Tradición y cambio en la militancia juvenil: La incorporación del feminismo en las Juventudes Comunistas de Chile (2011-2021)

Tradición y cambio en la militancia juvenil: La incorporación del feminismo en las Juventudes Comunistas de Chile (2011-2021)[1]

Tradition and Change in Youth Militancy: The Incorporation of Feminism in the Chilean Communist Youth (2011-2021)

Rolando Álvarez Vallejos

                                Universidad de Santiago de Chile (Chile)

                                rolando.alvarez@usach.cl

                                                                      https://orcid.org/0000-0003-3481-8153                                                        

                                Cristina Moyano Barahona

                                                Universidad de Santiago de Chile (Chile)                                                                              cristina.moyano@usach.cl

http://orcid.org/0000-0002-4517-2688

                

Resumen

La historia reciente de Chile ha visto el desarrollo de movimientos sociales donde la participación juvenil ha sido fundamental, fermento para el desarrollo de procesos de politización que dieron vida a experiencias militantes en torno a nuevos movimientos, colectivos y partidos. El presente artículo examina cómo las organizaciones juveniles de izquierda hicieron frente al desafío de esta nueva oleada politizadora durante la segunda década del siglo XXI, deteniéndose en el caso de las Juventudes Comunistas de Chile, que logró durante la década de 2010 mantener una importante influencia en el movimiento juvenil. De acuerdo a la hipótesis de este trabajo, ello se relaciona con que el peso que todavía tenían las tradiciones históricas de la cultura de la izquierda histórica, así como a la capacidad de esta para incorporar los cambios culturales y políticos, expresado en esta época por la irrupción del movimiento feminista. Esta corriente, tradicionalmente vista con distancia por el comunismo chileno, fue incorporada a los principios de la Juventud Comunista, gatillando un profundo proceso de cambios políticos y culturales en su interior.

Palabras clave

Juventud; Izquierdas; Comunismo; Feminismo; Tradiciones.

Abstract

Recent Chilean history has witnessed the emergence of social movements where youth participation has been fundamental, and a catalyst for the development of politicization processes that gave rise to militant experiences around new movements, collectives, and parties. This article examines how left-wing youth organizations responded to the challenge of this new wave of politicization during the second decade of the 21st century, focusing on the case of the Communist Youth of Chile, which managed to maintain a significant influence in the youth movement during the 2010s. According to the hypothesis of this work, this is related to the influence that the historical traditions of the culture of the historical left still had, as well as to its capacity to incorporate cultural and political changes, expressed during this period by the emergence of the feminist movement. This movement, traditionally viewed with distance by Chilean communism, was incorporated into the principles of the Communist Youth, triggering a profound process of political and cultural changes within.

Keywords

Youth; Left; Communism; Feminism; Traditions.

Uno de los fenómenos más relevantes de la política chilena reciente fue la irrupción de una nueva generación de militantes de izquierda, originada en las protestas estudiantiles de 2006 y 2011, que culminó con la elección de Gabriel Boric en 2022. Esta “nueva izquierda” desplazó simbólicamente a la “vieja izquierda”, representada por el PS y el PC. Sin embargo, organizaciones juveniles tradicionales, como las Juventudes Comunistas (JJ.CC.), no desaparecieron. Por el contrario, este artículo analiza cómo las JJ.CC., protagonistas del movimiento estudiantil desde la transición, lograron sostenerse frente al ascenso del Frente Amplio, combinando tradición e innovación.

La literatura especializada señala la estrecha relación entre movimientos estudiantiles y dinámica institucional chilena, influyendo en los procesos de politización, ya sea mediante la partidización, la conflictividad o el distanciamiento culturalista (Muñoz; Durán, 2019). En particular, el movimiento de 2011 fue clave en las reformas a la educación superior y en la erosión de la legitimidad del sistema político (Mella; Valenzuela, 2021), dando lugar a liderazgos autónomos (Quitral, 2022) y a una nueva generación universitaria (Bellei, Cabalin y Orellana, 2013).

Estas movilizaciones han sido interpretadas como expresión de nuevos movimientos sociales críticos del modelo dominante (Penaglia, 2016), del recambio sociopolítico juvenil (Ponce, 2024) y del surgimiento de nuevas formas de participación y cuestionamiento al sistema democrático (Avendaño, 2014). La nueva izquierda, nacida del movimiento estudiantil, se propuso como alternativa a la derecha y a la ex-Concertación (Titelman, 2023), con un carácter generacional, oscilaciones entre unidad y fragmentación, y una crítica persistente a la izquierda tradicional (Moyano; Duharte, 2025). Aunque el año 2011 y el feminismo marcaron la militancia juvenil, aún persistió un modelo de militante tradicional, en contraste con la mayor adaptabilidad de la izquierda emergente frente a los cambios culturales en la política chilena (Iñigo, 2023).

Distintos estudios han destacado que las movilizaciones feministas de 2018 marcaron un hito en la transformación política y cultural chilena (Zerán, 2018), posicionándose como eje de los movimientos sociales y partidos (Rojas, 2022). Este feminismo se caracterizó por su diversidad (Lamadrid; Benitt, 2019) y su crítica a la despolitización de las políticas de género postdictatoriales (Forstenzer, 2022). Estudios han rastreado sus raíces en generaciones previas (Moyano; Pacheco, 2025), su desarrollo en la educación secundaria (Lillo, 2019), y su articulación universitaria con organizaciones de izquierda (Follegati, 2018; Aranguez; Sanhueza, 2021). El “mayo feminista” de 2018 puso en el centro las denuncias contra el acoso sexual en universidades (de Fina; Figueroa, 2019; Hiner; López, 2021; López; Hiner, 2022), desafiando a los partidos tradicionales por reproducir lógicas patriarcales, aunque también se dieron alianzas tácticas (Aguilera, Navarrete, Bravo, 2021; Guzmán, 2021).

En contraste, la participación de las Juventudes Comunistas en estos años ha sido poco estudiada, salvo por investigaciones sobre la década del 2000 (Aranguez, 2020) y su dirigenta más destacada (Álvarez; Labarca, 2023). Los estudios sobre el PC y género tienden a subrayar prácticas patriarcales y conflictos con el feminismo (Lecourt, 2005; Fernández-Niño, 2009; Rojas Mira, 2012; Jorquera, 2021; Robles, 2021, 2025).

Este artículo analiza cómo la Jota logró mantenerse vigente durante la década de 2010, articulando su tradición histórica con la incorporación de fenómenos emergentes como el feminismo. La hipótesis sostiene que su subsistencia se explica por la conjunción entre legado político-organizacional e innovación ideológica. El texto se divide en dos partes: una sobre la politización de militantes comunistas entre 2000 y 2010; y otra sobre el debate interno que generó la adopción del feminismo como fundamento programático. Se utilizarán entrevistas, prensa y documentos internos como fuentes primarias.

Haciéndose comunista en el siglo XXI

Para comprender la trayectoria de las Juventudes Comunistas (JJ.CC.) en la década de 2010, es necesario considerar su historia. Durante la dictadura, la militancia juvenil del Partido Comunista (PC) fue clave en la resistencia, participando incluso en acciones armadas (Álvarez, 2024). Esta herencia de radicalidad influyó en la generación que enfrentó la transición pactada. En la postdictadura, la Jota elaboró un relato centrado en la crítica a la Concertación, acusándola de mantener y profundizar el modelo neoliberal. Esta posición permitió disputar exitosamente la conducción del movimiento estudiantil a la centroizquierda (Thielemann, 2016). Sin embargo, desde 2006 el PC comenzó a acercarse a la Concertación, llamando a votar por Bachelet y Frei, y sellando pactos que facilitaron su retorno al Congreso. La victoria de la derecha en 2010 impulsó la creación de la “Nueva Mayoría”, que integró al PC junto a la ex-Concertación (Álvarez, 2022). La nueva generación de jóvenes comunistas se formó en esta coyuntura, revalorizando el aliancismo e intentando canalizar demandas sociales, lo que generó tensiones con otras izquierdas juveniles. En 2011, la Jota difundió un folleto político que buscó responder a esta crítica sobre el aparente “reformismo electoralista”. Este documento tuvo importante circulación entre las bases, según testimonios recogidos para esta investigación, y contribuyó a la cosmovisión de los jóvenes comunistas de la década de 2010, mediante una autopercepción organizacional frente a las críticas de sus adversarios.

El cuaderno de formación política de la Juventud Comunista (JJ.CC.) definía al comunista como humanista, marxista, leninista y revolucionario, sintetizado en la consigna: “no estamos para mejorar este sistema, sino para cambiarlo”. El documento respondía a los “mitos” que circulaban desde otras izquierdas —“decisiones cupulares”, “nos vendemos por cupos”, “somos amarillos”—, reflejo del clima político posterior a la “revolución pingüina” (2006), que instaló un fuerte rechazo a los partidos y a la verticalidad organizativa (Aguilera, 2016). La defensa que hacía la Jota de la inserción institucional, pese a las alianzas del PC con la Concertación, reforzaba las acusaciones de cooptación y traición al movimiento social.

En la CONFECH, la JJ.CC. ocupaba una posición de “centro” frente a agrupaciones más radicales como el Frente de Estudiantes Libertarios, Izquierda Autónoma y la UNE, y otras aún más a la izquierda, como Guachuneit o la Juventud Guevarista (Mella; Valenzuela, 2021, pp. 40-41). A pesar de sus diferencias, estas organizaciones coincidían en su crítica a los “jotosos”. El documento de formación caracterizaba a estos grupos como “gremialistas de izquierda” y “ultraizquierdistas”, acusándolos de carecer de un proyecto político viable de transformación profunda. Así, la Jota buscaba reafirmar su identidad frente a los cuestionamientos emergentes.

En un contexto de alta competencia política, la JJ.CC. logró renovar su militancia gracias al peso de sus tradiciones y redes familiares, históricamente claves en su reconstrucción (Robles, 2025). El caso de Valentina Miranda, ingresada en 2013 con apenas 13 años, ilustra esta continuidad generacional en la militancia comunista. Partícipe de una cultura comunista asentada, reconoce que existía cierta expectativa familiar para que se integrara a la Jota. Además, por su temprana vinculación con la mística militante, comprendió desde pequeña los rituales de la militancia: “Me enamoré de la Jota más allá de la tradición familiar. Tiene que ver con la mística, como lo de la camisa amaranto…la primera que tuve la heredé de una compañera del liceo.” (Entrevista con Valentina Miranda, junio de 2025)

De forma similar, Sebastián Fuentes, nacido en 1997, se integró a la Jota en 2011, influido por su familia comunista y su entorno barrial en Puente Alto. A pesar de las críticas a los comunistas durante las movilizaciones estudiantiles, valoró su pragmatismo político, vinculado —según su lectura— a la tradición leninista del Partido Comunista:

“...vi que los procesos tienen sus altos y sus bajos, formas más y menos radicales. Y en ese sentido, el único partido que me hacía sentido ingresar, entendiendo el pragmatismo que tiene y las distintas fases que tuvo dentro de su historia, fue la Jota….ha tenido que tomar las armas hasta pactar con la Democracia Cristiana. Ese pragmatismo político fue lo que me llamó…” (Entrevista con Sebastián Fuentes, junio de 2025).

Así, si para sectores de la nueva izquierda, la moderación era un lastre; para otros, como José Valenzuela, era un valor. La densidad histórica del comunismo chileno —vinculada al movimiento obrero— generaba admiración entre muchos jóvenes politizados. Valenzuela, tras su paso por la “Revolución Pingüina” en el Instituto Nacional, donde tuvo una militancia independiente, ingresó a la Jota finalizando la carrera de Sociología en la Universidad de Concepción, decisión que justificó porque:

 “…la trayectoria histórica del partido y de la Jota como organización trazan una línea más estable de las ideas que se plantean. Esto no es algo tan fácil y común en colectividades que surgen por pocos años y luego desparecen; o se transforman o se funden con otras, perdiendo y desdibujando rápidamente sus elementos identitarios…[Ser de la Jota] implica entender que hay una trayectoria de las luchas y que somos una parte heredera de una trayectoria larga…” (Entrevista con José Valenzuela, abril de 2025).

La trayectoria histórica del PC otorgaba legitimidad diferenciadora a la Jota frente a otras izquierdas. Irací Hassler, sin vínculos familiares ni activismo previo, ingresó en 2011 tras su formación en economía marxista mientras cursaba tercer año en la Facultad de Economía de la Universidad de Chile. Su politización se consolidó en las movilizaciones universitarias, reflejando el poder formativo de la cultura política comunista:

“Ahí pasé de que me importaba solo lo que ocurría en mi Facultad, a pensar “la educación está mal”, y después “esto también pasa en la salud y en el mundo del trabajo”. Fue una apertura muy grande. Empecé a interesarme en cambiar las cosas más ampliamente. Y entre la Jota y la Nueva Izquierda -que era solo un movimiento universitario- me llamaba la atención que el PC estuviera en la CUT. Me parecía más real, en el sentido de ‘con esto podemos cambiar las cosas’ y yo ser parte de eso...” (Entrevista con Irací Hassler, abril de 2025).

Es decir, ingresar a la Juventud Comunista era visualizado como la incorporación a un colectivo más amplio de acción política-social. Para quienes optaban por la Jota, conectar la lucha estudiantil con la nacional, era una diferencia fundamental respecto a los grupos de la “nueva izquierda”:

“…había un interés en la organización social y de los trabajadores que era mucho más presente en la Jota. Me acuerdo de los paros de la CUT, que para nosotros tenían mucha relevancia. Nos preparábamos mucho para participar en ellos y lograr que se hicieran paros en la facultades para los días de los paros nacionales. Era armar lienzos, hablar con los funcionarios, hacer política con ellos, los trabajadores y trabajadoras…” (Entrevista con Irací Hassler, abril de 2025).

Otros testimonios confirman el potencial de este atributo, en distintos espacios sociales. Franco Vargas nacido en 1996 en una familia sin tradición política, se politizó en el liceo Salesianos durante las movilizaciones de 2011, lo que lo llevó a militar en las JJ.CC. al año siguiente. Uno de los aspectos que más destacó fue

“que era una organización nacional. No estaban preocupados solo de mi colegio. Ahí empecé a conocer gente de otros liceos, gente del territorio. Esto fue para mí como ‘acá hay pega [trabajo], hay organización. Era algo potente, no solo los compañeros motivados de mi colegio…” (Entrevista con Franco Vargas, mayo de 2025).

El Partido Comunista se presentaba como un espacio con capacidad de organizar la lucha social, atrayendo a jóvenes interesados en militar. Javiera Petersen nació en 1990 y en 2009 inició estudios de economía en la Universidad de Chile. De familia de izquierda, fue dirigente estudiantil en la enseñanza media como independiente, pero fue en la universidad donde decidió unirse a la JJCC. “Para mí, la acción política se desarrolla en la organización colectiva, no la puedo entender desde una acción individual.” (Entrevista con Javiera Petersen, octubre de 2024). Su decisión también se vinculó a la participación en actividades junto a militantes de la Jota: “Para mí, el partido era un partido que funcionaba; había espacios y un orden en la manera de hacerlo... Y veía a los otros grupos, que eran básicamente una asamblea... me parecía poco táctico…” (Entrevista con Javiera Petersen, octubre de 2024).

El atributo organizacional de la Jota –compromiso, disciplina y orden— se vinculaba a la percepción de tener un discurso político coherente. En la decisión de Franco Vargas su experiencia en el colegio fue fundamental, porque lo llevó a considerar que la Juventud Comunista:

“eran los más movidos, porque apañaban [preocupaban] en todo…para organizar los consejos ampliados, que eran las asambleas donde podían participar todos, ellos movían el espacio, conseguían el micrófono, dirigían y hacían el acta…Sin la Jota, no había movimiento…” (Entrevista con Franco Vargas, mayo de 2025) .

Más tarde, en los espacios universitarios, donde se convivía con militantes de grupos de “nueva izquierda” e izquierda radical, Vargas recuerda que “a nosotros nos decían ‘mira, yo valoro a la Jota, son súper disciplinados, lo vemos en la universidad’. Era un sello nuestro”. Esto se ligaba a la consideración de la supuesta fortaleza de sus planteamientos. La autopercepción militante era que “la Jota tenía contenido. (…) Le dábamos mucho a la formación, para salir a defender nuestras ideas con contenido, no con discursos para la galería…” (Entrevista con Franco Vargas, mayo de 2025).

En una línea similar, pero en otro espacio, Rebeca Gaete, nacida en 1988 y estudiante de ingeniería en la Universidad de Chile, proviene de una familia no comunista y en su etapa escolar se identificó con el Partido Socialista. Sin embargo, al participar en la asamblea de izquierda de su facultad, comenzó a desprenderse de sus prejuicios e ingresó formalmente a la Jota en 2008:

“…los comunistas eran mucho más trabajadores en comparación a los otros grupos, que podríamos decir que hoy son la identidad Frente Amplio. Veía más contundencia en los discursos…Me di cuenta que el discurso de la Jota no era como yo lo había escuchado, (…) en el sentido que los comunistas eran ‘cabeza de pistola’ y que los socialistas eran más moderados. …¡Eran amarillos!. La Jota no tenía un discurso de tomar las armas…ahí yo me empecé a acercarme…” (Entrevista con Rebeca Gaete, septiembre de 2024).

Otros testimonios muestran que no representar a la izquierda radical resultaba atrayente. Bárbara Navarrete, nacida en 1996 y proveniente de una familia no comunista, ingresó a las JJ.CC. en 2011, cuando cursaba primer año de enseñanza media en liceo Carmela Carvajal de Prat. Aquel año, su liceo tuvo una destacada participación en las movilizaciones, contexto en el que se politizó y optó por militar en la Jota. Lo primero que la convocó fue el hecho que consideraba a sus compañeras comunistas como “las que resolvían” en la toma de su liceo: “Eran reconocibles y públicas...Eran las que ordenaban, las que ‘paraban la olla’ [organizaban], las que acompañaban a las voceras...”. Pero, además, políticamente no la convocaba las orgánicas más radicales presentes en su liceo, porque “…yo siempre fui como bien institucional. Como esta dualidad extraña de la Jota, que te invita a ser rebelde, pero también ordenado y cuadrado…para mí era la combinación perfecta…” (Entrevista con Bárbara Navarrete, junio de 2025).

Por último, otras experiencias de ingresos más tardíos a la Jota, muestran como la colectividad lograba romper los “mitos” que la rodeaban. Catalina Lamatta, nacida en 1986, ingresó a la Juventud Comunista en 2013, casi al límite de edad para hacerlo. Hija de padres no militantes, se politizó como estudiante de ingeniería en la Universidad Federico Santa María, donde fue presidenta de la Federación de Estudiantes el año 2012 como independiente. En ese rol, participó en debates del CONFECH y colaboró estrechamente con organizaciones de la “nueva izquierda”. Ahí conoció los liderazgos estudiantiles de la Jota y comenzó a dejar atrás las desconfianzas:

“…estas provenían más del desconocimiento que desde la discusión real…era como si uno se juntaba con los comunistas, ibas a vender las demandas de la asamblea que representabas...Eran tiempos muy tensos, había gente que iba a las reuniones a ver si tú estabas diciendo lo que realmente la asamblea había establecido (..).era como que los comunistas te iban a manipular” (Entrevista con Catalina Lamatta, julio de 2024).

Finalizado su período como presidenta, ingresó a las JJ.CC. Lo decisivo fueron los contenidos del debate y la admiración por las dirigentes públicas de la Jota.

Recuerdo admirar mucho las intervenciones de Camila [Vallejo][2]… su capacidad de liderazgo se reflejaba en una metodología de ser capaz de iniciar una discusión, terminarla y lograr hacer una síntesis que tenía sentido para todos…Ella era tan clara, era una claridad que te la da una metodología y la educación del partido…” (Entrevista con Catalina Lamatta, julio de 2024).

Así, a inicios de 2010, las JJ.CC. enfrentaban un escenario paradojal: eran cuestionadas por representar la “vieja izquierda” —verticalismo, electoralismo y ortodoxia marxista—, mientras ampliaban su influencia en el movimiento estudiantil y territorial. Su vitalidad radicó en combinar la herencia militante, disciplina orgánica, pragmatismo y apertura a nuevas culturas políticas. Lejos de anquilosarse, supieron adaptarse a nuevos desafíos y problemas, desmintiendo su imagen ortodoxa y consolidando una de sus etapas más vigorosas en plena crisis de los partidos tradicionales. El feminismo, su léxico y sus demandas, fueron parte de esos desafíos.

Comunistas y feminismo: el largo camino hacia la convergencia

Durante la década del 2010, la Juventud Comunista experimentó uno de sus cambios más profundos: la incorporación del feminismo como parte de sus principios ideológicos, decisión cargada de consecuencias políticas y prácticas, muchas de ellas imprevistas por la propia organización.[3] En rigor, como suele ocurrir con los procesos de transformaciones profundas, se gatilló una crisis interna en la Jota. Su trayectoria debe leerse en el contexto de las movilizaciones estudiantiles de 2011, en las que tuvo un rol protagónico, especialmente en la consigna “No al lucro” (Vallejo, 2012). Estas protestas, las más masivas desde 1990, impulsaron una agenda crítica al modelo neoliberal (Figueroa, 2012). Aunque luego perdió protagonismo frente a la “nueva izquierda”, la Jota se replegó en lo institucional: obtuvo concejalías (2012 y 2016) y representación parlamentaria con Camila Vallejo y Karol Cariola (2013). La participación del PC en el segundo gobierno de Bachelet permitió el acceso juvenil a funciones estatales, fenómeno inédito desde la Unidad Popular. En este proceso de ampliación desde lo social a lo institucional, el XIV Congreso de 2017 marcó un hito al declarar a la Jota como una juventud política feminista. Como veremos, esta decisión implicó tensiones con tradiciones partidarias arraigadas y recorrió un largo camino antes de concretarse.

Desde sus orígenes en el siglo XX, el Movimiento Comunista Internacional promovió la igualdad de género, pero sin reconocer una “cuestión femenina” autónoma. Entre 1921 y 1926, la Internacional Comunista (Komintern) estableció un Secretariado Femenino con ese propósito, aunque rechazó alianzas con el feminismo, al que consideraba una expresión burguesa, individualista y de derecha (Mc Guee Deutsch, 2017, p. 260). Según la concepción comunista, la revolución proletaria emanciparía a la clase obrera y, con ello a las mujeres, cuya opresión se atribuía exclusivamente al orden capitalista-patriarcal (Rojas Mira, 2012, p. 336). A lo largo del siglo XX, el Partido Comunista de Chile mantuvo una relación ambigua con el feminismo: si bien existieron momentos de colaboración en organizaciones como el MEMCH, la tensión ideológica llevó a su ruptura (Rosemblatt, 2000, pp. 95-122). En vez de promover una política específica de género, el PC canalizó el activismo femenino mediante comisiones internas que ofrecían formación política, pero sin cuestionar ni la opresión patriarcal en la sociedad ni las lógicas machistas reproducidas al interior del propio partido (Rojas Mira, 2012, p. 343).        

Hacia fines de la dictadura, la Jota, comenzó a reflexionar públicamente sobre la relación entre feminismo y marxismo. “Marcela”, encargada de la “Comisión femenina”, afirmaba en una entrevista de 1988 que la política hacia la mujer era “una problemática que recién hoy día empezamos a analizar”, reconociendo su escasa presencia durante la lucha contra la dictadura. A su vez, se declaraba “no feminista” y tomaba distancia de esa corriente:

“Pienso que si soy comunista, tengo la conciencia suficiente y amplia, porque estamos luchando no solo porque las mujeres se liberen, sino porque todos los oprimidos del mundo lo hagan. Pienso que las feministas se limitan porque tratan el problema de las mujer como exclusividad de las mujeres…”[4].

En todo caso, en esta época existieron militantes comunistas feministas y se desarrollaron reflexiones político-ideológicas en esta línea, algunas de ellas publicadas en medios partidarios[5]. En el marco de la crisis del PC en 1990, muchas de ellas se vincularon a la disidencia y salieron de la colectividad. Algunas posturas fueron extremadamente críticas respecto de la cultura patriarcal del partido: “Me resisto a un partido que reproduzca esquemas culturales que no acojan mi identidad, que me obliga a adoptar criterios masculinos para lograr influencia real”.[6] Mientras la crisis de 1990 implicó la salida de numerosos militantes, la Jota dedicó esos años a reconstruir su organización, dejando en segundo plano las reflexiones sobre la relación entre feminismo y marxismo.

En su investigación, Lecourt, resalta que a partir de 2002 la antigua comisión femenina pasó a denominarse “Comisión de Mujeres”. Quien fuera su encargada entonces señalaba que los temas abordados eran vistos como “cosas de mujeres”, “minimizando el posible impacto de ésta en la política global” del partido (Lecourt, 2005, p. 100). En todo caso, en este periodo Gladys Marín, máxima dirigente del Partido Comunista, aunque nunca se declaró feminista, asumió públicamente algunos de sus planteamientos, reconociendo la especificidad de la opresión de género. En una conferencia de 2001 en España afirmó: “asumo el tema de género, de la discriminación de la mujer, como un componente esencial ideológico, que en estos nuevos tiempos debe enriquecer las concepciones socialistas y revolucionarias…”[7]. Estas posturas fueron fundamentales para abrir estas temáticas al interior del PC. En 2002 se creó la Comisión de Género, que además incluía a las actualmente denominadas “disidencias” (Lecourt, 2005, p. 101).

Existe cierto consenso que hacia fines de los 2000, las movilizaciones por la “pastilla del día después” y contra la violencia de género posicionaron las demandas feministas en el debate público (Follegati, 2018; Lamadrid; Benitt, 2019; Forstenzer, 2022). En 2011 surgieron espacios como las Secretarías de Género y la COFEU, marcando autonomía respecto a la CONFECH (Follegati, 2018). La “revuelta” feminista de 2018 consolidó este proceso (Zerán, 2018). En paralelo, el gobierno de la Nueva Mayoría (2014-2018) promovió políticas de género, destacando el Ministerio de la Mujer y el aborto en tres causales, bajo liderazgo de Claudia Pascual (Pascual, 2020), militante del PC, abriendo un marco de convergencia con el feminismo dentro de las Juventudes Comunistas.         

La Jota se hace feminista (2017-2020)

En 2016, la Juventud Comunista convocó a su XIV Congreso, finalizado en enero de 2017 en la Universidad de Santiago. El evento destacó por el relevo en la conducción: Karol Cariola cedió la secretaría general a Camilo Sánchez (presidente) y Reynaldo Morales (secretario general). El congreso evaluó críticamente el gobierno de Bachelet y propuso construir un movimiento juvenil popular como alternativa al neoliberalismo. El documento final abordó demandas estudiantiles, reformas, y realidades territoriales y sindicales, consolidando una agenda programática desde las bases para la acción política de la nueva generación comunista. Uno de los temas más destacados fue el de la “equidad de género y emancipación de la mujer”, influido por las movilizaciones recientes. En este punto se proponían tres definiciones clave: 1) “los y las jóvenes comunistas debemos relevar al feminismo en nuestro quehacer político permanente, y que este se exprese con profundo contenido de clase”; 2) “que nuestra Juventud debe ser vanguardia en superar conductas hegemónicas del modelo, que rayan en el machismo y la discriminación de género…por lo que debemos bregar por una juventud que se declare feminista, antipatriarcal…”; y 3) “superar todo vicio interno que tenga relación con prácticas machistas, construcción de estereotipos o toda acción que no propicie la configuración de otro modelo de sociedad en que hombres y mujeres seamos iguales…”[8].

Aunque estas afirmaciones ocupaban apenas media página al final del documento, terminaron siendo la definición más relevante del XIV Congreso, pese a que la mayoría no dimensionó sus implicancias[9]. En la sesión plenaria se propuso incorporar en los estatutos que la Jota se definiera como una organización feminista. Algunas participantes recuerdan el momento: “en mi regional, que era el Capital, no vi este tema muy presente. Pero si tengo claro que en otras partes se venía discutiendo. Así fue como una persona levantó la mano lo propuso y varias la secundaron…” (Entrevista con Raquel Aranguez, junio de 2025). En cambio, en los sectores universitarios, como la Universidad de Chile, “fue un debate bien intenso, en mi base al menos…” (Entrevista con Bárbara Navarrete, junio de 2025).

Aunque hubo voces disidentes, el congreso aprobó la moción de  incluir al feminismo como parte de los principios de la Jota, a la par de elegir al nuevo comité central con paridad 60/40%. Sin embargo, aún pesaba la idea de que

“el marxismo-leninismo por sí solo, podía contener y explicar los problemas de la dominación. Se consideraba que era una teoría que permite asumir que la contradicción capital-trabajo tiene expresiones diversas, no solo la económica, sino que también la patriarcal” (Entrevista con Camilo Sánchez, junio de 2025).

Con todo, la incorporación del carácter feminista en los estatutos quedó registrada en las resoluciones del congreso:

“Incorporamos a nuestros principios reconocernos una juventud feminista y antipatriarcal, con perspectiva de clase. Si bien el método de análisis marxista y la lucha por una sociedad comunista aspira al fin de toda dominación…como JJCC consideramos fundamental hacer un énfasis en la lucha contra el patriarcado, poniendo de relieve el carácter feminista de nuestra organización…”[10].

Como recuerda la encargada de la Comisión de Género de la Jota hasta el XIV congreso, si bien se aprobó la definición del feminismo de clase, todavía la discusión era “un debate muy prematuro”, al que faltaba dotar de contenido para convertirse en sentido común militante: “Creo que por la misma lejanía con la cuestión del feminismo, no precisamos en algo tan importante como la paridad en las personas que quedaron encabezando la Jota, que eran dos hombres...” (Entrevista con Natalia Cuevas, mayo de 2025). Tal vez por esta razón, las resoluciones del XIV Congreso incluyeron la promoción de una política de formación en feminismo y marxismo, el fortalecimiento de las estructuras orgánicas para abordar género y diversidad sexual “y la incorporación de una política de cuadros con perspectiva de género, que promueva el fin de las prácticas machistas en la estructura [de la Jota] y aborde procesos de cuadros en caso de violencia contra la mujer…”[11].

Las resoluciones del XIV Congreso pueden considerarse una verdadera “revolución desde arriba” en el quehacer de las Juventudes Comunistas. Fue la dirección nacional de la colectividad la que promovió definiciones con profundas consecuencias teóricas y prácticas. Por un lado, surgió la necesidad de precisar qué implicaba ideológicamente declararse feminista:

“…Habían discusiones sobre la ‘bajada’ de esta decisión. Un debate bien habitual en la base o la dirección era ‘¿qué implica esto…?’…o ‘¿qué tipo de feminismo promoverá la Jota?...de clase…¿y qué significa esto?’. Porque había mucho desconocimiento de las teorías feministas…” (Entrevista con Raquel Aranguez, junio de 2025).

Por otra parte, la implementación práctica de erradicar el machismo desató una tormenta interna. En rigor, la Jota se autodenunció como una entidad que reproducía las lógicas del patriarcado. La convocatoria a su primera escuela de formación de género afirmaba que estaba “sin duda, permeada por el machismo y el patriarcado”[12]. Las denuncias internas no tardaron en surgir, superando la capacidad de gestión de la organización. Así, se instaló una crisis que marcó su trayectoria en los años siguientes y obligó a dirigentes y militantes a un profundo cambio cultural.

Tras la definición del XIV Congreso de la Jota, los hechos se desarrollaron en cuatro ámbitos paralelos: a) el proceso de dotar de contenido la consigna de “feminismo de clase”; b) las instancias de formación y fortalecimiento de los temas de género y de diversidad sexual en la Jota; c) la crisis interna de la Jota por la avalancha de denuncias de violencia de género al interior de la colectividad; d) la participación de las militantes en las movilizaciones feministas entre los años 2017 y 2020.

En 2017 se produjeron varios hitos importantes a nivel nacional. Para la marcha del 8 de marzo, la Jota distribuyó un instructivo entre su militancia cuya consigna central buscaba sintonizar con la reciente opción por el “feminismo de clase”: “Por los derechos de la mujer trabajadora, contra toda forma de dominación”[13]. En redes sociales, las JJ.CC. promovieron otras consignas como: “¡Terminemos con los estereotipos de género!”; “más mujeres en política”; “no más cosificación de la mujer”[14]. Un momento clave fue la aprobación parlamentaria de la ley de aborto en tres causales. Tras la impugnación de la derecha, el Tribunal Constitucional debió pronunciarse y en las audiencias de defensa participó Irací Hassler, dirigenta nacional de la Jota y encargada de la Comisión de Género y Diversidad Sexual. Su intervención respaldó el derecho al aborto desde una perspectiva feminista[15]. Además, la Dirección juvenil promovió activamente la participación en movilizaciones contra la violencia de género. Ese mismo año, tanto el PC como su Juventud adoptaron el criterio de paridad de género (50% hombres, 50% mujeres) para sus candidaturas parlamentarias.

El Movimiento por la Diversidad Sexual (MUMS) fue uno de los espacios donde la Jota desarrolló su política de masas en torno al género y diversidades sexuales. En 2017 la organización estaba encabezada por el militante comunista Francisco Gutiérrez[16], quien coordinó –junto a otros actores sociales— un Congreso de Educación no sexista, cuyo objetivo era promover “una nueva generación en nuestro país, libre de estereotipos y roles asignados por la orientación o identidad sexual de cada persona”[17]. La iniciativa incluyó 13 precongresos regionales y culminó en uno nacional a fin de año. Entre los temas abordados se encontraban políticas antidiscriminatorias y no sexistas en el sistema educacional, un sistema nacional de cuidados, demandas LGBTI, uso de nombres sociales y creación de protocolos de acoso sexual en todos los niveles educativos. Según una de sus organizadoras,

“sus conclusiones fueron bien valiosas, porque pusieron temas que ahora son bien conocidos, pero en esa época no se hablaban, como la bibliografía en las carreras con perspectiva de género…cosas prácticas que ponían sobre la mesa cómo podíamos tener una educación que aspirara a la igualdad…” (Entrevista con Irací Hassler, junio de 2025).

Hacia fines de 2017, Irací Hassler, encargada de la Comisión de Género y Diversidad Sexual de la Jota, impulsó los primeros esfuerzos teóricos y políticos para dotar de contenido al “feminismo de clase”. Buscó articular la tradición marxista con el feminismo contemporáneo. En una ponencia, planteó que, si bien las JJ.CC. luchaban contra la dominación de clase, existía “un pueblo doblemente explotado: las mujeres y la diversidad sexual”. Retomando el feminismo interseccional de Angela Davis, definió tanto al marxismo como al feminismo como “un ejercicio liberador”, destacando la necesidad de promover esta visión especialmente “en las mujeres de la clase trabajadora”. Asimismo, sostuvo que “el patriarcado era una construcción social, económica, política, histórica y cultural, que así como se ha construido, puede y debe deconstruirse”. Al afirmar que la emancipación no era posible bajo el capitalismo, concluyó que el feminismo de la Jota debía ser “revolucionario, anticapitalista, de quienes luchan por la libertad más plena, en la construcción del socialismo y el comunismo”[18]. La reflexión teórica sobre género motivó a Hassler a ingresar en 2018 al Magíster de Estudios de Género y Cultura de la Universidad de Chile.

La conducción de la Jota evitó presentar la adopción del feminismo como una ruptura histórica. Por ello, Irací Hassler, en nombre de la organización, indicó que “no inauguramos el feminismo en el Partido Comunista en Chile o el mundo, sino que recogemos el tremendo desarrollo teórico y práctico del feminismo marxista a lo largo de la historia”[19]. Así, la Jota reivindicaba una genealogía que comenzaba con Federico Engels y continuaba con Alexandra Kollontai, Vilma Espín y Angela Davis, y en Chile se conectaba con Recabarren y Teresa Flores, además de Elena Caffarena, Mireya Baltra y Julieta Campusano. Este intento por construir una tradición feminista dentro del comunismo se concentró especialmente en el rescate de la figura de Gladys Marín.

En 2018 la Jota se vio tensionada al calor de la “Revuelta Feminista”. Muchas militantes participaron en tomas y movilizaciones universitarias contra el acoso sexual. En el plano interno, se realizó un evento que delineó la política de género y diversidad sexual de la organización. Sin embargo, el despertar feminista generó cuestionamientos y abandono de la militancia por parte de algunas integrantes, así como una masiva ola de denuncias por violencia de género.

El 2018 hubo hitos importantes en la política feminista de la Jota. Los días 13 y 14 de enero, la Comisión de Género y Diversidad Sexual realizó las escuelas de género “Alexandra Kollontai” en Santiago, Valparaíso y Concepción, bajo la consigna “contra toda forma de dominación, por el desarrollo de la humanidad”. En mayo, en pleno auge de la movilización feminista universitaria, las diputadas comunistas Camila Vallejo y Karol Cariola presentaron en La Moneda la “Agenda Legislativa” en materia de género, con 17 proyectos promovidos o apoyados por la bancada del PC en favor de los derechos de la mujer y la igualdad de género. Durante ese año, el PC impulsó la tercera versión de la Escuela de Formación “Teresa Flores”, en la que participaron 217 mujeres de todo el país, cuyo objetivo era “equiparar en conocimiento la asimilación de las militantes comunistas en materia de género y avanzar en la formación política en la línea de las luchas feministas”[20].

Así, la rama juvenil del comunismo impulsaba una verdadera “revolución desde arriba” al incorporar el feminismo como parte de su ideario. Esta definición se dio en un contexto de fuertes resistencias frente a la perspectiva de género, tanto en el país como dentro del partido. Natalia Cuevas, encargada del área hasta el XIV Congreso de 2017, asumió luego la misma responsabilidad en el partido adulto. Según ella, en esta etapa

“hubo mucha resistencia y orgánica en todas las dimensiones del quehacer...Había una falsa creencia de que somos todos iguales en el partido…era algo muy arraigado en la cultura partidaria. Esto se sumaba a un falso entendimiento de la teoría de género-clase, que era un caldo de cultivo bien nocivo de preguntas como ¿qué es primero? ¿el género o la clase?...” (Entrevista con Natalia Cuevas, mayo de 2025).

En ese contexto no fue extraño que comenzaran a registrarse fugas de militantes. Casandra Carrasco, militante de la Jota y estudiante en la Universidad de Bío-Bío en 2018, recuerda:

“Llegué a la universidad y la política universitaria también era sumamente masculina, agresiva y violenta. Entonces consideré que no quería ser parte esto… ahora lo veo claro y lo analizo desde la perspectiva feminista; me resté de un espacio que en el fondo era muy machista; yo era comunista…” (Aguilera, Navarrete, Bravo, 2021, pp. 199-200).

El 8 de marzo de 2018, cuando se aprestaba a asumir la Presidencia del país Sebastián Piñera, la conducción de la Jota emitió un documento sobre la perspectiva feminista y sus implicancias para debatirse en las bases de la Juventud. Las conclusiones se expusieron en el primer Encuentro Nacional de Género y Diversidad Sexual, realizado el 2 de junio. El documento abordaba tres puntos fundamentales: i) una autocrítica sobre lo arraigado que estaba el patriarcado en la militancia juvenil del PC, que se manifestaba incluso “con expresiones de violencia de género al interior de nuestra organización” y con un debate sobre el feminismo “muchas veces con un trato poco fraterno entre militantes”.[21] De ahí la urgencia de llevar a cabo un debate interno y no a través de las redes sociales; ii) compatibilizar la línea política definida en el XIV Congreso con la perspectiva feminista, sintetizada en el concepto de “feminismo de clase”. En este marco, se afirmaba que “…el feminismo no puede ser considerado inferior, o de menor importancia respecto a la lucha de clases…”. señalando “la necesidad de impulsar esta lucha en el mundo popular, “…en donde la incorporación de la lucha feminista actualmente es baja…”[22]; iii) reconocer  que la erradicación consciente del machismo era reciente en la historia del partido: “Si bien hemos tenido instancias de formación de género, han sido insuficientes”. Más aún, se admitía que “en algunos caso hemos actuado con lentitud al momento de atender comportamientos de distinta gravedad…Esto aplica principalmente ante los hechos de violencia de género acontecidos entre militantes de nuestra organización…”[23]. Este reconocimiento era crucial para una organización que había adoptado el feminismo como principio. Sin embargo, las denuncias internas y públicas por violencia de género comenzaron a multiplicarse, tensionando la colectividad y amenazando con desbordar su institucionalidad.

El Encuentro Nacional de Género y Diversidad Sexual “Gladys Marín y Pedro Lemebel” reunió a más de 200 delegados y delegadas de todo el país, con participación del PC, incluida la exministra Claudia Pascual, el exministro Marco Barraza, Natalia Cuevas y la académica feminista Kemy Oyarzún[24]. Días después, la dirección de la Jota publicó la síntesis del encuentro. En él se reafirmó la intención de conectar el presente feminista de la Jota con la tradición histórica del PC, lo que explicaba el nombre simbólico del evento. También se insistía en que declararse feministas no implicaba una transformación automática, por lo que el debate debía mantenerse abierto. Se confirmó la noción de feminismo de clase, sin subordinar la emancipación de género a la lucha de clases, y se asumió el desafío de difundir esta perspectiva en el mundo popular[25]. Finalmente, el encuentro aprobó una transformación orgánica: la Comisión de Género y Diversidad Sexual fue reemplazada por el “Área de Género”, compuesta por dos comisiones nacionales —Mujeres y Disidencias Sexuales—, demostrando la centralidad del tema y mayor inversión de militancia en su desarrollo.

Ante la existencia de casos de violencia de género en la Jota, el Encuentro Nacional elaboró un protocolo para abordarlos, que “abord(e) las denuncias desde la mirada del acompañamiento, empatía y contención, promuev(a) la oportuna derivación tanto a los espacios de acogida psicológica como a los órganos de justicia del Estado…”[26]. Según el informe del encuentro de junio de 2018, ya se habían sancionado militantes por violencia de género con medidas “de distinta intensidad en atención a la gravedad del caso denunciado”. Esto abrió el debate sobre los procedimientos y de acuerdo con Irací Hassler, eso marcó el enfoque formativo, no punitivista que tuvo ese protocolo “…mi postura era que reflexionáramos … Yo sentía que nuestra tarea era buscar cómo canalizar las denuncias de violencia hacia las sanciones que correspondían y hacia la formación…” (Entrevista con Irací Hassler, junio de 2025)[27].

El protocolo señalaba que las JJCC estaban compuesta por hombres y mujeres que

“…forman parte de una sociedad en la que se impone de forma natural y legítima la ideología capitalista y patriarcal… Nuestra lucha se funda en la convicción de que ni esta sociedad ni su ideología corresponden a una supuesta naturaleza humana… por tanto, así como la ideología dominante fue aprendida, también puede y debe desaprenderse”[28].

Junto con definir qué constituía violencia de género, los procedimientos para denunciar y resolver, el protocolo enfatizaba en su acápite 5 la “educación y la formación”. Allí se afirmaba que “nuestra militancia… sin duda está permeada por el machismo y el patriarcado…”, por lo que el desafío era “generar un proceso de formación interna y de deconstrucción”[29].

En 2018, la JJ.CC. se volcó a la “ola feminista”, promoviendo un feminismo de clase e interseccional. Aunque el enfoque formativo era central, el proceso desbordó lo institucional, generando tensiones internas tras denuncias públicas de violencia de género (“funas”), incluso contra dirigentes, revelando límites y contradicciones en su transformación feminista.

Para la militancia juvenil comunista, asumir el feminismo implicó una revolución interior que transformó su mirada sobre la realidad. Fue un verdadero despertar para observar una realidad que no veían: “Yo lo asumí inconscientemente…fui entendiendo ciertas cosas, ciertos privilegios, ciertas conductas. Mirar para atrás y pensar que me “funaría” [denunciaría] a mí misma, jeje. Después pasé a decir a mis compañeras que uno no puede ser mujer y no ser feminista…” (Entrevista con Valentina Miranda, junio de 2025). En este sentido, ocurrió que

“muchas compañeras, recién al calor de este debate, se dieron cuenta de la cantidad de violencia de género y de otro tipo que habían sufrido en su vida y en su militancia…entonces fue como una catarsis…empiezas a ver…y te da rabia…y empiezan a haber denuncias. Y en buena hora!!...se empezaron a dejar de aceptar conductas que estaban naturalizadas…” (Entrevista con Irací Hassler, junio de 2025).

Frente a las denuncias de violencia de género en la Jota, la dirección optó por canalizarlas mediante la Comisión de Cuadros, encargada de los asuntos disciplinarios. Sin embargo, esta estructura pronto se vio sobrepasada, tanto por la lentitud en el procesamiento de los casos como por su falta de preparación para abordar la complejidad de los casos. Un testimonio lo ilustra claramente:

“…Me acuerdo que el primer proceso de cuadros que me tocó hacer por violencia de género, pensaba ‘¿por qué estoy haciendo esto?’. Tenía que tomar el relato…Además involucraba a alguien que no era de la Jota. ¿Cómo le digo a una persona que no es militante, que le tengo que tomar declaración para un proceso interno…” (Entrevista con Bárbara Navarrete, junio de 2025).

La lentitud en responder a las denuncias de violencia de género derivó en una ola de funas públicas, que no solo apuntaban a los acusados directos, sino también a sus círculos cercanos, señalados como encubridores. Un informe interno de la Jota indicaba que en 2017 no se tramitaron procesos disciplinarios por este tipo de hechos a nivel nacional, aunque “sí se recibieron denuncias en los últimos meses del año, cuyos procedimientos fueron sancionados a inicios de 2018”[30]. Ese año se registraron cerca de 50 denuncias, a las que se sumaron 15 más en 2019. La mayoría de los casos fueron abordados por estructuras regionales, pero el Comité Central tuvo que ratificar la expulsión de seis militantes y la suspensión de la militancia de otras once personas. A esto se agregaban las denuncias interpuestas por militantes de la Jota contra miembros del Partido, procesadas por las instancias del PC adulto. Según el mismo informe, “el caso más antiguo lleva dos años sin presentarse medidas, y otro casi un año y medio en las mismas condiciones…”[31].

En este contexto, surgieron matices sobre cómo proceder con los acusados. Algunas estaban por sancionar y expulsarlos a todos: “…En algún momento estuve en esa posición de ‘échenlos a todos, fuera los machitos de la Jota’” (Entrevista con Valentina Miranda, junio de 2025). Otras posturas, en cambio, apostaban por un enfoque más formativo, centrado en la reeducación y el cambio cultural. Los testimonios de militantes de esa época relatan experiencias marcadas por rupturas dolorosas y quiebres irreversibles en lazos de amistad y camaradería forjados durante años de militancia compartida.

La crisis por denuncias de violencia de género escaló desde la Juventud hacia el Partido Comunista. En respuesta, a comienzos de 2020 el PC elaboró un protocolo y creó el Equipo Nacional de Actuación frente a Denuncias de Violencia de Género, encargado de su correcta implementación. Al mismo tiempo, la nueva ley de partidos políticos exigió crear Tribunales Regionales y un Tribunal Supremo. A partir de su conformación, estas instancias se convirtieron “en el único camino institucional para el abordaje de denuncias que involucren a militantes tanto de la Juventud como del Partido”[32]. Raquel Aranguez integró el nuevo Tribunal Supremo. Según su testimonio, la falta de experiencia fue un obstáculo clave: hubo que ajustar el protocolo y aprender a distinguir cuando la acusación “correspondía a violencia de género, cuando hay discriminación, cuando hay un sesgo…” (Entrevista con Raquel Aranguez, junio de 2025). Por este motivo, el 2020 la dirección de la Jota resolvió someter a revisión del Equipo Nacional de Actuación frente a la violencia de género del PC varios casos previamente resueltos por instancias intermedias y nacionales, sobre los cuales existían dudas respecto a su correcto tratamiento[33].

Desde 2019, el debate feminista en la Jota se convirtió en un espejo donde la organización comenzó a revisarse críticamente. Este proceso de renovación política, teórica y práctica generó fuertes conflictos internos y rupturas, pero marcó un punto de no retorno. La dirección de la Jota propuso al XXVI Congreso del PC (2020) que el feminismo se incorporara como principio básico de toda la militancia comunista, y no solo de su rama juvenil.

Conclusiones

En su XV Congreso (2021), la Juventud Comunista reafirmó su adhesión al feminismo marxista e interseccional, valorando la “ola feminista” y asumiendo desafíos como la violencia de género y la autonomía económica. Desde su fundación en 1932, su vigencia no solo radica en su legado histórico — la participación en Unidad Popular o en la resistencia a la dictadura—, sino en su capacidad de transformación y adaptación. A comienzos del siglo XXI, la Jota atravesó un profundo cambio cultural e ideológico, integrando el feminismo a su doctrina, lo que muestra cómo organizaciones tradicionales pueden adaptarse a nuevas corrientes políticas para seguir siendo relevantes. Una protagonista de esta etapa resume lo sucedido durante la segunda década del siglo XXI: “La Jota estaba muy de la mano con las discusiones del movimiento juvenil y estudiantil. Lo que le estaba pasando a la juventud chilena, le estaba pasando a la Jota. Y tratamos de darle una mirada política a esos sentires…” (Entrevista con Irací Hassler, junio de 2025).  Agregar después del paréntesis: En definitiva, el examen de la trayectoria de las JJ.CC. durante la década de 2010, permite repensar cómo los movimientos sociales inciden en la trayectoria de las organizaciones políticas.

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Fuentes

Entrevista con Raquel Aranguez, 2 de junio de 2025.

Entrevista con Natalia Cuevas, 26 de mayo de 2025.

Entrevista con Sebastián Fuentes, 3 de junio de 2025.

Entrevista con Rebeca Gaete, 12 septiembre de 2024.

Entrevista con Irací Hassler, 7 de abril de 2025.

Entrevista con Catalina Lamatta, 7 de julio de 2024.

Entrevista con Valentina Miranda, 16 de junio de 2025.

Entrevista con Bárbara Navarrete, 12 de junio de 2025.

Entrevista con Javiera Petersen, 30 octubre de 2024.

Entrevista con Camilo Sánchez, 5 de junio de 2025.

Entrevista con José Valenzuela, 7 de abril de 2025.

Entrevista con Franco Vargas, 19 mayo de 2025.

Recibido: 04/07/2025

Evaluado: 03/08/2025

Versión Final: 04/09/2025

páginas / año 18 – n° 48/ ISSN 1851-992X /2026                         


[1] El presente artículo es parte del proyecto Fondecyt N.º 1230022, titulado “La construcción social del tiempo en Chile:2021-2011 y la disputa por la temporalización del presente. Izquierdas, feminismos y narrativas sociopolíticas”.

[2] Camila Vallejo, militante de las JJ.CC desde el año 2007. Presidenta y Vicepresidenta de la Federación de Estudiantes de Chile los años 2011 y 2012, respectivamente.

[3] En las ciencias políticas y la historiografía, la incorporación de los feminismos a los partidos políticos, han sido trabajados desde los discursos, los agentes, las prácticas y los cambios institucionales: Valobra (2008); Uría (2009); Meza; Tatagiba, (2016); Ruiloba-Núñez; Samaniego (2021).

[4] “¿Marxismo y feminismo?”, en Rebelión n°8, diciembre 1988, p.20.

[5] Pollarolo, F.; Salinas, C, “Lo femenino y la lucha de las mujeres”, Varios autores, Crítica y socialismo: Una reflexión desde Chile. Ediciones CISPO, 1989, pp.78-87.

[6] Colectivo de Mujeres. “Y que la blusita tan linda de tal, que las pantis tan coléricas de cual; y que el marido…”, La crisis del Partido Comunista. Una reflexión necesaria,1990, p.13.

[7] Gladys Marín: “El poder de desafiar el poder. Las mujeres en situación de liderazgo”, La mujer chilena en todas las luchas. Género, política y democracia en los discursos de Gladys Marín (1971-2000). Santiago: Ediciones ICAL, 2018.

[8] “Informe Central al XIV Congreso Nacional Juventudes Comunistas de Chile. 13-14-15 de enero de 2017”, p.20.

[9] Un síntoma de la consideración secundaria que tuvo esta resolución, se ejemplifica en la primera entrevista realizada a Camilo Sánchez, el nuevo presidente de la Jota y la nota sobre el XIV Congreso, ambas publicadas en el medio del PC. En ninguna de las dos se refieren a la definición como feminista de la Jota. Ver El Siglo del 20 al 26 de enero de 2017, pp. 2, 3, 8 y 9.

[10] “Documento de resoluciones XIV Congreso de las Juventudes Comunistas de Chile”, enero de 2017, p. 23.

[11] Ibid.p. 24.

[12] “Formación de género para las Juventudes Comunistas”, año 2017 p.1.

[13] “Instructivo 8 de marzo. Día Internacional de la Mujer Trabajadora”, p.1.

[14] “Robusto avance en derechos de la mujer”, El Siglo del 21 de julio de 2017, p. 11.

[15] “Audiencia: Defensa de constitucionalidad del proyecto de despenalización voluntaria del embarazo en tres causales ante el excelentísimo Tribunal Constitucional”; agosto de 2017. En https://www.instagram.com/p/BmpG6zeF_-J/

[16] Los planteamientos de Gutiérrez, en un extensa entrevista en El Siglo del 24 de febrero de 2017, pp.2-3.

[17] “Instructivo Congreso por una Educación NO sexista”, año 2017, p.1.

[18] Irací Hassler, “La Jota en la lucha feminista: formación, transformación y revolución”. Intervención en el CCCB (Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona), noviembre de 2017, pp.1-2.

[19] Ibid.p.1.

[20] “Escuela de formación Partido Comunista de Chile “Teresa Flores”. 2018”, El Siglo de diciembre de 2018, p.15,

[21] “Informe orientador para la discusión Género y Diversidad Sexual, Juventudes Comunistas de Chile”, 8 de marzo de 2018, p.2

[22] Ibid. p.3

[23] Ibid.p.5

[24] “JJCC realizaron encuentro nacional de género y diversidad sexual con presencia de exministra Claudia Pascual”, https://cronicadigital.cl/2018/06/04/jjcc-realizaron-encuentro-nacional-de-genero-y-diversidad-sexual-con-presencia-de-ex-ministra-claudia-pascual/

[25] “Informe al Pleno del Comité Central. Síntesis Encuentro de Género y Diversidad Sexual “Gladys Marín y Pedro Lemebel”. Juventudes Comunistas de Chile”, pp.1-17.

[26] Ibid. p.14.

[27] Ibid. p.14.

[28] “Orientaciones y procedimientos para reconocer y enfrentar la violencia de género en las Juventudes Comunistas de Chile”, p.1.

[29] Ibid.p.11.

[30] “Informe al XVIII pleno del Comité Central. Juventudes Comunistas de Chile”, 8 de agosto de 2020, p.8.

[31] Ibid. p.9

[32] Ibid.p.4.

[33] “Resoluciones XVII pleno del Comité Central. Juventudes Comunistas de Chile”, 28 de julio de 2020, p.3.