Del “gabinete montonero” a la Universidad de Buenos Aires (1973-1974)

 

 

From the “montonero’s cabinet” to the University of Buenos Aires (1973-1974)

 

 

 

 

Sergio Friedemann

Universidad de Buenos Aires (Argentina)

ser.fri@gmail.com

 

 

 

Resumen

El artículo se inscribe en un cruce del campo de estudios sobre la universidad con la historia del peronismo. El propósito del texto es reconstruir las redes, grupos político-técnicos y profesionales que formaron parte de un listado que la organización Montoneros le elevó a Perón y Cámpora en abril de 1973, para que definieran el armado del gabinete del Poder Ejecutivo Nacional. A partir del “organigrama” o “gabinete montonero”, como se lo conoció, es posible observar que diversas personas sugeridas para ministerios y secretarías del gobierno central fueron finalmente designadas en la Universidad de Buenos Aires. Allí, la izquierda peronista pudo protagonizar una reforma universitaria que resultaría inconclusa. El trabajo contribuye a examinar la heterogeneidad interna de este sector y la complejidad de las relaciones entre Montoneros y sus organizaciones de superficie o aliadas. Siguiendo un enfoque cualitativo, tendremos en cuenta las menciones al “organigrama” en literatura académica, periodística y testimonial, complementando la indagación con fuentes primarias escritas y orales. La confrontación de distintos tipos de fuentes permite reconstruir entramados de pertenencia y afinidades entre grupos y actores que se vincularon con la “tendencia revolucionaria” del peronismo, pero sin subordinarse necesariamente a su organización hegemónica Montoneros.

 

Palabras Clave

Universidad; Peronismo; Montoneros; Izquierda Peronista; Años sesenta y setenta.

 

Abstract

The article is located in the crossing path between the studies on universities and the history of Peronism. The purpose of the paper is to reconstruct the networks, and the political-technical and professional groups that were part of a list that the Montoneros organization submitted to Perón and Cámpora in April 1973, so that they could include them in the cabinet of the Executive Branch. From this "organizational chart", or "montonero´s cabinet" as it became known, it is possible to notice that several people that were suggested for ministries and secretariats of the central government were finally appointed at the University of Buenos Aires. From there, the Peronist left carry out a university reform that would finally be unconcluded. This paper aims to examine the internal heterogeneity of this group and the complexity of the relations between Montoneros and its allied or “surface” organizations. Following a qualitative approach, we will analyze the references to this "organizational chart" in academic, journalistic and testimonial literature, along with primary written and oral sources. The confrontation of different types of sources allows us to reconstruct networks of belonging and affinities between groups and actors that were linked to the "revolutionary tendency" of Peronism, but without necessarily subordinating themselves to the hegemonic organization: Montoneros.

 

Keywords

University; Peronism; Montoneros; Peronist Left; sixties and seventies.

 

 

 

 

 

Introducción

 

El presente trabajo forma parte de una investigación en curso sobre la relación entre universidad, peronismo y sectores medios[1] en los años sesenta y setenta.

Dialoga con aquellos trabajos que se centran en la participación institucional y los proyectos políticos de la izquierda peronista, más allá de la violencia política o la lucha armada (Abbatista, 2014; Antúnez, 2011; Camelli, 2018; González Canosa, 2018; Pozzoni, 2015; Tocho, 2015, 2020; entre otros). En particular, en este escrito procuramos reconstruir las redes y grupos profesionales y político-técnicos que formaron parte de un listado que Montoneros le elevó a Perón en abril de 1973, con motivo de la inminente asunción de Héctor Cámpora como presidente de la Nación[2], para que la cúpula del peronismo definiera el armado del gabinete del Poder Ejecutivo Nacional. A partir del “organigrama” o “gabinete montonero”, como se lo conoció,[3] es posible observar que diversas personas sugeridas para asumir ministerios y secretarías del gobierno central son las que finalmente ocuparon espacios de relevancia en la Universidad de Buenos Aires (UBA). Dicho recorrido contribuye a examinar la heterogeneidad interna de la izquierda peronista y la complejidad de las relaciones entre Montoneros y otras organizaciones que en su conjunto asumieron el nombre, en el espacio público, de “tendencia revolucionaria” del peronismo. A su vez, aporta elementos al análisis de las tensiones entre la estrategia de la “guerra popular revolucionaria”[4] planteada por la organización Montoneros y la adecuación coyuntural a la táctica político-electoral.

Las menciones al organigrama han sido frecuentes, tanto en bibliografía del género periodístico y testimonial (Bernetti, 1983; Bonasso, 2000; Gasparini, 2008; Perdía, 1997; Yofre, 2015; entre otros) como en trabajos académicos (Antúnez, 2011; Bartoletti, 2010; Tocho, 2015). Sin embargo, no se ha analizado con detenimiento el contenido de dicho listado para una mejor comprensión de las redes de pertenencia y los modos de inserción de la izquierda peronista en los organigramas estatales tras la asunción de Cámpora como presidente. La confrontación de distintos tipos de fuentes, y en especial la incorporación de entrevistas en profundidad a militantes-profesionales que formaron parte de la propuesta de gabinete, permite a su vez un mayor conocimiento sobre las redes de pertenencia y afinidades entre grupos y actores que se vincularon con la “tendencia revolucionaria” del peronismo, pero sin subordinarse necesariamente a Montoneros, la organización hegemónica de ese entramado. A su vez, diversos testimonios sugieren la idea de un “premio consuelo”: al no acceder a cargos jerárquicos del gobierno nacional, debieron conformarse con gestionar la universidad.

Además de las entrevistas y las fuentes secundarias, utilizamos fuentes documentales primarias como correspondencia del exilio de Perón, prensa gráfica, documentación institucional de la UBA, publicaciones ministeriales, entre otras. Los testimonios son utilizados con los recaudos que sugiere el campo de estudios sobre la memoria social y la historia reciente, pero sugerimos que de igual modo deben considerarse las fuentes secundarias contenidas en bibliografía del género periodístico o testimonial. Se trata de producciones de sentido que operan en los campos de disputa por la construcción de memorias (Jelin, 2002). Dichas producciones están atravesadas, indefectiblemente, por la selectividad propia de la memoria y el olvido, fruto del paso del tiempo, pero también por los usos políticos del pasado, los recuerdos ritualizados y la delimitación respecto de lo que los actores consideran “decible” y “escuchable” en el momento en el que se publica o recuerda lo narrado.

El artículo tiene tres secciones, además de esta introducción y sus reflexiones finales. En la primera de ellas, nos enfocamos en los meses previos al retorno a la democracia a los fines de examinar la relación entre Montoneros y un conjunto más amplio de actores que habitaron de manera diversa el espacio de la izquierda peronista.[5] Será considerada la creación de grupos político-técnicos-profesionales, la promoción de la Juventud Peronista como “cuarta rama” del movimiento y la relación de los diferentes “frentes de masas” con la organización Montoneros.

En la segunda sección nos dedicamos a analizar el “gabinete montonero” y se organiza a su vez en tres partes. En primer lugar, realizamos una aproximación a las distintas fuentes secundarias que permitieron acceder de forma parcial al “organigrama” desde sus primeras menciones en los años ochenta. En segundo lugar, analizamos la aparición de una versión facsimilar del documento en un libro del género periodístico de investigación del año 2015, e indagamos brevemente acerca de documentación sobre peronismo que circula en manos privadas. En tercer lugar, recurrimos a una serie de entrevistas a profesionales e intelectuales, algunos de las cuales figuraban en el listado que aquí se analiza.

La tercera sección se dedica a repasar sintéticamente las políticas universitarias implementadas en la UBA desde fines de mayo de 1973. Ello permite observar que, a pesar de la heterogeneidad de la izquierda peronista, sus diferentes expresiones participaron -no exentas de conflictos- en un proyecto institucional de reforma universitaria. A su vez, mostramos cómo dicha reforma fue interrumpida bajo el gobierno de Isabel Perón con el desplazamiento de la izquierda del peronismo por parte de la derecha nacionalista.

 

 

La coyuntura electoral, los equipos técnicos-profesionales y la disputa por los cargos

 

Con los ecos del Cordobazo todavía latentes, dos sucesos iban a redefinir el panorama político nacional al comenzar la década del setenta. El primero fue la espectacular aparición pública de la organización Montoneros, con el secuestro y posterior ejecución del Gral. Aramburu en 1970. Y al año siguiente, el llamado del presidente de facto Alejandro Lanusse al “Gran Acuerdo Nacional” (GAN), que desembocaría en el retorno de la democracia electoral con la inclusión del peronismo, aunque sin la candidatura de Perón. Es de notar que estos dos hechos iban a enmarcarse en dos de las diferentes tácticas desplegadas por diversos sectores del peronismo para terminar con la proscripción: la político-electoral y la insurreccional-revolucionaria.[6]

Perón otorgaba vital importancia a la planificación técnica, y durante los últimos años del exilio se mostró activo en su correspondencia con la directiva de “acopiar materia gris”.[7] Sin embargo, no era una tarea que le asignara a un solo interlocutor. Leopoldo Frenkel encabezaba el Consejo de Planificación, y Julián Licastro con José Luis Fernández Valoni dirigían el Comando Tecnológico Peronista. Perón puso en contacto a Frenkel con Licastro y les propuso trabajar juntos, pero esos intentos fracasaron y ambos grupos continuaron funcionando por separado. Luego recibió a Rolando García en Madrid y lo puso al frente de un nuevo organismo: el Consejo Tecnológico del Movimiento Nacional Justicialista. Si bien la creación de espacios de este tipo no era nueva en el movimiento peronista, la perspectiva de retornar al gobierno junto con el beneplácito de Perón llevó a que florezcan numerosos grupos más pequeños. Y sobre la hora electoral, desde Montoneros se impulsaron los “Equipos político-técnicos de la Juventud Peronista” (EPT-JP).[8]

Ante la perspectiva de institucionalizar el movimiento peronista en el esquema del sistema político argentino, y a su vez la desconfianza en la concreción de elecciones libres, Perón decidió tejer puentes con los sectores más radicalizados. Además de nombrar como delegado personal a Héctor Cámpora, reemplazando a Jorge Paladino, decidió incorporar como “cuarta rama” del movimiento a la “juventud”, sumándose a las tradicionales ramas política, femenina y sindical, lo cual fue resistido por la última (Bartoletti, 2010). A su vez anunció que cada rama recibiría un 25% de los cargos. Si bien “Juventud Peronista” (JP) fue un significante en disputa, en poco tiempo Montoneros iba a lograr hegemonizarlo.

Julián Licastro y Rodolfo Galimberti fueron nombrados delegados de la nueva rama juvenil en el Consejo Superior del Movimiento Nacional Justicialista, organismo encabezado por Cámpora. Licastro era un exteniente expulsado del ejército por dar su apoyo al Cordobazo y, como adelantamos, dirigía el Comando Tecnológico Peronista. Galimberti era el líder de Juventud Argentina por la Emancipación Nacional (JAEN), agrupación juvenil creada en 1967 y cuyos militantes pasarían en su mayoría a engrosar las filas de Montoneros junto con Galimberti. Otros, como Carlos Grosso, se alinearían con Licastro.

Según Gillespie (2008), Montoneros reclutó a Galimberti en algún momento de 1972. Juan Manuel Abal Medina estima que lo hizo en el contexto electoral de marzo del ´73, pero que desde tiempo antes “quería ser montonero y funcionaba como enlace de los montoneros”.[9] Lo cierto es que si hasta principios de 1972 Galimberti finaliza sus cartas a Perón solo con su firma autografiada, ya en febrero de 1973 se visualiza a continuación la idéntica fórmula a la usada por Montoneros para cerrar sus comunicados: “¡PERÓN O MUERTE! ¡VIVA LA PATRIA!”.[10] Su pase a Montoneros, junto a la organización de la JP en siete regionales, son sucesos clave para comprender la estrecha vinculación de lo que se conoció como “Juventud Peronista - Regionales” (JP-R) con esa organización.

Finalmente, no le fue otorgado un 25% a la rama juvenil en la confección de las listas legislativas, pero ello parecía un problema menor para Galimberti según le escribe a Perón en el mes de febrero:

 

Específicamente con relación al 25% que nos correspondía como rama en las listas le informo que si bien no se cumplió totalmente a pesar de los denodados esfuerzos del compañero Abal Medina (…), el balance que nosotros hacemos es en líneas generales positivo ya que se garantizó mínimamente la presencia de elementos leales en las regionales claves. [11]

 

Según la entrevista a Abal Medina ya citada, a la juventud le dieron “muy poco” en las listas parlamentarias: solo ocho lugares, uno por cada regional. Y Galimberti parece darle mayor importancia a la definición de los jefes regionales de la JP que a la inserción institucional de sus militantes. Aunque merece indagarse con más detenimiento, esta valoración podría relacionarse con la desconfianza que la organización armada arrastraba respecto de la táctica político-electoral, privilegiando el fortalecimiento de las agrupaciones de superficie de la “tendencia revolucionaria”. No obstante, también se muestra interesado en evitar ciertos nombramientos a la hora de confeccionar el gabinete:

 

La preocupación que subsiste debe atribuirse a que los logreros enquistados en la burocracia sindical insisten en promover a sus agentes descalificados como por ejemplo, Gómez Morales y Cafiero.[12]

 

Gómez Morales y Cafiero habían sido propuestos por Lanusse para integrar el gabinete en el marco del GAN, pero rechazaron la propuesta al no contar con el visto bueno de Perón (Denaday, 2020). Ambos colaboraban con el Consejo de Planificación encabezado por Frenkel, y nuevamente iban a aparecer “vetados” en la propuesta de gabinete que Montoneros le entregaría al líder justicialista.

Las memorias de Frenkel, por su lado, indican que cuando Cámpora convocó a algunos de los referentes de los equipos profesionales para sintetizar las diversas propuestas, “no fue posible llegar a un programa común”, en gran medida porque Rolando García sostenía “una propuesta completamente utópica”: la “estatización de las unidades productivas que proporcionaban bienes de consumo masivo” (Fernández Pardo & Frenkel, 2004, p. 152). Como puede verse, los profesionales, científicos e intelectuales no quedaron al margen de las disputas intraperonistas.

Si bien la relación entre la JP-R y Montoneros fue compleja, y no todos los jefes se subordinaron de igual modo y en todo momento a “la orga”, compartimos con Julieta Bartoletti (2010) la observación de que con “la creación de las regionales”, Montoneros logra “designar y/o incorporar a sus filas a quienes se ubican en posiciones de dirección, haciendo de la JPR una estructura ‘de superficie’, paralela a la clandestina, y dirigida por ella” (p. 404).

A la situación presentada hasta aquí debemos agregar -y adelantar- que el equipo de Julián Licastro iba a coordinar con FAR y Montoneros la confección del “organigrama”. Por lo tanto, los dos delegados de la rama juvenil quedarían bajo el paraguas de la “tendencia” que hegemonizaba Montoneros en la coyuntura pre- y postelectoral.

Esta conjunción de hechos constituyó el mecanismo por el cual se insertó institucionalmente en el Partido Justicialista la Juventud Peronista y con ella, indirectamente, Montoneros, que creció sin pausa hasta bien entrado 1973. No sin debates internos y desacuerdos entre la militancia (González Canosa, 2018; Tocho, 2015), finalmente el grueso de la entonces llamada “tendencia revolucionaria” se inclinaría a la posibilidad de ocupar cargos gubernamentales o legislativos, procurando distinguir la llegada al gobierno de la “toma del poder”. Aunque desconfiaran de la vía electoral, quienes apostaron por la revolucionaria no quedaron al margen de la política institucional.

La JP-R tuvo una importante participación en la campaña electoral, y Montoneros aprovechó la oportunidad de hegemonizar a un conjunto más amplio de espacios organizativos, redes, grupos y figuras intelectuales. Sin abandonar el accionar militar, fortaleció una política “de superficie” a través del armado de “frentes de masas”. A la JP-R se sumaron la Juventud Universitaria Peronista (JUP), la Juventud Trabajadora Peronista (JTP), la Unión de Estudiantes Secundarios (UES), el Movimiento Villero Peronista (MVP) y la Rama Femenina - Agrupación Evita.[13] Pero también los ya mencionados EPT-JP. De lo dicho hasta aquí no debe concluirse una subordinación absoluta e invariable a lo largo del período y en todos los territorios por estas agrupaciones de superficie hacia Montoneros. Son los estudios de caso los que pueden brindar mayor conocimiento sobre la mayor o menos posibilidad de conducción de esos entramados.

 

El “gabinete montonero” y los cargos en la UBA

Las primeras huellas del organigrama

La heterogeneidad del peronismo se hizo valer luego de la victoria electoral del 11 de marzo de 1973, que llevó la fórmula Cámpora-Solano Lima a la primera línea del Poder Ejecutivo. Dos meses y medio de transición fueron el escenario de diversas pujas intraperonistas por ocupar los espacios vacantes, y especialmente del gabinete nacional, el cual ya se empezaba a tejer desde la quinta de Madrid donde Perón aún mantenía su residencia. En Argentina, a su vez, los equipos técnicos y profesionales se preparaban para la responsabilidad de gobernar o por lo menos para la elaboración de propuestas de políticas públicas. En ese escenario, FAR y Montoneros, que todavía no se habían fusionado, pero estaban en proceso (González Canosa, 2012), le elevaron a Perón un listado de personas que dichas organizaciones (en diálogo con los equipos técnicos) proponían para los diferentes ministerios, secretarías, subsecretarías, Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires, Policía, entre otros ámbitos. Las personas que estaban incluidas en el “gabinete montonero” no eran necesariamente parte de esa organización ni de su mancomunada FAR, pero sí tenían un buen vínculo con ellas, eran referentes de la izquierda peronista entre los intelectuales y profesionales de su área o provenían de algún grupo aliado.

Las menciones al “organigrama” son recurrentes en bibliografía sobre Montoneros, pero están basadas en testimonios o memorias de la militancia que proporcionan pocos datos sobre el tema y hasta el momento no se ha sistematizado y ponderado la información disponible desde el campo académico.

Una de las primeras referencias es la de Jorge Bernetti en El Peronismo de la Victoria, cuya primera edición es de 1983. Allí el autor narra que, previo a la asunción de Cámpora, Montoneros y FAR “elevan a Perón una lista de unos trescientos nombres con indicaciones acerca de los cargos que podrían ocupar en la función pública” (Bernetti, 1983, p. 107). El número 300 reaparecería en posteriores trabajos.

Juan Gasparini (2008) [1988] se refiere a una serie de reuniones que tuvieron Roberto Quieto y Mario Firmenich con Perón en Europa. Allí los líderes de FAR y Montoneros le “sometieron a Perón una lista de trescientas personas que deseaban ver ocupando cargos gubernamentales”, pero también le habrían informado que Galimberti se había encuadrado en la guerrilla (p. 49).

En 1997, Roberto Perdía publicó La otra historia: testimonio de un jefe Montonero. Según su versión, él estuvo presente en Roma junto a Quieto y Firmenich cuando le entregaron el listado a Perón. Luego le siguieron otras reuniones en Madrid. Perdía da algunas pistas sobre la confección del documento: previo al viaje se realizaron reuniones de los “equipos político-técnicos de la JP” con los “Comandos Tecnológicos” y los “Consejos Tecnológicos Peronistas” (en clara referencia a los grupos de Licastro y García). Por ello, los nombres sugeridos habrían expresado “propuestas sintetizadas por los diferentes equipos de trabajo y que nosotros llevaríamos a Perón” incluyendo “políticos o técnicos propios, amigos y aliados”. También menciona que la iniciativa incluía una serie de vetos.

En Diario de un clandestino, Bonasso (2000) suma numerosos datos que los conocidos hasta entonces. Por ejemplo, que el listado fue “elaborado por compañeros como Alejandro Peyrou que coordinan a los grupos de profesionales”, y que antes de entregárselo a Perón la lista “fue corregida de puño y letra por el Pepe Firmenich” (Bonasso, 2000, p. 116). Luego menciona que también participó de su armado José Luis Fernández Valoni, “el segundo de Licastro” (p. 119). Y agrega que hay coincidencias entre la lista de Firmenich y otra que Cámpora le elevó a Perón. Es decir que habría más de un listado similar. Pero además Bonasso incluye una veintena de nombres del total supuesto de 300, dice que la lista tenía “unas seis carillas” y que para cada cargo se presenta una terna.

También es del año 2000 la biografía de Rodolfo Galimberti escrita por Roberto Caballero y Marcelo Larraquy. Allí se afirma que la lista se la entregaron Firmenich y Perdía al presidente electo Cámpora en una reunión secreta organizada por Galimberti el 16 de abril de 1973, en el departamento de su novia en Recoleta. Esta versión es congruente con la posible existencia de al menos dos listados, uno entregado a Cámpora y otro a Perón.

Existen diversas entrevistas a Mario Firmenich, editadas y publicadas en diferentes soportes, que sostienen varios de los elementos presentados. En una de ellas, realizada por el historiador Felipe Pigna y transmitida por televisión, el exjefe montonero habla de varios encuentros en Roma y en Madrid, donde se conversó sobre las propuestas para el gabinete: “Ahí tuvimos varias conversaciones, le entregamos los documentos escritos que llevábamos, con equipos eventuales de gobierno, con los distintos ministerios y demás...”.[14] Minutos después, según la edición televisiva, Firmenich vuelve sobre la cocina del documento, presentándolo como un armado heterogéneo, pero dentro de los márgenes del “peronismo combativo” y “revolucionario”.

Otros testimonios disponibles son los del propio Alejandro Peyrou. En 2010 escribió para el anuario de Lucha Armada, donde corrobora que él participó de la confección de la lista, pero que no se había mencionado la idea de entregársela a Perón.[15] Tiempo después aparece entrevistado para un libro sobre la organización Lealtad, donde agrega:

           

Por el rol que yo tenía respecto de los temas técnicos, cuya responsable era Adriana Lesgart, me toca escribir la lista de aspirantes a cargos que tiene la “Orga”. Eran ternas de todos los ministerios, secretarios y subsecretarios. Más los servicios penitenciarios, más Policía Federal, y otras cosas (Duzdevich, Raffoul, & Beltramini, 2015, p. 100).

 

Desde el campo académico, Fernanda Tocho (2015) vuelve sobre “el famoso organigrama de 300 personas”, tomando como fuente a Perdía (1997) pero sumando una nueva entrevista realizada por la investigadora a Peyrou, quien ratifica su protagonismo. La autora, que investiga la participación de “la tendencia” en el Gobierno de la Provincia de Buenos Aires en 1973, afirma a partir de ese testimonio que el listado sirvió como base para definir cargos en la gobernación.

Otras investigaciones académicas que mencionan el episodio lo hacen a partir de las mismas fuentes hasta aquí presentadas. Bartoletti, en su tesis doctoral sobre Montoneros, se basa en los textos de Perdía (1997), Bonasso (2011) y Caballero & Larraquy (2002), interpretando que, desde la mirada de Perón, eran “excesivas” las “pretensiones de la Juventud” (Bartoletti, 2010, p. 431). Tampoco brinda información novedosa, sobre este punto, la tesis doctoral de Damián Antúnez (2011) acerca de la participación de la “tendencia” en los gobiernos provinciales.

El listado elevado por Montoneros, coinciden casi todas las versiones, generó por lo menos recelo en sus destinatarios. Bonasso escribe que “el viejo lo tomó muy mal” (2000, p. 116). Según Caballero & Larraquy (2002), Cámpora habría recibido la lista con sorpresa, afirmando a los “muchachos” que se estaban “sobreestimando” (p. 150). Los autores también se refieren al encuentro en Madrid en el que Galimberti fue desplazado de su cargo de delegado, luego del famoso discurso promoviendo las “milicias populares” en el acto de lanzamiento de la UES. Allí Perón habría afirmado: “La juventud tiene que empezar de abajo, como siempre ha sido, y no pretender ministerios” (p. 154).

Sería legítimo preguntarnos si lo que más molestó a Perón y Cámpora fueron las propuestas de nombramientos o las objeciones. En la entrevista ya citada, Firmenich lo cuenta de este modo:

 

Entonces juntamos todo lo que era la materia gris de la época, del peronismo combativo, revolucionario, y nos pusimos de acuerdo inclusive en equipos de gobierno, con los ministerios y demás, también nos pusimos de acuerdo en algunas personas que no queríamos ver ni pintadas…[16]

 

Tal vez para contrapesar los “vetos”, en las rememoraciones se suele destacar cierta amplitud ideológica: “Incluso no descartábamos la participación de algunos radicales, como por ejemplo el equipo de Roque Carranza para economía” (Perdía, 1997, p. 140). Bonasso aporta datos textuales: “Entendemos que podría ofrecerse a los radicales: a) En el área económica: equipos del Ing. Roque Carranza.[17] b) En el área energética: Equipos del Dr. Conrado Storani.” Respecto de las objeciones, reproduce: “Estimamos como peligrosa y contraria a los objetivos del futuro gobierno la presencia de…” y menciona que en la lista aparecían “veinte censurados” de los cuales nombra a Miguel Ángel Bellizi para el Ministerio de Bienestar Social; Juan José Taccone para Trabajo, y Antonio Cafiero, Alfredo Gómez Morales, y equipos del frondicismo para Economía (Bonasso, 2000, pp. 116–119).[18] En la versión facsimilar del listado que reproduce Yofre (2015), y a la que nos referiremos a continuación, la redacción es casi idéntica y no hay un nombre que se contradiga con los pocos que menciona Bonasso.[19]

 

La versión facsimilar del “Tata” Yofre

En Puerta de Hierro, publicado en 2015, Juan Bautista Yofre (periodista y ex titular de la SIDE, los servicios de inteligencia argentinos), se propone sacar a la luz “documentos inéditos del cuarto de los cocodrilos” (p. 8), según el autor un subsuelo de la quinta del exilio madrileño donde Perón habría guardado su archivo documental y correspondencia. En el libro, y en entrevistas realizadas con motivo de su publicación, Yofre explícitamente deja asentado que no puede revelar cómo obtuvo parte de los documentos. De hecho, los fondos documentales sobre el exilio de Perón se vieron incrementados en los últimos años, y las sedes académicas y gubernamentales donde se encuentran tampoco brindan información oficial sobre el orígen de los “papeles de Perón”. Algunos de los archivos abiertos recientemente al público obtuvieron los documentos de manera privada, e incluso existe documentación a la venta.[20] En definitiva, estamos ante un campo de investigación cuyas fuentes son, en muchos casos, de dificil acceso, en algunos casos inexistentes y en otros de incomprobable veracidad. Por ese motivo, las fuentes de este tenor no pueden ser tomadas sin recaudos epistemológicos, pero tampoco deben ignorarse o subestimarse. Su utilidad debe ser ponderada y dentro de lo posible, contrastada.

Respecto del “gabinete montonero”, Yofre es el primero que ofrece una versión facsimilar. A simple vista se observa que es el mismo documento puesto a la venta en Roma desde junio de 2018 a través de una subasta y adjudicado recientemente en 2700 euros.[21] Yofre dice que en el archivo de Perón la lista “fue guardada celosamente”. Y que traía adjunto un papel escrito por López Rega, cuya copia también reproduce: “‘Los Muchachos de la Juventud’ (Montos) le enviaron esta lista al Jefe para formar el gobierno” (en Yofre, 2015, p. 395). Debemos mencionar que la tipografía es efectivamente muy similar a la de López Rega, según se desprende de un documento de su autoría que hemos relevado.[22]

 

Imagen 1

 

 

Subasta de elementos pertenecientes a Juan D. Perón, en la que se vendió el documento analizado en este artículo. La versión es idéntica a la reproducida por Yofre. También se informa que el producto en venta incluye el escrito de López Rega.[23]

 

Reiteremos que es posible que sea tan solo una de las versiones del organigrama, pero se trataría de una que llegó a estar en manos de Perón. A su vez, coincide en buena medida con lo expuesto por Bonasso (2000). Las 19 personas que menciona aparecen en la versión de Yofre: un documento de cinco carillas que incluye un total de 50 cargos y 88 propuestas para ocuparlos (en algunos casos hay ternas, y también hay nombres repetidos para diversos espacios). El único contrapunto importante con las fuentes previas es el de la cantidad de nombres (se indicaban 300). Respecto de las carillas, si Bonasso mencionaba un “aproximado de seis”, en Yofre es tan solo una menos. En rigor, al observar el documento, resulta improbable que en esa longitud se inserten 300 nombres y los cargos para los que se postulan. El número parece surgir del rumor circulante entre la militancia,[24] posiblemente con el fin de exagerar la magnitud de cuadros técnicos disponibles por parte de la izquierda peronista que buscaba conducir Montoneros.

Entre los nombres, sobresalen efectivamente figuras que integraron equipos técnicos o profesionales que se conformaron poco antes de 1973 para elaborar propuestas de gobierno. Licastro y Rolando García se sugieren para intendente de la Capital y ministro de obras públicas, respectivamente. De los EPT-JP aparecen Juan Pablo Franco y Alcira Argumedo (miembros de las ex Cátedras Nacionales), Bonasso y Jorge Bernetti (del “Bloque Peronista de Prensa”), Oscar Sbarra Mitre, Ignacio Lopatín[25] y Alfredo Ibarlucía.[26] Se observan otros grupos disciplinares o profesionales que ya tenían años de actividad, como la Asociación Gremial de Abogados y su Agrupación de Abogados Peronistas.[27] También figuras de la cultura, intelectuales o curas tercermundistas, como Rodolfo Puiggrós, Juan José Hernández Arregui, el sacerdote Mugica, entre otros.

El único que aparece propuesto en el listado y efectivamente fue ministro es Esteban Righi, quien se sugería como titular de Justicia pero fue nombrado Ministro del Interior. Righi provenía de la red de abogados mencionada, pero también era socio del hijo de Cámpora. A los 34 años, fue el más joven del gabinete y uno de los que mejor vínculo estrechó con la “tendencia” (Antúnez, 2011; Gillespie, 2008). También aparece en el “gabinete montonero” Juan Manuel Abal Medina, ungido por Perón como secretario general del Movimiento Nacional Justicialista. Inversamente, quienes sí ocuparon diversos cargos nacionales fueron dos de los allí vetados por Montoneros, Gómez Morales y Cafiero.[28] Agreguemos que si Licastro aparecía como candidato a intendente de la Capital Federal, la designación recayó en Leopoldo Frenkel.[29]

Pero lo que aquí nos interesa es que del documento publicado por Yofre se desprende que aquellas figuras y grupos que la izquierda peronista esperaba ver ocupando cargos en el gobierno nacional terminaron, en buena medida, insertos en la gestión de la Universidad de Buenos Aires, además de otros espacios como el gobierno de la provincia.

Por razones expositivas, no reproducimos aquí todos los nombres restantes del listado, sino, en primer lugar, aquellos de los que hemos podido constatar su participación en la UBA.

 

Cuadro 1

 

Nombre

“Organigrama montonero”

 

Cargo en la UBA

Red

Rodolfo Puiggrós

Ministro de Educación

Rector

 

Vínculo personal con Perón. Referente teórico de la JP. Ingresará en el exilio al Movimiento Peronista Montonero

Alfredo Ibarlucía

Subsecretario de Vivienda

Decano de Arquitectura

Convocado por agrupaciones de arquitectura que confluyen en la JUP; EPT-JP.

Oscar Sbarra Mitre

Ministro de Hacienda;  Subsecretario de Comercio Interior

Decano de Económicas

EPT-JP;

Luego JP Lealtad

Mario Kestelboim

Subsecretario de Asuntos Legislativos; Director de Policía del Trabajo

Decano de Derecho

Agrupación de Abogados Peronistas / Asociación Gremial de Abogados; Se aleja de la tendencia

Enrique Martínez

Ministro de Industria y Minería; subsecretario de Minería

Decano de Ingeniería

Consejo Tecnológico; Se aleja de la tendencia

Saad Chedid

Subsecretario de Relaciones Exteriores y Culto

Director del Instituto del Tercer Mundo “Manuel Ugarte”

Consejo Tecnológico; amigo de Puiggrós

José Eduardo Machicote

Subsecretario de asuntos económicos internacionales

Secretario General del Instituto del Tercer Mundo

Consejo Tecnológico

Alcira Argumedo

Subsecretaria de Cultura

Integrante del directorio del Instituto del Tercer Mundo (también tiene cargo en Pcia. de Bs. As.)

Cátedras Nacionales; EPT-JP; JP Lealtad

Roberto Lugo

Titular del Instituto Nacional de Tecnología Industrial - INTI

Director del Instituto de Estudios de la Realidad Argentina; Decano de Exactas

Consejo Tecnológico; JP Lealtad

Juan Pablo Franco

Subsecretario de Educación

Director del Instituto de Investigaciones de Sociología

Cátedras Nacionales; EPT-JP

Rodolfo Ortega Peña

Ministro de trabajo; Subsecretario de trabajo

Instituto de Historia del Derecho; Director del Departamento de Historia y varios institutos. (Luego diputado nacional)

Agrupación de Abogados Peronistas / Asociación Gremial de Abogados / PB

Eduardo Luis Duhalde

Ministro de justicia; Subsecretario de justicia

Director del Instituto  de Historia Argentina y Latinoamericana

Agrupación de Abogados Peronistas / Asociación Gremial de Abogados / PB

Mario Hernández

Ministro de justicia; subsecretario de justicia; subsecretario del Ministerio del Interior

Secretario académico de la Facultad de Derecho

Agrupación de Abogados Peronistas / Asociación Gremial de Abogados

Alicia Pierini

Subsecretaria de promoción y asistencia de la comunidad del Ministerio de Bienestar Social

Secretaria de extensión universitaria de la misma facultad

Agrupación de Abogados Peronistas / Asociación Gremial de Abogados

José Carlos Escudero

Subsecretario de salud pública

Miembro del directorio de Eudeba y luego docente de la Escuela de Salud Pública

Consejo Tecnológico

Osores Soler

Subsecretario de Salud pública

Director del Hospital de Clínicas

Consejo Tecnológico

 

Elaboración propia. Los datos de las columnas 1 y 2 se toman de Yofre (2015)

 

 

También aparece en el organigrama quien fuera nombrado secretario académico de la Universidad Nacional del Sur (Augusto Pérez Lindo, ternado como Subsecretario de Asuntos Universitarios) y otros profesionales que pasaron a ocupar cargos en el Gobierno de la Provincia de Buenos Aires, como Rolando García, Alcira Argumedo, Pedro Krotsch, Alejandro Peyrou, Hugo di Florio y Guillermo Gallo Mendoza (Tocho, 2015), seguramente entre otros. No descartamos que más integrantes de la lista hayan participado en diversos cargos o hayan ejercido la docencia en universidades nacionales.

De las personas incluidas en el cuadro, sobresalen principalmente aquellos que estaban vinculados al Consejo Tecnológico que dirigía Rolando García y a la Asociación Gremial de Abogados, pero también exintegrantes de las Cátedras Nacionales y adherentes a los EPT-JP. Esas pertenencias no son excluyentes respecto a una mayor o menor vinculación con organizaciones político-militares como FAR, FAP o Montoneros. Ello permite mostrar que el llamado “gabinete montonero” distaba de representar a una sola organización. En todo caso, ante la oportunidad político-institucional que se abría para la izquierda peronista, no existían las condiciones para que pudiera ser capitalizada por su expresión hegemónica. Por un lado, los responsables de una organización militarizada, con frecuencia en la clandestinidad, no estaban dispuestos a realizar el desplazamiento hacia una política de superficie. Por otro lado, la participación estatal era vista tan solo como un medio táctico de menor importancia frente a una estrategia de largo alcance: la “guerra popular revolucionaria”. Y no menos cierto es que Montoneros no contaba con cuadros técnicos capaces de ocupar los espacios que la correlación de fuerzas le permitía. En definitiva, era la organización la que actuaba con cierta expectativa de conducir a ese conjunto de actores del mundo profesional e intelectual, nombrados como la “tendencia”, pero que en muchos casos se alejarían de ella. Así lo recuerda el decano de Derecho Mario Kestelboim, que renunció al decanato por desacuerdos con la JUP y Montoneros:

 

Yo era el decano montonero, no habiendo sido nunca montonero. Hasta ese momento no tenía la necesidad de salir a decir “yo no soy montonero” …. No quería parecer que estaba de acuerdo con lo que no estaba de acuerdo. Políticamente tenía que diferenciarme de quienes parecían mis mandantes.[30]

 

 

Los testimonios: ¿premio consuelo?

 

Hemos entrevistado a profesionales que tuvieron protagonismo en torno a la participación en diversos de los grupos político-técnicos o en el sistema universitario en torno a 1973, la mayoría en la Universidad de Buenos Aires, y algunos de sus testimonios son relevantes para el presente trabajo. Veamos dos fragmentos de distintas entrevistas realizadas a José Carlos Escudero, ternado en el “organigrama” para ocupar la Subsecretaría de Salud Pública:

 

Yo descubrí en el exilio mexicano que FAR me había propuesto como Ministro de Salud. … El candidato de Montoneros era Mario Testa y al final, como fue evidente, no fuimos ninguno de los dos.[31]

 

Después me entero en México, que se planteaban las organizaciones guerrilleras qué ministro de salud iban a proponer. Montoneros propuso a un tipo que murió, Osores Soler, y FAR me propone a mí, sin yo saberlo, eso me enteré en México.[32]

 

Estos fragmentos muestran varias cuestiones. Mario Testa fue elegido en 1973 decano de Medicina y a su vez coordinaba el equipo de Salud de los EPT-JP, pero no estaba en el organigrama según la versión que reproduce Yofre. Si tomamos esta como cierta, es correcto el segundo fragmento. La memoria producida en dos contextos diferentes muestra también su fragilidad y la necesidad de contrastar los testimonos con otras fuentes: “Bue… se me mezclan los recuerdos”.[33] También habilita a reflexionar sobre el contexto de producción del documento, en tanto uno de los ternados sería una propuesta de FAR, otro de Montoneros. Escudero dice que aunque no militaba orgánicamente en las FAR, colaboraba con ella. Pero también asume haber participado del Consejo Tecnológico de Rolando García. Las redes de pertenencia o afinidad pueden ser múltiples y no necesariamente excluyentes.

También vemos que, respecto del “gabinete montonero”, no siempre quienes lo integraron estuvieron al tanto de tal proposición, lo cual puede hablarnos de expectativas no necesariamente personales, sino de las dirigencias de las organizaciones respecto de la conformación del gabinete. Según las entrevistas realizadas, tampoco estaban al tanto Roberto Lugo ni Jorge Bernetti.

El primero participaba del Consejo Tecnológico con Rolando García y trabajaba en el INTI, y aparece como candidato a director de ese organismo. No sabía si quiera que existía esa lista. Pero dice que la proposición “tenía sentido… Yo lo hubiera aceptado”.[34] Lugo asumió al frente de un instituto en la UBA y después fue convocado para reemplazar al decano de Exactas.

En el caso de Bernetti, él militaba en el “Bloque Peronista de Prensa”, un armado sindical de profesionales de la comunicación que tenían vínculo con Montoneros y donde según él también participaban Bonasso, Ascone (estos dos junto con Bernetti aparecen ternados para la “Secretaría de Prensa y Difusión”), Casullo, Schmucler, Caletti, entre otros. Varios de ellos terminan siendo funcionarios en el Ministerio de Educación de la Nación y en la Provincia de Buenos Aires. Bernetti supo del listado, por información “que circuló”. No sabía que él estaba incluido, aunque “lo presuponía”.[35]

Otros testimonios indican haber tenido conocimiento sobre la propuesta de gabinete, y en algunos casos sugieren la idea de un “premio consuelo”: determinadas personas esperaban ocupar algún ministerio pero terminaron con un decanato o un cargo menor. En general, sin embargo, dicha idea es atribuida a un tercero y no es narrada en primera persona. Por ejemplo, Mario Kestelboim, decano de Derecho en 1973-1974, recuerda la experiencia de los diferentes grupos profesionales: “mi impresión es que ellos se preparaban para el gobierno nacional y cuando no tuvieron acceso (risas), accedieron al gobierno de la Universidad”.[36] Explícitamente se refiere a Sbarra Mitre (EPT-JP), Rolando García y Enrique Martínez (Consejo Tecnológico). Ciertamente, los tres que menciona están en el organigrama según la versión que reproduce Yofre. Luego hace mención a Ortega Peña y Duhalde, sus ex compañeros de la Asociación Gremial de Abogados y que fueron a trabajar a la Facultad de Derecho bajo su gestión:

 

Ellos estaban organizándose para asumir el Ministerio de Trabajo. De esos equipos técnicos tenían en mira el Ministerio de Trabajo y lo único que consiguieron fue ser candidato 15/16… [a diputado nacional, en referencia a Ortega Peña][37]

 

Ortega Peña y Duhalde, cercanos al Peronismo de Base, se fueron distanciando del gobierno, lanzando fuertes críticas desde la revista Militancia peronista para la liberación. En efecto, en el organigrama aparecían ambos, pero también el propio Kestelboim. En su narrativa parece excluirse de cierta expectativa de acceder él mismo al gabinete de Cámpora.

Rolando García aparecía en el “organigrama” como candidato a Ministro de Obras y Servicios Públicos y terminó dirigiendo la Asesoría Provincial de Desarrollo en la Provincia de Buenos Aires. Enrique Martínez militaba con él en el Consejo Tecnológico:

 

Rolando García por supuesto hubiera preferido ser Ministro de Educación, o Ministro de Economía o de Planificación, pero Cámpora lo postergó en su momento y obviamente los que siguieron lo postergaron mucho más.[38]

 

Respecto de su propia experiencia, Martínez narra que le habían ofrecido la Subsecretaría de Industria (figuraba en el “organigrama” como Ministro de Industria y Minería” y como subsecretario de Minería de la misma cartera), pero terminó como decano de Ingeniería. En su caso, según transmite, porque se lo pidieron.[39]

Augusto Pérez Lindo, por su lado, sabía que estaba propuesto en un listado para ocuparse de los asuntos universitarios del Ministerio de Cultura y Educación, corroborando la versión de Yofre. Adicionalmente, constribuye a la idea de que la expectativa previa era ocupar cargos de mayor importancia:

 

Yo había estado en la primera lista (…) para que yo fuera Secretario de Políticas Universitarias (…). Pero cuando asumió Cámpora, y Galimberti anunció que el nuevo gobierno iba a crear milicias populares, (…) todos los candidatos que tenía la tendencia revolucionaria, y yo entre ellos, quedamos tachados. Y entonces a mí me pusieron como Secretario General Académico en la Universidad Nacional del Sur.[40]

 

Perez Lindo provenía de JAEN, la misma organización que Galimberti antes de pasar a Montoneros, y que Carlos Grosso, quien había sido propuesto para subsecretario general de educación y terminó a cargo de la Dirección Nacional de Educación del Adulto (DINEA) del ministerio. Grosso formaba parte del Comando Tecnológico Peronista que dirigía Licastro.

Significativo para el caso que hemos estudiado es la terna propuesta para el cargo de ministro de cultura y educación: Rodolfo Puiggrós, Lucio Gera y Juan José Hernández Arregui (Yofre, 2015). Puiggrós fue elegido rector de la UBA, y según una versión testimonial que hemos recogido, él y Hernández Arregui estuvieron en una terna elevada por Montoneros, pero para que el ministro Taiana eligiera al rector.[41] ¿El entrevistado confunde la terna para el Ministerio con la terna para el rectorado? ¿O se elevaron propuestas similares para las universidades una vez definido el Poder Ejecutivo? Jorge Taiana (h.), que se desempeñaba como secretario de su padre, el ministro, recuerda la existencia del organigrama: “eso sale todo mal”. Y agrega que, haya existido o no una terna, “la verdad es que el que lo elige a Puiggrós es Perón”.[42]

 

 

La reforma universitaria de la izquierda peronista y su derrota

 

Luego de dieciocho años de proscripción del peronismo, y siete de dictadura militar, el 25 de mayo de 1973 un gobierno democrácticamente electo retornaba a la República Argentina. Héctor Cámpora asumía como presidente y Jorge Alberto Taiana como ministro de Cultura y Educación.[43] Cuatro días más tarde ambos firmaban un decreto por el cual quedaban intervenidas las universidades nacionales. El decreto se fundamentaba en la situación de “dependencia económica y cultural” sufrida por el país, para lo cual se requería “poner definitivamente las Universidades Nacionales al servicio del pueblo.” La tarea anunciada requería una reformulación de los objetivos, contenidos y métodos de enseñanza.[44]

En el caso de la UBA, rebautizada como “Universidad Nacional y Popular de Buenos Aires”, ya vimos que asumió como rector Rodolfo Puiggrós, un historiador marxista y peronista (Friedemann, 2014). En septiembre fue asesinado el secretario general de la CGT José Ignacio Rucci, y en octubre Puiggrós fue desplazado, en el marco de una avanzada más generalizada sobre la izquierda peronista por parte de otros sectores del movimiento. Luego de una semana de protestas encabezadas por la Juventud Universitaria Peronista (JUP) y otras fuerzas aliadas, se logró evitar que asuma su sucesor, el decano de Odontología Alberto Banfi, y en cambio ocupó su lugar el secretario general Ernesto Villanueva.[45] En marzo de 1974 se aprobó la ley universitaria (“Ley Taiana”), y como rector normalizador asumió el “conservador popular” Vicente Solano Lima, un aliado del peronismo que luego de ser vicepresidente de Cámpora ocupó el cargo de secretario general de la presidencia de Perón. Tres de los decanos que se habían distanciado de la conducción política de la universidad y se acercaron a la JP-Lealtad vieron en el nuevo rector la oportunidad de “desplazar a los montoneros”.[46] Pero luego de acercarle la idea al nuevo rector fueron dos de ellos los que debieron dar un paso al costado. Tanto en el conflicto por la sucesión de Puiggrós (y aunque no se lo repuso en su puesto), como en este nuevo episodio, la Juventud Universitaria Peronista mostró un renovado poder de incidencia en las designaciones de la institución porteña.

Solano Lima renunció a sus dos cargos horas antes del fallecimiento de Perón, sin alegar motivos[47], y en el rectorado lo reemplazó Raúl Laguzzi, decano de Farmacia y Bioquímica que años más tarde se identificaría retrospectivamente como cercano a la Juventud Peronista.[48] Luego de la muerte de Perón, asumió en reemplazo su esposa y vicepresidenta Isabel, quien relevó al ministro Taiana por Oscar Ivanissevich[49], un nacionalista católico de extrema derecha.

La “misión Ivanissevich” iba a llevar adelante una “cruzada contra el marxismo”, y durante 34 días la UBA iba a ser una férrea opositora a las políticas universitarias del nuevo ministro. En un escenario de creciente violencia, un atentado en el domicilio del rector Laguzzi terminó con la vida de su bebé de 6 meses. Finalmente, la UBA fue intervenida por decreto en el mes de septiembre, y Alberto Ottalagano, autodeclarado fascista (Ottalagano, 1983), ocupó el rectorado. Todos los decanos fueron cesanteados y en muchos casos recibieron amenazas, atentados o debieron exiliarse. La triple A entraba a los pasillos de las facultades.

Como puede verse, es posible sostener dos subperíodos siguiendo el caso específico de la UBA: el primero (29 de mayo de 1973 - 17 de septiembre de 1974) es el de la institucionalización inconclusa de una reforma universitaria impulsada por la izquierda del peronismo, con sus avances, resistencias y retrocesos. Y el segundo (17 de septiembre de 1974 - 24 de marzo de 1976) coincide con su desplazamiento por parte de la derecha nacionalista. En el primer subperíodo se observa un predominio de aquellas miradas políticas, ideológicas, académicas y pedagógicas congruentes con los posicionamientos de la izquierda peronista en otros ámbitos. Y las trayectorias de la mayoría de sus autoridades se muestran cercanas a diversos espacios que buscaron conjugar identidad peronista, tradición de izquierdas y adhesión a métodos de lucha insurreccionales o revolucionarios. Durante la llamada “misión Ivanissevich”, en cambio, se llevó adelante una contrarreforma universitaria cuyas propuestas se encontraban en las antípodas de las efectuadas en el período anterior. Esto no significa que todas las posiciones del peronismo pudieran resumirse en ese binomio. En efecto, existieron grupos políticos con participación universitaria que buscaron mostrarse equidistantes a uno y otro sector, como el caso del Frente Estudiantil Nacional y su organización entonces aliada Guardia de Hierro.[50]

Aunque no es el objeto central de este trabajo, vale la pena repasar sintéticamente las características que asumió el proceso de transformación de la Universidad de Buenos Aires durante el primer subperíodo y contrastarlas con el segundo.[51] Ello permite visualizar que, a pesar de las diferencias internas al heterogéneo espacio de la izquierda peronista, esta pudo actuar como colectivo, llevando adelante una serie de políticas que en términos analíticos puede ser concebida como reforma universitaria (Cerych, 1984; Krotsch, 2009).

En primer lugar, la cuestión del ingreso. Tanto el presidente Cámpora como el ministro Taiana, y de igual modo desde la Universidad de Buenos Aires, se manifestó el propósito explícito de transformar la universidad, caracterizada como elitista, en una “Universidad del Pueblo”, donde tuvieran lugar “todas las clases sociales” (Puiggrós, 1974). En esa búsqueda, se derogó todo mecanismo restrictivo de ingreso (exámenes y cupos).[52] En cambio, el ministro Ivanissevich iba a afirmar que el acceso irrestricto era un “golpe bajo a la fe los jóvenes”, y desde 1975 sería reimplantado el examen de ingreso con cupos limitados. Para entonces, el rector Ottalagano había sido reemplazado por Julio Lyonnet, que fue el encargado de anunciar la cantidad de vacantes en cada facultad. Para su asignación por parte de los aspirantes, el orden de mérito se realizaría según el promedio obtenido en la secundaria.[53] 

En segundo lugar, la política de investigación y enseñanza en una fuerte vinculación con el territorio. Desde la mirada de la izquierda peronista, el conocimiento que se debía producir y transmitir debía estar en sintonía con las necesidades y prioridades nacionales, y especialmente de las clases trabajadoras. Se crearon institutos y centros con la finalidad de llevar adelante investigación pura y aplicada, y por otro lado se impulsó la enseñanza ligada a la práctica territorial y la producción de bienes y servicios, buscando eliminar las “diferencias entre trabajo manual y trabajo intelectual”.[54] En cambio, para el nuevo ministro Ivanissevich la investigación era “un gasto que no pueden soportar los países en desarrollo”, por lo que debía realizarse fuera de las universidades por empresas privadas.[55] Durante los rectorados de Ottalagano y Lyonnet, los nuevos institutos fueron suspendidos junto con los programas de becas y subsidios de investigación otorgados previamente.

En cuanto a la cuestión pedagógica, en el primer subperíodo se reemplazaron planes de estudio en todas las facultades, se ensayaron métodos de evaluación novedosos y se postuló que la relación docente-alumno debía ser menos jerárquica, otorgando mayor protagonismo al estudiante. Respecto de los planes de estudio, un denominador común fue la inclusión de materias obligatorias y también optativas con contenido histórico, social y político, la búsqueda de introducir asignaturas que vinculen el ejercicio de la profesión con la “realidad argentina”, y en algunas carreras, una mayor formación para el sector público en desmedro del sector privado. Sobre todo en las humanísticas, se incorporó bibliografía del “Tercer Mundo”, incluso de sus líderes populares como el mismo Perón, Fidel Castro o Mao Tse Tong. En la mayoría de los casos, los nuevos planes se aprobaron entre febrero y marzo de 1974 para comenzar a aplicarse durante el ciclo lectivo que se iniciaba. Respecto de los métodos de evaluación se ensayaron diferentes mecanismos para lograr un mayor trabajo grupal y peso de responsabilidad en los estudiantes (Friedemann, 2016a). Los nuevos planes de estudio, formas de evaluación y las propuestas pedagógicas innovadoras fueron derogadas durante el rectorado de Ottalagano.[56]

Por último, mencionemos el protagonismo de los estudiantes ya no de su propio aprendizaje, sino en cuanto a la participación política. Según Taiana, era un propósito de su gestión el “permitir la canalización de las inquietudes juveniles”.[57] Se habilitaron las elecciones a los centros de estudiantes (hasta entonces solo clandestinas) y se incorporó en la nueva legislación el cogobierno con participación estudiantil. Sin embargo, la comisión de educación del Senado incluyó un artículo que prohibía el “proselitismo político partidario o de ideas contrarias al sistema democrático que es propio de nuestra organización nacional”[58], lo cual fue motivo de controversias en el debate parlamentario, incluso al interior del bloque oficialista. Este artículo puede interpretarse como un nuevo avance sobre la izquierda peronista. En la misma línea, meses después el rector Ottalagano iba a prohibir las asambleas y las elecciones a los centros de estudiantes, entre otras medidas que reprimían la participación política del estudiantado (Friedemann, 2016b).

Respecto del primer subperíodo, ¿quiénes llevaron adelante estas transformaciones universitarias en las diferentes unidades académicas de la UBA? ¿Cómo nombrar a ese conjunto de actores? En otro sitio hemos mostrado cómo se definieron los nombramientos en las once facultades (Friedemann, 2018), lo cual muestra ciertos elementos en común, pero también de heterogeneidad en lo que aquí denominamos izquierda peronista. Algunas narrativas se refieren a la “universidad montonera”, pero ello resulta simplificador. Es cierto que en casi todos los casos la JUP tuvo un fuerte poder de incidencia en las designaciones, pero en las facultades ello podía significar algo diferente, y ese protagonismo lo compartieron con espacios preexistentes. En resumidas cuentas, figuras que participaban o eran cercanas a diversas organizaciones, como las Fuerzas Armadas Peronistas (FAP) y el Peronismo de Base (PB), las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) y Montoneros, se completaban con otras que fueron convocadas por ellas, simplemente adherían al accionar de la “tendencia revolucionaria” o se asumían como “periféricos”. En muchos casos, su designación se debió a la participación previa en grupos político-técnicos o redes disciplinares. Nos referimos principalmente a la Asociación Gremial de Abogados, las Cátedras Nacionales, al Consejo Tecnológico dirigido por Rolando García, junto a profesionales de diversas disciplinas que fueron tenidos en cuenta por el peronismo universitario de cada facultad. También hubo un decano de Guardia de Hierro, en una alianza poco duradera con la JUP, y otro del radicalismo (Friedemann, 2018), en un contexto en el que radicales y comunistas, entre otros espacios, acompañaron con mayor o menor apego el proceso de reforma universitaria impulsado por la izquierda del peronismo.

¿Por qué la universidad más grande del país pudo ser controlada por ese sector del peronismo hasta septiembre de 1974, en un contexto de enfrentamientos en los que claramente no saldría favorecida? A pesar de que el comienzo de la derrota de la izquierda peronista puede considerarse previo a la asunción de Cámpora (Bernetti, 1983), fue justamente en las universidades nacionales (además de unos pocos gobiernos provinciales) que su participación sí se destacó. Tanto la derecha peronista, como la izquierda, evaluaron mientras sucedían los acontecimientos que la UBA era uno de los últimos espacios que pudo conservar “la tendencia”.[59]

 

 

 

 

 

Reflexiones finales

 

A lo largo del artículo nos propusimos contribuir a los estudios que se enfocan en la inserción institucional de la izquierda peronista durante los gobiernos de Cámpora y Perón, a través de un episodio puntual como fue el “organigrama” o “gabinete montonero”, elevado a ambos durante la coyuntura electoral de comienzos de 1973. A partir de ese documento, fue posible observar que muchas de las propuestas de la “tendencia” para asumir ministerios y secretarías del gobierno central son las que finalmente ocuparon espacios de relevancia en la UBA.

El trabajo contribuye a observar la heterogeneidad interna de ese espacio que llamamos izquierda peronista y la complejidad de las relaciones tejidas entre su expresión hegemónica, Montoneros, y el resto de sus integrantes. En esa línea, hemos reflexionado sobre la relación entre los “frentes de masas” y el peronismo, pero explorando a su vez la conformación de equipos político-técnicos-profesionales, impulsados en buena medida por Perón.

Una primera cuestión ya presente en la bibliografía secundaria es que el famoso “organigrama montonero” incluía a las FAR. Si bien ambas organizaciones estaban en proceso de unificación, esta no se había concretado. Por otro lado, aunque Montoneros hegemonizara ese proceso, no tenía cuadros técnicos propios que a su vez fueran figuras de renombre como para llenar un organigrama estatal. Y aunque los hubiera tenido, hemos visto que no era la prioridad el ocupar cargos gubernamentales sino la preparación para la “toma definitiva del poder”. Lo que sí existía era un conjunto de grupos y figuras que podían dejarse conducir por Montoneros en la coyuntura electoral de 1973, pero que con el transcurrir de los acontecimientos no necesariamente iban a mantenerse “encuadrados”. Nos referimos a experiencias político-técnicas y disciplinares, como las ex Cátedras Nacionales de la Facultad de Filosofía y Letras (algunos integrantes eran cercanos al PB y las FAP, algunos se sumaron a Montoneros, y entre ellos varios siguieron hacia Lealtad), un grupo de científicos liderado por Rolando García que en buena medida se integró al Consejo Tecnológico conformado en 1972 (algunos tenían vínculo con Montoneros, otros se integrarían luego, y varios de ellos ni siquiera eran peronistas), una red de abogados defensores de presos políticos que constituyeron la Asociación Gremial de Abogados (varios de ellos cercanos al PB), y otras redes de periodistas, arquitectos, médicos, intelectuales y curas tercermundistas que estaban más o menos relacionados con las diferentes organizaciones. También grupos aliados, como los radicales alfonsinistas y el Comando Tecnológico de Julián Licastro llegaron a formar parte de la propuesta del “gabinete montonero”.

Una serie de entrevistas nos permitió obtener información adicional sobre el proceso de producción de dicho documento, y a su vez relacionarlo con las expectativas depositadas en la asunción de cargos a partir de 1973, sugiriendo algunos entrevistados la idea de un “premio consuelo”.

El trabajo también contribuye a reflexionar sobre los usos académicos de la bibliografía testimonial y/o periodística. Textos como los de Bonasso, Perdía y Yofre, ajenos al formato académico, contribuyen y a la vez tensionan el propio campo historiográfico (Campos, 2014). Sus aportes, sin dejarse de lado, deben ser ponderados y contrastados con otro tipo de fuentes orales y escritas. No dejan de ser registros que se insertan en los trabajos de la memoria y sus disputas (Jelin, 2002), recaudos generalmente considerados solo para el uso de fuentes orales. En todos los casos, se trata de un pasado que se reescribe en el presente. Pero también es posible visibilizar las ausencias. No sólo ausencias físicas de quienes no pueden ya testimoniar, sino también ausencia de documentos y su aparición no del todo caprichosa. La memoria es selectiva no solo porque los recuerdos del pasado son siempre inacabados y cambiantes, sino porque también son selectivos los documentos que salen a la luz y los que no, así como los modos, registros narrativos y momentos históricos en los que lo hacen.

 

 

 

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Recibido: 11/07/2020

Evaluado: 04/08/2020

Versión Final: 14/09/2020



[1] Con “sectores medios” no nos referimos a una posición objetiva en la estructura de clases sino a una de las categorías utilizadas por los propios actores para referirse a intelectuales, universitarios, científicos, técnicos, profesionales y artistas. En ocasiones aparecen mencionados en las fuentes como “clase media”, “capas intermedias”, “sectores intermedios”, “pequeña/mediana burguesía”, entre otras.

[2] Juan Domingo Perón, exiliado en Madrid, había sido excluido de la contienda electoral por una cláusula de residencia impuesta por la dictadura militar saliente. Poco tiempo después Cámpora y el vicepresidente Vicente Solano Lima presentan su renuncia, y se convoca a nuevas elecciones. En octubre de 1973 asume Perón como presidente y su esposa María Estela Martínez (conocida como Isabel) como vicepresidenta. Tras la muerte de Perón el 1º de julio de 1974 ella lo releva.

[3] A lo largo del trabajo nos referimos al “organigrama” o “gabinete montonero” siguiendo los usos nativos según el trabajo periodístico-testimonial de Miguel Bonasso (2000, p. 119), entre otros.

[4] Véase, entre otros, “Bases de la Juventud Universitaria Peronista”. La Nación, 24 de abril de 1973, p. 10.

[5] Llamamos “izquierda peronista” a un heterogéneo entramado o zona político-intelectual que adoptando o adhiriendo a la identidad peronista se apropió a su vez de elementos propios de la cultura de izquierdas y la tradición marxista o socialista. Sobre distintos usos de la categoría en la historiografía sobre el peronismo, y su utilidad, véase Caruso et. al. (2017).

[6] Una tercera táctica considerada durante el exilio de Perón fue la golpista.

[7] Correspondencia de Perón con Julián Licastro y Leopoldo Frenkel, entre otros. Juan Domingo Perón Papers, Hoover Institution Archives, Stanford University; Chávez y Puente (2010); Fernández Pardo y Frenkel (2004).

[8] Según un testimonio, participaron allí en la planificación de políticas universitarias, entre otros, Ernesto Villanueva, Adriana Puiggrós, Augusto Pérez Lindo y Pedro Krotsch. Entrevista realizada a Augusto Pérez Lindo el 25 de enero de 2011.

[9] Testimonio de Juan Manuel Abal Medina, 2005. Red de Archivos Orales de la República Argentina, Programa de Historia Política, Instituto de Investigaciones Gino Germani. Abal Medina era entonces el secretario general del Movimiento Nacional Justicialista.

[10] Correspondencia de Rodolfo Galimberti a Juan Domingo Perón, 1972-1973. Juan Domingo Perón Papers, Box 3, Hoover Institution Archives, Stanford University. La carta anterior a febrero de 1973 con la que contamos es de marzo de 1972.

[11] Rodolfo Galimberti a Juan D. Perón, 28/2/1973. Juan Domingo Perón Papers, Box 3, Hoover Institution Archives, Stanford University.

[12] Ibidem

[13] En un momento posterior, se sumó el Movimiento de Inquilinos Peronistas (MIP). “Las agrupaciones en la etapa de la resistencia”, Evita Montonera, 3, marzo de 1975.

[14] Entrevista televisiva de Felipe Pigna a Mario Firmenich, 2004. Pasado Pensado, recuperada de https://www.youtube.com/watch?v=6HkN0MKK0gU

[15] No agrega más información a la conocida, pero la corrobora. Alejandro Peyrou, “La JP Lealtad”, Lucha Armada, Anuario 2010, recuperado de http://pajarorojo.com.ar/?p=4140.

[16] Entrevista televisiva de Felipe Pigna a Mario Firmenich, 2004. Pasado Pensado, recuperada de https://www.youtube.com/watch?v=6HkN0MKK0gU

[17] Según Guillermo Gallo Mendoza, en entrevista con el autor, fue él quien sugirió a Roque Carranza para ministro de Economía. Carranza, militante del reformismo universitario, fue detenido por un atentado realizado en 1953 en Plaza de Mayo mientras se producía un acto de la CGT, evento del cual, según Gallo Mendoza, estaba arrepentido. En los setenta se encontraba colaborando con el Consejo Tecnológico que dirigía Rolando García mientras participaba del Movimiento Renovación y Cambio dirigido por Raúl Alfonsín.

[18] En El presidente que no fue, de 1997, Bonasso también se refiere al asunto y plantea con asombro que se le propuso el ministerio de economía a un radical. Pero en lugar de Roque Carranza menciona a Héctor Hidalgo Sosa (Bonasso, 2011, p. 447 [1997]) Por otro lado, Galasso (2005) dedica unas páginas al episodio y suma declaraciones de Firmenich de 2004. Firmenich menciona que se propuso a Alfredo Concepción, otro radical, para el Ministerio de Economía, y coincide con la versión de que se había vetado a Antonio Cafiero. Ahora son tres los nombres que aparecen como propuestas de darle a un radical la cartera económica. Pueden tratarse de equívocos habituales en los testimonios orales o de diferentes versiones del listado.

[19] La única excepción importante es el número de 300, que en Yofre se reduce a 88. Otra diferencia es que Sbarra Mitre, según Bonasso candidato a subsecretario de Comercio Exterior, figura en la versión de Yofre para subsecretario, pero de Comercio Interior. Por último, cabe mencionar que según Bonasso tanto Carlos Grosso como Julián Licastro habrían sido objetados por Firmenich, aunque esos supuestos vetos no se ven reflejados en la versión que según Yofre habría recibido Perón. Otra diferencia es que Cafiero aparecerá con el nombre erróneo de “Félix” en la versión de Yofre.

[20] Al relevar numerosa documentación de la colección titulada “Juan Domingo Peron Papers” del Instituto Hoover, Universidad de Stanford, California, hemos consultado sobre la procedencia del mismo y se nos informó que proviene de un vendedor privado, y que no compraron todo. Tampoco el Archivo Intermedio del Archivo General de la Nación, Argentina, brinda información precisa respecto del fondo particular Juan Domingo Perón que habría sido enviado desde Presidencia de la Nación (Hasta el momento en que estas líneas se escriben, no se ha finalizado la descripción documental de dicho fondo). 

[21] Agradezco a Juan Luis Besoky quien me brindó el dato sobre el remate en Roma.

[22] José López Rega, “Para la Juventud. Filosofía del hombre nuevo”. Se trata de un borrador de artículo mecanografiado y con anotaciones manuscritas preparado por López Rega para la revista Las Bases. Juan Domingo Perón Papers, Box 9, Hoover Institution Archives, Stanford University.

[23] Recuperado de

https://auctions.bertolamifinearts.com/it/lot/32170/un-documento-inedito-del-1973-di-rilevante-/ . Última consulta: 10/9/2020

[24] Cuando les consultamos sobre el episodio a Juan Gasparini (comunicación por correo electrónico, mayo de 2018) y Jorge Bernetti (entrevista con el autor, 19 de julio de 2018), ambos respondieron que la información es la que circulaba entre los militantes. También Bonasso (2000) lo presenta como una novedad transmitida de forma oral.

[25] La pertenencia de los anteriores a los EPT-JP surge de Nicolás Casullo, “Proyectos de los seis equipos técnico-políticos”, La Opinión, 28/4/1973, p. 10. Agradezco a Fernanda Tocho haber compartido la nota. Respecto de Alcira Argumedo, va a ser más importante su cargo en la Provincia de Buenos Aires que en la UBA. Argumedo, además de ser una destacada protagonista de las Cátedras Nacionales, había militado en las FAP y luego en Montoneros para sumarse a su desprendimiento Lealtad (Tocho, 2020; Pozzoni 2015).

[26] Según Bartoletti (2010) Ibarlucía fue uno de los oradores en el acto de lanzamiento de los EPT-JP

[27] Sobre esta red de abogados, véanse los trabajos de Mauricio Chama (2006, entre otros) y Pablo Perel, et. al. (2006). Las Cátedras Nacionales han sido extensamente estudiadas (Ghilini & Dip, 2015; Mallimaci & Giorgi, 2007; entre muchos otros). Hasta donde sabemos, el Consejo Tecnológico dirigido por Rolando García no ha sido analizado en investigaciones de largo aliento, pero una tesis de maestría sobre la revista Ciencia Nueva lo aborda colateralmente (Faierman, 2018). Hemos abordado en un trabajo previo estas tres redes disciplinares como “experiencias configuradoras” del proyecto universitario del ´73 (Friedemann, 2016a).

[28] Gómez Morales fue presidente del Banco Central bajo la gestión del Gelbard como ministro, y luego lo sucedió como ministro de economía. Cafiero quedó a cargo de la Caja de Ahorro y Seguro, luego fue secretario de comercio, interventor de Mendoza, embajador y finalmente ministro de economía bajo el gobierno de Isabel.

[29] Luego de la “masacre de Ezeiza”, Frenkel iba a ser acusado por la izquierda peronista de participar de los sucesos y tres funcionarios suyos iban a renunciar. “En Ezeiza participaron los de la Municipalidad”. El Descamisado, 7, p. 28. Sobre Frenkel y el Consejo de Planificación, véase Denaday (2018)

[30] Entrevista realizada a Mario Kestelboim el 15 de julio de 2013.

[31] Entrevista realizada a José Carlos Escudero. Buenos Aires, 29 de abril de 2018.

[32] Escudero, J C. “Salud, historia y poder en la América Latina” [Video].Federico L, Librandi J. Entrevistadores. Buenos Aires: CeDoPS; 2015. Video 61 min, Sonido, Color, min. 29.

[33] Idem, min. 27.

[34] Entrevista a Roberto Lugo, 5 de diciembre de 2018

[35] Entrevista a Jorge Bernetti, 19 de julio de 2018.

[36] Entrevista realizada a Mario Kestelboim. Buenos Aires, 15 de julio de 2013.

[37] Ibidem.

[38] Entrevista realizada a Enrique Martínez. Villa Martelli, 2 de mayo de 2011.

[39] Ibidem

[40] Entrevista realizada a Augusto Pérez Lindo. Buenos Aires, 25 de enero de 2011.

[41] Entrevista realizada a Ernesto Villanueva. Buenos Aires, 4 de agosto de 2010.

[42] Entrevista realizada a Jorge Taiana (h.). Buenos Aires, 28 de abril de 2011.

[43] Jorge Alberto Taiana (1911-2001) fue un médico personal de Perón y Eva Perón. Graduado de la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires en la década del treinta, fue becado para realizar estudios de posgrado en el exterior especializándose en cirugía torácica y obteniendo diversos premios internacionales. En 1952 fue nombrado decano de la Facultad de Medicina y un año más tarde rector de la UBA. Entre 1973 y 1974 fue Ministro de Cultura y Educación, luego debió exiliarse al ser amenazado de muerte por la triple A. Volvió al país cuando su hijo fue encarcelado antes del golpe de Estado. La dictadura militar lo mantuvo detenido 5 años. “Jorge Taiana”. La Nación, 27 de junio de 2001, recuperado de http://www.lanacion.com.ar/315667-jorge-alberto-taiana; Entrevista realizada a Jorge Taiana (h.) el 28 de abril de 2011. Algunos testimonios autobiográficos se encuentran a su vez en Taiana (2000).

[44] Decreto 35 del 29/5/73. Boletín oficial de la República Argentina del 13/7/73.

[45] Ernesto Villanueva era entonces un joven sociólogo que había participado de las Cátedras Nacionales como ayudante de cátedra, militó en las FAP y luego en Montoneros. A los 28 años, fue el rector más joven de la historia de la UBA.

[46] Entrevista realizada a Enrique Martínez el 2 de mayo de 2011. La “alianza circunstancial” que Martínez (decano de Ingeniería) dice haber realizado fue con dos decanos que se incorporaron a las filas de la JP-Lealtad, la mayor escisión de Montoneros: Sbarra Mitre (Económicas) y Lugo (Exactas). Sobre este episodio, véase Friedemann (2018)

[47]Lima abandonaría indeclinablemente la Universidad”. La Opinión, 6/7/1974, p. 1.

[48] Andrés Osojnik (2006). “Raúl Laguzzi. La indemnización”. Página 12, suplemento especial 19° aniversario, recuperado de http://www.pagina12.com.ar/especiales/19aniversario/15.htm.

[49] Oscar Ivanissevich (1895-1976), como Taiana, fue médico cirujano y rector interventor de la Universidad de Buenos Aires, en este caso nombrado por el presidente Farrell en mayo de 1946. Tres meses después dejó el cargo afirmando que los estudiantes debían estudiar y no hacer política, lo que llevaba al desorden como sucedía desde la reforma del ´18 (Ivanissevich, 1946). No obstante, dos años más tarde fue nombrado ministro de Educación, cargo que dejó en 1950.

[50] Ambas conformaron la Organización Única para el Trasvasamiento Generacional (OUTG). Véase Anchou (2007) y Reta (2009).

[51] Para un mayor desarrollo nos remitimos a Friedemann (2016)

[52] Res. CS. 209 del 10/8/1973 y 783 del 30/10/1973; “Habríase resuelto la derogación de cursos”. La Nación, 22 de junio de 1973, p. 9; “Suspenden medidas del estatuto universitario”. La Nación, 26 de junio de 1973, p. 13.

[53] Res. CS. 47 del 16/1/1975

[54] Ley 20.654; Juventud Universitaria Peronista, “El peronismo en la universidad”, abril de 1973. El documento fue publicado en Envido, 9, mayo de 1973, pp 54-61.

[55] “Mensaje de su Excelencia el señor ministro de Cultura y Educación doctor Oscar Ivanissevich. 10 de setiembre de 1974”. Buenos Aires, Centro Nacional de Documentación e información educativa, Ministerio de Cultura y Educación, 1974.

[56] Res. CS. 293 del 10/12/1974, entre otras.

[57] “Una prohibición a estudiantes se dejó sin efecto”. La Prensa, 2 de junio de 1973.

[58] Artículo 5º de la Ley 20.654.

[59] Entrevista realizada por Sandra Carli en los años ochenta a Ernesto Crescenti, presidente del Centro de Estudiantes de Filosofía y Letras por la JUP entre 1973 y 1974; “Cuentas claras y política espesa”. Revista El caudillo de la tercera posición.  Año II 42. Setiembre 6 de 1974. Recuperada de http://www.ruinasdigitales.com/el-caudillo/

[60] Las fuentes primarias como documentos y entrevistas son incorporadas a lo largo del trabajo en notas al pie de página.