De cismas y ensaladas rusas. Sociabilidad e ideología en los orígenes de la lucha antifascista en Bahía Blanca (1926-1929)

De cismas y ensaladas rusas. Sociabilidad e ideología en los orígenes de la lucha antifascista en Bahía Blanca (1926-1929)

Of Schisms and Olivier Salads. Sociability and Ideology in the Origins of the Anti-Fascist Struggle in the City (1926–1929)

Bruno Cimatti

Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas,

Centro de Estudios Regionales,

 Instituto de Humanidades,

Departamento de Humanidades,

Universidad Nacional del Sur (Argentina)

bgcimatti@gmail.com

https://orcid.org/0000-0003-3167-2865

Eleonora Ardanaz

Centro Interdisciplinario de Estudios sobre Género y Feminismos,

Departamento de Humanidades,

Universidad Nacional del Sur (Argentina)

ardanazeleonora@gmail.com

https://orcid.org/0000-0001-8244-1069

Resumen

En este artículo se analizan las transformaciones que experimentó el antifascismo a fines de los años ’20, a partir de un estudio de caso, que pone el eje en las diversas corrientes ideológicas que lo integraron y su influencia en su organización como red de sociabilidad.

Desde esta perspectiva, es posible observar que, para esa época, el antifascismo, aun conservando las particularidades derivadas de su raíz italiana, ya había establecido vínculos dinámicos con la política argentina, convirtiéndose en una forma de acción política colectiva que trascendió la identidad de un grupo étnico específico. Asimismo, se pueden distinguir dentro del movimiento dos vertientes principales: una vinculada al socialismo y otra al comunismo, aunque esta división no siempre fue estricta, sino que adoptó matices más complejos cuando se la examina desde el accionar concreto de los actores históricos involucrados en el proceso.

Palabras clave: Antifascismo; Colectividad italiana; sociabilidad; Bahía Blanca.

Abstract

This article analyzes the transformations that antifascism underwent in the late 1920s, based on a case study that focuses on the various ideological currents that composed it and their influence on its organization as a network of sociability.

From this perspective, it is possible to observe that by that time, antifascism—while still retaining characteristics derived from its Italian roots—had already established dynamic ties with Argentine politics, becoming a form of collective political action that transcended the identity of a specific ethnic group.

Moreover, two main currents can be distinguished within the movement: one linked to socialism and the other to communism, although this division was not always strict and often took on more complex nuances when examined through the concrete actions of the historical actors involved in the process.

Keywords: Antifascism; Italian Community; Sociability; Bahía Blanca.

Introducción

En el cambio de un siglo a otro, el antifascismo en la Argentina se percibió como un movimiento que se troca nativo a partir de la Guerra Civil Española, cuando la apelación antifascista se “nacionalizó a partir de la defensa en España de los valores democráticos que el fraude conservador ponía en peligro” (Bisso, 2001: 213-214). Más recientemente, la corriente historiográfica inserta dentro de la crítica al paradigma revisionista, que pone el acento en el giro cultural, ha devuelto la complejidad y pluralidad necesarias para el entendimiento del antifascismo, al reconocer su flexibilidad y enorme capacidad de adaptación en diversos contextos. Esto, lejos de restarle precisión y rigurosidad, permite iluminar aspectos esenciales como la conformación de una cultura antifascista que merece un acercamiento que cruce las escalas espaciales transnacionales, nacionales y locales (García, 2016; Guzmán, 2023).

Esta cultura, en Argentina, se concibió en dos sentidos fundamentales: por un lado, representó un sistema ideológico más o menos coherente con eje en la defensa de las libertades propias del sistema democrático, por el otro, consolidó “una compleja sociabilidad mediante la cual se vehiculizaron los mensajes que contenía su práctica” (Pasolini, 2004 a: 82). Esta segunda interpretación pone de relieve su dimensión organizativa que, a través de la vinculación entre individuos e instituciones de distintas procedencias, articuló un movimiento que superó el supuesto componente sectario que la resistencia antifascista de los italianos en la Argentina habría tenido hasta los años ’20 (Bisso, 2001: 212).

En este marco, y a partir del análisis del caso de Bahía Blanca, nos proponemos indagar sobre las transformaciones que sufrió el antifascismo local durante sus primeros años de actividad, prestando atención al modo en que las diferentes ideologías que lo conformaron influyeron en su organización como red de sociabilidad. En este sentido, podremos apreciar la existencia de un movimiento antifascista que, si bien conservó las especificidades devenidas de su origen italiano, mantuvo activas y fluidas relaciones con la política argentina, constituyéndose en una experiencia de acción política colectiva que no se redujo sólo a la idiosincrasia de un grupo étnico local y que de alguna manera anticipó lo que luego seguiría. Al mismo tiempo, podemos identificar dos corrientes principales al interior del propio movimiento, ligada una al socialismo y otra al comunismo, aunque la existencia de estos agrupamientos así identificables no implica que no hayan existido porosidades y yuxtaposiciones, sobre todo si se analiza al antifascismo desde una perspectiva centrada en los actores históricos específicos que articularon el proceso,[1] cuestión sobre la que volveremos más adelante en este trabajo.

Realizamos nuestro análisis en base a un corpus compuesto por fuentes argentinas e italianas. Entre las primeras, destacan el bisemanario socialista Nuevos Tiempos y algunas publicaciones periódicas locales, que son puestas en diálogo con otros acervos documentales, tales como los archivos de la Sociedad Italiana de Socorros Mutuos de Bahía Blanca y de la Casa del Pueblo de Bahía Blanca. Además, consultamos el diario antifascista de Buenos Aires, L’Italia del Popolo, disponible en la hemeroteca de la Biblioteca Nacional “Mariano Moreno”, en el que es posible recuperar la reconstrucción histórica que realizó Alessandro Ruggero, central en el campo antifascista bahiense en el período abordado, del mismo proceso del que no ocupamos en este trabajo. Esta fuente nos ha permitido recuperar un análisis en primera persona de los avatares del antifascismo bahiense a fines de los años ’20. Entre las fuentes italianas, por su parte, consultamos la documentación disponible en el Casellario Politico Centrale de la Direzione Generale di Pubblica Sicurezza, conservada en el Archivio Centrale dello Stato que reúne la información de individuos considerados peligrosos por el Estado italiano entre 1894 y 1968, entre los cuales se cuentan numerosos antifascistas que operaron en el medio bahiense.

El recorte temporal propuesto se inicia en 1926, año en que se fundó la primera organización antifascista de la que hay registro en la ciudad, el Centro Antifascista “Giacomo Matteotti” (CAGM), y culmina en 1929, año en que el Centro Socialista de Bahía Blanca (CSBB) resolvió que sus afiliados abandonaran el CAGM debido a diferencias irreconciliables entre ambas instituciones. Asimismo, el período analizado contó con otro actor institucional de gran peso en la ciudad: la Sociedad Italiana de Socorros Mutuos e Instrucción “Italia Unita” (SIU), cuya Comisión Directiva estuvo ocupada por dirigentes antifascistas desde enero de 1927 y que cumplió un rol central en el proceso que acabó por generar las tensiones entre el CSBB, y el CAGM.

Lejos de agotar la experiencia antifascista en la ciudad, que continuó desarrollándose durante la década siguiente,[2] consideramos que el período analizado se justifica porque abarca un proceso de experiencias e iniciativas políticas de origen local que marca la estrecha unión entre el CSBB y el CAGM desde la fundación de este último hasta el cisma entre ambas organizaciones, por lo que se ponen de relieve la originalidad de las estrategias políticas del antifascismo bahiense.

En resumen, esperamos que nuestro artículo constituya un aporte para los estudios del antifascismo en nuestro país atendiendo a sus más tempranas interrelaciones en el marco de la política bahiense, no como un caso que desemboca en una sumatoria que puede ser anecdótica sino como una disección que permite profundizar y poner en cuestión la linealidad del proceso analizado, durante una etapa situada en los ’20, que todavía no ha sido lo suficientemente explorada.

Los orígenes de la sociabilidad antifascista y la dimensión político-partidaria del (los) antifascismo(s) en Bahía Blanca

Los orígenes del movimiento antifascista en la ciudad se remontaron a la creación, en 1926, del CAGM. Si bien su estatuto establecía que la fundación estaba fechada el 18 de marzo de ese año, la ley fundamental de la institución no fue aprobada sino hasta el 10 de junio por la asamblea general de socios.[3] Es posible que fuera una forma de respuesta a la fundación el 15 de mayo de ese año del Fascio “Giulio Giordani” (FGG), comité local del Partito Nazionale Fascista que tuvo, desde sus orígenes, una estrecha relación con el Viceconsulado de Italia en Bahía Blanca (VIBB) (Cimatti, 2023 a: 118). En tal sentido, el artículo 4º del estatuto del CAGM establecía que su fin era constituirse en opositora del gobierno italiano, y que estaba “contra toda dictadura y contra los que la defienden y tratan de solidarizarse con las corrientes reaccionarias y políticas en esta República”.[4]

Sin embargo, son otros dos artículos los que interesan en función de la naturaleza independiente y no partidaria que se autoatribuía el CAGM, que tensaban la estrecha relación que la institución antifascista sostuvo con el CSBB. En efecto, el artículo 3° desestimaba las adhesiones en bloque de cualquier partido político, mientras que el 6° establecía que no se admitía “ninguna clase de discusión sobre las varias tendencias políticas que dividen al proletariado”.[5] Las redes de sociabilidad establecidas con distintas instituciones de la ciudad, todas ellas ligadas al CSBB, matizaban lo planteado en estos artículos, ya que en la práctica el CAGM actuó públicamente de manera conjunta con el socialismo local. En efecto, poco después de la puesta en marcha del CAGM, la institución pasó a formar parte del Frente Único Antifascista (FUA), conformado en octubre de 1926 junto con el Partido Socialista, el Partido Comunista, la Sociedad Cocheros Unidos, la Unión Ferroviaria Sección Bahía Blanca Nor-Oeste, la Unión Ferroviaria Sección Ingeniero White, la Sociedad Propietarios de Carros Unidos, la Sociedad Empleados de Comercio, el Centro Cultural Socialista “Juan Bautista Alberdi” de Villa Mitre, el Centro Cultural Socialista “Del Valle Iberlucea” de Villa Rosas, y el Centro Socialista de Ingeniero White.[6] Si se tiene en cuenta que las asociaciones sindicales mencionadas estaban vinculadas al CSBB, tan solo se presenta como nota disonante el Partido Comunista[7] que pronto revelaría diferencias con el antifascismo local.

Los puntos de encuentro entre el CAGM y el CSBB pueden verse en infinidad de pequeños gestos, rastreables en la correspondencia sostenida entre ambas instituciones, así como en declaraciones específicas que abonaron a la idea de unidad contra el fascismo local. Un ejemplo claro sucedió tras los actos por la bendición de la insignia del FGG, en septiembre de 1926, que tuvo una gran difusión en la prensa local y que contó con la presencia de figuras destacadas de la diplomacia italiana, la política local, la Iglesia y las Fuerzas Armadas,[8] hecho que impulsó al CAGM a acercarse al CSBB ante “la imprescindible necesidad de combatir al fascio en esta ciudad para no permitir el abuso y el atropello brutal con que proceden los sicarios de Mussolini”.[9]

En este sentido, la contienda entre el antifascismo y el fascismo en Bahía Blanca tuvo su primera manifestación a gran escala durante los comicios electorales de la SIU de enero de 1927 (Cimatti, 2016), ocasión en que se conformó una lista declaradamente antifascista que buscaba alcanzar la dirección de la única entidad mutual italiana de la ciudad. La lista antifascista, que se denominó “Italia Libera” y llevó a Marzio Cantarelli como candidato a presidente y a Celestino Lucchetti[10] como candidato a secretario –ambos afiliados del CSBB–, se enfrentaba a la lista oficialista, que buscaba la reelección del Consejo Directivo y que, si bien no se manifestaba como fascista, contaba entre sus candidatos a varios de los miembros del FGG.[11] 

La elección terminó con la victoria de la lista antifascista, hecho que fue celebrado por Nuevos Tiempos como “el triunfo de los hombres de ideas liberales y democráticas de la entidad mutualista, que han luchado y conseguido sustraerla del dominio del cónsul mussolinístico y sus fieles y obsecuentes lacayos”.[12] En la práctica, el triunfo significaba la influencia del CSBB sobre la SIU, institución que, hasta la derrota de la gestión antifascista en las elecciones de 1932, representó el epicentro del antifascismo bahiense y libró una disputa con el VIBB.

Si consideramos que tanto el CSBB como su órgano de prensa cumplieron un rol fundamental en el triunfo de la lista antifascista como resultado de su apoyo logístico y propagandístico, así como por el hecho de que sus candidatos eran miembros del CSBB, podemos reconocer la estrecha relación entre el socialismo y el antifascismo a nivel local. Sin embargo, esto no significa que la SIU tuviera un carácter partidario, sino que buscó mantenerse por los carriles de la apoliticidad tradicional del asociacionismo italiano.[13]

La institucionalización del antifascismo en la ciudad tuvo otro hito importante en 1928, con la conformación de la sección local de la Alianza Antifascista Italiana (AAI). La AAI se fundó en Buenos Aires el 13 de enero de 1927 con el compromiso de abarcar un amplio espectro ideológico que uniera todos los esfuerzos de los grupos antifascistas, que, como sabemos, eran muy diversos en su concepción y metas (Grillo, 2004: 81). Sin embargo, la unidad de la AAI no duró demasiado, puesto que las diferencias ideológicas entre los comunistas y el resto de los delegados generaron ciertas tensiones al interior de la misma.

En este sentido, la estrategia del Partido Comunista de definir al antifascismo como parte de la lucha de clases –planteo que recién cambiaría en 1935– despertó la desconfianza en las demás agrupaciones, sumado a su intento de capitalizar y dirigir todo el esfuerzo (Camarero, 2023). Por ello, los elementos no comunistas de la AAI pasaron a conformar la Concentración de Acción Antifascista (CAA), creada en 1929 bajo la dirección del Partido Socialista Italiano, el Partido Republicano Italiano y la Liga Italiana para los Derechos del Hombre (Grillo, 2004: 87), buscando erigirse como una tendencia antifascista vinculada al socialismo, al asociacionismo y a la doctrina mazziniana (Friedmann, 2006: 162).

Así, en Bahía Blanca, el antifascismo también constituyó un espacio para la confrontación al interior de la izquierda, en el que socialistas y comunistas se disputaron la hegemonía, como pudo apreciarse a mediados de 1930 en ocasión de la visita a la ciudad de reconocido militante antifascista Francesco Frola; desde el comunismo local se acusó tanto al visitante como a dos importantes referentes socialistas –el ya mencionado Cantarelli y el diputado provincial Agustín de Arrieta, quien sería intendente de la ciudad entre 1932 y 1935– de ser adherentes al fascismo y llevar adelante una política anticomunista.[14] A su vez, fue un instrumento en disputas intrapartidarias, como la división del Partido Socialista, de la cual se desprende el Partido Socialista Independiente, al cual la AAI condenaba como “extraño y hostil al movimiento de liberación antifascista.”[15]

Los elementos hasta aquí desarrollados presentan similitudes con las derivaciones de la lucha antifascista que Andrés Bisso propone para el antifascismo argentino, al establecer que

en la práctica cotidiana de los dirigentes, las proposiciones patrióticas, los resultados políticos y los beneficios partidarios –e incluso, las posibilidades de promoción individual– eran comprendidos como parte de una misma estrategia dedicada a “salvar al país del fascismo” y en la que la eficaz consecución de este fin primordial no podía traer más que –conjuntamente– beneficios absolutos al movimiento democrático y utilidades relativas a los dirigentes y a los partidos que mejor lo supieran promover. [16] (Bisso, 2007: 18)

En otras palabras, las disensiones entre comunistas y no comunistas al interior de la AAI y la creación de la CAA pueden verse como una disputa de poder entre partidos políticos por hegemonizar la lucha antifascista, dotando al movimiento de un tinte político claramente nacional. Así, creemos que también puede postularse, para fines de la década del veinte, un antifascismo cuya conversión en “una creencia o mito movilizador se originaba en la capacidad que tenía para producir hechos políticos que repercutan en las luchas internas que se desarrollaban en el país” (Bisso, 2007: 17-18), aunque en este caso no fuera la lucha contra el denominado fascismo criollo sino las luchas intestinas de la izquierda argentina.

En esta línea, también pueden insertarse las diferencias internas que llevaron al quiebre de la estrecha relación entre el CSBB y el CAGM cuando, tras una asamblea de socios de la segunda entidad, realizada en junio de 1929, se decidió la expulsión de Cantarelli y Lucchetti del centro antifascista.[17] Desde el CAGM se acusó a ambos de participar en actos de manera conjunta con representantes oficiales del fascismo, como el senador italiano Ingeniero Luis Luiggi en septiembre de 1928, así como de realizar celebraciones sociales en el Hotel d’Italia, propiedad de Luis Godio, uno de los fundadores del FGG.[18] Asimismo, se los responsabilizó por enviar un telegrama de felicitación al aviador Francesco De Pinedo por su cruce del Atlántico en 1927, así como de celebrar en las escuelas de la sociedad el Natale di Roma, festividad creada por Mussolini para contrarrestar la influencia del 1° de Mayo. Por último, se los acusó de boicotear el periódico del CAGM, Italia Libera, mediante el retiro de los avisos publicitarios de Cantarelli y de las suscripciones de ambos, a las que añadieron una supuesta campaña entre sus relaciones para disminuir el número de suscriptores. Dos delegados del CAGM solicitaron, asimismo, la expulsión de Cantarelli y Lucchetti del CSBB.[19]

Ante esta situación, la Comisión Administrativa del CSBB citó a los acusados, quienes se excusaron de los distintos cargos que se les adjudicaron. A su vez, aprovecharon para denunciar la presencia de individuos no asociados al CAGM que votaron sus expulsiones, proceso en el cual no tuvieron derecho a defensa.[20] Tras un breve debate, se resolvió no sólo no expulsar a Cantarelli y Lucchetti del CSBB sino echar a Ramón Ardiles por su apoyo al accionar del CAGM así como por supuestos contactos con el Partido Socialista Independiente, a la par que exigir a todos sus afiliados abandonar el CAGM.[21]

La crisis desatada en 1929 al interior del antifascismo italiano de Bahía Blanca fue seguida por interés por el Ministero dell’Interno, a través de profusa correspondencia relativa a los antifascistas que operaban en la ciudad y que eran vigilados por el Casellario Politico Centrale.[22] En efecto, la vigilancia fascista seguía desde fines de 1928 las actividades de Cantarelli, por considerar que se valía de su condición de presidente de la SIU para llevar a cabo una gran campaña antifascista en la ciudad,[23] hecho que le valió que la empresa automotriz Fiat revocara sus credenciales de concesionario de la firma para Bahía Blanca y la zona.[24] 

En cuanto a las disputas aludidas, en agosto de 1929 se informaba la expulsión de cuatro miembros del CAGM (los hermanos Marzio y Decimo Cantarelli, Lucchetti y Guido Fioravanti) como resultado de la prevalencia de la facción liderada por Bartolo Galizia.[25] Según los informes de la policía política italiana, los expulsados se reunieron en torno al republicano Alessandro Ruggero, quien constituyó la sección local de la Lega Italiana per i Diritti dell’Uomo (LIDU), una de las primeras en el interior del país (Ardanaz, 2017: 14). Tras la salida de los socialistas del CAGM, el mismo quedó ocupado “predominantemente por los comunistas que responden a la Alianza”.[26] Poco después, con el financiamiento de Cantarelli, Ruggero comenzó a dirigir el periódico L’Avvenire, desde el cual se iniciaría una campaña de oposición a Italia Libera del CAGM.[27] En 1930, y tras la creación de la sección local de la CAA, L’Avvenire dejó de editarse y fue sucedido por La Riscossa, también dirigido por Ruggero.[28] 

Lo expuesto hasta aquí permite apreciar la composición del escenario antifascista local: por un lado, el grupo liderado por Cantarelli, apoyado fuertemente en el socialismo local y vinculado a la LIDU y la CAA y, por el otro, aquel representado por quienes permanecieron en el CAGM y vinculados a la AAI, que para la época se perfilaba como una organización principalmente comunista.[29] Consideramos que el episodio relatado marcó tanto el fin de la relación entre el CSBB y el CAGM como el ocaso de esta última organización en el marco de la sociabilidad antifascista en la ciudad. Esto clausuró un proceso que pasó de un antifascismo estrechamente ligado al socialismo a una disgregación que tuvo como resultado una heterogeneidad que se ajusta a las visiones historiográficas que se establecieron para la década de 1930, proceso en el cual, como vimos, pueden insertarse las fundaciones de la AAI y la CAA.

En este sentido, si bien el caso bahiense no representa una anomalía en relación con el proceso a nivel nacional creemos que, al ser observado a la luz de lo tratado en el primer apartado de este trabajo, la dimensión ideológica del antifascismo adquiere un sentido mayor. Se ha establecido que las dificultades para una definición clara del antifascismo residen en las diferencias entre las múltiples orientaciones políticas que se opusieron al fascismo (Belligni, 1998: 48-52), que iban desde los postulados básicos hasta la forma en que concebían al enemigo contra el que luchaban (Bisso, 2007: 21). Bajo esta óptica, se ha propuesto la noción de antifascismos a fin de poder abarcar “la diversidad de un fenómeno en principio global pero de incitaciones múltiples, actores diversos y temporalidades que exceden la experiencia histórica del fascismo clásico” (Pasolini, 2004 b: 21).

Podemos, por lo tanto, postular que hacia fines de la década de 1920 existieron dos antifascismos bahienses, uno con una marcada impronta socialista y otro más cercano a posiciones comunistas. Sin embargo, la constatación de las diferencias políticas entre uno y otro no debe oficiar como un mero reflejo de las tendencias generales en un nivel local, sino que debe servir para poner de relieve su grado de impacto en la atmósfera política de la ciudad. Asimismo, la existencia de dos campos identificables a grandes rasgos, uno con el socialismo y otro con el comunismo, no implica, como anticipamos en la introducción, que dicha división fuera tajante sino que existieron zonas grises de yuxtaposición entre ambos campos.

En este sentido, la escisión del antifascismo local tras los años de hegemonía socialista, dio paso a nuevas configuraciones heterogéneas En efecto, durante los años ’30 pueden encontrarse en las páginas de Nuevos Tiempos referencias a una miríada de instituciones que llevarían adelante actividades de oposición al fascismo, entre las que se encontraron el CSBB, la SIU, los Centros Republicanos Italiano y español, las logias masónicas “Nadir”, “Estrella Polar” y “Liverpool Argentina”, o el Centro Liberal Italiano –del cual sería presidente Lucchetti–, entre los más destacados. En otras palabras, las fundaciones de la AAI y de la CAA, en 1928 y 1929 respectivamente, así como el cisma entre el CSBB y el CAGM, marcaron el fin de una experiencia política que había unido estrechamente a los antifascistas italianos locales con el CSBB.

No obstante, es preciso señalar que aunque sea posible hablar, en líneas generales, de la configuración de dos antifascismos hacia fines de los años ’20 en el medio bahiense, ello no conlleva necesariamente la posibilidad de asumir que las fronteras entre uno y otro fueran claras y definidas de manera excluyente. En efecto, de los análisis que la policía política fascista realizaba de las actividades antifascistas en la ciudad, se desprende la idea de unos límites porosos y difusos entre ambos sectores del antifascismo, temática sobre la que pasamos a ocuparnos a continuación.

        

El antifascismo bahiense, ¿una “ensalada rusa”[30] ideológica?

En este punto, resulta interesante centrarse en la presencia de Guido Fioravanti entre los expulsados del CAGM que acompañaron a Cantarelli. En efecto, a diferencia de Lucchetti y los hermanos Cantarelli, Fioravanti ejercía la militancia comunista: llegado a Argentina en 1925, se había establecido en Bahía Blanca, donde se constituyó como uno de los referentes de la sección local del Partido Comunista (PC). Establecido en Buenos Aires desde 1929, y tras una deportación en 1932 que fue revocada por el cambio de gobierno, se dedicó a la militancia en el Sindicato de Albañiles y Afines, desde donde desarrolló una profusa actividad huelguística, llegando a formar parte del Comité Central del PC en 1936. Finalmente, en 1937 fue arrestado y deportado a Italia, donde fue condenado a cinco años de prisión por su actividad política en Bahía Blanca y Buenos Aires.[31]

En su confesión al momento de ser arrestado tras su llegada a Nápoles, el propio Fioravanti, quien en 1929 había sido delegado por el CAGM en el II Congreso de la AAI, declaró haber abandonado dicho centro, donde se habían afirmado “las ideologías del partido socialista”, para continuar su militancia antifascista en la SIU.[32] No obstante, como mencionamos, esa elección lo mantenía ligado a Cantarelli que, además de contar con una base institucional en la entidad mutual, contaba con el apoyo incondicional del CSBB, como se aprecia en el análisis de sus disputas con Ardiles. En otras palabras, el apoyo de Fioravanti a la facción liderada por Cantarelli, que terminó en la conformación de la sección local de la CAA, llama la atención en tanto hubiera sido esperable, en función de su pertenencia al comunismo, que se hubiera mantenido ligado al CAGM y, por ende, a la AAI.

Esto nos permite abonar la idea de la prevalencia de motivaciones individuales de los actores políticos que, en ocasiones, pueden actuar por fuera (o incluso en contra) de sus propias estructuras partidarias. Esta afirmación se revela de gran interés para nuestro análisis, sobre todo si se tiene en cuenta que las propias autoridades italianas consideraron que “los motivos de esta lucha eran en sustancia personalistas, pero también se relacionaban con la disidencia entre ‘Concentración y Alianza antifascista’”.[33] En otras palabras, la policía política del fascismo consideraba que el ataque a Cantarelli, acusado “de mala administración en la Sociedad ‘Italia Unita’ y de favorecer indirectamente, con su comportamiento, la organización del Fascismo en Bahía Blanca”,[34] así como el desenlace final de la situación, estaban relacionados con las disputas políticas y hasta personales al interior del campo antifascista de Bahía Blanca, sin seguir necesariamente líneas divisorias ideológicas abstractas.

Desde esta lógica, podría entenderse el apoyo de Fioravanti a la facción de Cantarelli en función de la posibilidad de acceder a “uno de los cargos más importantes del nuevo Consejo directivo de la Sociedad Italia Unita”, según hipotetizó el vicecónsul Raffaele Casertano.[35] Si bien no es posible analizar los beneficios que Fioravanti hubiera obtenido, ya que, como mencionamos, ese mismo año abandonó la ciudad para terminar estableciéndose en Buenos Aires, puede realizarse un análisis similar con la figura de Ruggero.

De orientación política republicana y liberal, Ruggero se radicó en Argentina en 1927 proveniente de Milán, manteniéndose políticamente inactivo hasta el año 1929. En junio de ese año, con motivo de su actividad antifascista y de la fundación de la LIDU local, fue despedido de su trabajo en la sucursal bahiense de la Sociedad Eléctrica Ítalo-Argentina.[36] Pocos meses después, fue empleado por la SIU como redactor del boletín institucional (además de ocupar un cargo en la Comisión Escolástica de la entidad).[37] Su acercamiento al socialismo local motivaría a la policía política italiana a definirlo años más tarde como “ex liberal inscripto, por razones de vida, al partido socialista local”.[38]

A modo de otro ejemplo que abona esta idea, podemos citar el recambio de autoridades que tuvo el CAGM en 1930,[39] que posicionó en la dirigencia a personalidades como Francisco Lodolo y Ardiles que, al menos supuestamente en el caso de este último, estaban ligados al socialismo independiente.[40]

La imagen de socialistas independientes vinculados a la AAI comunista, de socialistas “por razones de vida” o de comunistas ligados a la CAA permite reforzar la percepción de que el antifascismo local y, en un nivel más general, la vida política e institucional de la colectividad italiana (en este caso el sector ligado al antifascismo), estaban profundamente atravesados por cuestiones concretas que ponían en un segundo plano las nociones teórico-ideológicas más abstractas. Tal situación era apreciada por la vigilancia fascista que, en ocasión de un informe sobre la renovación de autoridades en la sección local del Centro Repubblicano Italiano en 1930, establecía que entre los nuevos dirigentes de esa institución se encontraban miembros del CAGM, de la AAI, de la CAA y de la LIDU, lo que era descripto como una “ensalada rusa”.[41]

Volviendo a la figura de Cantarelli, podemos entender su supuesto acercamiento al fascismo (aquel que denunciaron sus antiguos compañeros del CAGM) no como una expresión de presuntas simpatías ocultas sino en función de sus obligaciones institucionales como presidente de la SIU. En efecto, si nos abocamos al análisis de los debates sobre su accionar que se dieron al interior de la SIU, esto es, no ya en el marco del antifascismo sino en el del mutualismo, podemos ver que debió enfrentar un escenario muy diverso. En la asamblea general del 13 de enero de 1929, el socio Felice Cantarelli[42] recriminó a la presidencia no haber invitado a Luiggi a los locales sociales, en ocasión de la visita que este último realizó a la ciudad en septiembre de 1928. Al no invitarlo, aducía, se había “hecho política”.[43] Por su parte, el presidente indicó que, habiendo enviado una delegación a recibirlo, la misma se había retirado al realizar Luiggi el saludo fascista, lo que implicaba a sus ojos una declaración de principios políticos que violaba la apoliticidad de la institución.[44]

Aunque el debate no tuvo mayores repercusiones, permite dar cuenta de la difícil posición de Cantarelli como presidente de la SIU y referente del antifascismo local. El episodio vinculado a Luiggi es particularmente representativo porque un mismo suceso fue visto de dos maneras diametralmente opuestas: para los antifascistas del CAGM había significado un gesto de filofascismo, mientras que para el fascista Felice Cantarelli había implicado una muestra de falta de patriotismo y de manifestación política de una entidad que debía mantenerse al margen de cualquier tendencia ideológica.

Si bien, claro está, la dirigencia antifascista de la SIU nunca pudo contentar a sus rivales políticos en el seno de la entidad mutual, la ruptura con el CAGM da cuenta de que, en última instancia, Cantarelli, Lucchetti y sus seguidores optaron por privilegiar la opción asociacionista en el marco de la colectividad italiana. Creemos que esto es así al menos por dos razones: en primer lugar, porque la ruptura con el CAGM se situó en un contexto que trascendía los límites de la colectividad ya que, como vimos, formó parte del marco más amplio de la disputa entre el socialismo y el comunismo por el control del movimiento antifascista; en segundo lugar, porque la inserción política de los dirigentes de la SIU no estaba vinculada a la política italiana en la Argentina sino, por el contrario, a la política argentina. En otras palabras, su pertenencia partidaria y su acción política estaban vinculadas al CSBB y estaban orientadas a la política nacional.[45] Por lo tanto, cabe suponer que su participación como antifascistas en el marco del mutualismo no estaba motivada únicamente por su (indudable) oposición al fascismo sino, y más claramente, por la voluntad de mantener las posiciones de prestigio alcanzadas en la colectividad italiana en 1927, y también sostener a la SIU como base de poder personal, teniendo en cuenta su nada desdeñable masa societaria, su capital y solvencia financiera (al menos en los primeros años de gestión antifascista), así como su prestigio en el entramado institucional de la ciudad.

En este sentido, y retornando al episodio acaecido al interior del CAGM en 1929, es posible comprender por qué, cuando la situación económica de la SIU se reveló cada vez más comprometida, Cantarelli y sus seguidores más allegados no dudaron en realizar acercamientos al fascismo local aunque ello les costara críticas al interior de sus propias filas y les valiera, en última instancia, la expulsión del CAGM.

Más allá de las razones, fueran estas personales, comerciales, sociales, ideológicas, o con fines de mantener control y poder, lo cierto es que el antifascismo bahiense experimentó múltiples divisiones. Este hecho no pasó inadvertido por los propios actores históricos, que lo interpretaron como la causa del entorpecimiento del derrotero del movimiento antifascista en la ciudad, en tanto habría cercenado sus posibilidades de convertirse en un espacio con cierta hegemonía en el arco político local.

Autocrítica antifascista en primera persona: la reconstrucción de la parábola del antifascismo bahiense por parte de Alessandro Ruggero

Entre fines de 1931 y principios de 1932, Alessandro Ruggero publicó en el diario antifascista porteño L’Italia del Popolo una serie de artículos en los que, bajo el título “Pido la palabra”, realizó una detallada reconstrucción del derrotero del antifascismo bahiense desde la conformación del CAGM hasta la situación crítica en la que se encontraba, y que llevaría a la victoria fascista en las elecciones de la SIU de mayo de 1932 (Cimatti, 2023 b: 15).

El dirigente antifascista contrastaba el ruinoso presente del movimiento con los “tiempos de oro” en los que el CAGM, que contaba con centenares de miembros, había conducido y ganado la “batalla de 1927”,[46] obteniendo así el acceso a la dirigencia de la entidad mutual italiana y asestando un duro golpe al fascismo local.[47] No obstante, Ruggero observaba que en ese momento se había gestado el germen del desenlace fatal: “el intento de fraternidad universal que se manifestaba en la constitución de este Centro era, sin duda, muy interesante; pero no podía hacer otra cosa que dar, como dio, frutos de ceniza y veneno”.[48] Reflexionaba, entonces, sobre los peligros que entrañaba la extrema heterogeneidad del CAGM, que en sus años dorados reunía, entre los italianos, a anarquistas, comunistas, republicanos y socialistas de diversa índole, y, entre los argentinos, a radicales, socialistas y socialistas independientes, además de incluir, en algunos casos, a sectores de la izquierda de la colectividad española.

¿Cuál fue entonces la explicación que encontró Ruggero a la crisis del antifascismo bahiense? O mejor, ¿cuáles fueron según él los principales desaciertos de la dirigencia antifascista en la ciudad? En primer lugar, como se deduce de lo anterior, se encontraba el faccionalismo. En palabras de Ruggero, “el Antifascismo era y tenía que mantenerse un movimiento italiano”,[49] esto es, con un claro componente étnico-nacional y por fuera de los conflictos ideológicos o políticos, ya fueran argentinos o italianos.[50] Para el dirigente, tanto los comunistas como las distintas divisiones del socialismo italiano y argentino, así como los “apolíticos”, sobre los que volveremos más adelante, habían buscado “atraer al Antifascismo y a la Sociedad Italiana a la esfera de sus respectivas influencias”.[51] En particular, Ruggero se dedicó a criticar particularmente a los comunistas, cuya presencia en el CAGM motivó su “debilidad e inacción”: “Ya hasta los ciegos han visto que el comunismo busca penetrar dondequiera para arrastrar a todos a su causa particular”.[52]

Otro de los principales errores, esta vez al interior de los dirigentes antifascistas de la SIU, fue la presencia de los “apolíticos”, esto es, quienes ponían las normas institucionales por encima del compromiso ideológico antifascista, entre los que podríamos incluir a Cantarelli o a Lucchetti. Allí se gestó la incompatibilidad de intereses entre la entidad mutual y el CAGM, por cuanto “desde el punto de vista antifascista, los [miembros] del Centro Matteotti se daban cuenta de que el antifascismo llevado adelante por la Sociedad Italiana no podía satisfacer a la organización política”.[53] La posición de Ruggero al respecto era crítica de la posición adoptada por Cantarelli, a quien llegó personalmente a calificar de persona “dictatorial por instinto”,[54] pese a la dependencia que, como vimos, tenía respecto de su figura.

Siguiendo en esta línea, Ruggero señalaba que el error primigenio del movimiento había sido “no haber planteado la batalla electoral de manera que la Sociedad Italia Unita se convirtiera en una Sociedad de S.M. e Instrucción Antifascista”.[55] Desde su óptica, la apoliticidad era “un sinsentido, [...] un absurdo” y, más aún, era favorable al fascismo, el cual, “proclamándose principio, Estado y nación, se aprovecha[ba] de la apoliticidad de ciertas instituciones para su exclusivo beneficio propagandístico y moral”.[56] Fue en ese punto en el que entró en juego la personalidad inflexible que observaba en Cantarelli, en tanto este objetivo, perseguido por los miembros del CAGM, pareció no ir en consonancia con los del dirigente mutualista: “La orientación de aquel Consejo [Directivo] era desvincular cada vez más la Sociedad ‘Italia Unita’ del movimiento antifascista representado por el Centro Matteotti y convertirla, a su vez, en el centro del movimiento de tendencia liberal dentro de la colectividad”.[57] 

Según Ruggero, desde la SIU se llevaba adelante un antifascismo “bello y bueno”,[58] aunque siempre limitado por “esos estatutos sociales que establecían la apoliticidad de la asociación”.[59] Esta situación generó, a su vez, una profunda debilidad del campo antifascista, derivada de la incompatibilidad de intereses y orientaciones políticas entre la SIU y el CAGM a la que aludimos más arriba y que crearía graves condiciones de inestabilidad. Aquí el autor observaba un error del CAGM, consistente en “querer imponer precisamente a un Cantarelli– actitudes y directrices que estarían en contraste con esos estatutos que los antifascistas no habían sabido o no habían querido modificar inmediatamente después de obtener la aplastante y definitiva victoria de 1927”.[60] En definitiva, frente a la postura institucionalista de la SIU el CAGM se revelaba como demasiado partidario, mientras que, para este último, aquella aparecía como no lo suficientemente antifascista, lo que generó una mutua incomprensión que acabaría por poner fin a esa primera experiencia antifascista en la ciudad.

En resumen, según la reconstrucción detallada realizada por Ruggero, la situación derivó en la ya relatada expulsión de Cantarelli y sus allegados del CAGM. Llegado ese momento, “el Antifascismo de Bahía Blanca estaba en el piso”[61] al encontrarse dividido en, por un lado, un CAGM deslegitimado de cara a sus adherentes y, por otro, una SIU aislada y combatida de igual manera por fascistas y antifascistas. El corolario final de esta precaria situación para la dirigencia de la entidad mutual fue la crisis económica. La reconstrucción del proceso abordado en este trabajo por parte del antifascista terminó en ese punto, ya que a continuación se dedicó a criticar problemáticas ligadas a su presente y, en particular, a la campaña de colaboración con el VIBB que Cantarelli encabezó para intentar, sin éxito, revertir la crítica situación de la SIU (Cimatti, 2023 b).

Lejos de constituir un corpus marginal, que revela una mirada entre otras, el testimonio de Ruggero resulta a todas luces interesante pues permite reconocer las reflexiones críticas de un destacado referente antifascista[62] contemporáneo al proceso, identificando de esta manera los obstáculos que el propio actor histórico evidenció en el proceso de conformación del antifascismo bahiense.

Consideraciones finales

Como anticipamos en el apartado introductorio, el objetivo de este artículo es plantear la experiencia del antifascismo bahiense entre 1926 y 1929 como un antecedente del movimiento en la década de 1930. En otras palabras, consideramos que la experiencia del antifascismo argentino que se articuló a nivel nacional durante la segunda mitad de esa década necesariamente debió contar con experiencias previas más reducidas de ejercicio de una posición antifascista abierta y no exclusiva a la colectividad italiana.

A lo largo de nuestra investigación pudimos encontrar elementos que hacen que no pueda pensarse en un antifascismo exclusivamente italiano durante estos años. En efecto, la estrecha relación establecida con un partido político argentino –el Partido Socialista, representado en la ciudad por el CSBB–, hizo que el antifascismo bahiense fuera más allá de los confines de la colectividad italiana, aunque sin perder sus vínculos con la misma. En otras palabras, si bien las problemáticas iniciales a que debió enfrentarse el antifascismo local estaban vinculadas a la realidad italiana –contrarrestar la presencia fascista en la SIU, extrayéndola del control del VIBB y el FGG–, se contó con el apoyo logístico del CSBB, así como con las páginas de su publicación periódica, para la difusión de las actividades y propuestas antifascistas, en tanto se concibió el objetivo más general de expulsar al fascismo de la ciudad.

Entre otros factores, el importante peso de la colectividad italiana en Bahía Blanca pudo haber imbuido, incluso a fines de los años ’20, a las apelaciones antifascistas del carácter de “mitos movilizadores políticos y sociales” que Bisso (2007: 17) observa para etapas posteriores, quizás por representar la colectividad italiana un papel de gran protagonismo en la atmósfera pública bahiense. Desde esta lógica, la campaña antifascista en las elecciones de la SIU de 1927 y el consiguiente triunfo de la lista apadrinada por el CSBB demostraron que esas apelaciones tuvieron un importante impacto en una institución que, si bien pertenecía a la colectividad italiana, despertaba el interés de la opinión pública general.

A su vez, la lucha entre partidos políticos por el control del antifascismo –situación que incluso se ha observado a nivel nacional– no puede ser pasada por alto. Desde esta óptica, puede ser considerado como un escenario de las disputas al interior de la izquierda argentina, lo que lo aleja de su carácter étnico. Con todo, la existencia de diferentes grupos en el campo antifascista local que portaron sus propias interpretaciones ideológicas del fenómeno antifascista no implicó que los límites entre uno y otro no estuvieran abiertos a la flexibilidad propia del accionar de los agentes históricos en el plano local. En la experiencia de un contemporáneo, por supuesto, esto no era percibido y el punto central de la crítica se asentaba en, justamente, llevar adelante un movimiento demasiado heterogéneo, como demuestra el último apartado.

Al acercar la lupa, los intereses que llevaron a las diversas disputas resultaron mucho más complejos y amplios que la mera defensa de la democracia ante el peligro fascista, al mezclarse todos los rasgos propios de una sociabilidad reducida en escala espacial.

En resumen, esperamos que este trabajo permita abrir una puerta hacia la recuperación de experiencias previas a la del antifascismo argentino de los años ’30 y ’40, que hayan servido como espacios de práctica política. Somos conscientes de que tal tarea se revela ardua y sólo podrá alcanzarse mediante una larga serie de estudios que rescaten diversas experiencias locales que luego deberán analizarse desde una perspectiva que privilegie la dimensión transnacional del antifascismo (García, 2016).

Se trata, por lo tanto, de abordar una concepción del antifascismo que tenga en cuenta sus límites difusos, ya sean éstos étnicos, cronológicos, nacionales, políticos o de género –entre otras variables posibles–, para entenderlo en su inherente complejidad. En este marco, consideramos que el enfoque local resulta particularmente útil puesto que su recorte y acercamiento permiten alejarse de miradas generalizadoras y poner de relieve actores y procesos que dan cuenta de esa complejidad. Lejos de limitarse a un estudio específico de la historia local, debe contribuir a la elaboración de marcos más amplios a través de la puesta en diálogo entre distintos casos puntuales que contribuyan a la comprensión del antifascismo en el período de entreguerras,[63] hecho que en gran medida explica el impacto que la disputa mundial entre fascismo y antifascismo tuvo en la cultura política argentina. Además, el marco local permite visualizar con mayor profundidad los límites, resignificaciones y negociaciones del espectro político antifascista al convivir con las culturas de los grupos y asociaciones instalados con anterioridad, especialmente dentro de las comunidades de emigrados italianos (Pasolini, 2023)

Creemos que, a pesar de las indudables dificultades que este desafío propone, el mismo se revela necesario a fin de complejizar y enriquecer los estudios sobre el antifascismo en la Argentina y en el mundo.

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Recibido: 01/04/2025

Evaluado: 15/05/2025

Versión Final: 16/06/2025

páginas / año 17 – n° 45/ ISSN 1851-992X /2025                           


[1] Las implicancias a nivel local de la diversidad ideológico-partidaria al interior del campo antifascista, así como las diferencias que existieron entre sectores comunistas y otros grupos al interior del mismo, fueron analizados para el caso de la colectividad española de Rosario por Sebastián Merayo (2023 a). Cabe mencionar, no obstante, que en el proceso relevado por el autor, tales tensiones se produjeron en un momento mucho más tardío, luego de la victoria del bando nacionalista en la Guerra Civil Española. De manera similar, María Eugenia Sánchez (2024) ha identificado, para el contexto particular generado en Córdoba tras el asesinato del diputado socialista José Guevara en 1933, la existencia de una pluralidad de antifascismos, basada en las diferentes interpretaciones de lo que era el fascismo, así como de las nociones de democracia que cada tendencia planteaba.

[2] Eleonora Ardanaz (2013; 2017) ha publicado avances relativos a la participación femenina en el antifascismo bahiense durante la segunda mitad de la década de 1930.

[3] Nuevos Tiempos (NT), Bahía Blanca, 23/08/1926, p. 2.

[4] NT, Bahía Blanca, 23/08/1926, p. 2.

[5] NT, Bahía Blanca, 23/08/1926, p. 2.

[6] Las entidades aparecen en un listado de instituciones conformadoras de Frente Único Antifascista en el año 1927. Ver: NT, Bahía Blanca, 11/06/1927, p. 4.

[7] Para un análisis de las primeras etapas de las diferencias entre los miembros del CSBB y quienes conformarán el Partido Comunista local en 1921 ver el trabajo de Gonzalo Cabezas (2011).

[8] Entre los asistentes más destacados se encontraban Armando Koch, embajador interino de Italia, Vittorio Montiglio, inspector general de los Fasci Italiani all’Estero en América Latina, Vittorio Valdani, delegado de los Fasci en Argentina, Álvaro Alzogaray, comandante del V° Cuerpo de Ejército, el comisionado municipal Aquiles Carabelli y el vicario foráneo José Barreiro, quien ofició la ceremonia de bendición de la insignia institucional. La Nueva Provincia (LNP), 13/09/1926, p. 3.

[9] Archivo de la Casa del Pueblos de Bahía Blanca (ACPBB), Archivo de Correspondencia del Centro Socialista de Bahía Blanca (1926), Carta del secretario del CAGM Pedro Quattrocchio al secretario del CSBB Francisco Di Bello del 13/09/1926.

[10] Bruno Cimatti (2025) ha publicado recientemente un estudio en clave prosopográfica de la figura de Lucchetti como exiliado político, atendiendo a sus facetas de inmigrante, antifascista y socialista.

[11] Entre ellos se cuenta a Giovanni Isoardi como candidato a vicepresidente, Domenico Lamonea como candidato a síndico y Luigi Godio, Juan Antonio Canessa, Alberto Rabino y Adolfo Robotti como candidatos al Jurado de Honor.

[12] NT, Bahía Blanca, 19/01/1927, p. 1.

[13] Sobre el rol histórico que la “apoliticidad” tuvo en la conformación de la dirigencia étnica italiana, muchas veces con carácter meramente declamatorio, ver el reciente trabajo de Ángel Leonardo Maggio (2025).

[14] La denuncia, aparecida en el periódico La Internacional, de alcance nacional, fue relevada por el órgano de prensa del CSBB. Ver: NT, Bahía Blanca, 20/08/1930, p. 1.

[15] NT, Bahía Blanca, 07/07/1928, p. 3.

[16] El destacado en cursiva es del autor.

[17] LNP, Bahía Blanca, 30/06/1929, p. 5.

[18] El intento de acercamiento a las autoridades fascistas en la ciudad por parte de la dirigencia antifascista de la SIU ha sido abordada en trabajos previos (Cimatti, 2023 b) para el período 1929-1932 en el que, en el marco de una severa crisis financiera institucional, Cantarelli consideró que una política de “concordia” podía motivar al VIBB a colaborar financieramente con la institución, aunque la misma no dio los frutos esperados por el presidente de la entidad mutual.

[19] ACPBB, Libro de Actas de la Comisión Administrativa del Centro Socialista de Bahía Blanca, Reunión ordinaria de la Comisión Administrativa del CSBB del 17/07/1929, p. 123.

[20] ACPBB, Libro de Actas de la Comisión Administrativa del Centro Socialista de Bahía Blanca, Reunión Extraordinaria de la Comisión Administrativa del CSBB del 22/07/1929, pp. 126-131.

[21] Ídem¸ p. 132-133.

[22] En el Archivio Centrale dello Stato hemos tenido acceso a los legajos personales de Ernesto Accini, Marzio y Decimo Cantarelli, Giovanni Città, Guido Fioravanti, Melchiorre Lazzari, Celestino Lucchetti, Oribio Parenti y Alessandro Ruggero. La variedad de posicionamientos ideológicos representada por estos personajes permite realizar una reconstrucción de la complejidad de la disputa aludida.

[23] Archivio Centrale dello Stato (ACS), Ministero dell’Interno, Direzione Generale di Pubblica Sicurezza, Divisioni Affari Generali e Riservati, Uffici dipendenti dalla Sezione Prima, Casellario Politico Centrale, Fascicoli Personali, b. 1012, f. 27442 (Cantarelli Marzio), carta del Embajador de Italia en Argentina A. Martin Franklin al ministro Dino Grandi del 19/11/1928.

[24] Ídem, carta del Real Prefecto de Turín a Dino Grandi del 28/02/1929.

[25] Ídem, copia del informe del 06/05/1929 enviado a la Divisione Polizia Politica por la Sezione 1ª della Divisione di Affari Generali e Riservati.

[26] ACS, Ministero dell’Interno, Direzione Generale di Pubblica Sicurezza, Divisioni Affari Generali e Riservati, Uffici dipendenti dalla Sezione Prima, Casellario Politico Centrale, Fascicoli Personali, b. 4487, f. 32432 (Ruggero, Alessandro), comunicado de la Divisione 1ª della Divisione Affari Generali e Riservati della Direzione Generale della Pubblica Sicurezza al Casellario Politico Centrale del 25/01/1930.

[27] ACS, Ministero dell’Interno, Direzione Generale di Pubblica Sicurezza, Divisioni Affari Generali e Riservati, Uffici dipendenti dalla Sezione Prima, Casellario Politico Centrale, Fascicoli Personali, b. 4487, f. 32432 (Ruggero, Alessandro), comunicado de la Divisione 1ª della Divisione Affari Generali e Riservati della Direzione Generale della Pubblica Sicurezza al Casellario Politico Centrale del 23/08/1929.

[28] Ídem, carta del Ministero dell’Interno al MAE del 01/09/1930.

[29]Ídem, comunicado de la Divisione 1ª della Divisione Affari Generali e Riservati della Direzione Generale della Pubblica Sicurezza al Casellario Politico Centrale del 01/03/1930. En cuanto a la inclinación hacia el comunismo de la AAI, cabe señalar que, en ocasión de la conmemoración del quinto aniversario del asesinato del diputado italiano Giacomo Matteotti, la actividad central consistió en la proyección de la película soviética “El País de Lenin”. Ver: LNP, 07/06/1929, p. 10.

[30] La expresión, alusiva a una preparación de arraigada difusión tanto en Argentina como en Italia y consistente en una mezcla de papas, zanahorias, arvejas y eventualmente otros ingredientes amalgamados con mayonesa, fue utilizada por el jefe de la Divisione di Polizia Politica para definir al antifascismo bahiense a comienzos de 1930. ACS, Ministero dell’Interno, Direzione Generale di Pubblica Sicurezza, Divisioni Affari Generali e Riservati, Uffici dipendenti dalla Sezione Prima, Casellario Politico Centrale, Fascicoli Personali, b. 10, f. 11002 (Fioravanti, Guido), carta del capo della Divisione di Polizia Politica Di Stefano al Casellario Politico Centrale, del 12/03/1930.

[31] ACS, Ministero dell’Interno, Direzione Generale di Pubblica Sicurezza, Divisioni Affari Generali e Riservati, Uffici dipendenti dalla Sezione Prima, Casellario Politico Centrale, Fascicoli Personali, b. 2074, f. 44439 (Fioravanti, Guido), carta del R. Questore di Ascoli Piceno Caruso al Prefetto di Ascoli Piceno del 12/12/1937.

[32] ACS, Ministero dell’Interno, Direzione Generale di Pubblica Sicurezza, Divisioni Affari Generali e Riservati, Uffici dipendenti dalla Sezione Prima, Casellario Politico Centrale, Fascicoli Personali, b. 2074, f. 44439 (Fioravanti, Guido), carta de la Regia Prefettura di Ascoli Piceno al MAE.

[33] ACS, Ministero dell’Interno, Direzione Generale di Pubblica Sicurezza, Divisioni Affari Generali e Riservati, Uffici dipendenti dalla Sezione Prima, Casellario Politico Centrale, Fascicoli Personali, b. 1012, f. 35389 (Cantarelli, Decimo), carta del Regio Incaricato d’Affari en Buenos Aires G. Gazzera al MAE del 05/03/1930.

[34] Ibídem.

[35] ACS, Ministero dell’Interno, Direzione Generale di Pubblica Sicurezza, Divisioni Affari Generali e Riservati, Uffici dipendenti dalla Sezione Prima, Casellario Politico Centrale, Fascicoli Personali, b. 2074, f. 44439 (Fioravanti, Guido), carta del Regio Incaricato d’Affari en Buenos Aires G. Gazzera al MAE del 02/06/1929.

[36] ACS, Ministero dell’Interno, Direzione Generale di Pubblica Sicurezza, Divisioni Affari Generali e Riservati, Uffici dipendenti dalla Sezione Prima, Casellario Politico Centrale, Fascicoli Personali, b. 4487, f. 32432 (Ruggero, Alessandro), carta del Regio Incaricato di Affari en Buenos Aires G. Gazzera al MAE del 02/08/1929.

[37] Ídem, carta del Regio Incaricato di Affari en Buenos Aires G. Gazzera al MAE del 22/07/1929.

[38] Ídem, copia de la comunicación de la Regia Ambasciata en Buenos Aires al MAE del 19/06/1935.

[39] Por la misma época, el Vicecónsul Raffaele Casertano observaba que el CAGM estaba “gradualmente perdiendo terreno”, al punto de que parecía “inminente su caída”.

[40] Si bien, en el caso de Ardiles, no hemos podido rastrear su vinculación al socialismo independiente, Lodolo fue públicamente criticado por Nuevos Tiempos por pasar a formar parte del Partido Socialista Independiente en septiembre de 1927. NT, Bahía Blanca, 17/09/1927, pp. 1-2.

[41] ACS, Ministero dell’Interno, Direzione Generale di Pubblica Sicurezza, Divisioni Affari Generali e Riservati, Uffici dipendenti dalla Sezione Prima, Casellario Politico Centrale, Fascicoli Personali, b. 10, f. 11002 (Fioravanti, Guido), carta del capo della Divisione di Polizia Politica Di Stefano al Casellario Politico Centrale, del 12/03/1930.

[42] Si bien hemos podido constatar que Marzio y Decimo Cantarelli eran hermanos, no hemos podido determinar el grado de parentesco, si lo hubiere, con Felice Cantarelli. En todo caso, los legajos personales disponibles en el ACS para los primeros no hacen mención a algún tipo de relación familiar con el último que, a diferencia de los hermanos, estaba vinculado al fascismo y había formado parte del directorio fundacional del FGG.

[43] Archivo de la Sociedad Italiana de Socorros Mutuos de Bahía Blanca, Verbali d’Assemblee in Italiano – 20 abril 1919 a 8 mayo 1932, asamblea ordinaria del 13/01/1929, p. 196.

[44] Ibídem.

[45] En este sentido, cabe destacar que Lucchetti accedió al cargo de concejal en 1932. Por su parte, Cantarelli fue candidato en las elecciones de 1929 y se desempeñó como tesorero del CSBB. ACS, Ministero dell’Interno, Direzione Generale di Pubblica Sicurezza, Divisioni Affari Generali e Riservati, Uffici dipendenti dalla Sezione Prima, Casellario Politico Centrale, Fascicoli Personali, b. 1012, f. 27442 (Cantarelli Marzio), carta del Regio Ambasciatore d’Italia A. Martin Franklin al MAE del 19/11/1928.

[46] Cabe señalar que dicho período de auge del antifascismo bahiense no fue vivido por Ruggero en primera persona, por cuanto se estableció en Bahía Blanca recién al año siguiente, según él mismo indicó en sus artículos.

[47] L’Italia del Popolo (LIDP), Buenos Aires, 05/12/1931, p. 3.

[48] Ibidem.

[49] Ibidem.

[50] Resulta interesante constatar que, al realizar este planteo, Ruggero parecía recurrir a la cultura política del asociacionismo italiano en la argentina, basado en la prohibición de todo tipo de división intestina que pudiera alterar una unidad basada en lo nacional, aunque pocas líneas después se encargaba de denostar la noción de “apoliticidad”, que consideraba un instrumento del fascismo.

[51] Ibidem.

[52] Ibidem.

[53] LIDP, Buenos Aires, 08/12/1931, p. 3.

[54] LIDP, Buenos Aires, 05/12/1931, p. 3.

[55] LIDP, Buenos Aires, 08/12/1931, p. 3

[56] LIDP, Buenos Aires, 05/12/1931, p. 3.

[57] Ibidem.

[58] Entre los principales logros de la gestión antifascista de la SIU, Ruggero contaba la resistencia a las imposiciones del vicecónsul italiano, que buscaban alterar el programa didáctico de la escuela de la entidad, y la ruptura de relaciones con el VIBB derivada de esa tensión. Además, señalaba que ya no habían sido conmemoradas fechas monárquicas y/o asociadas al fascismo –tales como el 4 de noviembre, el Día del Estatuto Albertino o el cumpleaños del rey–, así como el relieve que cobraron las ceremonias garibaldinas, mazzinianas y, en particular, la conmemoración del 20 de septiembre.

[59] LIDP, Buenos Aires, 07/12/1931, p. 3.

[60] LIDP, Buenos Aires, 08/12/1931, p. 3.

[61] Ibidem.

[62] Alessandro Ruggero murió repentinamente el 25 de abril de 1936, siendo todavía joven, se convirtió en un ícono para el antifascismo local, al punto que la fecha de su fallecimiento entró a ocupar un lugar destacado dentro del calendario de conmemoraciones del campo antifascista local. A su muerte, fue recordado por L’Italia del Popolo “uno de los mejores y más capacitados exponentes del antifascismo italiano en Argentina”. Ver: LIDP, Buenos Aires, 26/04/1936, p. 3.

[63] Sobre las posibilidades de la denominada “Historia translocal” en relación con la “Historia global” ver el trabajo de Christian De Vito (2015).