Objetividad y partidismo: La construcción de identidad peronista en el diario Trópico (Tucumán, 1947–1950)

 

Objetividad y partidismo: La construcción de la identidad peronista en el diario Trópico (Tucumán, 1947–1950)

Objectivity and Partisanship: The Construction of Peronist Identity in the Newspaper Trópico (Tucumán, 1947–1950)

Roberto Emmanuel González
Instituto Superior de Estudios Sociales,

Universidad Nacional de Tucumán (Argentina)
roemmgo@gmail.com

https://orcid.org/0000-0003-3595-5758

Resumen

Entre 1947 y 1950, la Universidad Nacional de Tucumán editó el diario Trópico, primer medio comercial universitario en América Latina. Aunque el diario negaba explícitamente toda filiación partidaria, su diseño editorial, estructura formal y estrategias discursivas revelan una fuerte identificación con el primer peronismo. Este artículo analiza cómo Trópico construyó una identidad peronista desde una retórica de objetividad y neutralidad técnica. Combinando el modelo morfológico de Kayser con herramientas del análisis del discurso (Verón, Van Dijk, Fairclough), se examinan aspectos gráficos, tipográficos, editoriales y retóricos como la selección temática, la omisión de voces opositoras y la reiteración léxica. El caso permite comprender cómo un medio universitario articuló un discurso oficialista sin declararlo abiertamente, y contribuye a repensar las relaciones entre prensa, universidad e ideología durante el primer peronismo.

Palabras clave

Peronismo; análisis del discurso; medios universitarios; neutralidad; identidad política; prensa oficialista.

Abstract:

Between 1947 and 1950, the National University of Tucumán published Trópico, the first university-run commercial newspaper in Latin America. Although the newspaper explicitly denied any political affiliation, its editorial structure, visual design, and discursive strategies reveal a strong alignment with early Peronism. This article analyzes how Trópico built a Peronist identity while maintaining a rhetoric of objectivity and technical neutrality. Drawing on Kayser’s morphological model and discourse analysis tools (Verón, Van Dijk, Fairclough), the study examines graphic and typographic choices, editorial formats, and rhetorical operations such as topic selection, omission of dissenting voices, and lexical repetition. The case offers insight into how a university newspaper in a peripheral province articulated officialist discourse without openly claiming it, contributing to broader reflections on the links between media, academia, and ideology in Peronist Argentina.

Keywords

Peronism; discourse analysis; university media; neutrality; political identity; officialist press.

Introducción

Entre 1947 y 1950, la Universidad Nacional de Tucumán (UNT) publicó el matutino Trópico, un hito en la historia de la prensa latinoamericana por tratarse del primer diario comercial editado por una institución universitaria. Impulsado en el marco de las reformas del primer peronismo y bajo el liderazgo de Horacio Descole[1] —interventor y luego rector de la UNT—, el diario fue concebido tanto para profesionalizar el periodismo como para disputar la hegemonía mediática provincial a La Gaceta, principal diario opositor, en un contexto de creciente polarización política. No obstante, el medio fue presentado como un diario "apolítico", negando explícitamente filiación ideológica alguna.

Los estudios sobre la prensa durante el primer peronismo han evolucionado desde enfoques centrados en el control estatal hacia perspectivas más matizadas. Los trabajos pioneros de Sirvén (1984) y Plotkin (1993) destacaron el autoritarismo y la "peronización" de los medios, pero su enfoque en la dicotomía Estado-medios resulta limitado para analizar la complejidad de Trópico, donde el contexto universitario introduce variables únicas. Investigaciones recientes sobre prensa en las provincias (Tcach y Macor, 2003; Acha y Quiroga, 2012; Balbi, 2009; Da Orden y Melón Pirro, 2007; Rein y Panella, 2008; Ajmechet, 2010; Marcilese, 2013) revelan heterogeneidad, con diarios que mantuvieron autonomía o posturas críticas frente al peronismo. Melón Pirro y Cane (2012) aportan un marco estructural, analizando los medios como empresas con dinámicas económicas y laborales articuladas con políticas estatales.

En un registro metodológicamente afín al de este trabajo, Solís Carnicer y de los Reyes (2014) reconstruyen el proceso de peronización de El Diario del Foro de Corrientes combinando análisis morfológico y editorial, mostrando cómo el diario transitó de una identidad jurídica apartidaria a una identificación partidaria plena. Ese estudio ofrece un antecedente directo para pensar las transformaciones morfológicas de Trópico, aunque en este caso la matriz universitaria del diario introduce una dimensión institucional ausente en el caso correntino.

En el caso de Tucumán, los estudios han privilegiado el examen político- institucional. Risco (2006) aborda la conceptualización de la "libertad de prensa" de la publicación en contraste con La Gaceta de Tucumán y La Prensa de Buenos Aires. Acevedo y Johansson (2006) reconstruyen la cronología institucional del diario desde su fundación hasta su cierre, mientras que Lichtmajer (2013) examina las estrategias opositoras de la Unión Cívica Radical (UCR) en alianza con La Gaceta y el Círculo de La Prensa. En trabajos más recientes González (2024) ha explorado las tensiones políticas entre Trópico y La Gaceta durante el período 1947–1949. En otro trabajo (2025), analizó las motivaciones institucionales y políticas que llevaron a la UNT a fundar Trópico en 1947.

Los antecedentes mencionados han aportado al conocimiento sobre la adscripción peronista del diario y su desarrollo histórico, así como el marco político e institucional, pero dejan pendiente la dimensión propiamente textual y material de esa identidad política. En esa línea, este trabajo pretende aportar a una comprensión más compleja de la construcción de consenso al mostrar cómo recursos formales, materiales y enunciativos —en apariencia técnicos o neutros— también funcionaron como operadores ideológicos.

Esta perspectiva resulta particularmente pertinente dado que permite comprender cómo decisiones materiales, formales y enunciativas — habitualmente asociadas a criterios técnicos o estéticos— operaron como mecanismos ideológicos claves. Se trata, además, de una experiencia inédita en el interior del país, donde una universidad asumió un rol activo en la producción de sentido político mediante un medio comercial de circulación provincial.

Este artículo se concentra precisamente en ese vacío, mediante el análisis de los recursos retóricos y materiales que hicieron posible proyectar neutralidad mientras se articulaba sistemáticamente el discurso oficialista. Las preguntas que orientan esta investigación son: ¿de qué manera se manifiesta la identidad peronista en la estructura morfológica y en los géneros periodísticos de Trópico?, ¿Qué mecanismos enunciativos implementa el diario para presentar el discurso oficialista como objetivo, técnico y pedagógico?

La perspectiva metodológica combina el Modelo Morfológico de Kayser (1964) con herramientas del análisis del discurso (Verón, 1988) y del análisis crítico del discurso (Van Dijk, 1998; Fairclough, 1995). De Kayser se retoma la dimensión material (formato, tipografía, diseño) y formal (organización seccional y jerarquías); de Verón, las operaciones de selección y omisión, que permiten visualizar cómo ciertos aspectos de la realidad se destacan mientras otros son silenciados.

Complementariamente, se examina la reiteración léxica —entendida como la repetición sistemática de términos ideológicamente marcados— y se incorpora una lectura de los géneros periodísticos como construcciones sociales históricamente situadas (Deuze, 2005), que orientan la interpretación del lector. La construcción del corpus responde a un muestreo mixto que combina criterios cronológicos y temáticos. El criterio temporal implicó seleccionar una edición por mes para observar transformaciones morfológicas y discursivas en la cotidianeidad del diario. El criterio temático priorizó números vinculados a eventos simbólicos de alto contenido ideológico —como efemérides patrias, el 17 de octubre, el 4 de junio, el 9 de julio y visitas presidenciales—, donde se condensa la producción simbólica.

La organización del trabajo comprende varias secciones: primero, se contextualiza brevemente el campo universitario y mediático tucumano; luego, se analizan la morfología material y formal del diario, las estrategias de selección y omisión, y, finalmente, la reiteración léxica.

La UNT, el diario Trópico y el campo mediático provincial

En los años 1940, Argentina contaba con solo seis universidades nacionales — Córdoba, Buenos Aires, La Plata, Cuyo, Tucumán y el Litoral—, influidas por los ideales reformistas de 1918: autonomía, cogobierno y democratización del saber. Sin embargo, estos principios coexistían con un acceso restringido que favorecía a los sectores altos de la sociedad, lo que generaba una paradoja estructural que el primer peronismo se propuso transformar. En este marco, Perón definió la universidad como uno de los principales desafíos del sistema educativo nacional, al que calificó de antidemocrático, elitista y ajeno a las necesidades del pueblo (Dercoli, 2014; Pis Diez, 2017).

La política universitaria peronista se concibió como un proyecto de intervención estatal orientado a redefinir el rol de la universidad en clave social y nacional. Esta perspectiva se concretó, entre otras medidas, en la aprobación de la Ley Universitaria 13.031 (conocida como Ley Guardo), que institucionalizó una nueva concepción de universidad, vinculada al desarrollo económico e industrial, al servicio de las regiones y con una producción científica orientada a las necesidades nacionales. Aunque se promovieron políticas de inclusión como la gratuidad y los préstamos de honor para estudiantes sin recursos (Fasce, 2019), la reforma también impuso límites, como la eliminación del cogobierno, prohibición de la militancia política y persecución de sectores opositores (Graciano, 1998).

En Tucumán, este modelo se tradujo en una profunda reestructuración de la UNT, conducida por Horacio Descole, designado interventor en 1945 y luego rector hasta 1951. Su gestión articuló una política universitaria afín al proyecto peronista, con un fuerte énfasis en el rol regional de la universidad. En un contexto donde la UNT era la única institución de educación superior en el norte argentino, Descole promovió su expansión territorial y funcional, orientando su acción hacia lo que denominó las “necesidades científicas, técnicas y culturales de una cuarta parte del país” (Descole, 1945, p. 20). Inspirado en el modelo del Plan Quinquenal nacional, Descole impulsó la creación de institutos de investigación con orientación regional, subordinando la docencia a la generación de conocimiento aplicado. Esta transformación incluyó la eliminación de cátedras tradicionales y la implementación de licenciaturas con tesis final, en consonancia con la idea de formar profesionales capaces de resolver problemas concretos y no meramente “hombres enciclopedistas” (Perón, 1947, p. 193).

Respecto a la situación de la prensa tucumana durante el período estudiado, consideramos que dentro de la estrategia comunicacional del peronismo Tucumán ocupó un lugar periférico. Aquí entendemos “periferia” no como marginalidad cultural o académica, sino en relación con las prioridades del gobierno nacional en materia de política de medios. A diferencia de la prensa porteña —donde el gobierno desplegó políticas de regulación y confrontación directas—, en Tucumán la hegemonía mediática continuó en manos de La Gaceta, de orientación opositora, sin que el gobierno nacional impulsara medidas específicas para limitar su influencia.

Esta ausencia de intervención, sumada a la posición crítica del Círculo de la Prensa, configuró un escenario en el que la prensa local tenía alta gravitación en la opinión pública, pero no constituía una prioridad en la política comunicacional del peronismo. En ese marco, la fundación de Trópico por la UNT aparece como una intervención singular, destinada a disputar la legitimidad del discurso opositor en un espacio periférico respecto del centro político-comunicacional del país.

En este contexto, Descole impulsó la creación de un Instituto y una Escuela de Periodismo que ofreciera formación profesional universitaria y editara un diario comercial con perspectiva de circulación regional. La fundación del diario Trópico respondió a esta lógica: intervenir en la esfera pública con un medio que articulara objetivos pedagógicos, institucionales e ideológicos.

La Universidad fundamentaba la creación del Instituto y Escuela de Periodismo y el medio por la necesidad de profesionalizar la disciplina. Refiriéndose a La Gaceta y a la fundación de Trópico, el rector Descole afirmaba que, hasta entonces, los aspirantes al periodismo en Tucumán debían “(…) hacer sus primeras armas en empresas eminentemente comerciales, y han debido sufrir toda clase de influencias, no siempre éticamente recomendables”[2]. Este análisis crítico de la prensa contemporánea se extendía también a los grandes medios, en su mayoría críticos del gobierno nacional.

Trópico sostenía que este tipo de medios perseguía fines exclusivamente comerciales, sin importarles el contenido de sus noticias. Por ello, definía a estos como “periodismo industrial”, por ser un modelo centrado en el lucro[3]. En contraste, la universidad presentaba a Trópico como un medio con una función social y definía su estilo como “periodismo constructivo”. Esto significaba la búsqueda de soluciones a los conflictos presentes en los distintos ámbitos de la vida social, a partir del análisis serio y objetivo de los problemas.

Consideraba que su condición de órgano editado por una universidad lo situaba en una posición privilegiada para cumplir ese fin. En este sentido, el diario afirmaba que “(...) llenará una sentida necesidad en el ambiente cultural del NOA”, al crear un diario que “brindaría información verídica, con análisis objetivo de los hechos y veracidad en los relatos”[4].

A la vez, el diario se esforzaba en negar cualquier inclinación ideología o partidista. Sostenía que “no se debe subordinación al interés de persona, empresa, o sociedad alguna, lejos de sumar su verbo a los núcleos de la prensa oficialista que marca fácilmente hacia el halago a los grandes conglomerados populares”[5]. En la misma línea, advertía que “el aplauso o la alabanza como sistema no tendrán cabida (...)”, aunque aclaraba que una acción podía ser elogiada del mismo modo en que otra podía ser objeto de crítica. Reafirmaba así su compromiso con un enfoque analítico y equilibrado.

No obstante sus esfuerzos por mostrar objetividad e independencia, desde sus inicios Trópico fue reconocido por sus pares como un diario peronista, cuya aparición se explicaban por la ausencia de una prensa afín al gobierno en Tucumán. Así lo afirmaba el gremio de periodistas de la provincia, el Circulo de La Prensa, con quienes tuvo importantes enfrentamientos[6]..

Con este trasfondo institucional y mediático, el surgimiento de Trópico respondió a una necesidad pedagógica que, a la vez, expresaba una estrategia política para disputar sentidos y legitimidad en el campo periodístico tucumano. Pese a su intención de ocultar su orientación editorial, esta se hacía evidente en múltiples aspectos. En las siguientes secciones, se examina cómo esta identidad peronista se construyó desde su morfología, los géneros periodísticos que empleó y las estrategias discursivas que articuló.

Morfología de Trópico: análisis según el Modelo Morfológico de la Prensa

Configuración material y visual del diario Trópico: construcción gráfica de una identidad política

La configuración editorial de Trópico resulta clave para comprender su identidad ideológica. A partir del modelo desarrollado por Jacques Kayser (1964), este apartado examina la dimensión material, referida al soporte físico del diario.

La historia material de Trópico puede dividirse en tres etapas. Entre el 13 de marzo y el 26 de agosto de 1947 el diario se editó en formato sábana (44 x 62 cm) con ediciones que variaban entre 8 y 12 páginas. Del 27 de agosto al 20 de septiembre de 1947 adoptó un formato intermedio (38 x 54 cm), entre sábana y tabloide, con ediciones de entre 6 y 12 páginas. Finalmente, desde el 21 de septiembre de 1947 hasta su cierre, el 1 de marzo de 1950, Trópico se publicó en formato tabloide (33 x 52 cm), con ediciones regulares de 16 páginas.

Las variaciones en formato y extensión respondieron a condicionamientos técnicos e institucionales, vinculados al uso de distintas rotativas durante su existencia y a decisiones editoriales. Durante su primer año, Trópico se imprimió con equipos alquilados a la editorial El Orden, que también editaba un diario. Esta dependencia tecnológica terminó en septiembre de 1947, cuando la universidad adquirió sus propios linotipos y una rotativa Marinoni, modelo 1929. El diseño tabloide, adoptado desde entonces, implicó una transformación significativa en la propuesta comunicacional. Su presentación más compacta, dinámica y atractiva facilitaba la lectura y marcaba distancia con su principal competidor.

Durante el período analizado, La Gaceta utilizaba el formato sábana, por lo que la elección del tabloide pudo haber respondido a una búsqueda de identidad propia. Estas transformaciones incidieron en la organización visual del contenido, la disposición de las secciones y la relación entre texto e imagen.

El diseño de las portadas, componente central de la morfología material, fue pensado para maximizar el impacto visual y comunicar las prioridades editoriales. El nombre del diario, Trópico, se ubicaba en el centro superior de la portada, con una tipografía sin serifas de líneas limpias. A partir del formato tabloide, esta denominación se reforzó con una línea horizontal que la separaba del resto del contenido, jerarquizando su presencia.

A la izquierda, un logotipo circular con el símbolo zodiacal de Capricornio aludía al Trópico homónimo que atraviesa el norte argentino, zona de influencia de la UNT. Debajo, la leyenda “Editado por el Instituto de Periodismo de la Universidad Nacional de Tucumán”, en tipografía con serifas y menor tamaño, consolidaba su identidad institucional. A la derecha, completaban el encabezado “diario de la mañana para todo el día”, el precio y el número de páginas.

        Imagen 1: Encabezado del diario Trópico (ISES-CONICET-UNT)

A partir de 1948, se incorporó un nuevo recurso: sobre el titular principal, en letras mayúsculas, pero de menor tamaño, se anticipaban otros temas relevantes, aunque sin el mismo nivel de destaque. La portada incluía un único titular en letras grandes y negras que destacaba la noticia principal. Las portadas contenían fotografías, generalmente ubicadas en el centro de la página. En los primeros meses, se llegaron a incluir hasta once imágenes de distintos tamaños. Desde mediados de 1948, se implementó un índice en la parte inferior de la portada, lo que mejoró la navegación del contenido y reforzó la organización editorial. La tipografía del diario conservaba un diseño relativamente uniforme.

Aunque el número de imágenes se redujo con el tiempo —manteniéndose entre una y tres por edición—, su inclusión fue constante. Las noticias vinculadas al peronismo tendían a incorporar más fotografías y de mayor tamaño, intensificando así la dimensión visual del discurso oficialista.

El análisis de la tipografía interna revela patrones significativos. Predominaba el uso de tipografías con serifas, los títulos se destacaban por su mayor espesor y uso de negrita, mientras que los subtítulos y el copete empleaban serifas de menor tamaño. En el cuerpo del texto se utilizaban letras pequeñas y compactas, una característica habitual en los diarios de la época que favorecía una mayor densidad informativa.

A partir de la adopción del formato tabloide, en septiembre de 1947, se introdujeron modificaciones relevantes. Los titulares referidos al accionar del gobierno nacional comenzaron a emplear recursos tipográficos más visibles, con mayor tamaño y énfasis visual, lo que reforzaba su jerarquía dentro del diseño general. Asimismo, se intensificó el uso de mayúsculas completas, dotando al discurso de mayor fuerza expresiva. El diseño adquirió una estructura más clara y ordenada, con títulos mejor jerarquizados, una delimitación más precisa de los espacios visuales (avisos, notas, edictos y secciones) y una disposición general más equilibrada.

Imagen 2: Titular del 1 de marzo de 1948 (ISES-CONICET-UNT)

En 1949, las secciones comenzaron a delimitarse con mayor claridad gráfica, lo que otorgó al lector una experiencia visual más organizada y consolidó el rediseño iniciado el año anterior. Los titulares se volvieron más impactantes mediante variaciones en tamaño y disposición, buscaban captar la atención de inmediato. Asimismo, las fotografías cobraron un rol protagónico, seleccionadas con mayor cuidado para reforzar las noticias clave y enriquecer el relato periodístico.

La incorporación de recursos visuales intermedios —como líneas divisorias, cajas y jerarquías tipográficas internas— dotó al diseño de mayor dinamismo y coherencia estructural.

La forma como estrategia: morfología editorial e identidad peronista

La dimensión formal de Trópico evolucionó desde una estructura editorial inicial flexible y experimental, hacia una organización jerarquizada que consolidó su perfil ideológico. A través de la disposición de secciones, la selección y ubicación de géneros periodísticos, y la integración de contenidos publicitarios, el diario articuló una narrativa coherente con los valores del peronismo, aunque revestida de una retórica de neutralidad.

Este apartado analiza cómo esa morfología editorial —es decir, las decisiones sobre forma, jerarquía y género— contribuyó a configurar la identidad del diario desde el discurso periodístico.

Siguiendo a Deuze (2005), se entiende que los géneros periodísticos son construcciones sociales, no formas neutras o naturales, que reflejan convenciones institucionales y posicionamientos ideológicos. En ese sentido, la selección de determinados géneros, su jerarquización y su ubicación dentro del diario responden a decisiones que articulan una mirada particular del mundo, legitimando ciertos discursos y silenciando otros.

En sus primeros meses, Trópico carecía de una estructura editorial fija, lo que reflejaba su carácter experimental. Organizado en ocho columnas, distribuía su contenido en noticias internacionales (portada), nacionales (segunda página) y locales (tercera página), con comentarios dispersos. La estructura, carente aún de sistematicidad, articulaba secciones misceláneas (‘Vida sana y proficua’, ‘Reflejos porteños’, ‘Sociales’) con notas universitarias, crónicas breves y coberturas de eventos sociales.

Inicialmente, en las portadas predominaban las noticias internacionales, reflejando una estructura editorial amplia pero indefinida. Las noticias locales tendían a ocupar espacios marginales, salvo las vinculadas con la actividad azucarera, que recibieron un tratamiento más constante por su centralidad económica y simbólica. Esta selección sugiere una estrategia editorial que subordinaba los temas regionales a los nacionales y oficiales, con una inclinación temática vinculada al peronismo. También prestaba especial atención a la labor del Partido Peronista de Tucumán y sus conflictos.

A partir de mayo de 1947, se observa una transformación editorial: la portada alternaba noticias nacionales, locales e internacionales, pero con énfasis creciente en temas relacionados al peronismo, como los discursos presidenciales o las reformas universitarias impulsadas por Horacio Descole. La adopción del formato tabloide en septiembre de 1947 implicó una reducción del volumen de contenido y una reorganización más jerarquizada. Se priorizaron eventos globales y discursos presidenciales centrados en la economía.

La cobertura local fue ganando espacio, en especial las noticias y análisis sobre la industria azucarera, en secciones específicas como "Azúcar Amarga" centrada en el análisis de los problemas azucareros y la búsqueda de soluciones.[7]

A partir de mediados de 1947 y durante 1948, Trópico sumó secciones fijas como cine, deportes y avisos clasificados. En ese marco, incluyó “La voz del Estado”, destinada a reproducir íntegramente los comunicados de Radio Nacional, lo que institucionalizó la presencia gubernamental en el diario. Desde junio comenzaron también a publicarse comentarios editoriales sin firma y una breve sección dedicada al sindicalismo llamada “Movimiento gremial”.

De acuerdo con Deuze (2005), estos géneros deben interpretarse como prácticas socialmente construidas que condicionan la manera en que los lectores interpretan la realidad. En este caso, los discursos oficiales se presentaban bajo formatos legitimados por la cultura periodística, como la crónica o el comunicado institucional, lo que contribuía a naturalizar su contenido.

Desde octubre de 1948, los comentarios editoriales adquirieron una ubicación privilegiada en la doble página central. Este espacio abordaba temas como la economía nacional, proyectos del gobierno, como la reforma constitucional de 1949, la estatización de los ferrocarriles o la situación de la industria azucarera.

Su ubicación en el centro del diario les otorgaba mayor visibilidad y señalaba, a la vez, su importancia dentro de la agenda editorial, reservando ese espacio para contenidos afines a los principales lineamientos del gobierno nacional. Si bien se incluían entrevistas, notas universitarias o temas de interés general, la centralidad discursiva se orientaba a reforzar la agenda peronista.

               

Imagen 3: Edición del 18 de octubre de 1949, páginas centrales (ISES-CONICET-UNT)

El uso de fotografías que acompañaron las noticias desempeñó un papel central en la morfología editorial. Las noticias vinculadas al gobierno, al Partido Peronista o a efemérides como el 17 de octubre estaban acompañadas de imágenes de Perón, Evita o actos masivos. Estas imágenes captaban la atención del lector y, sobre todo, operaban como anclajes visuales del discurso oficialista, reforzando la identificación emocional con el líder y sus gestos públicos.

En cuanto a la publicidad, provenía especialmente del Estado. Anuncios a página completa sobre la reforma constitucional de 1949 o la estatización de los ferrocarriles se integraban visualmente con las noticias y comentarios. Retomando a Verón, puede entenderse esta convergencia como parte de un dispositivo de producción de sentido que naturaliza la ideología gubernamental.

A ello se sumaba un mecanismo editorial clave: la inclusión de noticias enmascaradas bajo formatos informativos tradicionales, que operaban como vehículos de propaganda política. Se incluían anuncios que imitaban el formato de notas informativas, así como informes de gestión sin autor ni fuente, insertados en primeras planas o en la doble página central. Estas notas, muchas veces redactadas con títulos impersonales, relataban logros del gobierno nacional o exaltaban obras públicas. La elección de géneros como la crónica breve permitía insertar estos mensajes dentro del marco aceptado de la práctica periodística, reforzando su legitimidad comunicativa.

Asimismo, el diario brindaba una cobertura casi exclusiva al Partido Peronista provincial: entrevistas a diputados y senadores oficialistas, actos del peronismo tucumano y políticas del gobierno provincial ocupaban un lugar destacado, mientras se omitían sistemáticamente las noticias sobre la oposición, sus dirigentes o sus críticas parlamentarias. Esta selección de contenidos y su modo de presentación respondían a una estrategia editorial que reforzaba la hegemonía simbólica del peronismo, bajo una retórica de objetividad.

Entre 1948 y 1949, Trópico amplió su abanico temático, incorporando nuevas secciones orientadas a distintos públicos y reforzando su función pedagógica. En marzo de 1948, se incorporó la sección “Pulsando los barrios” con noticias vecinales y deportes barriales, acompañada de un gran despliegue fotográfico. En julio, “El rincón de los niños” introdujo historietas, cuentos y juegos en una página completa, apelando a un público infantil. En enero de 1949, la sección “Cultura” sumó entrevistas, reseñas de libros y avances científicos.

La disposición final del diario consolidaba la jerarquización ideológica. Las primeras páginas y la doble central estaban dominadas por temas oficiales, mientras que las últimas páginas —avisos clasificados, edictos judiciales, deportes y noticias gremiales— quedaban reservadas para contenidos menos ideologizados.

Hasta su cierre, en marzo de 1950, Trópico mantuvo esta estructura editorial, con un enfoque cada vez más marcado en la agenda peronista. La selección y jerarquización temática, el uso recurrente de géneros como el editorial y la crónica, la estrategia visual y la convergencia con la publicidad estatal consolidaron a Trópico como un dispositivo de construcción simbólica, orientado a modelar la opinión pública en clave peronista.

Selección y omisión en el discurso de Trópico: la construcción de un relato oficialista

El análisis morfológico de Trópico reveló cómo su estructura material y editorial promovió una identidad peronista bajo una fachada de neutralidad. El enfoque discursivo complementa esta perspectiva al examinar las estrategias textuales y visuales que legitimaron dicho proyecto.

En esta sección se abordan las operaciones de selección y omisión. Desde la perspectiva de Verón (1988), todo discurso implica una construcción del sentido en la que ciertos elementos son privilegiados, mientras que otros son silenciados o desplazados. Esta operación de selección responde a una determinada posición ideológica, inscrita en un contexto social e histórico.

En el caso del diario Trópico, esta lógica se manifiesta a través de una selección estratégica tanto de temas como de sujetos representados, dejando en la periferia o directamente excluidos a actores, conflictos y tensiones que podrían erosionar la imagen homogénea que se busca construir. Así, el medio produce una representación de la realidad argentina, en consonancia con los lineamientos del discurso peronista.

Analizar estas selecciones y omisiones permite desentrañar cómo los discursos mediáticos reflejan y, simultáneamente, moldean el campo político y social. El análisis se divide en dos partes: primero, las representaciones de Trópico sobre efemérides nacionales y fechas clave del peronismo; y luego, el tratamiento de noticias cotidianas.

Trópico presenta al gobierno peronista como la continuidad de la obra iniciada el 25 de mayo de 1810. En esa fecha patria, con motivo de su conmemoración en 1947, sostiene que nunca se dieron “condiciones tan favorables para la nación”[8]. El diario resalta un proyecto monumental, popular y patriótico que, más allá del partidismo, exige un compromiso colectivo para avanzar hacia los objetivos nacionales. Esta narrativa establece un vínculo directo entre el pasado revolucionario y el presente peronista, proyectando una imagen de progreso y unidad.

En esta línea, el diario articula el 25 de mayo de 1810 con el golpe de 4 de junio de 1943, inicio político de Perón, que “materializó” la libertad soberana. Ambas fechas se interpretan como expresiones complementarias de un mismo anhelo nacional, inscribiendo al peronismo en una tradición de lucha y posicionándolo como culminación histórica.

El 9 de julio de 1947, Día de la Independencia, cobra especial relevancia con la visita de Perón y González Videla, y la proclamación de la “Independencia Económica”, reflejada en una edición especial de Trópico. Se enfatiza la hermandad regional y el entusiasmo popular, mientras que un extenso análisis del Plan Quinquenal resalta la política estatal como un proyecto técnico y moderno en beneficio del trabajador.

De este modo, Trópico elaboró una forma particular de adhesión al gobierno, que combinaba elementos centrales de la retórica peronista —como la movilización emocional en torno al líder y la centralidad del trabajador— con un enfoque técnico, propio de su perfil universitario, orientado a evaluar los resultados concretos de la gestión económica en clave de desarrollo nacional.

La proclamación de la “Independencia Económica” en 1947 fue presentada como la profundización natural y necesaria de la independencia política de 1816. El titular del 10 de julio afirmaba: “El presidente declaró la libertad económica de la Nación Argentina”, registrando así el acto en una genealogía de gestas emancipadoras que refuerzan la centralidad del liderazgo de Perón, mientras que una fotografía firmada por Perón y dedicada al diario ocupaba una página completa.

No se alude a riesgos o críticas, y la acción se presenta como una decisión irreversible en favor del destino nacional. De este modo, Trópico participa activamente en la construcción de un relato cerrado y teleológico, en el que el pasado, el presente y el futuro se articulan en torno a la figura de Perón.

Para el 9 de julio de 1948 y 1949, el diario reitera esta idea de continuidad y complementariedad entre la declaración política de independencia y la económica de 1947, ubicándolas en el mismo nivel de importancia. En su edición del 9 de julio de 1948, la imagen central —un hombre rompiendo cadenas— evoca figuras heroicas del pasado, mientras que el título “INDEPENDENCIA” en grandes letras, seguido de “POLÍTICA Y ECONÓMICA”, jerarquiza simbólicamente los conceptos.

El texto refuerza este efecto con términos como “fortaleza”, “dignidad” y “soberanía”, vinculando las políticas peronistas con valores patrióticos incuestionables. La narrativa de redención  emparentada al peronismo se extiende a otras fechas fundamentales para la historia del movimiento, como el 17 de octubre.

     Imagen 4: Edición del 9 de julio de 1948 (ISES-CONICET-UNT)

Esa fecha es presentada con una relevancia equiparable a las efemérides nacionales. En su edición del 18 de octubre de 1947, le dedica una página completa en la que lo define como “el día de la liberación”, consolidando una lectura heroica y fundacional del acontecimiento.

El discurso selecciona elementos como la masividad, la espontaneidad y la unidad bajo el liderazgo de Perón, afirmando que fue “la Revolución más trascendental de la vida nacional argentina”. Visualmente, la fotografía de la Plaza de Mayo colmada de pancartas y símbolos peronistas refuerza esa narrativa de adhesión popular. La tipografía destacada —con frases como “17 octubre, Día de la Liberación” y “Hoy como ayer, el pueblo con Perón”— aporta solemnidad y contundencia al mensaje.

                   

Imagen 5: Edición del 17 de octubre de 1947 (ISES-CONICET-UNT)

La cobertura de los actos oficiales buscaba mostrar una amplia concurrencia y adhesión unánime. Trópico destacaba la fuerza del discurso del líder y el fervor popular que despertaban sus intervenciones. No incluía críticas ni objeciones a las afirmaciones de Perón, sino que se limitaba a reproducir sus palabras, remarcando el impacto emocional que esto causaba en el pueblo, reforzando la imagen de consenso en torno a su figura.

En cuanto a las ediciones ordinarias, se distingue por la selección de noticias vinculadas a la situación económica nacional y a las medidas oficiales. Estas noticias solían presentarse en un primer momento con un tono de aparente objetividad, acompañadas de fotografías que reforzaban visualmente el mensaje.

Sin embargo, en las secciones editoriales o de análisis, los mismos temas reaparecían bajo un tratamiento valorativo, donde el diario asumía una postura abiertamente apologética, destinada a justificar, celebrar y transmitir los beneficios de las políticas gubernamentales. Por ejemplo, al referirse a la aprobación del presupuesto nacional de 1948, Trópico lo calificaba como un instrumento “ágil, eficaz, que satisfará las necesidades de la colectividad”. Del mismo modo, celebraba la política de estatizaciones, al afirmar que “la defensa del patrimonio moral y material de los argentinos constituye la razón de ser de la actual política del gobierno”[9].

Un tono similar adoptaba sus comentarios sobre la política agraria, al destacar la entrega de tierras como “la revolución de la tierra, la extirpación del latifundio”, y al asegurar que, gracias al presidente, “no habrá un solo campesino que derrame sudor sobre tierra ajena”[10].

Entre los temas locales, la política azucarera ocupó un lugar central en Trópico. El diario destacaba aspectos como la intervención estatal y las políticas de compensaciones, resaltando los esfuerzos del gobierno por estabilizar la industria, al tiempo que silenciaba críticas sustantivas o demandas provenientes de sectores opositores. Por ejemplo, en uno de sus editoriales, defendió el aumento del precio del azúcar como una medida “justa” para sostener la actividad, sin hacer referencia a las objeciones de los críticos[11].

En este marco, el diario abordó las huelgas y la situación de los trabajadores azucareros desde una perspectiva oficialista, que subordinaba sus demandas a la necesidad de mantener la estabilidad productiva. Si bien Trópico afirmaba respaldar los derechos de los trabajadores, cuestionaba la legitimidad de las huelgas, bajo el argumento de que el gobierno peronista ya ofrecía beneficios concretos que hacían innecesaria la media.

El diario defendió la intervención estatal en la FOTIA tras la zafra deficitaria de 1949 como una medida que protegía los intereses generales y aseguraba la producción, minimizando las causas específicas de las huelgas[12]. Este tratamiento, analizado en un estudio previo, ilustra cómo Trópico seleccionó la narrativa oficialista para legitimar el proyecto peronista, omitiendo un análisis detallado de los conflictos laborales.

También resultó significativo el rol del diario frente a las críticas de la prensa opositora sobre la política de medios, entre 1947 y comienzos de 1948. Trópico respondió de manera genérica a estas acusaciones, sin aludir directamente a medios específicos. En sus argumentos, vinculaba la “Revolución del 43” con la conquista de la verdadera libertad de expresión[13], sosteniendo que antes de ese proceso no existía una prensa libre en el país, ya que una economía de tipo colonial implicaba, necesariamente, un sistema mediático subordinado.

En ese marco, la “redención económica” era presentada como condición para una auténtica libertad expresiva. No obstante, dicha libertad no era absoluta, sino que implicaba deberes específicos: debía sustentarse en la verdad y estar al servicio de los intereses de la Nación[14]. En este sentido, Trópico no solo justificaba la regulación oficial de la prensa, sino que legitimaba su propia línea editorial como expresión responsable de esa libertad.

El diario respaldaba la política de monopolio estatal del papel prensa — fuertemente cuestionada por la prensa opositora—, argumentando que dicha medida respondía al “exceso de permisos otorgados a ciertas empresas”[15] y a la necesidad de garantizar el abastecimiento para las pequeñas imprentas, evitando su acaparamiento por parte de grandes compañías. En la misma línea, justificaba el cierre de medios opositores, como La Razón, a los que calificaba como “difamadores” que “hieren la dignidad nacional”.

Frente a las denuncias de censura, Trópico defendía la actuación oficial, subrayando que en Argentina existía una “absoluta” libertad de prensa, dado que “ninguna fuente está cerrada” y los medios contaban con libre acceso a “todos los lugares que estimen conveniente para informarse”[16]. En consecuencia, sostenía que las medidas señaladas por la prensa opositora como atentados contra la libertad de expresión debían interpretarse, en realidad, como acciones orientadas a garantizarla. El diario omitía los argumentos esgrimidos por los críticos del gobierno, limitándose a respaldar las decisiones oficiales y a enunciar los beneficios que acarrearían.

Trópico también expresó un entusiasmo decidido ante las principales iniciativas impulsadas por el gobierno nacional, en particular la reforma constitucional. En marzo de 1947, informó sobre la conformación de una “Liga por los Derechos del Trabajador” y anunció que, a través de sus páginas, se difundiría toda la información vinculada a dicha organización.

El diario destinó sus portadas y numerosas páginas a explicar a los trabajadores los beneficios que traería aparejada la eventual sanción del proyecto. Sostenía que los derechos proclamados por el presidente ese mismo año serían incorporados a la Constitución Nacional como garantías para “todos los miembros de la familia trabajadora”[17]. Asimismo, afirmaba que la reforma permitiría resolver “todos aquellos problemas económicos, sociales o culturales” que afectaban al pueblo.

La operación de lexicalización como estrategia discursiva

La reiteración léxica, entendida como la repetición de términos o conceptos clave a lo largo del discurso, es una estrategia discursiva que contribuye a consolidar y reforzar una visión particular del mundo donde se destaca su papel en la construcción de cohesión y sentido ideológico (Van Dijk, 1998; Fairclough, 1995).

De modo que la elección léxica constituye una operación discursiva central, ya que moldea la percepción de la realidad. Se analizarán una serie de comentarios editoriales de Trópico en los que recurre sistemáticamente a conceptos característicos del léxico peronista, contribuyendo con ello a su naturalización.

                                  Imagen 6:  1 de agosto de 1947 (ISES-CONICET-UNT)

Este comentario editorial de agosto de 1947, centrado en los problemas de la industria azucarera, afirma desde el inicio que la “extraordinaria trascendencia” del sector lo convierte en un asunto de “independencia económica”, noción central del ideario justicialista. La expresión “épocas más propicias para la justicia” retoma el léxico de la justicia social, asociando el presente con una etapa de transformación histórica habilitada por el peronismo. Esta lectura convierte el ahora en un momento de reparación frente a los fracasos del pasado, marcados por el egoísmo del capital.

En este marco, el texto opone las “soluciones negativas”, atribuidas a intereses capitalistas, a una nueva propuesta integradora y positiva. A su vez, se reivindica el rol del Estado como árbitro legítimo, técnico y racional, capaz de superar los intereses sectoriales. El discurso describe una coyuntura y propone una lectura del conflicto azucarero.

Una lógica similar se encuentra en la nota de comentario titulada “De Cómo se Salvaron Casi Dos Mil Millones de pesos argentinos”. Firmada con el seudónimo Comrad, se defiende la compra de los ferrocarriles con fondos bloqueados en Inglaterra como una decisión estratégica y urgente del gobierno argentino, en contraposición a la inacción de la oposición. Construye una identidad peronista mediante una polarización discursiva que distingue entre un gobierno realista y eficiente y una oposición ineficaz y retórica.

                                 

Imagen 7: 1 de septiembre de 1947 (ISES-CONICET-UNT)

El gobierno aparece como capaz de actuar con rapidez ante la crisis económica, mientras que la oposición queda reducida a una “batalla verbal”, incapaz de ofrecer soluciones concretas. Esta dicotomía, presentada como una realidad evidente o, en palabras del texto, “una enseñanza de la vida política”, refleja una operación discursiva que naturaliza los valores oficialistas al asumirlos como hechos incuestionables. La adopción de esta diferenciación en términos absolutos, un rasgo distintivo del léxico peronista, permite a Trópico legitimar las decisiones del gobierno de Perón, proyectándolo como protector de los intereses nacionales.

                                     

Imagen 8: 1 de febrero de 1948 (ISES-CONICET-UNT)

En la editorial titulada “El Banco de Crédito Industrial, una Efectiva Realización”, también firmada como Comrad, se presenta la creación de dicha institución como una consecuencia directa del denominado “movimiento revolucionario” de junio de 1943 y como un “índice del crecimiento de nuestra industria”. Este tipo de formulaciones articula dos de los pilares fundamentales del ideario peronista: la industrialización nacional y la independencia económica.

Ambos objetivos aparecen representados como metas factibles gracias a la acción de nuevas y eficientes instituciones estatales, en contraste con un pasado caracterizado por la dependencia externa y la improductividad. De este modo, se construye una lógica temporal binaria que opone un pasado decadente a un presente transformador, cuya ruptura fundacional estaría marcada por la irrupción del peronismo.

El discurso elabora una narrativa de éxito a partir de la inclusión de datos cuantificables —como la triplicación de los préstamos otorgados en un año— que operan como pruebas empíricas del carácter “realizador” de la gestión gubernamental. Esta apelación a lo numérico se inscribe en una narrativa del progreso nacional, donde las cifras adquieren un valor simbólico al ser integradas a una retórica de eficacia, modernidad y redención histórica. El Banco es así representado como un instrumento central en la concreción de un proyecto de país industrial, moderno, autónomo y, sobre todo, soberano.

En paralelo, el texto construye un adversario: los defensores del modelo agroexportador. Asociados al pasado oligárquico, son presentados como actores retrógrados que obstaculizan el verdadero desarrollo nacional. La frase “pretender alambrar nuestro progreso” sintetiza esta operación de estigmatización, al tiempo que refuerza la centralidad del proyecto industrialista impulsado por el Estado. En oposición a estos sectores, se exalta una Argentina que no reniega de su matriz agraria, pero que propone “industrializar esta producción” y alcanzar así la tan anhelada “independencia económica”.

Imagen 9: 1 de marzo de 1948 (ISES-CONICET-UNT

En el comentario titulado “Un día de fiesta para todos los argentinos”, publicado con motivo de la nacionalización de los ferrocarriles, se construye un relato de soberanía, unidad nacional y cumplimiento de las promesas del líder.

Desde el inicio, se apela al “pueblo trabajador” como sujeto colectivo privilegiado y principal beneficiario de la “recuperación” de los ferrocarriles en manos del capital británico. Esta operación léxica —recuperar— no remite únicamente a una restitución económica o administrativa, sino que condensa una fuerte carga simbólica y nacionalista: lo propio regresa al seno de la Nación gracias a una “medida trascendental del gobierno del General Perón”. La figura del líder aparece como el motor de una reparación histórica, reforzando su rol como garante de los intereses populares.

El texto da por sentada la adhesión de “todos los sectores” a la medida, “sin distinción de credos políticos”, lo cual contribuye a la construcción de una imagen de unanimidad en torno al liderazgo peronista. Asimismo, la nacionalización de los ferrocarriles se inscribe dentro de un proceso más amplio, inaugurado por la “Revolución” —escrita con mayúscula—. Esta Revolución no refiere a un hecho violento, sino a un proceso transformador y progresivo iniciado en 1943, y consolidado con la llegada de Perón al poder.

La palabra del líder también se presenta como garantía de cumplimiento: “Perón cumple con su palabra. Por lo tanto, el pueblo espera confiado”. Esta fórmula retórica articula la confianza popular con la autoridad moral del presidente, y contribuye a consolidar una relación directa, paternalista y afectiva entre Perón y el “pueblo”.

En el comentario “Diversidad de Juicios que Traducen una Sola Realidad Argentina”, el diario despliega una narrativa en la que el país aparece como modelo ejemplar ante los ojos del mundo. Personas provenientes de “las más opuestas latitudes” reconocen en Argentina no solo una democracia auténtica, sino una transformación capaz de conjugar libertad, dignidad individual y justicia.

El elogio externo opera como recurso de legitimación interna: lo que los extranjeros admiran es aquello que el gobierno peronista se atribuye haber concretado. La editorial afirma que la libertad en Argentina “no es una palabra vana”, sino una realidad construida por “hombres libres”. Esta fórmula condensa uno de los ejes del léxico peronista, una noción de soberanía efectiva que redefine la libertad más allá del liberalismo clásico, vinculándola a la justicia social y a la independencia nacional.

También se destaca la idea de felicidad colectiva, caracterizada como “la aspiración suprema de las colectividades”, que en Argentina “se está lográndose en una forma sin igual en el mundo entero”. Esta representación proyecta al país como ejemplo a seguir a escala global.

El comentario concluye con una fuerte exaltación de Perón, quien “se ha convertido en la esperanza de millones” al cumplir los anhelos del pueblo. Frente a él, se oponen “sectarismos fanáticos” y “valores fuera de época” que intentan obstaculizar el proyecto nacional. Esta estructura binaria —propia del discurso oficialista— opone un “nosotros” realizador, moderno y solidario a un “ellos” conservador y destructivo, clausurando el disenso y consolidando una narrativa militante de la política.

Imagen 10: 1 de abril de 1949 (ISES-CONICET-UNT)

El artículo “La Obra del Gran Gobierno de un Gran Pueblo” aborda la construcción del gasoducto Comodoro Rivadavia–Capital Federal como una hazaña técnica y símbolo de realización nacional. Desde el título, se establece una relación simbiótica entre el liderazgo estatal y la grandeza del pueblo: no hay obra sin un “gran gobierno”, pero tampoco sin un “gran pueblo”, exaltado como sujeto moral y material de la transformación.

       

Imagen 11: 2 de enero de 1950 (ISES-CONICET-UNT)

El editorial articula esta obra con la noción de soberanía nacional, presentando la independencia energética como una conquista frente a la “dictadura financiera” del “capitalismo internacional”, al que se responsabiliza por décadas de estancamiento. Así, se opone un pasado de dependencia con un presente de autodeterminación, protagonizado por un Estado que actúa “en nombre del pueblo y para el pueblo”.

Esta operación se inscribe en una estrategia discursiva clásica del peronismo: la construcción de un quiebre histórico. El texto sostiene que la obra pudo haberse realizado treinta años antes, pero solo fue posible bajo el nuevo régimen, enmarcada en el Plan Quinquenal y en continuidad con la proclamación de la independencia económica del 9 de julio de 1947.

La retórica del editorial recurre también al léxico de la justicia social. El gasoducto no es solo una conquista material, sino una “reparación de la injusticia”, un “afianzamiento de la democracia” y una “jerarquización de la patria” en el plano internacional. La obra técnica adquiere así un carácter totalizador, que transforma tanto la economía como el espíritu nacional. El cierre refuerza el culto al líder, al justificar la designación del gasoducto con su nombre: “nadie mejor que el general Perón merecía los honores” de esa denominación.

En suma, los editoriales de Trópico analizados evidencian un uso sistemático del léxico peronista para articular una lectura oficialista de la realidad nacional. Esta estrategia refuerza los valores del justicialismo y contribuye a naturalizarlos como sentido común en el discurso periodístico.

Conclusiones

Este trabajo analizó la construcción de identidad peronista en el diario Trópico a través de sus recursos materiales, formales y discursivos, en el marco del primer peronismo. Si bien la filiación oficialista del diario resulta previsible a la luz del contexto político e institucional, el análisis buscó ir más allá de esa constatación, examinando los mecanismos específicos mediante los cuales esa orientación política se articuló simbólicamente bajo una retórica de objetividad y neutralidad. En este sentido, el objetivo del trabajo no fue reconstruir exhaustivamente el contexto político, económico e intelectual del período —ya abordado por investigaciones previas—, sino complejizar la comprensión de la construcción de consenso mostrando cómo decisiones materiales, formales y enunciativas, en apariencia técnicas, también funcionaron como mecanismos ideológicos.

A partir del cruce entre el modelo morfológico de Kayser y herramientas del análisis del discurso, se reconstruyó una gramática simbólica que operó en diferentes niveles: desde las decisiones tipográficas y de formato, hasta las operaciones enunciativas que organizaron la selección y jerarquización de la información. El estudio mostró cómo el diario integró elementos centrales del discurso peronista —como la exaltación de efemérides patrias asociadas al nuevo orden político, la oposición a la oligarquía terrateniente y la apelación a conceptos como independencia económica— dentro de una estructura formal que pretendía sostener un perfil institucional, sobrio y profesional.

La articulación entre estética, formato y enunciación permite ver cómo el diario proyectó una imagen de objetividad que funcionó como legitimación de su orientación. Esta forma de intervención comunicacional —anclada en la universidad, orientada a la formación de públicos y sostenida por una lógica técnico-pedagógica— ofrece una entrada singular para comprender los modos en que el primer peronismo buscó construir consenso en espacios provinciales.

En este sentido, el aporte principal del trabajo reside en describir cómo la identidad política fue construida discursivamente desde un lugar institucional intermedio, en una provincia alejada de los centros tradicionales del poder, donde el control mediático no constituía una prioridad para el gobierno peronista, a diferencia de lo ocurrido en Buenos Aires. Esta condición “periférica”, sin embargo, no implicó pasividad, sino que habilitó a la UNT a ocupar un rol activo en la producción de un discurso oficialista.

La perspectiva aquí desarrollada permite observar cómo el discurso oficial se adaptó a condiciones locales específicas y cómo esas adaptaciones, lejos de ser meras reproducciones, implicaron decisiones retóricas y materiales que moldearon la recepción del mensaje político. En ese marco, el análisis de Trópico aporta a una comprensión más compleja y situada de los dispositivos simbólicos que operaron en la legitimación del nuevo orden político instaurado a partir de 1946.

En conjunto, el caso de Trópico muestra que la construcción de identidad peronista en un medio universitario no se produjo a través de la declaración partidaria, sino mediante una red de decisiones morfológicas, genéricas y discursivas que moldearon su perfil institucional y político. Se trata de un caso singular, que, si bien posee características poco frecuentes —como la articulación entre universidad, prensa y discurso oficialista en un medio provincial—, puede inscribirse dentro de una lógica más amplia de intervención estatal en espacios académicos durante el primer peronismo.

A futuro, sería relevante indagar cómo fue recibido este discurso por los lectores, así como establecer comparaciones con otras experiencias editoriales. Asimismo, resultaría productivo examinar las tensiones entre el proyecto académico y el político dentro de la institución universitaria, a través del análisis de documentos internos y memorias institucionales que puedan revelar debates no explicitados en el discurso público del diario. Ello permitiría evaluar si Trópico constituye un caso excepcional o un ejemplo de una lógica más amplia en el vínculo entre universidad, prensa e ideología en la región.

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Archivos y Fuentes

Archivo del Círculo de la Prensa, Tucumán.

Diario Trópico, Tucumán. (1947–1950). Varias ediciones consultadas de ejemplares digitalizados del Instituto Superior de Estudios Sociales (ISES- CONICET-UNT).

Recibido: 02/06/2025

Evaluado: 03/08/2025

Versión Final: 04/09/2025

páginas / año 18 – n° 48/ ISSN 1851-992X /2026                         


[1]  Horacio Raúl Descole (1910-1984), farmacéutico, botánico y rector de la UNT (1947-1951), se incorporó en 1937 como jefe de Botánica en el Instituto Miguel Lillo y profesor en la Facultad de Farmacia y Bioquímica. Como interventor (1946) y rector, con apoyo del gobierno peronista, impulsó una modernización de la UNT, aumentando la matrícula un 287% y creando instituciones como el Instituto de Periodismo (1947) y el Instituto Cinefotográfico (1946) para producción audiovisual y formación técnica. Su visión federalista proyectó la universidad hacia Salta, Jujuy y Santiago del Estero, integrando medios para el desarrollo regional. Cesanteado en 1955, se exilió en Chile, regresando en 1973.

[2] Trópico, 25/08/1947, p.4

[3] Trópico, 20/07/1948, p.7.

[4] Memorias UNT, 1947. p. 47.

[5] Memorias UNT, 1947, p.48.

[6] Libro de actas del Círculo de La Prensa de Tucumán. 19/06/1948, Acta 93.

[7] Acerca de la postura del diario frente a la política azucarera peronista ver González, R.; Diagnósticos, críticas y propuestas ante la política azucarera peronista: El diario Trópico, Tucumán (1947-1950); Universidad Nacional de Tucumán. Facultad de Ciencias Económicas; Travesía; 24; 1; 5-2023; 107-132

[8] Trópico, 25/05/1947, p.2.

[9]  Trópico, 7/10/1947, p. 8.

[10] Trópico, 1/07/1948, p.12

[11] Trópico, 23/04/1948, p.11.

[12] Trópico, 1/02/1950, p.11

[13] Trópico, 19/09/1947, p.8

[14]  Trópico, 4/10/1947, p 9.

[15] Trópico, 1/09/1947, p8.

[16] Trópico, 19/09/1947, p.7.

[17] Trópico, 30/03/1948, p.3.