tiempo, esta página se enfocó en publicar perfiles sobre periodistas, política que, junto a otras estrategias de la revista, contribuyó a dar forma al campo del periodismo chileno. Otras formas similares apuntaron a destacar personajes públicos por medio de una caricatura o ilustración acompañada solo por un breve texto, como lo hicieron las revistas cubanas Social y Carteles. Lo biográfico es el punto en común que articula contenidos y secciones, aunque sea tratado de diferentes formas según las propuestas estéticas e ideológicas de las revistas.

La revista Familia fue una revista de la empresa editorial Zig-Zag cuya circulación se dio en dos etapas, 1910-1928 y 1935-1940.  En su segunda etapa, Familia también dio espacio a secciones similares a las mencionadas anteriormente, siguiendo el modelo del magazine. No obstante, bajo la dirección de Marta Brunet, el foco se intensificó en exhibir el trabajo y el aporte de mujeres. A modo de ejemplo, compartimos la imagen de la columna “Cabezas de mujeres” (Fig. 1) que no tuvo larga duración, pero que da cuenta de políticas de secciones que se reiteran y que, al mismo tiempo se modifican según los editorialismos programáticos (Beigel, 2003) y las respectivas audiencias de los medios.

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Figura 1. “Cabezas de mujeres”. Familia, n° 74, 21 de octubre de 1936.

En el marco del sentido exhibitorio o expositivo de las revistas en general (Rogers, 2019; Ossandón y Santa Cruz, 2005) y de los magazines en particular, la noción de colección cobra especial relevancia. Sea en secciones editoriales o de actualidades, el perfil, el retrato o la semblanza son un recurso para darle forma al contenido que se quiere compartir. Desde la historia, Paula Bruno (2016) se pregunta sobre “¿qué y en qué medida se puede conocer por medio del abordaje de una vida? Estos interrogantes sobre qué implica contar una vida y qué nos dice la misma sobre determinadas cuestiones del pasado permiten pensar en la biografía como herramienta de conocimiento y, claro, en sus alcances y sus límites” (p. 269). Los magazines recurrieron al contenido biográfico para dar forma a secciones, sea de forma escrita, visual o por medio de una combinación de ambos lenguajes.

Aunque la literatura crítica sobre el coleccionismo está más orientada a las artes y la arqueología, desde el punto de vista de la cultura impresa, la prensa periódica es también un espacio de coleccionismo cuyas secciones se convierten en galerías que exponen imágenes, sean ilustraciones, grabados o fotografías, a veces por una voluntad inscribirse en la retórica del progreso, otras para transmitir las últimas noticias de actualidad y también como ventanas que trascienden fronteras locales y nacionales. Paulette Silva plantea que las revistas ilustradas de finales del siglo XIX son galerías de progreso. En su estudio de las revistas venezolanas El Cojo Ilustrado y El Zulia Ilustrado, señala que las revistas ilustradas participaron de la creación de “archivos esenciales para la comunidad imaginada” (2006, pp. 385) a la vez que fueron un medio para difundir colecciones de objetos de arte ya existentes. Asimismo, plantea que en sus páginas las revistas también dieron forma a nuevas colecciones como la de los objetos de Simón Bolívar o la de estampas que referían a “tipos populares” (2006, pp. 386). El trabajo de Silva es fundacional para pensar en las revistas como soportes que exponen colecciones para un público que no puede acceder a ellas de otra forma; las revistas ilustradas en este caso son artefactos impresos que permiten entrar a salones de exhibición, a museos y también crean salones inexistentes fuera de sus páginas.

Este artículo se inscribe en otro contexto tanto en lo que refiere al periodo de publicación como a la tipología de la revista.  Los magazines de inicios del siglo XX tienen una orientación que, si bien sigue anclada en procesos modernizadores, la cotidianidad, la divulgación, la cultura de masas y las noticias de actualidad se imponen sobre el imaginario del progreso tan característico del fin de siglo latinoamericano. De este modo, aunque existen puntos de encuentro entre la pulsión coleccionista de las revistas ilustradas y los magazines, en el caso de estos últimos se presentan nuevos temas o contenidos para ser coleccionados: los consejos para la administración del hogar; los instructivos para tejidos; las fotografías de estrellas de cine; la nota científica, el buzón que resuelve dudas o problemas cotidianos. O visto de otro modo, son las secciones que racionalizan los contenidos de la prensa periódica y logran así crear la estructura para gestar colecciones.  Por lo tanto, sin desestimar la noción de archivo con las que se ha abordado las revistas, en contraste, uno de los propósitos de este artículo es destacar el potencial que tienen para dar origen a colecciones más que reproducir colecciones ya existentes, sobre todo, en el ámbito de las artes.

La revista Familia todavía no ha recibido la debida atención, aunque en ella publicaron autoras que han tenido trascendencia en el ámbito de la cultura y el periodismo chilenos, como Amanda Labarca, Marta Brunet, Laura Jorquera, Isidora Aguirre quien, conocida como dramaturga, cumplió funciones de traductora. Rubí Carreño (2007) la presenta de modo general en su libro Leche amarga, donde profundiza en la narrativa de Marta Brunet, y Natalia Toro (2024) ha estudiado la triada belleza, cuerpo y ejercicio físico en la primera etapa de Familia.

En este artículo se propone una lectura del magazine Familia, bajo la dirección de Marta Brunet (1935-1939), especialmente durante los años 1937 y 1938, cuando se identifican secciones nuevas que intensifican el impulso que Brunet ya le estaba dando a la revista para visibilizar a las mujeres, en general, y a las chilenas, en particular.  Se abordará la revista desde la composición de ciertas secciones introducidas por Brunet que tuvieron el objetivo de visibilizar y construir una genealogía, quizás dispersa, de la contribución de las mujeres al desarrollo de la sociedad. Se propone que la base serial de las secciones, que da origen a colecciones, y el énfasis en los rostros y personajes femeninos contribuyen a la actualización del ensayo de género propuesto por Mary Louise Pratt, quien, en un ya antiguo y clásico texto, se propuso interrogar la categoría de ensayo latinoamericano para dar cuenta de otras escrituras ensayísticas producida por mujeres. Pratt (2002) plantea el ensayo de género como “una literatura contestataria que se propone "interrumpir el monólogo masculino" -por decirlo en palabras de Victoria Ocampo- o al menos confrontar la pretensión masculina de monopolizar la cultura, la historia y la autoridad intelectual” (p. 76). A partir de esa primera identificación, la urgencia de la interrupción planteada por Pratt se expresa en Familia a través de varias medidas que Brunet ejecutó como editora, entre otras la exposición de un imaginario de la mujer trabajadora[2] y por una política de secciones que puso en el centro los rostros, literal y metafóricamente hablando, de mujeres. En las siguientes páginas se propone que la política de secciones implementada por Brunet es un método para articular colecciones que visibilizarían y expondrían la participación de las mujeres en variados ámbitos de la cultura y el saber. Pratt (2002) articula la noción del ensayo de género a partir de dos variantes principales: aquellas escrituras que hacen un recuento, que establecen genealogías de mujeres creadoras y participantes del campo cultural, literario e intelectual y aquellas otras que reflexionan en torno a la condición de las mujeres. Las variantes del ensayo de género en la revista Familia pueden adquirir otras formas, en las que las nociones de serialidad y colección son la base para la creación de genealogías visibles y legibles con cada nuevo número de la revista. De este modo, al recurrir a formatos propios de las revistas magazine y llenarlos de mujeres, Brunet interviene de forma pertinente y creativa, porque “las revistas también pueden ser canales o medios en los que se gestan intervenciones por medio de prácticas asociadas a su producción y su materialidad” (Darrigrandi & Guzmán, 2024, p. 15).  

En los últimos años se ha publicado bastante sobre el trabajo de Marta Brunet en medios de prensa; por mencionar algunos ejemplos, mientras Natalia Cisterna ha estudiado las columnas de Brunet en Ecran (2023), Karim Gálvez (2019; 2024), por su parte, ha realizado un profuso trabajo en la edición de sus columnas, crónicas y entrevistas publicadas en La Discusión, El Sur, La Hora y Familia y articula el trabajo brunetiano en tres áreas:  artes y letras, viajes y vida cotidiana y mujeres en espacios privado y público (2024, p. 80). Catalina Concha y Consuelo Díaz (2023), han antologado sus las columnas publicadas en la revista Ecran. Recientemente, Osvaldo Carvajal y Constanza Richards (2025) han dado cuenta del trabajo de Marta Brunet junto con María Monvel en la edición de la revista Para Todos, otra revista de la editorial Zig-Zag.

Una mirada al género magazine desde las secciones de la revista Familia

El voto femenino para las elecciones municipales se obtuvo en 1934 y solo en 1949 se promulgó la ley que otorgó el derecho a voto a mujeres para elecciones parlamentarias y presidenciales.  Por lo tanto, habría que entender que las decisiones tomadas por Marta Brunet en la dirección de la revista Familia se circunscriben a un contexto de lucha por la consecución de derechos económicos, civiles y jurídicos. Aunque Brunet no se expresó de forma explícita en la revista sobre el derecho a voto para las mujeres; sin embargo, bajo la firma de Isabel de Santillana, nombre que ocupaba para la columna editorial que habría cada número, sí hizo manifiesta la necesidad de que las mujeres contaran con el derecho al trabajo y a una remuneración igual que la percibida por los hombres (Darrigrandi, 2026). De todos modos, si Familia como parte de las revistas de la editorial Zig-Zag parecía ser un espacio no tan propicio para manifestaciones políticas explícitas en favor de las mujeres, en otros medios más afines a los deseos y necesidades de una clase media representada por la coalición de centroizquierda del Frente Popular, como La Hora, Brunet expresó de forma clara la importancia de que las mujeres obtuvieran el voto (Darrigrandi, 2021, p. 257). De este modo, se puede sugerir que estas nuevas secciones que dieron prioridad a la exposición de las mujeres en ámbitos que no se restringen a lo reproductivo también formaron parte de la campaña para que las mujeres fueran reconocidas como ciudadanas plenas en tanto que venían a demostrar su participación a lo largo de la historia, tanto nacional como global. Estas secciones, que devinieron en colecciones, fueron espacios para revindicar y reconocer los aportes de las mujeres en distintos ámbitos y contextos históricos. Es otra forma, por lo tanto, de interrumpir el monólogo masculino, como propuso Pratt al identificar el ensayo de género.

Eduardo Santa Cruz define el magazine como un

periódico ilustrado, estructurado sobre la base de numerosas secciones y de aparición semanal o mensual. Se trata de un género que es capaz de albergar en su interior en forma entremezclada crónicas, entrevistas, reportajes de actualidad, ilustraciones, avisos publicitarios, cuentos y novelas por entrega, notas de vida social, caricaturas, poemas (2005, p. 33).

Asimismo, señala que es un “formato extremadamente maleable”, por lo tanto, dentro del magazine surgieron “algunas especializaciones al interior del género: magazines dedicados a cuestiones culturales y literarias; de comentarios políticos; de sucesos cotidianos y chismes de personajes públicos; de actualidad, satíricos, de divulgación cultural, etc” (2005, p. 33).

En este caso, Familia sería un magazine que se debate entre el magazine femenino y el magazine para mujeres. Se la identifica como una revista femenina, en el entendido que es un impreso cuyos “contenidos […] tienden a reforzar el rol doméstico de las mujeres, reproduciendo así la frontera entre lo público y lo privado, y la división sexual del trabajo” (Pérez y Godoy: 2009, pp. 109). Familia no excluye ese tipo de contenido; de hecho, muchas las secciones que permanecen a lo largo de toda la segunda etapa (y algunas de ellas comenzaron en su primera etapa) refieren a los cuidados domésticos, moda y belleza. Similar es el planteo de Montero para definir las revistas femeninas, quien señala que estas no cuestionan los estereotipos de género (2018, p. 261). Sin embargo, y particularmente las secciones que ese artículo aborda, entregan otra perspectiva y acercan a la revista Familia a lo que se entiende como una revista para mujeres, dado que también publica contenido que siendo de interés para las lectoras no reproduce estereotipos de género. Una situación similar identifica Pabla Ávila para revista Zig-Zag, al indicar que en sus páginas circula “información que puede reproducir normas y comportamientos socialmente aceptados, al mismo tiempo que ofrece alternativas que se contraponen con ellos” (2005, pp. 85). Destaca, entonces, la implementación de secciones cuyos énfasis está en las historias, labores u oficios y trayectorias de mujeres.

Este artículo también tributa al campo de los estudios de la prensa para mujeres y/o realizada por mujeres. En este ámbito, destacan los estudios de Claudia Montero quien junto que proponer una temporalidad y una tipología de prensa creada por mujeres (2018), también ha planteado definiciones para entender el trabajo de las mujeres como editoras. Para el caso de Brunet en revista Familia funcionaría la idea de “editora empleada” que propone Montero, en la medida que “debía mediar entre su idea del producto y el perfil encargado por los empresarios que la contrataron con ese fin” (2024, p. 301). Para Brunet ser directora de la revista significaba “es estar un poco en todas partes, seleccionar el cuento y la ilustración, la nota de actualidad y la moda sobria, y es, por sobre todo, saber elegir los colaboradores que han de ser los puntales mayores” (Brunet, 1939, p. 19). Es decir, si bien Brunet pudo introducir muchos cambios en la revista durante su dirección, al revisar panorámicamente su gestión, también es posible concluir que tuvo que negociar con el programa de la empresa Zig-Zag (Darrigrandi, 2026).  

El concepto de sección, además de ser una herramienta racionalizadora de los contenidos de la prensa, en este artículo se entiende como un método para elaborar, con cada entrega, genealogías de mujeres cuyo quehacer se desempeñó en distintas áreas del saber. Desde su primera etapa, la revista publica la sección “Entrevistas de Familia”, no obstante, desde la entrada de Brunet en su segunda etapa se observa una predilección por entrevistar a mujeres en comparación a figuras masculinas y, sean hombres o mujeres, las preguntas versan sobre educación, desarrollo laboral, profesional y derechos relevantes para las mujeres. Entre otras figuras entrevistadas destacamos a Aurora Rodríguez, médico, Elvira Santa Cruz, periodista y editora chilena, Raquel Meller, cantante, Margarita Xirgú, actriz y directora de una compañía de teatro española, Herminia Raccagni, pianista chilena, Dora Puelma, artista visual, Evelyn Ankers, actriz chilena que pudo desarrollar su carrera en Hollywood (Ver figs. 2, 3 y 4). Estas menciones revelan, de forma somera, la diversidad de rubros en que las mujeres se desempeñaban.  

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Figura 2. “Entrevistas de Familia”. Familia, n° 100, 21 de abril de 1937.

Figura 3. “Entrevistas de Familia”. Familia, n° 132, 1 de diciembre de 1937.

Figura 4. “Entrevistas de Familia”. Familia, n° 157, 25 de mayo de 1937.

Otra sección que destaca en la revista, que existe desde su primera etapa y que la diferencia de otras revistas magazine es “El noticiario femenino”. Esta sección informa de las actividades de mujeres de distintas áreas profesionales (arte, cultura, educación, servicio social, salud). “El noticiario”, por lo tanto, es una fuente y un referente importante para rastrear las actividades de las artistas, educadoras y profesionales chilenas tanto en el país como en el extranjero. Es en esta sección que se avisa de los viajes de las escritoras o artistas, de su participación en encuentros o de la visita de personalidades de las culturas y las artes a Chile. Asimismo, la sección proveía de información relevante para aquellas mujeres que quisieran participar de actividades formativas, como cursos o talleres.  “El noticiario”, además, fue el espacio para que mujeres sin experiencia previa pudieran participar como corresponsales para informar desde las regiones del país. Esta invitación a colaborar con la revista fue una de las iniciativas más llamativas que Brunet implementó durante su dirección.

Durante la segunda etapa de Familia Brunet expande las acciones compensatorias para equilibrar la hegemonía de los contenidos “típicamente femeninos”, enfocados en las labores reproductivas. Entre esas acciones estaría la invitación a que las lectoras postularan a ser corresponsables y la creación de nuevas secciones. Entre los años 1937 y 1938 se publica por primera vez las siguientes secciones: “La santa de la semana”, “Voz de mujer en la penumbra”, “Mujeres chilenas”, “Nuestras escritoras”.  “Voz de mujer en la penumbra”, a cargo de María Cristina Menares, corresponde a una sección que reúne contenidos variados, notas, reflexiones y breves referencias de mujeres de distintas geografías y épocas como Colette, Farida, María Vetsera. El título señala explícitamente esa labor que muchas mujeres desarrollan pero que no logra tener visibilidad. “Mujeres chilenas”, por su parte, es un apartado de entregas periódicas que exhiben, por medio de notas y reseñas, mujeres que han ocupado un lugar destacado en la historia de Chile, en la literatura (sean autoras o personajes de ficción) y en las artes. A modo de ejemplo, destacan Paula Jaraquemada, Luisa Recabarren, Emilia Herrera, Isidora Zegers, Mercedes Marín, Marina de Gaete, Mariana Cox, Isabel Riquelme, Rosario Orrego, vinculadas a la política, las artes y la literatura. Similar ocurre con la sección “Nuestras escritoras”, a cargo Estela Miranda.  Es decir, que la revista, desde sus rasgos característicos como un soporte que se sustenta en la actualidad, lo nuevo o novedoso y la serialidad se constituye en un aporte para la construcción de genealogías, de antecedentes necesarios para la reivindicación del trabajo remunerado y de la participación de las mujeres en actividades fuera del hogar. De este modo, la propuesta de Pratt permite pensar en estas secciones como ensayos de género en los que se imbrica la creación de genealogías con la reflexión sobre la condición femenina, en especial la de mujeres trabajadoras y profesionales.

La sección puede ser abordada tanto desde su contenido como desde el punto de vista de su materialidad. Es un método para destacar contenidos, darles realce, entre muchos otros contenidos que circulan por las páginas de una revista que no están dedicadas a temas específicos. La sección, por lo tanto, es una forma de delimitar ciertos contenidos y separarlos de otros. La sección, implica una jerarquía que no solo se resuelve por el lugar que ocupa en la paginación de una revista, como plantea Sarlo (2016) a entender su paginación como una sintaxis (2016, p.12), sino como una forma de contraste con los otros contenidos que no tienen continuidad o que no son considerados, al parecer, lo suficientemente relevantes para tener un espacio singularizado que se mantenga en cada nuevo número. Por último, la sección funciona entonces como una ventana, un recorte, un recuadro que llama nuestra atención y le da cohesión al contenido que se encuentra dentro de los marcos de la ventana.

Desde el campo de los estudios de la cultura impresa y los estudios revisteriles (Tarcus, 2020) la reflexión sobre estas secciones se despliega en dos vertientes. Desde el punto de vista de la primera, es necesario abordar la revista de la primera mitad del siglo XX en un entramado de prácticas culturales más amplio: como la pulsión por la exhibición, el vínculo entre la visión y el saber, la institución del museo y su voluntad coleccionista. Exhibir es una forma de crear conocimiento; la observación, por su parte es una forma de aprendizaje. En ese sentido, se entiende que la publicación de esas secciones es una forma de construir narrativas, de organizar y dar sentido a la contribución de las mujeres en diversas áreas del saber. Esto va de la mano del impacto que se espera generar en la comunidad lectora. En este contexto, trabajos como los de Geraldine Rogers para el caso de Caras y Caretas (2008), Antonia Viu (2019; 2024), Carlos Ossandón y Eduardo Santa Cruz para las revistas chilenas Zig-Zag y Sucesos (2005), han contribuido a la reflexión sobre el magazine desde el punto de vista de su materialidad, temporalidad y su imbricación con los sistemas literarios[3].  Desde la segunda vertiente, y es aquí donde este artículo ofrece su principal contribución, destaca un punto de inflexión a partir de las prácticas mencionadas anteriormente. Si el magazine está destinado a público general, que apunta a llegar a un público amplio de lectores por medio de secciones diversas; este formato también puede enfocarse en temas específicos (Santa Cruz, 2005). Por eso es necesario distinguir entre un magazine para público general de un magazine que fue dirigido para un público femenino (no solo porque las mujeres sean las potenciales lectoras, sino en la medida que Familia es también una revista para visibilizar a las mujeres en el ámbito de la prensa periódica). Es decir que, si la publicación de contenidos biográficos singularizados en secciones específicas era una práctica común en las revistas desde fines del siglo XIX, gracias a la dirección de Marta Brunet, Familia sigue ese modelo, pero no serán los hombres quienes protagonicen esas tribunas impresas, serán mujeres. En consecuencia, esa política de secciones y esa decisión editorial cobra una valor político y estratégico al normalizar la participación de las mujeres y matizar la excepcionalidad, aunque en muchos casos las notas destaquen la excepcionalidad de su labor.

Ventanas, exposición y colecciones de mujeres

Existe una bibliografía importante que ha analizado las revistas desde las prácticas exhibitorias; tanto las revistas como las exhibiciones universales y los museos respondieron, durante el siglo XIX e inicios del siglo XX, a los mismos deseos y creencias que llevarían a las naciones y sociedades a estados civilizatorios superiores: modernidad, progreso y novedad son palabras clave para entender los impulsos que estaban detrás de la exhibición de tecnologías, producción y acervos culturales (Andermann & Stephan, 2006). Asimismo, las revistas también son parte de “un ‘aprendizaje de observar’” (Andermann & Stephan, 2006, p. 14). Rogers (2019) y Sarlo (1992), en sus respectivos estudios, puntualizan en la importancia de la materialidad de las revistas, en su orden, el diseño y diagramación para comprenderlas como artefactos que no solo racionalizan contenidos, sino que ofrecen una propuesta para entender el mundo, las ideas, la actualidad y la cotidianidad. En el caso chileno, Ossandón y Santa Cruz (2005) han ejemplificado en revistas como Zig-Zag, Sucesos y Corre Vuela en el cambio de lenguaje que implementaron las revistas magazine al privilegiar la imagen por sobre la palabra.

Señalan Andermann & Stephan (2006) en la introducción a un clásico estudio del fin de siglo latinoamericano sobre las exposiciones universales que: “La exhibición así se transforma, aproximadamente entre mediados del siglo XIX y la segunda posguerra del XX, en la magia simpatética de Occidente: la forma de construir al mundo material y a los márgenes coloniales e imperiales como modelos de una realidad exterior ‘representada’ en el espectáculo expositor a través de una particular y paradójica relación de identidad y diferencia” (2006, p. 10) . Continúan, aclarando la importancia del modelo como ordenador y clarificador del mundo, sin perder su condición de modelo; es decir, no suplanta, representa. Como sea, en esa tensión entre el modelo y la realidad, destacan los autores la importancia del “saber mirar” (2006, p. 10).  Si se traslada esta propuesta a las revistas, se las piensa como una representación que circula en un medio de fronteras porosas en las que modelo y referente se retroalimentan. Ese saber mirar dialoga con prácticas editoriales que recortan contenidos, por medio de secciones, para modelar la mirada. Desde este lugar, más que entrar en una reflexión desde la teoría de las comunicaciones, se propone una lectura metafórico-estética de las secciones. En ese sentido, si las pensamos desde la imagen de la ventana, según lo ha presentado Macarena García Moggia (2022), se trazan cruces entre un interior y un exterior de la revista que potencia, en el caso de la revista Familia, el valor de una audiencia compuesta por mujeres que puede acceder a un contenido sobre mujeres en ámbitos sociales y culturales. Tomo prestadas, algunas reflexiones de García Moggia (2022) sobre las ventanas, para pensar en las secciones de las revistas:

La ventana es ella misma una metáfora de la mirada, un motivo artístico y literario, pero sobre todo, ya lo decía, una experiencia. Una experiencia de la imagen. Levantar la cabeza y dejarse atrapar por la ventana es parecido a dejarse atrapar por un cuadro, una fotografía, un poema. En todos los casos, se interrumpe el curso habitual de la mirada o las ideas mediante un recorte, un umbral que conduce a otro tiempo y otro lugar, para quizás devolvernos luego, con la percepción vigorizada, al tiempo y lugar que nos reclama. (p.14)

Esta idea en particular es relevante para potenciar el sentido que tienen las secciones en las revistas, como un llamado de atención a quien recorre sus páginas.  Sea en la sección “La santa de la semana”, “Voz de la mujer en la penumbra” o “Mujeres chilenas”, estas funcionan como esa ventana que conecta con otras mujeres, de otros tiempos y espacios que, aunque sean experiencias lejanas desde el punto de vista de sus lectoras. Estos nuevos contenidos introducidos por Brunet interpelan a sus lectoras en tanto que las protagonistas de estas secciones son mujeres que, a su vez, son presentadas con vidas modélicas, o ejemplares, que no están necesariamente atendiendo un hogar. De este modo, destaca la dirección de Brunet al recuperar historias y vidas de mujeres fuera del espacio doméstico. Este gesto va de la mano con otra estrategia de la autora chillaneja:  

 [e]l saber elegir, o el seleccionar, y también el reconocer el trabajo de sus compañeras es una de las características de la función desempeñada por Brunet como editora. Bajo su dirección las mujeres cobraron centralidad como productoras de la revista. […] . Además, en un gesto nuevo para la revista, se listan los nombres de cada una de las colaboradoras, algunas de las cuales participan de la publicación desde los inicios de su segunda etapa, al igual que Brunet (Darrigrandi, 2021, p. 261)

En la primera entrega de “Voz de la mujer en la penumbra”, el 8 de junio de 1938, María Cristina Menares (1938) presenta la sección con una reflexión sobre lo que está en la penumbra y lo que se gesta en ese espacio casi invisible:  “Lo que nunca se hubiera dicho a pleno sol, lo que jamás hubiera alcanzado a modularse en una mañana brillante, con muchas alas de mariposas” y continúa señalando:

La ternura, el recuerdo hacia el triunfo de cualquiera mujer, la poesía, el pequeño episodio criollo saturado de remembranza, la delicada coquetería del espíritu… En fin, todo aquello que signifique un detalle de importancia para esa llamita vivía de la amistad entre el lector y la página, se agitará en estas líneas con la inquietud de perfección (p.16)

La sección, compuesta por dos páginas, da cabida a contenidos que no han tenido la circulación o el reconocimiento debido en el campo literario o cultural. Asimismo, destaca el lugar que se le quiere dar al protagonismo de mujeres. En esa primera entrega, se publica también una breve reseña de la escritora argentina Norah Lange (Fig. 5) y un poema de su autoría y la columna, “Nombres luminosos” (Fig. 6), que en este número corresponde a una nota sobre la duquesa de Windsor, Wallis Simpson, una figura polémica para el contexto de la época, pues a la fecha ya se había divorciado dos veces. La nota enfatiza dos situaciones: la llegada de una mujer común a ser esposa de un miembro de la realeza, el príncipe de Gales, quien asume el trono en 1936 como Eduardo VIII, y el triunfo del amor. Aunque la nota está marcada por el relato romántico, desde otro punto de vista se convierte en una vitrina para exponer vidas de mujeres que no siguen convenciones sociales. Además, se añaden notas de temas misceláneos.  En otras entregas, se publica sobre la poeta chilena Isabel Peralta y Sarah Bernhardt; un diario de una chica moderna que está en desacuerdo con los mandatos matrimoniales y una nota de una mujer tenista (Figs. 7 y 8); una reseña y poema de la mexicana María Enriqueta y la columna “Nombre luminosos” está dedicada a la modista Elsa Schiaparelli.

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Figura 5. “Voz de la mujer en la penumbra”. Familia, 8 de junio de 1938.

Figura 6. “Voz de la mujer en la penumbra”. Familia, 8 de junio de 1938.

Figura 7. “Voz de la mujer en la penumbra”. Familia, 27 de julio de 1938.

Figura 8. “Voz de la mujer en la penumbra”. Familia, 27 de julio de 1938

“La santa de la semana”, a cargo de Gabriel de León, es una de las pocas secciones que firmada por un hombre. Sin diferenciar si era Santa Lucía, Santa Bárbara, Santa Clotilde o Santa Victoria protagoniza la sección una escritura hagiográfica que no silencia las traiciones, vejámenes y maltratos recibidos por parte de padres, tutores, hermanos o parejas que muchas de estas figuras experimentaron. Además del relato biográfico, la sección se compone también por ilustraciones o reproducciones de imágenes de esculturas o pinturas o fotografías de la Santa o de lugares que habitaron o que son significativos para su devenir “Santa”. Quizás este sea el elemento menos convencional de la sección que si bien, por un lado, replica un tipo de contenido que se daba en los magazines, por otro lado, satisface a una lectoría creyente y católica. Si bien la revista no presenta un tono radicalmente disruptivo, negocia con su audiencia entregando contenidos diversos. De este modo, no se plantea que la línea editorial siga solo un tipo de lectora ideal, al contrario, su apuesta es por esa diversidad.

El inicio de la sección “Mujeres chilenas”, a cargo de Marta Elba Miranda, mantiene el tono hagiográfico de “La santa de la semana”: una vida meritoria, una entrega al deber, una síntesis de vida ejemplar. La sección se comienza a publicar el 9 de marzo de 1938. Esa primera entrega está protagonizada por la vida de Doña Antonia Salas de Errázuriz; la reseña biográfica es acompañada por la fotografía de un monumento realizado en su honor y ubicado en la Alameda de las Delicias (avenida principal de la ciudad de Santiago en el periodo de publicación de la revista); la próxima entrega corresponde a una figura literaria, Luisa Bastos, de la novela de Blest Gana, La reconquista. En este caso la nota se centra en una síntesis argumental desde el punto de vista de este personaje femenino y se destaca la perspectiva romántica de Luisa. De este modo, sigue el modelo de “La santa de la semana” y de la entrega anterior de “Mujeres chilenas” (Figs. 9, 10, 11 y 12). Y al mismo tiempo, se mantiene el tono ejemplificador al resaltar valores como la valentía y la abnegación. La sección continúa casi sin interrupciones y destacan las siguientes figuras históricas: Javiera Carrera, Emilia Herrera de Toro, Rosario Rosales. En el caso de Guacolda, Tegualda y Glaura, Miranda el texto se informa a partir de La araucana, de Alonso de Ercilla, y señala que poseen “los sentimientos y virtudes que más realzan a toda mujer en algunas fases de su vida” (6 de abril de 1938, p. 13). A partir de ese recorte editorial que realiza Miranda, también es interesante destacar el carácter de colección, esta vez, desde otro punto de vista. La editora de la sección no solo construye un repertorio de mujeres chilenas, sino que nutre su selección a partir de artefactos culturales que son parte del patrimonio nacional. Otro ejemplo, sería para la entrega del 8 de junio de 1938, la sección está dedicada a María Francisca del Valle, un personaje de la novela El Mestizo alejo y la criollita de Víctor Domingo Silva. La página se resume en una síntesis del desarrollo de la historia y del personaje, de forma ambigua, en la que se añaden fragmentos, sin indicar cuando el extracto es literal o una adaptación. De este modo, la editora recolecta de distintas fuentes, en este caso literarias, los contenidos que dan sustento a su columna.

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Figura 9. “Mujeres chilenas”. Familia, 23 de marzo de 1938

Figura 10. “Mujeres chilenas”. Familia, 1 de junio de 1938

Figura 11. “Mujeres chilenas”. Familia, 27 de julio de 1938

Figura 12. “Mujeres chilenas”. Familia, 21 de septiembre de 1938.

García Moggia (2022) discute sobre la función de límite que cumple la ventana.  Y señala dos movimientos, primero, “el marco de la ventana pudo conformar un escenario simbólico para la contraposición fundamental que la modernidad estableció entre la vida que transcurre en un espacio interior, conocida, limitada, burguesa, y un espacio exterior, el afuera que se proyecta” (pp. 17-18), y que en algunas de las obras pictóricas que ella analiza se ve o se insinúa. El segundo movimiento, es que al observar una pintura en que la retratada se asoma por la ventana para observar el exterior, por una ventana que no tiene vidrio: “sugiere una transgresión de la separación entre el interior y el exterior: si su función es resguardar la intimidad, al desplegarse hacia afuera invierte la lógica del deseo de ver hacia el interior por un deseo, acaso manifiesto en la imagen, de ver hacia el exterior (p. 69).

La sección, vista de este modo, también expresa este doble movimiento y se complejiza. En el caso del primero, el interior burgués desde el cual se lee de forma metafórica la sección; es decir, se lee la revista desde un espacio interior y la sección conecta con un mundo exterior, presente y pasado, que, en el caso de Familia y las secciones que se han presentado, abren las perspectivas para otros futuros posibles, imaginarios de mujeres que no han construido sus vidas, o no exclusivamente, en el hogar. Entonces, es a través de estas secciones que se informa sobre escritoras, figuras literarias, funciones públicas, otras opciones de vida, algunas ancladas lejanamente en el pasado, otras más contemporáneas y cercanas a las experiencias de sus lectoras. Si se considera el segundo movimiento, las secciones también interpelan con los rostros de las protagonistas y autoras o editoras de las secciones. Sus rostros se exponen y enfrentan a los de las lectoras; acortando la brecha entre ese mundo representado, expuesto y el que habita la lectora. Además, esa exposición de los rostros hacia el exterior, sean de las autoras, las editoras o la figura expuesta ese día enfatiza el pacto referencial: lo que la revista exhibe está presente fuera de ella. Las secciones, entonces, son encuadres permeables que se retroalimentan con el mundo social y cultural. Es así que los cambios introducidos por Brunet tienen un carácter expositivo en que la figura de la ventana potencia los vínculos entre el espacio material de la revista y el mundo social en el que la revista circula.

Respecto a la idea colección, refiriéndose a Fuchs, Walter Benjamin (2022) menciona un gesto importante de su quehacer como coleccionista: su capacidad de leer su contexto histórico y de reconsiderar lo que sería lo potencialmente coleccionable. Aunque en el ensayo sobre Fuchs Benjamin refiere principalmente al coleccionista de arte, destaca de esta figura su predilección por objetos marginales y de la cultura popular, más que de las Bellas Artes. Este énfasis en lo marginal y la atención en el contexto tiene su eco en las secciones/colecciones inauguradas en Familia para destacar mujeres, sean reales o ficticias, si nos remitimos a la sección “Mujeres chilenas”; las mujeres como habitantes de un margen social que habían obtenido el derecho a voto municipal recientemente, sin embargo, otros derechos y espacios de participación todavía estaban pendientes. Con estas colecciones se crea un escenario para propiciar e imaginar otros derroteros para la participación de las mujeres que se validan y potencian en las secciones que destacan semana a semana un caso, una historia, un rostro.

Uno de los fundamentos del coleccionismo y que Benjamin (2022) también menciona, aunque no en estos términos, es el carácter extractivista del coleccionismo: tomar un objeto, sacarlo de su contexto y, eventualmente, de su funcionalidad. Es este punto el que marca una tensión con el coleccionismo de las secciones “Mujeres chilenas”, “Mujeres escritoras” y “La santa de la semana”. Opera un mecanismo inverso. En parte, domina la inmaterialidad de lo que se colecciona; no se colecciona una obra en su totalidad, como podría ser una escultura de la artista chilena Rebeca Matte, por ejemplo, o un libro de alguna autora chilena. Se colecciona, en cambio, una referencia, una reseña, historias de vida, experiencias, representaciones. Las vidas de santas, artistas, figuras históricas, abogadas, médicas, mujeres vinculadas a la beneficencia, escritoras y personajes de la literatura chilena, encuentran una base contextual en la revista y adquieren así una funcionalidad que se circunscribe a la reivindicación de las mujeres y a los debates por su lugar en la esfera pública y laboral.

Susan Pearce (2013) señala tres áreas de enfoque para pensar en el coleccionismo. Si bien su propuesta se remite al caso europeo, desde una mirada abstracta, estas lecturas abren posibilidades de reflexión para lo que proponemos en el caso de la revista Familia. Dice Pearce (2013):

“collecting in practice in the historical long term, collecting as part of the poetic through which individuals define themselves, and collecting as an aspect of the contemporary (and future) politics of value and social structure” (s.p.).

Para el caso de este artículo, son especialmente relevantes las dos últimas perspectivas con las que aborda el coleccionismo. Cuando refiere a la colección desde una perspectiva poética, Pearce señala que “It is concerned with the meaning of collecting to the collectors themselves, how it affects their lives, and how, cumulatively, the sum of individual collecting habits interacts with social practice”. Añade la autora que “the collecting process is a form of fiction through which imaginative constructions can be expressed” (s.p.). Destaca entonces el sentido que tiene para quienes hacen el trabajo editorial y cuyo resultado es ofrecer una colección de mujeres. El trabajo realizado por Brunet, por el autor de “La santa de la semana”, las editoras de “Mujeres chilenas”, “Nuestras escritoras” y “Voz de mujer en la penumbra”, más allá de lo informativo, articulan colecciones que reivindican el trabajo o la participación política y social de mujeres tanto chilenas como extranjeras. Así, las secciones son parte de una comunidad de interpretación (Fish, 1992), que es interpelada en cada número con un gesto afirmativo de existencia. Cada entrega de cada una de estas secciones participa en la creación de un tejido social de mujeres y si bien Pearce enfatiza el significado que tiene para quienes coleccionan, aquí habría que añadir el sentido dual. Evidentemente tienen un sentido para las editoras que se hacen cargo de la curatoría, pero también cobra un valor para las lectoras de cada una de estas. En términos de Pratt (2002), el ensayo de género “No es un corpus homogéneo, sino un conjunto de textos que abordan las discusiones sobre el deber ser de la mujer desde perspectivas eclécticas, con relación a las ideologías patriarcales de género” (p. 76). De este modo, esta colección de fragmentos de historias de vida o experiencias biográficas y hagiográficas, son un corpus heterogéneo, si seguimos los planteamientos de Pratt, pero son un conjunto de registros cuyo común denominador es la exposición de la participación y contribución de mujeres en ámbitos no domésticos o no exclusivamente domésticos. Queda también en las lectoras el potencial sentido que le puedan dar. Al considerar que las secciones ocupan una o más página, es pertinente la propuesta de Antonia Viu (2019) para una lectura extendida de todos los componentes de la sección:

el pathos de la lectura se actualizaría en oscilación entre procesos de atención a los pormenores que componen la publicación, los detalles en la lectura del texto la tipografía o el dibujo, junto con la necesidad de una atención difusa hacia la página como u todo y a las relaciones que se establecen entre sus elementos en tanto formas de interpelación al lector (p. 95).

Señala, además, Pearce (2013):

“If practice shows us what kinds of meanings objects and collections have been given in social tradition, and poetics tells us how individuals have worked within and through these institutions to make meaning for themselves, a discussion of the politics of collecting brings these two together to show why and how collected objects are subject to different valuations and the importance which this has” (s.p.).

Este rescate de la política que está detrás de la práctica del coleccionar se conecta con la política editorial que Brunet, junto con colaboradoras y redactoras, implementó en Familia. No es meramente lo informativo, no está implicado solo la importancia de ofrecer contenidos que interpelaran a las lectoras; es la voluntad de crear colecciones que resignifiquen prácticas revisteriles pensadas y dirigidas por hombres y aportar con antecedentes y ejemplos al debate sobre el derecho de las mujeres por tener un trabajo remunerado fuera del hogar y por reconocer esa labor que muchas mujeres hace años cumplían y que los medios quizás no acreditaban. Cuando Brunet deja la revista el año 1939 deja muy en claro ese deber social y cultural que las mujeres ya estaban cumpliendo y que Familia intentó también promover. Publicar entonces, secciones que ofrecieran un repertorio de casos y situaciones de mujeres activas se convierte en una decisión política.

Para cerrar: biografía y genealogías

Como se señaló páginas atrás, la revista participa de prácticas más amplias que se dan no solo en los medios impresos y que Pearce (2013) identifica para los museos, “The big collections, […] demonstrate the central fact that organised material is knowledge, and knowledge is organised material” (s.p). Al armar colecciones como una forma de narrativa, Familia ofrece la posibilidad construir genealogías que no necesariamente se sustenta en una secuencia lineal de vida de mujeres, sino que más bien se explicarían en un horizonte de lectura presente que requiere validar la experiencia y la participación de mujeres en distintos ámbitos. En su ensayo, Pratt menciona “Las obreras del pensamiento”, de Clorinda Matto de Turner, texto que ofrece una lista de nombres y referencias sobre mujeres que tomaron la pluma. Al referirse a esta tipología del ensayo de género, Pratt (2002) indica:

Las enumeraciones históricas también hacen hincapié en la realidad de las mujeres como sujetos de la historia, algo que la historiografía oficial suele escamotearles. Insertos en un marco de pensamiento positivista, estos ensayos con frecuencia definen a las mujeres como agentes del progreso y de la evolución humana y no como elementos retardatarios que necesitan ser guiados de manera paternalista (p.78).

En el magazine se articula una idea semejante, pero desde un formato multimedial, en la que textos, imágenes, reproducciones exponen la presencia de mujeres en distintos ámbitos y posiciones. El trabajo organizativo también se da en múltiples capas: el trabajo editorial de cada una de las responsables de las secciones, lo que eligen, las fuentes desde que las que se informan y los recursos visuales.

Es importante dar contexto a esta política de contenido y de secciones instalada por Marta Brunet, comprendiendo el lugar que han tenido las mujeres en las revistas magazine.  En su segunda etapa, Familia es la única revista comercial y de circulación masiva durante la década del treinta en ofrecer un contenido para mujeres que no solo se limita a las labores reproductivas. Familia nunca dejó de publicar contenidos sobre cocina, modas, belleza, administración del hogar, sobre amor y matrimonio y también pensó en las lectoras como consumidoras de artículos de belleza, de folletines y de artefactos para el hogar, sin embargo, ese contenido estereotipado de revista femenina fue acompañado por otras materias que en este artículo se ha querido destacar. En todas las secciones aquí presentadas, el contenido biográfico es un común denominador. Desde las ciencias sociales Martín Güelman (2024) menciona que

los relatos biográficos pueden expresar aspectos y problemáticas de diversa índole que van más allá de la propia biografía. La pretensión de trascender lo particular y dotar de espesor sociológico al análisis de los acontecimientos biográficos no se traduce, necesariamente, en la búsqueda por construir una tipología de trayectorias o de individuos que permita acumular relatos biográficos de quienes pertenecen a una misma categoría social […]. En este marco, las investigaciones biográficas pueden arrojar luz sobre los procesos vivenciados por individuos que permitan comprender otras biografías igualmente singulares (p. 111).

Sin desconocer que el contenido periodístico no tiene las pretensiones, los objetivos ni la metodología de la sociología, lo que señala Güelman sobre la trascendencia de lo biográfico es particularmente relevante para entender las implicancias que estas secciones pudieron significar para sus lectoras. Más que el dato biográfico, más que una tipología (como lo podrían ser “las santas de la semana” o “escritoras chilenas”) es lo que en su conjunto esas historias de vida constituyen como material simbólico. Son mujeres que protagonizan secciones de una forma activa, resignifican el lugar que las mujeres pueden ocupar en las revistas. Es decir, no son contenidos que directamente indican cómo se debe actuar o hacer en la cocina, o que entregan patrones y modelos de confección, son secciones totalmente enfocadas en ellas como actores en distintos escenarios y contextos.

Si, por un lado, la diagramación, la inclusión de imágenes, sean ilustraciones, reproducciones de grabados o fotografías enfatiza una retórica visual, desde el punto de vista textual es la escritura biográfica, en sus distintas modulaciones, la que domina el tipo de registro. Entonces, si, por un lado, Familia apuesta por el discurso visual, como lenguaje moderno, desde el punto de vista las secciones aquí comentadas, la escritura biográfica, entrega otra forma de acceder al conocimiento. De este modo, estas colecciones de mujeres en acción se despliegan para una audiencia lectora que puede tomarlas como ejemplos, como inspiración y también como predecesoras. Y de esta forma promueven el encuentro entre editoras, historias de vida y lectoras, porque las revistas “forjan comunidades que quizás de otro modo no existirían” (Darrigrandi & Guzmán, 2024, p. 15). Como se ha mencionado anteriormente, en un contexto de derechos pendientes, la entrega de una colección de mujeres con agencia y participación en el espacio público entrega bases para que cada una de las lectoras de la revista construya, según su lectura de Familia y sus secciones de preferencia, un imaginario en el que convergen historias de vidas de mujeres tanto chilenas como extranjeras y que de forma a genealogías de mujeres.

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Recibido: 10/02/2026

Evaluado: 02/04/2026

Versión Final: 19/04/2026

páginas / año 18 – n° 47/ ISSN 1851-992X /2026                         


[1] El siguiente artículo es el resultado de dos proyectos de investigación Fondecyt Regular, el N°1251405 que se encuentra en ejecución y el N° 1190499 que finalizó hace un par de años, de la Agencia Nacional de Investigación y Desarrollo del Gobierno de Chile.

[2] En “Informar y seleccionar: Marta Brunet como columnista y editora”, artículo publicado en el número 36 de la revista Anales de la Literatura Chilena publicada por la P. Universidad Católica de Chile, comencé a explorar el trabajo de Marta Brunet como editora de la revista Familia. En el artículo “La revista Familia bajo la dirección de Marta Brunet (1935-1939)”, que aparecerá en el número 54 de la revista Humanidades, publicada por la Universidad Andrés Bello (Chile), profundizo en la labor de Brunet como editora y en particular en los mecanismos utilizados para visibilizar y defender el derecho al trabajo por parte de las mujeres.  Véase Darrigrandi 2021 y 2026.  Dado lo anterior, en este artículo el foco está puesto en la implementación de nuevas secciones que si bien, por un lado, son un sello de Marta Brunet como editora; por otro, plantean formas materiales y no solo discursivas de crear genealogías de mujeres.

[3] Habría también que mencionar las ediciones y monografías de Delgado, Mailhe y Rogers, coords. (2014); Delgado y Rogers, coords. (2019; 2021); Dussaillant y Urzúa, eds. (2020); Malosetti y Gené, comps. (2009).