La colaboración del MLN-Tupamaros con formaciones guerrilleras argentinas (1963-1976)
La colaboración del MLN-Tupamaros con formaciones guerrilleras argentinas (1963-1976)
The collaboration of the MLN-Tupamaros with Argentine guerrilla formations (1963-1976)
Jerónimo Ríos Sierra
Programa de Doctorado en Humanidades: Lenguaje y Cultura
Universidad Rey Juan Carlos (Madrid, España)
j.rioss.2020@alumnos.urjc.es
https://orcid.org/0000-0003-3574-0116
Resumen
El siguiente trabajo analiza las relaciones que mantuvo la guerrilla uruguaya del MLN-Tupamaros con otras formaciones revolucionarias argentinas durante su breve ciclo de vida político militar, transcurrido entre 1963 y 1976. Se diferencian tres etapas que, en todo caso, comparten un sentido práctico y posibilista de las relaciones exteriores con otras guerrillas, aunque en un plano residual, sólo protagónico cuando el MLN-T es derrotado en Montevideo y busca sobrevivir en el exilio argentino haciendo parte de la Junta de Coordinación Revolucionaria. Para desarrollar estos planteamientos se recurre a diferentes documentos producidos por el MLN-T, presentes en el archivo de Lucha Armada “David Cámpora” o en el del Departamento de Estado norteamericano, aparte de documentación primaria del Ministerio de Defensa uruguayo. Lo anterior se complementa con algunos relatos de dirigentes tupamaros entrevistados entre septiembre de 2021 y octubre de 2022.
Palabras clave: Argentina; MLN-Tupamaros; guerrillas; Junta de Coordinación Revolucionaria; Uruguay.
Abstract
The following paper analyses the relations that the Uruguayan guerrilla group MLN-Tupamaros maintained with other Argentine revolutionary formations during its brief political-military life cycle, which lasted from 1963 to 1976. The work distinguishes between three stages which share a practical and pro-possibility sense of foreign relations with other guerrillas. Thus, this type of relations would exhibit a residual level, only playing a leading role when the MLN-T, defeated in Montevideo, sought to survive in Argentine exile as part of the Junta de Coordinación Revolucionaria (Revolutionary Coordinating Junta). In order to develop these arguments, the research draws on various documents produced by the MLN-T in the archives of the US State Department, but also on primary documentation from the Ministry of Defence in Uruguay. This is complemented by some accounts of Tupamaros leaders interviewed between September 2021 and October 2022.
Keywords: Argentina; MLN-Tupamaros; guerrilla, Revolutionary Coordinating Junta; Uruguay.
Introducción
El siguiente trabajo tiene como principal objetivo analizar el marco relacional de la guerrilla urbana uruguaya del Movimiento de Liberación Nacional – Tupamaros (MLN-T) con otras formaciones revolucionarias argentinas, entre 1963 y 1976. Así, se trata de escapar del tradicional planteamiento estatocéntrico, que tiende a inscribir el estudio de los proyectos guerrilleros de manera estanca, dejando de lado las circularidades, influencias e intercambios internacionales que son casi consustanciales en cualquiera de los proyectos revolucionarios latinoamericanos surgidos en la Guerra Fría (Rey, 2014). Es decir, el planteamiento propuesto, en primer lugar, reivindica la necesidad de entender el fenómeno de las guerrillas desde otros prismas y enfoques, de manera tal que el estudio de cómo se colaboró y cuál fue la evolución del marco relacional de una formación revolucionaria, per se, representa un enfoque original que sólo hasta hace relativamente poco tiempo ha empezado a ganar visibilidad en la disciplina histórica y politológica (Cortina, 2020).
Esto resulta especialmente interesante para el caso de los tupamaros, que fue la primera guerrilla urbana del siglo XX latinoamericano, y que desplegó una muy notable influencia en el Cono Sur (Marchesi, 2019; Pozzi, 2022), en donde las condiciones para dar lugar a proyectos revolucionarios eran muy diferentes a las de Cuba, Centroamérica o la región andina. Escenarios en donde, todo lo contrario, primaba una condición rural, selvática y/o montañosa más favorable para la puesta en marcha de procesos revolucionarios como el acontecido en Sierra Maestra. Los tupamaros, no obstante, aprendieron de experiencias previas, sobre todo provenientes de Argelia[1] (Ríos, 2023), e igualmente influyeron, como la historiografía ha demostrado en varios trabajos, sobre diferentes grupos terroristas europeos, como es el caso de Brigadas Rojas o Fracción del Ejército Rojo (Re, 2012).
Sin embargo, y continuando con algunos trabajos publicados en los últimos años, cabe relativizar el alance real del colaboracionismo guerrillero, más allá de Cuba o Nicaragua, que son los únicos dos procesos insurreccionales verdaderamente exitosos en América Latina. Así, las urgencias domésticas, confrontaciones ideológicas, el auge de los autoritarismos, y las muy heterogéneas condiciones de los proyectos guerrilleros influyeron en relativizar el alcance real de los marcos colaborativos (Lessa, 2022). En otras ocasiones, estos se dieron cuando los procesos de lucha armada finalizaban, de tal manera que los entonces exmilitantes buscaban otros emplazamientos en donde continuar enarbolando la bandera del sueño de la revolución social (Cortina, 2023).
Dicho lo anterior, en estas páginas se analiza en concreto la relación del MLN-T con diferentes formaciones revolucionarias argentinas. Es decir, se trata de mostrar cómo dicha relación siempre estuvo dificultada por aspectos coyunturales y evolucionó igualmente en función de la practicidad, el posibilismo y las condiciones internas de los propios tupamaros. A tal efecto, el trabajo se organiza en tres partes diferenciadas. Primero, se presenta una breve discusión teórica que, precisamente, intenta poner en valor los enfoques transnacionales y colaborativos en el estudio del fenómeno guerrillero latinoamericano. Con posterioridad, se aborda el análisis de las relaciones entre los tupamaros y diferentes formaciones argentinas. Inicialmente, se presenta la etapa fundacional tupamara, entre 1963 y 1965, en donde hubo recepción de armamento del Ejército Guerrillero del Pueblo (EGP) y, por ejemplo, algo de formación por cuenta de peronistas exintegrantes del grupo ultraderechista Tacuara. Después, se aborda el ciclo de expansión del activismo guerrillero uruguayo que, desde la Comisión de Asuntos Internacionales (CAI), permitió entablar relaciones con casi todas las formaciones revolucionaras argentinas, aunque en un plano, como se verá, tan puntual como reducido. Por último, en el ocaso del MLN-T, superviviente en el exilio argentino, sí que se aprecia una mayor relación y una profunda recepción en lo que respecta a la influencia del PRT-ERP argentino. Esto tiene lugar, sobre todo, entre 1973 y 1975, lo cual se acompaña de un proceso de radicalismo y desnaturalización de los principios tupamaros que coinciden con la práctica desaparición de las guerrillas en la región.
Metodológicamente este trabajo se sirve de dos tipos de fuentes de información. En primer lugar, las fuentes documentales provienen de tres orígenes diferentes: el Archivo de Lucha Armada “David Cámpora”, ubicado en la Universidad de La República; el Archivo del Departamento de Estado norteamericano, presente en Washington, y el conjunto de documentos producidos por el Servicio de Inteligencia del Ministerio de Defensa de Uruguay. A esto habría que añadir, además, fuentes orales que son resultado de entrevistas en profundidad realizadas en Montevideo, entre 2021 y 2022, a destacados dirigentes y responsables tupamaros. Integrantes de la guerrilla urbana que, de un modo u otro, tuvieron conocimiento y experiencias de vida próximas a cómo transcurrió el plano exterior de los tupamaros durante su breve ciclo de vida política revolucionaria.
Breve discusión teórica
Mucho se ha escrito sobre el fenómeno guerrillero latinoamericano durante la Guerra Fría (Wickham-Crowley, 1993; Fearon y Laitin, 2003; DeRouen y Sobek, 2004; Pozzi y Pérez, 2012; Pinta, 2015; Ríos y Azcona, 2019), si bien, mucho menos se ha hecho en clave eminentemente trasnacional (Martín Álvarez y Rey, 2016). Tanto es así, que ha sido más evidente el abordaje de la respuesta autoritaria y de colaboración entre gobiernos latinoamericanos, o de estos con Estados Unidos, ya sea a través del acercamiento a lo que fue la Alianza para el Progreso (Rabe, 2012; Taffet, 2012), la Escuela de las Américas (Gill, 2004) -y las consecuencias que dejó consigo décadas después (Blakeley, 2006) - o el Plan Cóndor (McSherry, 2005; Dinges, 2012).
En sentido estricto, sólo ha habido dos plataformas de convergencia guerrillera formales durante la Guerra Fría en América Latina. Por un lado, la Junta de Coordinación Revolucionaria (JCR), que, como después se verá, es producto de las dificultades y debilidades de la mayor parte de las guerrillas de Bolivia, Chile y Uruguay, las cuales encuentran en Buenos Aires un enclave de retaguardia estratégica para subsistir. Un escenario este en donde el PRT-ERP se erige como actor aglutinador y casi financiador de la supervivencia del resto de estructuras armadas conosureñas (Ríos, 2023b).
El segundo, muy posterior, pero igualmente irrelevante, fue el Batallón América, vigente entre 1985 y 1987, y que resultó impulsado por la guerrilla colombiana del M-19 para intentar consagrar la lucha armada en clave continental (Villamizar, 2017). En la primera y única gran acción de este grupo guerrillero regional de muy escaso recorrido –y que involucró a miembros de la Guerrilla Indigenista Quintín Lame (GIQL), de la guerrilla ecuatoriana Alfaro Vive Carajo (AVC) y de la peruana del Movimiento Revolucionario Túpac Amaru (MRTA)- se tradujo en un intento por tomar la capital vallecaucana de Cali. Allí moriría su entonces comandante jefe del M-19, Álvaro Fayad. Sin embargo, el fracaso de este propósito dejará, casualmente, a Carlos Pizarro como líder del M-19 y, con ello, el viraje en la posición del M-19, claramente en favor por la búsqueda de una solución negociada.
De este modo, lo más común y generalizado en la práctica guerrillera latinoamericana, más allá de la evidente y más que trabajada influencia asimétrica de la experiencia cubana, tiene que ver con marcos de colaboración natural, producto de necesidades compartidas inscritas en un eventual escenario de continentalidad, solidaridad internacional y afinidad revolucionaria. Sea como fuere, y a pesar de la evidencia, durante mucho tiempo han predominado planteamientos hemisféricos, centrados en los mínimos comunes denominadores de las guerrillas y alineados desde concepciones generales de la Guerra Fría y el fenómeno revolucionario. Empero, muy especialmente en la última década, han proliferado multitud de trabajos que están centrados en este abordaje más puramente trasnacional o que, cuando menos, escapa de escalas estrictamente nacionales de análisis en la comprensión del fenómeno para poner su acento en el colaboracionismo guerrillero, formal o informal, tanto en clave latinoamericana como, incluso, en correspondencia con otras experiencias armadas europeas (Nercesian, 2012; Alonso y Figueredo, 2013, 2014; Azcona y Re, 2014, 2015; Martín Álvarez y Rey, 2016, 2018; Gracia, 2018; Avilés et al., 2019; Kruijt et al., 2019; Marchesi, 2019; Cortina, 2017, 2020, 2022; Harmer y Álvarez, 2021; Azcona y Madueño, 2021; Rey y Martín Álvarez, 2022; o Ríos, 2023, 2023b).
Los orígenes tupamaros y las primeras influencias argentinas
La guerrilla del MLN-Tupamaros es resultado de un proceso paulatino de definición que comienza a partir de las movilizaciones del sector azucarero de Artigas, sobre todo, a partir de 1962. Tales protestas, lideradas por Raúl Sendic, llegarán a Montevideo y tomarán contacto con diferentes figuras y expresiones políticas que, de una manera muy incipiente, darán lugar al Coordinador. Una formación apenas formada por una docena de integrantes, con diferentes trayectorias y militancias, cuyo mínimo común denominador no es otro que el de asumir la necesidad de un proceso revolucionario en Uruguay (Duffau, 2008).
Lo anterior, de partida, resultaba en parte paradójico, en tanto que los mayores niveles de democracia y libertades civiles y políticas del continente se encontraban en Uruguay, tal y como verbalizó el propio Che Guevara, en su visita a la Universidad de La República, en agosto de 1961. Tal vez por esta razón, de acuerdo con Marchesi (2019: 51), a comienzos de los sesenta “Montevideo era un lugar propicio para la conspiración”, aunque hay planteamientos, como el de Broquetas (2014) que, todo lo contrario, ya señalan el deterioro del sistema político uruguayo en aras de un paulatino asentamiento de un clima de relativa polaridad y violencia política creciente[2]. En cualquier caso, lo cierto es que el país se trataba de un lugar garantista sin parangón en la región, lo cual hacía que formaciones de izquierda radical que eran perseguidas en sus países de origen, como Paraguay, Argentina o Brasil, terminasen pasando por Montevideo y, de un modo u otro, influyendo de alguna manera en el origen de los futuros tupamaros.
Estos estaban en un proceso incipiente, apenas germinal, entre 1963 y 1965, de manera que más bien se trataba de acompañar, algunas acciones de propaganda armada, con el establecimiento y discusión de los elementos nucleares del planteamiento revolucionario por desarrollar. Una cuestión esta que reclamará intensos debates sobre la asunción de la lucha armada en clave urbana, la renuencia al marxismo-leninismo, pero también al castrismo, y el rechazo frontal al uso irreflexivo de la violencia[3]. Lo anterior, sumado a la definición de una impronta nacionalista, socialista y antiimperialista.
De manera coetánea hay hechos acontecidos en el plano regional que no puede ser pasados por alto y que, en un proceso continuamente sometido a presiones e influencias, en parte, externas, deben ser considerados. Primero está el golpe de Estado en Brasil, en marzo de 1964, y que tiene lugar en paralelo con el golpe argentino promovido por Juan Carlos Onganía en junio de 1966. Después está la aparición, entre 1963 y 1964 de la guerrilla argentina del Ejército Guerrillero del Pueblo (EGP). Un proyecto revolucionario inicialmente concebido en Bolivia, con influencia sobre Montevideo, y desarrollado en Salta, al norte del país. Este EGP se encontraba liderado por Jorge Ricardo Masetti, amigo personal del Che Guevara, y en compañía de Ciro Bustos, quien con el paso del tiempo se embarcaría en el sueño revolucionario de Ñancahuazú, en Bolivia.
El ciclo revolucionario del EGP fue muy breve, en tanto que para 1964 ya había sido derrotado. Empero, y como señala Marchesi (2019), tras este acontecimiento, el propio Bustos huyó a Montevideo, en donde mantuvo contactos con Cuba y con Eduardo Galeano. Éste, al frente del diario de izquierdas Época, sería el encargado de conectar a Bustos con el que se convertiría en la máxima referencia de los tupamaros: Raúl Sendic. El propósito no sería otro que el recibir de manos de Bustos un pequeño remanente de armas del EGP y un curso de seguridad para los todavía integrantes del Coordinador (Marchesi, 2019). Al respecto, son ilustrativas las palabras del conocido extupamaro, Luis Nieto:
Desde los primeros pasos contamos con relaciones con otras formaciones. Aquí llegaron argentinos de origen peronista que tras el golpe del 55 se quedaron a vivir aquí. Militaban en distintas cosas, pero hacían vida de exiliados. Había desde el principio relaciones formales con el servicio de inteligencia cubano, que estaba implementando una guerrilla en Salta con un amigo del Che, Ricardo Masetti. En esos precursores del MLN-T, que aún no existía, ayudaron guardando armas. Por Uruguay había un tránsito de armas hacia Salta y también se conseguían documentos. Al fracasar aquella guerrilla, en Montevideo quedaron varias armas guardadas en un berretín (…) También quedaron algunos instructores cubanos que estaban en Montevideo. (Luis Nieto, entrevista, Montevideo, 25 de febrero de 2022).
Como otro acontecimiento que destacar, en esta etapa inicial, habría que mencionar la llegada a Montevideo y, con ello, el contacto con los futuros tupamaros, de un grueso inicial de peronistas, que aterrizaron en el país tras el golpe de 1955. Sin embargo, el remanente más importante fue un segundo grupúsculo de argentinos que, desde 1963-64, estaba formado por antiguos integrantes del grupo de extrema derecha argentino conocido como Tacuara[4]. Estos, también fueron conectados con los revolucionarios uruguayos por mediación del diario Época, en un proceso de viraje ideológico por el que, casi súbitamente, terminaron por adoptar como dogma ideológico el peronismo, el populismo y el antiimperialismo.
Entre los argentinos más destacados llegados a Montevideo estaba Joe Baxter, quien antes se había formado militarmente en Vietnam, y junto con él otros como José Luis Neill Tacci o ‘Pata’ Cataldo[5]. Estos, por ejemplo, iban a terminar instruyendo a los proto-tupamaros en algunas técnicas en el manejo de explosivos, además de discutiendo sobre ciertos elementos ideológicos y programáticos. Si bien este hecho tuvo mucho calado en la prensa del momento, entre los guerrilleros uruguayos entrevistas, su alcance real es cuestionado y, a lo sumo, muy limitado, tal y como verbalizan los destacados tupamaros Marcelo Estefanell, Jorge Zabalza o Héctor Amodio:
La participación de algunos Tacuara en las filas del Coordinador fue tangencial. Vinieron para acá y había que darles cobijo. Eso estaba dentro de la solidaridad de la organización. Su visión ideológica era muy distinta a la nuestra. No vinieron para quedarse ni para la toma del poder. Simplemente se trataba de darles cobijo (Marcelo Estefanell, entrevista, Montevideo, 25 de febrero de 2022).
Al comienzo tuvimos en nuestras filas a José Luis Nell Tacci y Joe Baxter, que hacían parte del grupo Tacuara. Nell Tacci acabó en los Montoneros y Baxter en el PRT-ERP. Les dimos refugio porque en esa época temprana, en Montevideo, había capacidad para absorber a algunos compañeros, como también hicimos con algunos brasileños como Roberto Manes, que era oficial del Ejército, y a gente de VAR Palmares. Era todo muy incipiente (…) Luego nos daría refugio a nosotros, como pasó con la columna de servicio el MLN-T al PRT-ERP y con tupamaros que participaron en la compañía de montes del PRT-ERP (Jorge Zabalza, entrevista, Montevideo, 11 de noviembre de 2021).
En 1964 llegaron a Montevideo cuatro ex Tacuara: Joe Baxter, José Luis Nell Tacci, Rubén Rodríguez Primón y Andrés Cataldo. Nunca tuvieron adhesión orgánica al MLN-T. Realizamos acciones conjuntas con ellos porque en aquel entonces éramos novatos en lo que tenía que ver con la autofinanciación y ellos venían del robo al Policlínico Bancario en Buenos Aires. Creíamos que sabían más que nosotros. La verdad es que no. Sabíamos lo mismo y aprendimos rápido (…) Desde diciembre de 1966 este grupo se desmiembra y el único que sigue en las filas del MLN-T, como clandestino, será Andrés Cataldo (Héctor Amodio, entrevista, Madrid, 20 de septiembre de 2021).
La etapa de expansión de la violencia y las conexiones con las diferentes guerrillas argentinas
El Coordinador, desde mediados de 1965, comenzará un proceso profundo de discusión y transformación que, a lo largo de todo 1966, asentará las bases de una nueva formación político-militar: el Movimiento de Liberación Nacional – Tupamaros. Este MLN-T, al menos hasta 1969-70, desarrolla una etapa de propaganda armada, en donde el crecimiento orgánico, la materialización de principios de estructuración y funcionamiento, y el desarrollo de acciones armadas para la obtención de recursos materiales -armas y dinero- se llevan a cabo respetando los principios de renuencia respecto del uso de la violencia[6].
Aunque la continentalidad, la solidaridad y la camaradería están siempre presentes en el discurso tupamaro[7], especialmente, desde el año 1970, se avanza en el uso de la violencia, intensificando el calado de las acciones armadas -como muestran las intenciones del Plan Satán[8] o el Plan Cacao[9]-, y también en el desarrollo de un marco relacional exterior más sólido. Un hecho simbólico fue, por ejemplo, la acción tupamara en contra del magnate uruguayo, Luis Eduardo Mailhos, el 4 de abril de 1970 -la cual fue dirigida por el reconocido tupamaro Efraín Martínez Platero. Con ella, el MLN-T obtuvo 250.000 dólares, dos lingotes de oro de 18 kilates y 25.000 libras esterlinas, estas últimas repartidas entre el Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR), de Chile, y el Ejército de Liberación Nacional (ELN), de Bolivia[10].
A la vez, otro reconocido integrante de la guerrilla uruguaya, David Cámpora, producía el documento constitutivo de lo que sería la Comisión de Asuntos Internacionales (CAI), cuyo cometido era el desarrollar todo el aparataje relacional con otras guerrillas de la región y gobiernos afines a la causa revolucionaria. De esta instancia al interior del MLN-T solo se tuvo conocimiento, por parte de las autoridades oficiales, una vez que se intervino un inmueble de la guerrilla ubicado en la calle Amazonas 1440, en Montevideo, con motivo de los incidentes violentos del 14 de abril de 1972[11]. Entre la numerosa documentación incautada estaría el que luego fue archivado como Memorando I-43/72 del Servicio de Información de Defensa, con fecha de 27 de abril de 1972. Un documento que motivaría una notificación urgente de la embajada estadounidense en Montevideo al Departamento de Estado el 12 de mayo, cinco días después de que su contenido fue publicado por la revista Ahora[12].
Esta información es muy valiosa a efectos de entender hasta qué punto el colaboracionismo exterior era entendido como una prioridad que, sin embargo, en la práctica, terminó reducido a cuestiones puntuales y más posibilistas y coyunturales que orgánicas y formales. Según recoge este documento, el propósito primacial de la CAI no era otro que el de “armar y atender en primera instancia todos los contactos internacionales[13]”. Esto, fijando las prioridades para los tupamaros por este orden:
Argentina, Brasil (buscado clarificar un confuso panorama), Chile[14] (puente de aprovisionamiento logístico y base de operaciones de nuestros compañeros) y Bolivia, Perú y Ecuador (países estos últimos donde hay proceso en marcha insuficientemente estudiados y todavía indefinidos, pero que ha propinado expectativa popular cierta y se guían por premisas nacionales[15].
La verdad es que, a tenor de las entrevistas realizadas y los archivos consultados, poca información evidencia que la CAI tuviera un peso relevante en lo que respecta a sus principales documentos, como es la incautación de documentación, la obtención de armas, dinero, movilización de combatientes y la creación de una red de inteligencia[16]. Un elenco de cometidos para lo cual, el propósito último era “conseguir guita constante y sonante por aportes y medios lícitos y no tanto en el mercado internacional para con guita y armas constituirse en la principal fuente de abastecimiento del movimiento” (Memorando I-43/72 del Servicio de Información de Defensa, 27 de abril de 1972).
Lo anterior, con un cometido que en la mayor parte de los casos o bien no se llegó a desarrollar, dado lo ambicioso del planteamientos y los escasos recursos para su consumación, o se hizo de forma apenas tentativa: 1) mantener relaciones con movimientos revolucionarios extensibles a los gobiernos de Argelia y Corea del Norte; 2) formar grupos de trabajo propios en aquellos países para dirigir acciones de influencia y organización; 3) entablar relaciones con organismos privados o personas que pudieran facilitar el acceso a los centros de comercialización de armas; 4) extender 30-40 kilómetros la frontera exterior, reclamando autonomía operativa con respecto a los grupos revolucionarios vecinos; y 5) aumentar el control y chequeo de las entradas y salidas al país, creando nuevas rutas y sistematizando la información como si “de una agencia de viajes se tratara”; 6) además del dominio de las vías internas (Memorando I-43/72 del Servicio de Información de Defensa, 27 de abril de 1972).
Un ejemplo de la realidad de hasta dónde llegaron las relaciones exteriores tupamaras puede ser el documento remitido por la embajada estadounidense al Departamento de Estado con fecha de 16 de junio de 1972, resultado de una información publicada dos días antes en un medio argentino (Ahora) en el que se detallaba el grado de las relaciones mantenidas con diferentes guerrillas del país vecino[17]. Haciendo valer “un criterio eminentemente tupa: poca charla, lo suficiente para conocernos y mantenernos informados de muchas cosas”, se resume de buena manera el desarrollo de varias acciones de colaboración, en cualquier caso, muy menores, inscritas más bien en el plano de la cotidianeidad y fundamentalmente centradas en la prioridad que representa Argentina (National Archives and Records Administration (NARA), Records of the Agency for International Development, GRDS-RG59, Subject-Numeric Files 1963-1973, Political & Defense 1970-1973, box 2662).
A tal efecto, hubo colaboración con las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) en la confección e intercambio de documentación falsa argentina y uruguaya. Se dieron pequeñas sumas de dinero tanto a las FAR como a otros grupos menores, como las Fuerzas Armadas Peronistas (FAP), toda vez que los tupamaros, por ejemplo, reclamaban material quirúrgico o el apoyo para el desarrollo de vías clandestinas hacia Chile. Con otros grupos, como Montoneros y Descamisados hubo acciones de intercambio de información y experiencia, llegando incluso, con los primeros, a colaboraciones más estrechas, con miras a concretar rutas de transporte de armas provenientes de Cuba. También era de interés tupamaro el conocer detalles de algunos operativos, como el secuestro de Oberdán Sallustro, secuestrado por el ERP en marzo de 1972, o el compromiso de atentar contra el general Juan Carlos Sánchez. Finalmente, con el PRT hubo cursos del MLN-T sobre falsificación de identidad y lecciones para el perfeccionamiento de la “Cárcel del pueblo”, a cambio de colaboración en el transporte de armamento proveniente de Cuba y el acceso a embarcaciones de transporte rápido que conectasen Argentina y Uruguay (National Archives and Records Administration (NARA), Records of the Agency for International Development, GRDS-RG59, Subject-Numeric Files 1963-1973, Political & Defense 1970-1973, box 2662).
El ocaso tupamaro en Argentina y la JCR
De acuerdo con lo planteado hasta el momento, debe insistirse en que el ciclo de violencia política asociado a los tupamaros fue muy corto, en tanto que si bien formalmente inicia a partir de 1966-1967, para 1972 se entiende que ha finalizado, al menos en Uruguay. De otro, transita muy rápidamente, de una fase de propaganda, renuente con el uso de la violencia política, a otra de confrontación, especialmente significativa a partir de 1970. De hecho, es muy destacable cómo, mientras que 1970 e incluso comienzos de 1971, son años de crecimiento en las capacidades y los recursos disponibles, 1972 es un año de consumación de la derrota militar. Toda esta intensidad en los acontecimientos, además, convivió con una paulatina erosión democrática, un avance en la respuesta militar, y también paramilitar, y un escaso apoyo en lo que respecta a la ciudadanía. Una ciudadanía que si bien inicialmente, en términos notables, conectaba con la causa tupamara, igualmente, se distancia de manera evidente en el momento en el que el uso de la violencia política se normaliza, desde 1971.
Relacionado con lo anterior, desde septiembre de 1972 la organización guerrillera en Uruguay puede afirmarse que está completamente desdibujada, de modo que la militancia en el exterior se encuentra, inicialmente, en Chile y, tras el golpe de septiembre de 1973, en Argentina. El ocaso de las democracias en el Cono Sur y con ello el auge del autoritarismo, como el de Hugo Bánzer en Bolivia (1971), Julio María Bordaberry (1973) y Augusto Pinochet (1973), obliga a las guerrillas del ELN, MIR y MLN-T a encontrar en Buenos Aires una última retaguardia estratégica, apenas vigente, hasta 1976.
Allí, la guerrilla de referencia iba a ser el PRT-ERP. Una guerrilla surgida en 1965, inicialmente trotskista, reconvertida desde 1973 al marxismo-leninismo, y también desde 1970 firme valedora del uso creciente de la violencia política (Pozzi, 2022). Sobre estas circunstancias, el MLN-T, que en algún momento sirvió de fuente inspiradora del PRT-ERP, asume un doble proceso de adaptación. Uno primero, propio, pasa porque la dirigencia en el exterior, representada en nombres como Lucas Mansilla, William Whitelaw, Luis Alemañy, Aníbal de Lucía o Efraín Martínez Platero, entendía, en contra de la mayoría militancia presa en Uruguay[18], que la derrota del MLN-T no era por razones operativas y de funcionamiento, sino por el desprecio del marxismo-leninismo como teoría revolucionaria. Así, abrazan el viraje ideológico a la vez que, abriendo una importante fractura con ello entre la comunidad tupamara en el exterior, reclaman la necesidad de la renuncia a preservar la lucha armada como dogma para su imposible retorno a Uruguay[19].
Un segundo aspecto es que este proceso tiene lugar bajo la concurrencia del MLN-T en la Junta de Coordinación Revolucionaria. Un intento a la desesperada, concebida a finales de 1972, pero formalizada a comienzos de 1974, que intenta conformar una plataforma de colaboración y convergencia guerrillera entre las mencionadas guerrillas del ELN boliviano, MIR chileno, MLN-T uruguayo y el PRT-ERP argentino. El proyecto, de partida, era inviable por muchas cuestiones. Primero, porque todas las guerrillas, a excepción del PRT-ERP llegaban muy debilitadas y, algunas como el MIR, con reticencias crecientes a permanecer fuera de Chile. Segundo, por las profundas discrepancias ideológicas entre la guerrilla chilena y la argentina, pero también por el resto de las tradiciones revolucionarias. Por un lado, la del ELN de marcada inspiración guevarista, y por otro la tupamara, transversal, nacionalista y hasta 1973, distante con el marxismo ortodoxo. En cualquier caso, esta última cuestión se resolverá por medio de un profundo y complejo proceso de influencia de parte del PRT-ERP -de mayor ortodoxia y proletarización- que conduce a una radicalización en el MLN-T, patente desde el 8 de octubre de 1974[20], y en el ELN boliviano, a partir de 1975, cuando cambia sus siglas en favor de las de PRT boliviano (Lessa, 2002).
En tercer lugar, quedaría la precariedad de los recursos y las presiones crecientes, tanto en clave regional, como desde el propio gobierno argentino, cuyo corolario será el golpe de estado de 1976[21]. De esta manera, siempre hubo una profunda asimetría en los recursos y capacidades logísticas, lo cual generó una dependencia profunda sobre el PRT-ERP. Esto con independencia de que algunas acciones conjuntas, como la realización de cuatro secuestros que dejaron consigo hasta 22 millones de dólares, permitieron importantes botines que fueron repartidos entre las cuatro estructuras, aunque nunca equitativamente y casi siempre alimentando importantes controversias entre las guerrillas de Chile, Bolivia y Uruguay (Aldrighi, 2009).
Aun con todo, la relación más colaborativa en términos operativos fue la que mantuvo el PRT-ERP con el MLN-T al interior de la JCR. Mientras que los primeros facilitaron a los segundos recursos económicos, logísticos y de alojamiento, los uruguayos colaboraban optimizando el bagaje y la experiencia adquirida tras años de lucha armada. Su experiencia como guerrilla urbana, en el empleo de la malla de alcantarillado en Montevideo y la elaboración de armamento clandestino se hizo valer en favor de los argentinos. Tanto, que la incautación de documentación de la policía de Buenos Aires a domicilios al servicio de la JCR dio a conocer proyectos conjuntos como el Plan Conejo, que supuso la incautación de pasaportes y documentación falsificada a los integrantes extranjeros de la JCR que se hacían pasar como argentinos. Asimismo, el Plan 500 evidenció la intención de crear 500 ametralladoras que eran capaces de disparar más de 500 balas, como era el caso de la JCR-1 (Marchesi, 2019; Lessa, 2022). Este aspecto fue verbalizado por Jorge Masetti, en el trabajo de Lessa (2002: 152) o por el propio Efraín Martínez Platero, cuando es entrevistado para este trabajo:
(En Argentina) había, por ejemplo, una fábrica de submetralladoras, las JCR1, de una tecnología muy elemental. Y esa fábrica la llevaban unos cuantos tupas. Había apoyo financiero. El ERP en ese momento tenía mucha plata porque había hecho un secuestro con el que consiguieron 14 millones de dólares y de eso se dio una parte al sector del MLN para que tratara de consolidarse de nuevo en el Uruguay.
Para nosotros la única posibilidad real que había era el desarrollar armas. Hicimos una bazuca y metralletas y le dijimos al PRT-ERP que ellos se pusieran a hacer la plata. Bajo la Junta de Coordinación Revolucionaria se comenzaron a desarrollar unas fábricas de armas en la Argentina, en donde participaban compañeros, de modo que la relación del MLN-T con el PRT-ERP en esas cosas fue muy profunda (Efraín Martínez Platero, entrevista personal, Montevideo, noviembre de 2021).
Toda la detección de armamento, pisos francos o documentación falsificada cuando menos permite aceptar, por ende, un innegable nivel de coordinación. Solo en material tupamaro, Marchesi (2019: 171) contabiliza la incautación de hasta 56 fusiles ametralladoras FAL, 48 subametralladoras, 50 escopetas, 120 pistolas y revólveres, 150 granadas de mano, además de cuatro talleres, dos camiones, cuatro autos y una lancha. Asimismo, de acuerdo con un documento presente en el Archivo de Lucha Armada ‘David Cámpora’, ubicado en la Universidad de La República de Montevideo, hay constancia de hasta 41 detenciones de militantes tupamaros, de los cuales 26 fueron detenidos en Argentina, 9 en Chile, 4 en Uruguay y uno en Colombia y Bolivia, respectivamente.
En cualquier caso, el ciclo de vida de este proyecto revolucionario, desde 1975, encontrará importantes dificultades que harán que una vez se consuma el golpe de estado en Argentina, de marzo de 1976, el protagonismo de la JCR se descomponga rápidamente. Tanto, que apenas queda reducido como mecanismo para que las guerrillas convergentes organicen labores de apoyo y organización del exilio para los militantes y simpatizantes que no fueron detenidos por las dictaduras del momento (Ríos, 2023).
Conclusiones
Estas páginas han servido para poner de manifiesto el significado y alcance de las relaciones de colaboración que la guerrilla del MLN-Tupamaros mantuvo, en sentido estricto, con formaciones guerrilleras de Argentina. A tal efecto, por un lado, parece evidente que tanto esta formación político-militar como otras de la región naturalizaron la búsqueda de relaciones con estructuras similares que se inscribían en un espacio y tiempo de lucha revolucionaria, confrontación antiimperialista y polaridad, resultado de la Guerra Fría.
Sin embargo, por su distancia con Cuba y su mayor autonomía con respecto al código geopolítico de La Habana, o porque hasta entrados los setenta presentaban niveles de desarrollo y democracia diferentes a los del resto del escenario latinoamericano, las guerrillas conosureñas parece que colaboraron más entre sí y, en todo caso, especialmente, una vez que comienza el ciclo autoritario en Bolivia y continua por Uruguay y Chile, hasta finalizar en Argentina.
Las relaciones del MLN-T con formaciones guerrilleras argentinas, al menos hasta 1973, fueron puntuales, muy contenidas y organizadas sobre aspectos y necesidades concretas. Inicialmente, en formación y adquisición de material militar, y después, de manera más extensa, con casi todo tipo de guerrillas, en aspectos y necesidades operativas, logísticas y de táctica guerrillera. Es decir, la circularidad de dinero, armas o personas fue muy concreta y, en cualquier caso, poco relevante, a tenor de los datos examinados para este trabajo. Esto no es óbice para igualmente aceptar que en buena parte de la formación tupamara había un claro convencimiento por desarrollar y ahondar en un marco de relaciones exteriores que se entendía como necesario, sobre todo, una vez que son evidentes la proximidad entre las agencias de gobierno y las estructuras militares de los autoritarismos de la región.
Por lo anterior, se puede decir que mientras que los tupamaros vivieron su etapa revolucionaria inicial se sirvieron de sus conexiones argentinas para aprender y mejorar aspectos de lucha armada en la que apenas estaban formados, habida cuenta de su particular extracción social. Después, una vez que sus recursos, efectivos y posibilidades crecen, diversifican notablemente sus relaciones exteriores, aunque en un plano de autonomía y de preeminencia estatal. Esta solo se resquebraja cuando, desde septiembre de 1972 los tupamaros son derrotados y marchan a Buenos Aires para buscar una retaguardia estratégica, que persiste bajo el marco de la JCR, aunque desde un claro influjo, desnaturalizador, del PRT-ERP. Esto, en un proceso que se extenderá, de manera casi agónica, hasta 1976.
Es por todo que, llegados a este punto, cabe reivindicar la necesidad de seguir aportando a trabajos y estudios que se centren en nuevos enfoques y planteamientos respecto del estudio de las guerrillas latinoamericanas surgidas bajo la Guerra Fría. Sin duda, trabajos en perspectiva comparada, aun muy reducidos con respecto al volumen real de publicaciones, o aportaciones como esta, inspiradas en buscar ámbitos internacionales de acción y lógicas más horizontales del funcionamiento guerrillero, ofrecen cierto halo de renovación. Un aspecto este que, por otro lado, permite reclamar la necesidad de nuevos trabajos que sigan aportando a un objeto de estudio sobre el cual aún son muchos los hallazgos y descubrimientos que aportar.
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Archivos consultados
Archivo de Lucha Armada “David Cámpora”
Carta de los presos. 1973.
Documento 1 MLN-T. Junio de 1967.
Documento 2 MLN-T. Enero de 1968.
Documento 3 MLN-T. Mayo de 1968.
Documento 4 MLN-T. Enero de 1969.
Documento Apuntes sobre luchar urbana. Abril de 1968
Documento Seguridad. 1972.
Tupamaros>Investigaciones>MailhosDGII. Archivo de Lucha Armada “David Cámpora. Abril de 1970.
National Archives and Records Administration (NARA)
Documento de la embajada estadounidense al Departamento de Estado con fecha de 12 de mayo de 1972. National Archives and Records Administration (NARA), Records of the Agency for International Development (RG 286), Office of Public Safety, Latin American Branch, Country Files-Uruguay, box 114. Documento cedido por Clara Aldrighi.
Documento de la embajada estadounidense al Departamento de Estado con fecha de 16 de junio de 1972. National Archives and Records Administration (NARA), Records of the Agency for International Development, GRDS-RG59, Subject-Numeric Files 1963-1973, Political&Defense 1970-1973, box 2662. Documento cedido por Clara Aldrighi.
Servicio de Información de Defensa – Ministerio de Defensa
Memorando I-39/74 del Servicio de Información de Defensa. Documento cedido por Alfonso Lessa.
Memorando I-40/974 del Servicio de Información de Defensa. Documento cedido por Alfonso Lessa.
Memorando I-43/72 del Servicio de Información de Defensa. Documento cedido por Alfonso Lessa.
Memorando I-57/72 del Servicio de Información de Defensa. Documento cedido por Alfonso Lessa.
Entrevistas realizadas a responsables del MLN-Tupamaros
Efraín Martínez Platero, entrevista, Montevideo, octubre de 2022.
Héctor Amodio, entrevista, Madrid, 20 de septiembre de 2021.
Jorge Zabalza, entrevista, Montevideo, 11 de noviembre de 2021.
Luis Nieto, entrevista, Montevideo, 25 de febrero de 2022.
Marcelo Estefanell, entrevista, Montevideo, 25 de febrero de 2022.
Recibido: 01/07/2024
Evaluado: 30/07/2024
Versión Final: 21/08/2024
páginas / año 17 – n° 43/ ISSN 1851-992X /2025
[1] Ríos, J. (2023). “MLN-Tupamaros y su relación con el entorno latinoamericano (1962-1973)”. El Futuro del Pasado, 14. Así lo reconocía expresamente, al ser entrevistado para este trabajo, el otrora dirigente tupamaro Efraín Martínez Platero (Montevideo, 11 de noviembre de 2021).
[2] De hecho, la propia visita del Che Guevara terminó con incidentes y acciones de violencia en donde, incluso, se ocasiona la muerte violenta del profesor de la Universidad de La República, Arbelio Rodríguez, quien recibe un disparo que iba dirigido al mismo Guevara.
[3] Algunos textos de referencia son: Documento 1 MLN-T. Junio de 1967. Documento 2 MLN-T. Enero
de 1968. Documento 3 MLN-T. Mayo de 1968. Documento 4 MLN-T. Enero de 1969. Documento Apuntes sobre luchar urbana. Documento Seguridad. Todos ellos consultados y disponibles en el Archivo de Lucha Armada “David Cámpora”.
[4]Son ilustrativos al respecto dos artículos publicados en la revista Al Rojo Vivo y que expresamente se refieren a la conexión argentina del primer MLN-T. Las dos piezas son de enero y febrero de 1967. La primera hace referencia al grupo Tacuara, con fecha de 31 de enero de 1967. La segunda se centra en la figura de Abraham Guillén, con fecha de 21 de febrero de 1967. Ambos documentos fueron cedidos por la profesora Clara Aldrighi.
[5] De todos ellos, el de mayor compromiso al interior tupamaro fue Cataldo, quien abandonaría a finales de 1967 la formación revolucionaria para volver a Argentina con su pareja, Elsa Garreiro -terminando ambos desaparecidos en el país vecino. Por su parte, Nell Tacci fue detenido en julio de 1967. Cuando es preguntado por ello para este trabajo, Héctor Amodio reconoce que su detención se inscribe en una situación de crisis interna, a mediados de 1967, por la caída de toda la infraestructura que se había conseguido en la zona de las playas del este -Canelones y Maldonado-, lo cual obliga a discutir y priorizar el asunto de la clandestinidad. No puede pasarse por alto que la detención de Nell Tacci se debe a que, sin consentimiento del comando de la columna, estaba viviendo en la casa de los tupamaros, María Elia Topolanski y su marido, Leonel Martínez Platero. Nell Tacci se negó a convivir en el local clandestino del cual era responsable Héctor Amodio, Su detención obligó a que Topolanski y Martínez Platero, pero también su hermano Efraín y los hermanos De Lucía, tuvieran que asumir la clandestinidad. El MLN-T terminó con un solo local en el que acabarían viviendo hacinados, por aquel entonces, hasta veinte personas.
[6]Véase algunos de los documentos del Archivo de Lucha Armada “David Cámpora” citados con anterioridad.
[7]Véase el Documento 1 MLN-T. Junio de 1967. Archivo de Lucha Armada “David Cámpora”.
[8] El Plan Satán, desde julio de 1970, intentaba secuestrar a reconocidos extranjeros residentes en Uruguay para dar visibilidad al discurso tupamaro, inscrito en un marco de antiimperialismo y nacionalismo. Así se explican, entre otros, los secuestros de Dan Mitrione (asesor policial estadounidense), Aloysio Días Gomide (cónsul brasileño en Uruguay) o Geoffrey Jackson (embajador británico en Uruguay).
[9] Desde septiembre de 1970, fracasado el Plan Satán, el Plan Cacao intenta visibilizar el activismo tupamaro en barrios acomodados de Montevideo y en lugares en donde había una marcada presencia de personal estadounidense residente en Uruguay.
[10] Lo cuenta con todo lujo de detalles, el propio Efraín Martínez Platero al ser entrevistado (Montevideo, octubre de 2022). Buena parte de la documentación al respecto está en: Tupamaros>Investigaciones>MailhosDGII. Archivo de Lucha Armada “David Cámpora”.
[11] Ese día se suceden varios operativos tupamaros, motivados por la participación en la lucha contrainsurgente del Escuadrón de la Muerte. Es por eso por lo que, producto de las acciones de la guerrilla, mueren en varios operativos el exsubsecretario de Interior, Armando Costa y Lara, el subcomisario Óscar Delega, el capitán de corbeta Ernesto Motto y los agentes Carlos Leites y Facundo Goñi -fallando otros operativos como el que se dirigía contra Miguel de Sofía. La respuesta de la fuerza pública no fue menor y se dirigieron dos operativos sobre casas pertenecientes a la red tupamara. Primero, se interviene en la calle Amazonas 1440, en donde mueren, por supuesta resistencia armada a la autoridad, Luis Martirena y su mujer, Ivette González, y se consigue incautar numerosa información clasificada de la guerrilla. Después, en la calle Pérez Gomar 4392, en donde son abatidos por fuego de la policía destacados tupamaros: Alberto Candán Grajales, Gabriel Schroeder y Armando Blanco Katras, además de Horacio Rovira Griecco, que los acogía. La jornada concluiría con las capturas, igualmente, de dos importantes dirigentes como el propio Eleuterio Fernández Huidobro y David Cámpora, sumado a la muerte del tupamaro Jorge Gropp, abatido en una acción fallida. Además de todo lo anterior, hay que señalar el proceso de profunda desnaturalización a la que, en ese momento, se encontraba sometido un MLN-T inmerso en pleno proceso irreflexivo de intensificación de la violencia, con un importante cambio en la dirección desde marzo de 1972. Al efecto, es revelador el trabajo de Ríos (2024).
[12] Documento de la embajada estadounidense al Departamento de Estado con fecha de 12 de mayo de 1972. National Archives and Records Administration (NARA), Records of the Agency for International Development (RG 286), Office of Public Safety, Latin American Branch, Country Files-Uruguay, box 114. Documento cedido por Clara Aldrighi.
[13] Memorando I-43/72 del Servicio de Información de Defensa. 27 de abril de 1972. Documento cedido por Alfonso Lessa.
[14] De la condición estratégica fundamental que representa Chile para los tupamaros da buena cuenta la que fue conocida como “La Guacha”: la estructura de tupamaros en el exterior que se encontraba en Chile bajo el gobierno de la Unidad Popular (1970-73) y que ha sido ampliamente trabajado por Aldrighi y Waksman (2015).
[15] Continúa el documento señalando: que “es claro que toda América Latina nos importa, pero a los efectos de nuestro combate nacional, Colombia, Venezuela y los países centroamericanos parecen influir menos, por ser más lejanos”.
[16] A modo de ejemplo véase el Memorando I-57/72 del Servicio de Información de Defensa en relación con la VOP y contactos con un grupo panameño presumiblemente revolucionario pero que estaría conectado con la CIA. Documento cedido por Alfonso Lessa.
[17] Véase el documento de la embajada estadounidense al Departamento de Estado con fecha de 16 de junio de 1972. National Archives and Records Administration (NARA), Records of the Agency for International Development, GRDS-RG59, Subject-Numeric Files 1963-1973, Political & Defense 1970-1973, box 2662. Documento cedido por Clara Aldrighi.
[18] Véase “Carta de los presos” (Archivo de Lucha Armada “David Cámpora”).
[19] Esta decisión se toma en la cumbre de Viña del Mar, de marzo de 1973, en donde participan una treintena de tupamaros, en un marco de fractura evidente. Si bien se aplacan los ánimos del cambio ideológico, la conocida como Tendencia Proletaria reivindicaba la necesidad de continuar con la lucha armada.
[20] La reunión de su Comité Central, en Buenos Aires, terminó consumando la creación de un nuevo partido, abandonando así la línea estricta de movimiento. En encuentro tuvo lugar en una casa del PRT-ERP, que de hecho estuvo presente en una reunión claramente orquestada desde el inicio en contra de la vieja dirección nacional. De este hay constancia en dos memorandos del Servicio de Información de Defensa No.1-39/974 de 21 de noviembre de 1974 y No.1-40/974 de 5 de diciembre de 1974, los cuales ofrecen todo lujo de detalles.
[21] Algunos episodios que ilustran esto serían la detección del local del MLN-T en el barrio porteño del Once, en 1974; las casas con militantes uruguayos y chilenos que fueron abatidas en 1975 en las localidades de Berazategui y Merlo; o los casos de tupamaros asesinados en Argentina. De todo dan buena cuenta, entre otros trabajos, los de Porta y Sempol (2006) o Alonso y Figueredo (2014).