Ainaí Morales-Pino y Macarena Urzúa Opazo

Dossier Nº 47

Escrituras de mujeres: archivos, redes y genealogías (1850-1950)

Las nociones de las redes, las genealogías y los archivos son angulares para conceptualizar y repolitizar las escrituras de mujeres soslayadas por el canon y las historias literarias e intelectuales. Las redes permiten reconocer las estrategias de vinculación y las operaciones de asociación desplegadas por las mujeres con el objetivo de contrarrestar su reducción al aislamiento, la atomización o la excepcionalidad que las excluía de la historia, lo que va de la mano con las propuestas genealógicas orientadas a deconstruir las narrativas sobre el origen y, en consecuencia, descentrar los discursos dominantes de manera tal que pudieran iluminar o reconocer la participación de otros sujetos y constelaciones, como las mujeres. Las operaciones genealógicas de las autoras latinoamericanas del tránsito al siglo XX apuntaron así a reescribir el pasado como una forma de responder a las urgencias e incomodidades del presente (Cornejo Polar, 1989: 29) y garantizar condiciones de viabilidad para el futuro. Del mismo modo, la genealogía permite recobrar y visibilizar tradiciones y continuidades diluidas por el discurso patriarcal que condena sistemáticamente las escrituras de las mujeres a la singularidad, la a-historicidad y la ilegibilidad. Esto va de la mano con el desplazamiento y la relativización, mediante apuestas reticulares, de las jerarquías geopolíticas y las lógicas eurocéntricas y patrilineales.

Las estrategias de las redes y las genealogías posibilitan también la articulación de lo que Elena Grau-Lleveria denominó las comunidades ideológicas y políticas que brindaron anclaje y, sobre todo, espacios de viabilidad para autoras atravesadas por la no pertenencia, la incomodidad, el desarraigo y los exilios que enfrentaron en términos materiales – con sus trayectorias fuera de los lugares de origen—o simbólicos—con sus olvidos de los archivos y las historias literarias e intelectuales. Es esta misma situación de desarraigo, desplazamiento o no pertenencia la que obstaculiza la conservación de sus documentos en repositorios institucionales que garanticen su accesibilidad y su consideración para los discursos sobre la historia y la memoria. De allí la pertinencia de la reflexión sobre el archivo entendido como una instancia fundante de poder y de violencia (Derrida, 1997:10) que determina lo que debe ser conservado, visibilizado o descartado, para el estudio de las literaturas escritas por mujeres entre el siglo XIX y el XX. Los aportes del campo de reflexiones sobre el denominado “giro archivístico” destacan la necesidad de analizar estos entornos y sus criterios de organización y ahondar en su dimensión epistemológica, es decir, el conocimiento que producen con relación a los procesos arqueológicos, en el sentido foucaultiano, los cuales permiten entender no sólo en qué ha consistido la legitimidad, sino también los mecanismos de poder que la sostienen y que fundan sus lógicas organizacionales. Como lo sostienen Smith Elford y Meagher, este marco teórico-crítico es clave para interpelar los discursos sobre la identidad, el pasado y el presente (Smith Elford y Meagher, 2023: 361).

Las interpelaciones al archivo y su arqueología traen a la superficie estructuras sistemáticas de minorización o subordinaciones fundamentales para el pensamiento feminista. Abordar los mecanismos de exclusión de las autoras y sus textos de los archivos y trabajar en su historización permite proponer pasar de la anécdota a la proposición de conceptos que permitan nombrar y, en consecuencia, politizar (Amorós, 2005: 53) sus apuestas. Desde la escritura ejercida en una clara relación con la materialidad, las escritoras crearon colecciones, catálogos, genealogías e, incluso, archivos, donde, para decirlo con Gago, se recolectaron a sí mismas y sus trayectorias, al igual que las redes en las que se insertaron en términos prácticos o simbólicos. Este ejercicio crítico también ilumina la relevancia de dimensiones no siempre ponderadas por la historia intelectual, como las que reconocen la relevancia de los universos materiales, sensoriales y visuales reveladores de otra forma de comprensión y ordenamiento de la información. Es aquí donde las herramientas de las humanidades digitales devienen especialmente relevantes, ya que, como lo han referido Smith Elford y Meagher (2023),

For feminist literary scholars, digital technologies have played a vital role in efforts to expand access to women writers, enable research on marginalized figures, and further the longstanding effort to decenter a literary canon that has been stubbornly focused on white, western male literature. Digital archives and digital archival environments offer an alternative to conventional archival practices and impact how we think about literary world from the past. (363).

Este monográfico es el producto de los diálogos e intercambios de una red de investigadoras latinoamericanas y europeas centradas en el trabajo crítico sobre las escrituras de mujeres entre 1850 y 1950.  En el germen de este número que habla de autoras, redes, archivos y que las conecta, aun cuando no hayan estado relacionadas, está el trabajo de una comunidad consolidada a partir de intereses y búsquedas comunes que reconocen el imperativo de la pluralidad, el espacio para la divergencia y, sobre todo, el espíritu de colaboración.  Nuestra apuesta es análoga, en términos éticos y metodológicos, a la de las autoras aquí reunidas, quienes apelaron a las genealogías como una forma de reinterpretar el pasado para reconectarlo con sus presentes y posibilitar su futuro. Se trata, como lo explicaba Karina Vázquez en su reflexión sobre las reediciones críticas de los textos escritos por mujeres desde la práctica pedagógica, de autoras rescatadas “que nos rescatan” y nos ayudan a insertarnos dentro de una red amplia y desestabilizadora de fronteras ideológicas, lingüísticas y geográficas.

El espíritu de comunidad, continuidad e historicidad se extiende al diálogo que entablamos con el archivo teórico-crítico angular para los estudios literarios feministas en América Latina, cuyas categorías retomamos y complejizamos de cara a las preguntas y reflexiones que concitan nuestros objetos de investigación y las nuevas perspectivas críticas y metodológicas. Esto es relevante desde una perspectiva feminista, en especial si tenemos en cuenta cómo un cuestionamiento frecuente a los estudios literarios feministas en América Latina es el que descalifica a las investigadoras por repetir ciertas categorías o usar marcos conceptuales cuestionados por “trillados” o anticuados, sin reconocer el claro sesgo de género que hace que ciertos textos, sobre todo los escritos por mujeres, sean más proclives a una “caducidad” que no aplica para los de los autores canonizados. Como lo refiere Ahmed en sus reflexiones sobre la citación como una práctica feminista,

[C]itational structures can form what we call disciplines. I was once asked to contribute to a sociology course, for example, and found that all the core readings were by male writers. I pointed this out and the course convener implied “that” was simply a reflection of the history of the discipline. Well: this is a very selective history! The reproduction of a discipline can be the reproduction of these techniques of selection, ways of making certain bodies and thematics core to the discipline, and others not even part.

I have noticed as well that these citational practices can occur even when the topic is one that feminists have written extensively about […].Feminists have been writing about the body (and critiquing mind-body dualisms) for well over a century. But how often have I heard utterances in such-and-such male theorists is identified as the origin of the turn to the body! (1)

Así, comprendemos que una crítica literaria feminista situada, es decir, anclada en las particularidades del contexto latinoamericano, debe reconocer la historicidad de las apuestas interpretativas que han fungido como condición de posibilidad de nuestras aproximaciones y que, al mismo tiempo, ponen de relieve la relevancia de los corpus que trabajamos—en tanto han concitado un interés sostenido y siguen abriendo nuevas interrogantes.  Lejos de los tonos coloniales que celebran el “descubrimiento” de autoras o textos—mientras, como lo ha referido Lojo para el caso argentino, desconocen a quienes rescataron o investigaron antes a estas autoras—y lejos de los sofisticados giros teóricos que prometen innovar aunque terminen replicando, en la práctica, categorías ya establecidas; nuestro trabajo busca dar continuidad no teleológica ni necesariamente lineal, a una sólida labor investigativa, mientras lo expone a nuevas preguntas o pondera la consideración de otras aristas, sobre todo gracias a la implementación de otras herramientas y marcos interpretativos.

El monográfico está integrado por cuatro artículos. El primero, a cargo de Carolina Alzate y Manuela Joven, “Cartografiar la República femenina de las letras: redes, archivo y genealogía de 1895 al entorno digital”, se propone un estudio comparativo a partir de tres intervenciones pedagógicas de Mercedes Marín del Solar, Gertrudis Gómez de Avellaneda y Emilia Pardo Bazán, para ahondar en la forma en que durante el siglo XIX, en sus palabras “se configura un horizonte compartido de autonomía intelectual femenina con variaciones estratégicas según contextos y foros de intervención”. El estudio de sus textos y las relaciones entre las autoras se complejiza con el abordaje a la luz de las categorías --nodo, red, mapa--, provistas gracias a la interfaz digital, la cual permite creativas formas de visualización y reflexión. Estos modos de operación no solo actualizan estos documentos, mientras permiten exhibir las redes y afinidades de estas genealogías (tal como ocurriera en el siglo XIX) que se activan, a través de estas herramientas digitales. Un gran ejemplo de ello es la exposición virtual Una cartografía de la República femenina de las letras.

Las autoras ponen de relieve la dimensión epistemológica y política del catálogo y la enumeración en el caso de Acosta de Samper, en tanto se trata de un catálogo que reta la lógica patrilineal, eurocéntrica y unidimensional y, al contrario, se abre a una pluralidad y simultaneidad que no puede ser totalmente aprehendida o plasmada en el formato libro, el cual, en su misma materialidad, implica una lógica secuencial que, en cierta medida, se distancia de la lógica de la propuesta de Acosta. Así, las alternativas de visualización que brindan las herramientas de las humanidades digitales resultan particularmente relevantes por la posibilidad de plasmar la dimensión reticular y descentrada del texto y las redes que construye, con sus múltiples nodos, derivas y, sobre todo, con su radical apuesta por la continuidad y la apertura. La interfaz digital permite la legibilidad del criterio de un texto que plasma múltiples recorridos y redes complejas que no contaban con un centro único ni una forma paradigmática de vincularse con el circuito letrado. Como lo refieren las autoras, en estas redes “cada escritora ocupaba una posición singular dentro del conjunto, estableciendo afinidades, interlocuciones y genealogías propias”, de manera tal que “el hipertexto digital amplifica esa lógica al hacer visibles simultáneamente rutas diversas y conexiones que permanecen dispersas en la lectura lineal del catálogo impreso” (Alzate y Joven). Del mismo modo, la exposición virtual del texto de Acosta de Samper evidencia cómo las autoras, tradicionalmente descartadas o minorizadas por el alegado carácter pasatista de su producción, resultaban, más bien, visionarias en sus formas de concebir el conocimiento, las lógicas relacionales concomitantes y, en particular, los discursos totalizadores típicamente patriarcales.

Las herramientas digitales permiten reconocer también la apertura del texto a la continuidad y esto es lo que logra el archivo que consolida la exposición digital que tiene en el ensayo de Acosta un punto de partida. La exposición conecta el texto con su creciente bibliografía crítica, lo que, como lo refieren las autoras, evidencia cómo la red “no pertenece únicamente al pasado, sigue en movimiento, transformándose y expandiéndose”, de forma tal que “quienes editamos, digitalizamos, estudiamos y enseñamos estas obras no somos observadoras externas de una historia cerrada, sino continuadoras de un proyecto colectivo que atraviesa generaciones” y que, en consecuencia, desde distintas herramientas y enfoques, continúa el mismo proyecto de “interrumpir el monólogo masculino, construir comunidad, invitar a nuevas generaciones a reconocerse en una tradición y a inscribirse [incluso en clave de divergencia] en ellas”.

Por su parte, el artículo de Morales-Pino, “Mujeres de ayer y de hoy (1909), de Zoila Aurora Cáceres: redes, genealogías y trazas para la articulación de un archivo feminista divergente del Perú de entre siglos”, analiza cómo este ensayo genealógico que complejiza las categorías conceptuales propuestas por Pratt con respecto a lo que denominó el “ensayo de género”, construye un archivo divergente sobre los feminismos en el tránsito al siglo XX, toda vez que expone tanto su historicidad compleja y multidimensional, como la pluralidad de sus agendas y paradigmas ideológicos. Al plantear que Cáceres es una intérprete crítica atravesada por una doble otredad, como mujer y como latinoamericana en arenas europeas, el artículo analiza cómo la autora, mantiene una perspectiva reticente con respecto a los procesos de modernización metropolitanos a los que concibe, sobre todo en términos de los alcances de las mujeres, como incompatibles con el ethos de la sociedad peruana de la época. De allí sus constantes negociaciones con respecto al tipo de feminismo que defenderá en su dimensión como activista y asociacionista, pero, también, su interpelación a las jerarquías geopolíticas y geoculturales y su dislocación de los significantes asociados con las nociones de la tradición, la influencia y el legado.

Este archivo “recolecta” (Gago) y cataloga una historia social de las mujeres y ahonda en sus derivas en el presente. Además de ser un espacio de reflexión teórica sobre el feminismo, el arte y la literatura, es un espacio de discusión sobre los movimientos feministas en Alemania y sus líderes, el quehacer de las escritoras, las intelectuales, las artistas y las activistas políticas en el escenario transatlántico. La dimensión de Cáceres como intérprete y como sujeto ubicado entre dos mundos y horizontes ideológicos, explica la fluidez y la inestabilidad epistémica del texto que oscila entre la reivindicación de las mujeres, el cuestionamiento de las agendas feministas y, también, la interpelación de las estrategias mediante las cuales muchas de estas intelectuales, escritoras y activistas europeas se abrieron un espacio en la esfera pública. En clara conciencia de sus circuitos de recepción y su lugar de enunciación según el género discursivo, Cáceres regula su discurso y reproduce, con frecuencia, pero, sobre todo, con estrategia, una mirada patriarcal sobre las mujeres que la lleva a cuestionar su apariencia física o sus luchas como el sufragio. Estos aspectos se complejizan al considerar el ensayo en diálogo con posicionamientos posteriores de la autora, donde defenderá el voto femenino o, también, con la producción ficcional que plasma un abanico de feminidades impensables tanto desde el ideario patriarcal, como desde el feminismo relacional que pareciera imperar en el texto ensayístico. El ensayo de Cáceres leído en red, en diálogo con su producción literaria, evidencia las capas no convergentes del disgregado archivo feminista de entre siglos. La simultaneidad de estos horizontes feministas inestables expone lo que Rita Felski denominó una temporalidad feminista que quiebra las periodizaciones tradicionales y las categorías reductivas concomitantes, mientras pone de relieve las zonas grises del archivo cuyo reconocimiento es angular para reconocer e interpelar sus lógicas organizacionales.

En “Secciones, colección y genealogías: estrategias editoriales de Marta Brunet en la revista Familia (1937-1938)”, Claudia Darrigrandi analiza la noción del archivo desde la materialidad y los procesos editoriales y ahonda en lo que las colecciones, dentro del formato de la revista, implican para las mujeres. El artículo lee el magazine Familia, dirigido por Brunet (1935-1939) y se enfoca en las secciones creadas por la autora para visibilizar y construir una genealogía de las contribuciones de las mujeres al desarrollo de la sociedad.

Darrigrandi lee la colección como instancia de creación que puede ser entendida como una variante del “ensayo de género” en donde la escritura y la diagramación exponen tanto las trayectorias vitales de las autoras como sus condiciones enunciativas. El trabajo se informa de los planteamientos de Walter Benjamin sobre la colección y su relación con lo marginal para ahondar en la potencia que detenta para las mujeres, relegadas todavía a los márgenes de la cultura y ahonda en la dimensión artística de la colección que opera mediante la acumulación orientada a labrar condiciones de viabilidad y mundos posibles para las mujeres.  El trabajo de Darrigrandi ilumina el rol clave de las mujeres en las revistas magazinescas y la forma en que instrumentalizaron ese espacio para darse visibilidad y confrontar las estructuras que perpetuaban la desigualdad sociosexual.

Por su parte María Yaksic y Lucía Stecher en su trabajo: “La norma y el subterfugio: archivo, feminismo y canon en Camila Henríquez Ureña”, analizan la intervención al archivo de mujeres intelectuales latinoamericanas, la crítica feminista y la discusión con el canon establecido, a partir de la investigación en torno al trabajo intelectual de la ensayista dominicana Camila Henríquez Ureña.

Las autoras entienden este trabajo intelectual “como un proyecto de mediación y archivo, donde la preservación de la memoria familiar y personal se entrelaza con una voluntad explícita de intervenir en la cultura de su época” (2). Desde esta perspectiva, las autoras observan cómo este archivo dialoga con la tradición del canon latinoamericano, tomando las ideas en torno al canon de ensayistas latinoamericanas trabajadas por Mary Louise Pratt; pero, también, ahondan en las estrategias de negociación de Henríquez Ureña con dicho canon, lo que ilumina otra dimensión del inestable archivo feminista del periodo debido a la estratégica fluidez ideológica que evidencia.

Según Stecher y Yaksic, las formas de lectura propuestas Henríquez Ureña para abordar la producción de las mujeres pueden pensarse desde conceptos como el de la “recolectora”, planteados por Verónica Gago y que iluminan también la relevancia de la horizontalidad en contraste con la tendencia a hablar de las mujeres como excepcionalidades. Además, ensaya una reescritura de la historia y de la presencia de la mujer escritora e intelectual desde la colonia hasta sus contemporáneas, mediante una lectura a contrapelo del archivo que le permite ir leyendo esas capas de manera tal que logra relacionar cada contexto de producción y repolitizar otras formas consideradas “menores” hasta ese entonces, como la carta. En este sentido Henríquez Ureña “intervino activamente en el campo de las luchas feministas”, al tiempo que estableció un canon de las precursoras literarias de las escritoras e intelectuales latinoamericanas lo que se consolidó especialmente mediante su trabajo como directora de la Biblioteca Americana del Fondo de Cultura Económica.

Este dossier es una invitación a volver sobre la idea de archivo y repositorio, las redes, las genealogías, las escrituras de mujeres y los feminismos en el tránsito al siglo XX desde perspectivas que, lejos de desconocer el archivo crítico existente, planteen giros, ampliaciones y derivas de marcos conceptuales que han sido angulares para nombrar esta producción y las trayectorias divergentes de las autoras y que, a su vez, nos ayuden a seguir pensándolas, creativamente, más allá de la excepcionalidad o lo anecdótico. El universo reticular que iluminan estos trabajos desde la ponderación de las propuestas de las autoras, ponderadas en sus dimensiones escriturarias, biográficas y materiales, muestra lo que Javier Guerrero denominó “la sobrevida del archivo”; es decir, el “porvenir inesperado” que, pese a la caducidad del cuerpo, o la misma violencia del archivo-repositorio-institución, siempre funda y potencia la escritura (Guerrero 340). Al mismo tiempo, brinda herramientas claves para abordar crítica y conceptualmente la inestabilidad epistémica que ha determinado el olvido y la minorización de muchas de estas autoras condenadas a la ilegibilidad o a las visiones que, de forma reductiva, las han circunscrito a exponentes de una otredad despolitizada. Los artículos aquí reunidos muestran espacios de acción e de intervención y, sobre todo, ejercicios de poder desplegados por mujeres que labraron proyectos de modernidad no necesariamente complacientes; mujeres que usaron la escritura para crearse espacios de posibilidad mediante los cuales pudieran compensar el desarraigo, la atomización y la ausencia de futuro. Volver sobre estos textos y derivas desde enfoques analíticos y metodológicos tan refrescantes como los que proponen las autoras aquí reunidas es una forma de mostrar esa “continuidad reproductiva” (Guerrero) que es el archivo, el cual permite recorridos divergentes y en clave de expansión, en contraste con la aridez a la que la historia literaria e intelectual ha condenado a estas escritoras, incluso desde la monumentalización de sus figuras públicas o (hagiográficas) biografías.

Ainaí Morales-Pino

Pontificia Universidad Católica del Perú (Perú)

lmoralesp@pucp.edu.pe

https://orcid.org/0000-0001-9339-5731

Macarena Urzúa Opazo

Universidad Santiago de Chile (Chile)

macarena.urzua.o@usach.cl

https://orcid.org/0000-0002-9170-1384

Bibliografía

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páginas / año 18 – n° 47/ ISSN 1851-992X /2026