El inestable lugar del fresquismo gobernante en la estrategia de movilización antifascista y la construcción de la apelación ante la “amenaza nazi” del diario Crítica (1936-1940)

El inestable lugar del fresquismo gobernante en la estrategia de movilización antifascista y la construcción de la apelación ante la “amenaza nazi” del diario Crítica (1936-1940)

The unsteady place of governing fresquismo in antifascist mobilization strategy and the building of a confronting “nazi menace” appeal of newspaper Crítica (1936-1940)

Andrés Bisso

 Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas,

Universidad Nacional de La Plata (Argentina)

andresbisso@yahoo.com.ar 

 https://orcid.org/0009-0000-6894-7442

Resumen

El presente trabajo surge del análisis, día por día, de los posicionamientos del diario Crítica durante la gobernación de Manuel Fresco y de la identificación de este dirigente con el “fascismo criollo” en el marco de la campaña de dicho periódico a favor de la movilización antifascista y de denuncia de la “penetración nazi” en nuestro país. En el texto planteamos un comienzo claro de identificación de Fresco con el fascismo y el fraude por parte del periódico, que a partir de 1938, aunque sin desconocerse, se va complejizando ante la “nacionalización” de la campaña de denuncia frente a la “amenaza nazi” y, luego, por la cercanía de Botana con la figura de Alberto Barceló, candidato a suceder a Fresco.

Palabras clave: Crítica; Antifascismo; Provincia de Buenos Aires; Manuel Fresco.

Abstract

The present text analyses, day by day, the stance of the newspaper Crítica during the government of Manuel Fresco. At the beginning of his administration, Critica placed Fresco as one of the greatest accomplice to electoral fraud and “Nazi-fascist penetration” in Argentina. However, since 1938, without ceasing to maintain that position, this image would become more complex due to the nationalization of the “anti-Nazi” campaign and, later, due to the closeness of Botana –director of the newspaper- with the figure of Alberto Barceló, candidate of conservatism to succeed Fresco.

Keywords: Crítica; Antifascism; Province of Buenos Aires; Manuel Fresco.

Introducción

El estudio historiográfico sobre el antifascismo argentino y en la Argentina se ha desarrollado, luego de cierta desatención previa, con especial vitalidad en el siglo actual (Pasolini, 2023). En ese panorama, el interés sobre dicho fenómeno en el espacio provincial bonaerense no ha estado ausente, ni en términos generales (Bisso, 2008) ni en espacios puntuales de ese territorio (Devés 2014 y Pasolini, 2004, 2015 para Tandil; Bisso, 2007a para Baradero y Luján; Ardanaz, 2013 y Cimatti, 2020 para Bahía Blanca). Dichos trabajos han permitido indagar sobre la especificidad de un territorio en cambiante interacción con la Capital Federal, en la que la atracción y la repulsión, el acercamiento y el distanciamiento, han convivido casi sin solución de continuidad (Míguez, 2013).

Teniendo en cuenta esto último, y aunque en otros trabajos hemos analizado las formas en que la dirigencia bonaerense supo convivir con los referentes y organismos “nacionales” afincados en la Ciudad de Buenos Aires (Bisso, 2009: 31-63), nuestro interés en la colaboración al presente dossier se centrará en advertir una de las formas por las que desde la capital nacional se modeló cierta imagen de la provincia de Buenos Aires, con el fin de ampliar los efectos de la campaña antifascista, bajo los parámetros del “fascismo criollo” y la “amenaza antinazi”, y pretendiendo, por otro lado, aportar en la legitimación de un “antifascismo bonaerense”.

Para ello hemos elegido posar la mirada sobre un particular órgano de difusión como lo fue el diario Crítica, fuertemente identificado en el antifascismo, pero anudado a la vez a complejas redes de la política local y sobre el que en general se ha indagado en los años veinte del siglo pasado (Saítta, 2013), más allá de la existencia de trabajos que indagan sobre la actuación del periódico en la década posterior, en la que situamos nuestra búsqueda (como el de Cane -2011: especialmente 61-69- o el de Montenegro -2002- centrado en la recepción de la guerra civil española). En nuestro caso, analizaremos la cambiante estrategia del periódico en su relación con sus múltiples intereses ideológico-políticos y comerciales dentro del contexto nacional.

En esa perspectiva, aunque en principio, la mencionada forma “bonaerense” del antifascismo, podía pensarse como una variante específica del “antifascismo pampeano”[1], en el acercamiento de este diario centrado en el lector “porteño”, la apelación en torno al combate contra la propaganda y el accionar “totalitario” no dejó de dar –sobre todo al comienzo de la experiencia fresquista- una especial relevancia a su hinterland cercano.

En dicha construcción, el fenómeno del fresquismo gobernante supuso, inicialmente, un parteaguas de significación para la consolidación de una prédica antifascista de corte bonaerense, para luego entrar en creciente dispersión referencial para el año 1938, frente a la idea de un nazi-fascismo ya ubicuo en toda la nación y que debía ser combatido en todos los ámbitos jurisdiccionales. Finalmente, el acompañamiento a la ofensiva “normalizadora” y “nacionalizadora” del presidente Ortiz que realizaría el diario, encontraría un epílogo de justificación especial, en marzo de 1940, con la intervención a la provincia de Buenos Aires.

Sin embargo, previamente, existiría un interludio dado por el desarrollo de los acontecimientos políticos, cuando Crítica se vea en la imposibilidad de censurar la candidatura conservadora de Alberto Barceló a la gobernación, ya que este tenía firmes lazos establecidos con el director del periódico, Natalio Botana[2]. Por otro lado, Crítica, como veremos, no se negaría a reproducir la propaganda oficial del fresquismo, a pesar de las condenas que a su gestión realizara desde 1936. Ambas cuestiones complejizan y matizan, así, la cuestión de la prédica en torno del antifascismo bonaerense y serán desarrolladas al final del texto.

El fresquismo como monstrum horrendum en la construcción de la apelación antifascista bonaerense por parte de Crítica

“Buenos Aires tiene en estos momentos un triste privilegio:

encabeza el fraude y lo define

en su expresión más monstruosa”

Diputado Manuel Besasso,

reproducido en Crítica del 19 de octubre de 1937.

El 18 de febrero de 1936, en un recuadro algo marginal de la página tres, el diario Crítica informaba –desde su agencia platense- acerca de la asunción de Manuel Fresco a la gobernación de la provincia de Buenos Aires, mediante un suelto descriptivo y carente de giros valorativos. Sin embargo, al día siguiente, el periódico ya editorializaba –en primera página y bajo el poco halagüeño título de “Palabras imprudentes”- el discurso del recién asumido gobernador, al que se fustigaba por su “palabra exaltada”, sus “conceptos inquietantes” y su intención no democrática (Crítica –de ahora en más, C-, Buenos Aires, 19/02/1936, p. 1).

Los temores del órgano gráfico dirigido por Botana acerca del déficit institucional que suponía el ingreso de Fresco en la magistratura bonaerense se verían confirmados en las elecciones legislativas del 1° de marzo, consideradas la consumación de un “fraude histórico” y “descarado” en la provincia (C, 01 y 02/03/1936, p. 3 y 1, respectivamente). Luego, con la etapa sufragista complementaria dada a mitad de ese mismo mes, pareció ya no quedar ninguna duda de los alcances de la utilización de la violencia y la trampa por parte del Ejecutivo dirigido por Fresco[3].

Bajo esa certeza, la comparación de los métodos antidemocráticos nativos con los del fascismo y del nazismo –regímenes largamente repudiados por la mencionada hoja periodística- quedaba disponible casi a vuelta de página. Incluso, más allá de que la opinión historiográfica (Hora, 2013:75) luego haya distinguido verosímilmente el origen diferencial de ambas afinidades del fresquismo (por el fascismo y por el fraude); en el caso de los actores antifascistas de la época, como Crítica, dicha distinción parecía, en principio, no tener demasiado sentido de ser tenida en cuenta o al menos de ser enunciada a los lectores, como vemos incluso al definir las prácticas de los conservadores directamente como “fraude totalitario” (C, 16/10/1939, p. 9).

En ese escenario de identificación, el diario se permitiría ironizar, al comentar el plebiscito llevado a cabo por el nacional-socialismo alemán para legitimar la militarización de la Renania, que el mismo parecía haber imitado el formato fraudulento impuesto por los conservadores bonaerenses. Así, debajo de un dibujo en el que se imaginaba que la “mula electoral” bonaerense era presentada en una manifestación abarrotada de esvásticas, se identificaba al fresquismo con los sistemas totalitarios, considerando incluso –de manera jocosa- que los conservadores locales ya habían adelantado al nazismo, precediéndolo en la estrategia de la elección fraudulenta, ya que el mismo sistema le había servido “al señor Hitler con la misma eficacia que al conservadorismo de la primera provincia argentina” (C, 29/03/1936, p. 3).

La mula bonaerense llegó hoy a Alemania. Le sirvió al señor Hitler con la misma eficacia que al conservadurismo de la primera provincia argentina. La Argentina, en ese orden de cosas, ha hecho escuela ¡No iba a ser permanentemente nuestro solo motivo de orgullo la inocente exportación de la carne o del trigo! Crítica. Colección Digital de la Biblioteca Nacional.

Esta temprana, y luego ampliamente popularizada, imagen del gobernador Fresco como paradigma del “fascista criollo”, sería avalada rápidamente por los dirigentes opositores entrevistados en el propio periódico[4] y se extendería en múltiples instancias[5], habilitando al diario a equiparar asimismo –en el ámbito bonaerense- la oposición al conservadurismo provincial con la resistencia antifascista.

De esta manera, ya en abril de 1936, Crítica celebró la creación, en la capital provincial, de la “Unión de la Juventud Argentina”, entendiéndola como una organización destinada a combatir el “avancismo fresquista”, que resultaba ser la expresión de la juventud del Partido Demócrata Nacional en la provincia y a la que desde el diario no se dudaba en definir como el “grupo de ‘balillas’ criollos” (“Se oponen a los balilas –sic- platenses”, C, 03/04/1936, p. 3) o incluso como “las S. S. de Fresco” (C, 21/04/1936, p. 3).

Esta idea de construcción de juventudes adoctrinadas bajo parámetros totalitarios se exacerbaría, incluso, luego, en la campaña en contra de la incorporación de la enseñanza religiosa que llevó a cabo el diario en el año 1937, durante la que se denunciaría “el desfile escolar de Matanza, donde los alumnos concurrieron vistiendo uniformes fascistas” (C, 21/07/1937, p. 6).

Siguiendo esa lógica y fustigando el extremismo discursivo que –en paralelo, en forma creciente y en espejo invertido- se propiciaba desde el Ejecutivo bonaerense[6], Crítica no dudó en sostener desde la titulación de la noticia sobre la primera apertura de sesiones legislativas por parte del gobernador, que “Fresco se declaró fascista y enemigo de las instituciones” (C, 05/05/1936, p. 5). Indudablemente, dentro del cuerpo de la nota, el lector no encontraría dicha literal adhesión a los postulados mussolinianos en el discurso de Fresco; sin embargo, al menos a ojos del órgano periodístico, la descripción que el propio gobernador daba del voto secreto, que había otorgado la ley Sáenz Peña, como “un instrumento de perturbación y atraso” y una herramienta de tipo “subversivo de una mayoría improvisada” (Ídem) parecía habilitar a los periodistas a hacer esa consideración.

A medida que desarrollaba esta campaña antifresquista, Crítica promocionaba también las iniciativas de las diversas agrupaciones antifascistas, en especial las de aquella liderada por los doctores José Peco y Emilio Ravignani, el “Comité de Ayuda Antifascista” (C, 19/06/1936, p. 3), difundiendo sus actos como el programado en el Salón Augusteo bajo el título de “¿Es posible el fascismo en la Argentina?” o sus conferencias, como la que un joven Saúl Bagú diera sobre “el fascismo y los sindicatos” (C, 04/07/1936, p. 3).

Pocos días después de esos avisos, la posibilidad de trasladar al campo bonaerense esta campaña, justo a pocos días de la noticia del desencadenamiento del sublevamiento de Franco en España, se facilitó por el allanamiento –por parte de la policía de Vicente López y de la Sección Especial- de la quinta del ex diputado socialista Augusto Bunge, en la localidad de Victoria, lo que permitiría decir a Crítica que “las garantías fundamentales” estaban “totalmente suspendidas en el Primer Estado Argentino” (C, 20/07/1936, p. 7), ya que las fuerzas del orden habían desplegado su violencia (al estilo “de una horda armada de hitleristas”, se decía) contra lo que no era más que “una inofensiva reunión de señoras, niñas y jóvenes que se habían reunido sin otro propósito que el de pasar una tarde de solaz” (Ídem).

Sin embargo, en la misma nota, el periódico no dejaría de reconocer que la reunión, a la que pocos párrafos antes había definido como meramente “social”, había tenido, en realidad, la función de “allegar fondos para ‘Defensa Popular’”[7], diario en el que participaba el propio Bunge (Ídem). De esta manera, en el relato -que no dejaba, asimismo, de alarmarse porque estos hechos de tinte fascista se produjesen en una localidad situada “a un paso de la Capital Federal” (Ídem)- se combinaba un elemento de distinción y espontaneidad social con la tarea de concientización antifascista, lo que en apariencia subrayaba las características “bárbaras” de la actitud de la policía dependiente del gobernador bonaerense.

La fuerza de este suceso como consagratorio de la “respetabilidad antifascista”  frente a la “brutalidad” sería lo suficientemente perdurable como para que la militante comunista Fanny Edelman lo mencionase –con esas mismas marcas- en sus memorias, aunque señalando la reunión, no como una colecta para “Defensa Popular”, sino como –directamente- una actividad organizada por el Socorro Rojo[8].

El alegado carácter “ingenuo” de la reunión se repetiría, incluso, desde la boca de reconocidos extranjeros exiliados y con fuertes vinculaciones con el comunismo que participaron de la misma (y que también serían detenidos en la redada) como el brasileño –y biógrafo de Prestes- José Barboza Mello, quien no dudaría en explicar que se encontraba allí, simplemente en condición de amigo de Bunge, y que la reunión no era otra cosa que una fiesta que “se estaba desarrollando normalmente y de la manera más inocente posible –puesto que todo el mundo estaba entregado a la danza” (C, 21/07/1936, p. 5).

Como sabemos, eran precisamente este tipo de reuniones “sociales” las que más desvelaban a las autoridades policiales bonaerenses, ya que las sindicaban como aquellas con las que los comunistas ocultaban sus prácticas consideradas subversivas, a través del velo de la reunión “danzante” o “social” (ver Bisso, 2009: 20-23). Frente a los supuestos de la autoridad, Crítica ponía el acento en los cercenamientos de las libertades que ese control de la sociabilidad suponía, lo que la llevaba incluso a disputas duras con otros órganos periodísticos, tal se puede ver a partir de la nota titulada “‘La Nación’ al servicio de la Policía de la Provincia de Buenos Aires” (C, 24/07/1936, p. 6)[9]. Meses después, Crítica tuvo la posibilidad de certificar sus dichos acerca del atropello cometido, cuando el juez Moreno Bunge resolvió detener empleados de la Sección Especial por haber realizado hurtos y destrozos en la casa de Bunge (C, 26/05/1937, p. 3).

Por otro lado, la campaña antifascista se advertía en muchas de las noticias cortas que daban cuenta de la existencia de diversas organizaciones provinciales que se plegaban al ayudismo español –en especial siguiendo la actividad del PEAVA (Patronato Español de Ayuda a las Víctimas Antifascistas), como en el caso de la Biblioteca Popular “Sol Naciente” de Avellaneda que haría pública “su amplia solidaridad con el pueblo español en su lucha por la defensa de su libertad y de sus derechos” (C, 24/08/1936, p. 8); de las filiales de los Comité Pro Ayuda a España, como la de Piñeyro que contaría entre sus oradores a Crisólogo Larralde (C, 11/04/1937, p. 3) o de los actos en solidaridad con la República Española que algunos comités partidarios, como el radicalismo de Junín, podían realizar (C, 28/11/1938, p. 7).

En efecto, Crítica se había vuelto –como recuerdan vívidamente algunas memorias[10]- el diario por excelencia a ser leído por los republicanistas. Bajo ese esquema, el apoyo del fresquismo a la causa contraria tampoco pasaría desapercibido. Por ello, esta atención al desarrollo de la “causa española” en suelo bonaerense solía ser más fuerte cuando, además, servía para demostrar la connivencia del fresquismo con el lado “rebelde”.

Así, el periódico acusaría a los funcionarios policiales –enviados por el gobernador- de interrumpir, mediante ardides del tipo de cortar el suministro eléctrico, diversos actos de apoyo a la República, como el que se desarrolló en el Centro Asturiano de La Plata con la presencia de dirigentes como el socialista Mario Bravo, acompañados por un “público extraordinario donde se destacaban muchísimas mujeres obreras, estudiantes y trabajadores” (C, 16/04/1937, p. 4). De cualquier manera, con o sin la denuncia de la intervención policial, las noticias acerca del boycott de los grupos “fascistas” a los actos a favor de la república en la provincia, se sucederían copiosamente en los relatos del diario[11].

Por otro lado, las novedades que marcaban agenda en el devenir político del fresquismo seguían reactivando las intenciones de imprimirle similitudes con los totalitarismos. Así, luego de un relativo silencio sobre las cuestiones bonaerenses, hacia mediados de 1937, Crítica retomaría su propaganda antifresquista, ante los intentos del Ejecutivo provincial por demorar elecciones alegando el atraso en la confección de los padrones. En ese sentido, Crítica daría voz a quienes consideraban que dicha maniobra era “la consolidación de un sistema antidemocrático que repugna la conciencia democrática de los argentinos” (C, 01/04/1937, p. 3) y “un plan confesado sin ambages por el ciudadano que desempeña el Poder Ejecutivo en esta provincia” (C, 13/04/1937, p. 10).

En ese clima, para sugerir la idea del “fascismo criollo”, se utilizaría –bajo una luz jocosa y despectiva, en la misma página en que se daba la noticia sobre la posible postergación de elecciones bonaerenses y la necesidad que el Congreso Nacional se expresara en contra de ella, dictando incluso la intervención- a una figura muy afín al gobernador en su “lucha contra el comunismo”, el senador Matías Sánchez Sorondo. Crítica, que retrataba constantemente a este dirigente político bajo la figura de “El enterrador” y al que se lo sindicaba por provocar la “mala suerte” con su cercanía, bromearía con que las tropas fascistas enviadas a Guadalajara a combatir en contra de los republicanos españoles habían sido derrotadas, justamente bajo el “mal signo” de las vísperas del viaje del ex ministro de Uriburu a Italia (C, 19/03/1937, p. 5).

Italo Balbo: “Ai nostre bersaglieri gli hanno dato un ‘pesto’ terribile in Guadalacaras”

Benito Mussolini: “¡Ah questo interratore e un vero beccamorto!”

Crítica. Colección Digital de la Biblioteca Nacional.

La cobertura de la noticia sobre la posible dilatación de las elecciones, se intercalaría, asimismo, con la denuncia de actos antisemitas llevados a cabo por “nazistas criollos” en la localidad de San Miguel, sobre la que –como había sucedido en el caso de Victoria- se ponía un particular acento en su vecindad con la Capital Federal (C, 27/03/1937, p. 5) o con el comentario del asesinato de José Riedel, “depositario de los fondos para costear las campañas nazis en la provincia de Buenos Aires” –C, 17/04/1937, p. 3.

La gravedad de este último caso en la “cercana” Villa Ballester[12] se resaltaba como nodo de una red de espionaje a favor del hitlerismo que actuaba “con evidente desprecio por las leyes del país” (C, 16/04/1937, p. 3). Este peligro sería extendido luego a todo el partido de San Martín[13], y le permitiría al diario explicar, asimismo, la particularidad de la provincia de Buenos Aires, ya que allí era “donde los nazis encontrarían su ‘clima’” (C, 17/04/1937, p. 3) y donde “los manejos nazistas se encontraban favorecidos de hecho” (C, 16/04/1937, p. 3). Nuevamente, el acento se ponía en que esa situación no dejaba de ser un riesgo también para los porteños, ya que el redactor de la nota señalaba que podía documentar “infinidad de elementos de juicio que demuestran la enorme actividad nazista en esa provincia, donde ya se saluda con el brazo en alto en zonas casi limítrofes con la Capital Federal” (Ídem).

Por otro lado, con la misma lógica que la policía bonaerense consideraba las reuniones “sociales” como posible tapadera del comunismo, el diario antifascista consideraba que también los “nazis” se escondían “ocultos bajo nombres inocentes” (Ídem).

Las elecciones presidenciales de 1937 permitirían ampliar las denuncias acerca de la presencia del “fascismo” en las pampas. Para ello se ejemplificaría la actividad totalitaria –que se mostraba en consonancia con la campaña a favor del conservadurismo- a través del caso de la localidad de Baradero, donde se denunciaba que “los propietarios de una fábrica local de papel” obligaban a su personal a “vestir camisas negras” y a “hacer entrega de las libretas cívicas” (C, 23/08/1937).

Lo curioso es que, conocedora de las internas conservadoras, Crítica –a pesar de ser muy condenatoria del panorama fraudulento a nivel nacional- se ocuparía de desligar específicamente al presidente Justo –a quien el director del periódico, Natalio Botana, tanto le debía[14]- de la denunciada campaña de infiltración nazista. De allí que se no dudara en certificar que gracias a las “medidas tomadas desde las altas esferas oficiales en defensa de intereses superiores” era indudable que había “decrecido la acción fascista en la Argentina” y “habría sido desbaratada la influencia italiana-alemana en nuestro ambiente” (C, 22/10/1937, p. 3).

Para esa altura, en cambio, la enemistad entre el diario y el Ejecutivo bonaerense resultaba tan manifiesta como para que este último no considerara a Crítica más que un pasquín partidario y que –bajo esa categorización- ordenara, a la policía bajo su servicio, el secuestro –en todo el interior bonaerense- de los ejemplares del día 5 de septiembre de 1937, alegando que su distribución suponía una acción política en un día de elecciones, situación que estaría prohibida de acuerdo a la ley 8871 (C, 06/09/1937, p. 2).

Con la difusión de hechos como este, la dualidad entre la “civilización antifascista” porteña y la “barbarie fascista y fraudulenta bonaerense” quedaría planteada de manera clara en la estrategia del diario y de los dirigentes que le resultaban más cercanos. De esta manera lo evidenciaba Benito Marianetti, el líder de un partido particularmente alabado por el periódico, el socialismo obrero, al precisar:

“el peligro que el matonaje invada las calles de Buenos Aires, avanzando desde Santa Fe y desde el feudo de Fresco, es decir, la provincia de Buenos Aires, no es un peligro teórico. Es real. Está más cerca de lo que nosotros imaginábamos” (C, 13/01/1938, p. 8).

Esta idea de “cerco” sobre la Capital Federal no dejaba de tener reminiscencias con la situación de la Madrid asediada por las tropas franquistas, de allí el célebre slogan republicano “No pasarán” que podía verse reproducido en afiches electorales en ocasión de las elecciones porteñas[15].

La aparición de la propaganda de Fresco en el diario y un giro hacia la denuncia de la amenaza nazi extensiva a “todo el país”.

Sin embargo, frente a estas cuestiones, algo curioso para los lectores del diario sucedería el 18 de febrero de 1938. Al cumplirse los dos años de gestión fresquista, se insertarían –sin el formato habitual y con el lema de “propaganda oficial del gobierno de la Pcia. de Buenos Aires” (C, 18/02/1938, p. s/n)- seis páginas de repaso elogioso de las obras y leyes realizadas por dicha administración. Por otro lado, en el resto del diario, ningún balance editorial se haría de dicho aniversario gubernamental

Las críticas a la gestión de Fresco recién reaparecerían el 6 de marzo, al renovarse las prácticas fraudulentas, a través de la publicidad de la posible decisión del radicalismo de renovar la práctica abstencionista a raíz del “sistema de coacción de fraude que en la provincia de Buenos Aires dirige personalmente el señor gobernador usando todos los resortes oficiales” (C, 11/03/1938, p. 5). Fuera de esa mención, durante todo el primer semestre de 1938, no habría ulteriores comentarios críticos directos a Fresco.

Recién el siguiente cuestionamiento estaría dirigido a la connivencia con la realización del plebiscito sobre el Anschluss –la anexión de Austria a Alemania- en escuelas de la provincia de Buenos Aires. Nuevamente, en un listado, los “centros de comicios nazis” identificados en la provincia se encontrarían todos en municipios cercanos a la Capital Federal (Villa Ballester, Florida, Vicente López, Avellaneda, Hurlingham, Munro, Temperley, Quilmes y Dock Sud). Al señalar incluso que, en el ámbito provincial bonaerense, se utilizarían escuelas de la colectividad alemana para realizar la votación (como los Colegio Fredericus, Schulz o Hindenburg), se hacía explícito que esta situación distinguía a la provincia de la Capital, ya que

el hecho de que no se utilicen los locales de las escuelas de capital demuestra que se tiene aún cierto temor en usarlas, pero ese temor no existe en la provincia de Buenos Aires, donde los nazistas se saben seguros y tranquilos” (C, 02/04/1938, p. 2).

Justificando esos dichos, se recordaba que el “jefe nazi de la Argentina”, Alfredo Müller, vivía en Banfield (C, 09/04/1939, p. 3).

Como contracara a esta situación, Crítica también valoraría a los alemanes que se enfrentaban al nazismo en las ciudades cercanas a la Capital, como los del Colegio Alemán de Lanús Oeste, que no aceptarían la subvención del gobierno alemán y se sostendrían con los pagos de los familiares (Idem, p. 4) al negarse a “izar la bandera swástica en su edificio” (C, 18/04/1938, p. 3). Un individuo particularmente reconocido fue el profesor Julio Weiss, expulsado de una escuela alemana en Valentín Alsina por “negarse a militar en el nacionalsocialismo” (C, 17/05/1938, p. 5).

Sin embargo, en ese clima de generalizada “amenaza nazi” que se presentó en ese abril de 1938 (cuando la denuncia del gobernador del Territorio de la Pampa, Virasoro, contra escuelas de la colectividad alemana tomó fuerza pública), Crítica dejó de focalizar en el territorio gestionado por Fresco sus denuncias y pasó a dar una amplia cobertura de los posibles lugares de “nazificación” a lo largo y lo ancho del país, dejando de tener la provincia de Buenos Aires su antiguo lugar de “privilegio”.

En este nuevo enfoque, la “amenaza” dejaba de remitirse únicamente a las cercanías de la Capital Federal y se ampliaba de manera generalizada e incluso más firmemente hacia los lugares más periféricos del país, donde la endeblez de la organización estatal y la existencia de colectividades extranjeras no sometidas al control nacional parecían alimentar especialmente las chances de la penetración de la propaganda totalitaria, tal como puede verse en el artículo “Cómo trabaja el nazismo para anexar la Patagonia al Reich” (C, 06/02/1939, p. 5). Así, se sostenía que “los nazis aprovechan el abandono político y social en que se encuentran los territorios del sur para fomentar el descontento” (Ídem)[16]. Con todo, hay que mencionar que en este tipo de denuncias tampoco estaba plenamente ajena la provincia de Buenos Aires, ya que en una de las notas se sindicaba a la ciudad de Bahía Blanca como “Cuartel General Nazi en el Sur Argentino” y lugar de “irradiación” de nazismo hacia la Patagonia, y a una estancia de Tornquist como un lugar de adiestramiento de los elementos germánicos (C, 17/03/1939, p. 6).

De la amenaza “vecina” se pasaba a la amenaza “ubicua”, y ni la propia Capital Federal quedaba a resguardo de ella. A ojos de Crítica, la multitudinaria manifestación de adhesión al Anschluss en el estadio Luna Park, daría al lugar “un aspecto nunca visto, de ocupación militar… con absoluto desprecio de la soberanía” y convertía esa esquina porteña en “un comité nazista por obra y gracia de la pasividad oficial” (C, 10/04/1938, pp. 1 y 3). La última advertencia parecía dirigida al recién asumido intendente Goyeneche.

En paralelo, se publicaría un listado de escuelas con “tendencia nazi” que incluía las de todo el país (C, 15/04/1938, p. 4). Durante la repercusión de esta campaña, que tendría su eco en el parlamento nacional, Crítica se encargaría de anotar el impacto de los discursos de legisladores como Damonte Taborda o Dickmann, en los dos principales diarios de la capital provincial, El Día y El Argentino de La Plata (C, 19/05/1938, p. 5).

Mientras tanto, el 9 de junio de 1938 el gobierno provincial volvía a publicitar su gestión en Crítica –ahora puntualizando en las obras escolares- bajo el lema, que no debía seguramente complacer a la mayoría de lectores del periódico, “Dios, Patria y Hogar”. Incluso, en este caso, sin la identificación específica, como había sucedido la vez anterior, que se trataba de “propaganda oficial”, sino que se incorporaba bajo páginas con el membrete habitual de “el diario de Buenos Aires para toda la república”.

Como contraparte, en esos mismos días, el diario repasaría los comentarios críticos al fraude en la provincia, al aprobarse en la Cámara de Diputados los diplomas de los legisladores elegidos en la última elección, pero sin centrarse en la cuestión de la denunciada connivencia del gobernador con el fascismo, más allá de la reproducción de dichos como los del diputado Carlos Cisneros, acusando a Fresco por su “confusa filosofía antidemocrática” (C, 11/06/1938, p. 6).

La figura de Fresco volvería dos meses después a la palestra, ante la entrevista que tuviera con el presidente Ortiz, con quien comenzarían a mostrarse en forma cada vez más evidente las discrepancias. Bajo esa lógica y en la línea de la campaña “argentinista” que el nuevo presidente expresaba y que Crítica diariamente motorizaba, el periódico pondría el acento en la necesidad de que Fresco –con el fin de reconciliarse con Ortiz- abandonara de “una vez por todas sus ideas ‘totalitarias’ y absorbentes” (C, 27/08/1938, p. 5).

A partir de allí, Crítica citaría incluso definiciones de los propios dirigentes del Partido Demócrata Nacional que fustigaban que Fresco y su ministro Noble dirigieran y auspiciaran “tendencias reaccionarias, totalitarias… contra el bloque ‘democrático’” (C, 31/08/1938, p. 3). Con todo, poco más de un mes después, y a pesar de esas consideraciones, el gobierno bonaerense volvería a pagar publicidad oficial en el diario, en este caso, para destacar su obra caminera (C, 5/10/1938, p. 15).

Ese financiamiento ocasional no evitaba que Crítica volviera al poco tiempo a condenar ciertas políticas del fresquismo y a emparentarlas con el totalitarismo, como sucedería con el caso de la reforma educativa, calificada como “antiargentina, inspirada… en la reforma educacional elaborada para la Italia fascista por Mussolini y Gentile” y que permitiría que “los fascistas extranjeros” que ya no podían enviar a sus hijos a las escuelas de las colectividades, ahora sometidas al control de Ortiz, sin embargo pudieran seguir recibiendo una educación totalitaria en las escuelas bonaerenses de Fresco (C, 9/11/1938, p. 11).

La reforma educativa clericalizante llevaría al diario a pedir nuevamente la intervención de la provincia de Buenos Aires a raíz de los que se consideraba la amenaza a la educación a través del “dogma, el obscurantismo y la adoración a figuras de la tiranía” (C, 17/11/1938, p. 6), y objetando la mención no condenatoria de la figura de Rosas en los manuales bonaerenses, lo que suponía una habilitación a la permisividad con las “nuevas” tiranías totalitarias o dictaduras. Al pedido de intervención del diario, se sumaría, al mes siguiente, la noticia del pedido -hecho por Carlos Sánchez Viamonte ante la Corte Suprema de la Nación- de procesamiento del gobernador bonaerense por incitación a la violación de leyes nacionales (C, 6/12/1938, p. 7), cuestión que sería desestimada en un fallo de marzo de 1939.

Iniciativas como esa se verían reforzadas al mes siguiente, con la crisis ministerial del 19 de enero de 1939 que provocó las renuncias de los ministros Noble y Ameghino. A pesar de esa postura, el gobierno de Buenos Aires decidiría el 1 de abril, publicar en Crítica, una solicitada destinada a desmentir a otro diario, La Prensa, al que se acusaba de manifestar hacia la gestión fresquista, “un afán de crítica realmente morboso e inexplicable” (C, 01/04/1939, p. 6).  Ese formato se repetiría para defender el régimen de explotación pesquera en las lagunas de Chascomús y General Madariaga (C, 08/05/1939, p. 8 y 26/05/1939, p. 6).

Por otro lado, en medio de la ya diaria denuncia que el diario emprendía hacia abril de 1939 contra la infiltración nazi (luego de la aceptación dolorosa de la capitulación republicana en España), la provincia de Buenos Aires –sin embargo- dejaba de tener el privilegio inicial de la mención casi única, y otras provincias como Córdoba y Tucumán y territorios como Neuquén comenzarían a sumarse al espectro de jurisdicciones en peligro, en un claro intento del diario por mostrar –en un clima internacional cada vez más caldeado- el carácter nacional de la amenaza denunciada.

Esto no evitaba que, cada tanto, se volviera el ojo a ciertas provocaciones nazis, como las de aquellos seis alemanes que en un bar de la “vecina” y “tranquila” localidad de Temperley pidieran por la anexión de Danzig a Alemania, provocando la reacción de “varios deportistas argentinos” que los llamaron al orden y luego los corrieron del bar a golpes de puños (C, 11/04/1939, p. 6). Incluso, la referencia a un mero hecho policial en la también “vecina” Caseros, servía para marcar de nuevo la influencia negativa del totalitarismo, ya que la condición política del victimario era resaltada desde la misma titulación: “Confesó su crimen el fascista que, disfrazado, asesinó a una anciana e hirió a su esposo” (C, 09/05/1939, p. 6). De la misma manera se trataría la denuncia de una madre porque su esposo le había quitado a sus tres “hijos argentinos”, señalando que “Él es nazi y quiere hacerlos alemanes” (C, 17/05/1939, p. 5).

Algo más resonante parecía ocurrir cuando se ponía la atención en la actividad docente, en este caso bajo la égida de la Universidad Nacional de La Plata, al acusar a una profesora de Historia del Liceo de Señoritas de esa ciudad, Sofía Lovera, de “hacer propaganda nazi” y de “usar la cátedra para elogiar al Führer” (C, 19/04/1939, p. 4)[17]. Interesantemente, aunque la dependencia aludida fuera de carácter nacional, la nota explicaba ese hecho como una deriva comprensible de la especial influencia de la colonia hitlerista en la provincia gobernada por Fresco. Así, se sostenía que “en Quilmes, Olivos, Villa Ballester, Munro, etc.”, como vemos, todas localidades “vecinas” a la Capital, “los nazis saludan con el brazo en alto en plena calle y realizan ejercicios militares en sus campos de adiestramiento. Han gozado de impunidad y hasta del amparo oficial” (Ídem). Volvían así, por un momento, aquellas iniciales acusaciones específicas contra el fresquismo, que la ubicuidad de la campaña a nivel nacional había dejado algo desdibujadas desde 1938.

Con la certeza de ser “el primer diario que en América puso al descubierto, en todos sus detalles, la existencia de una organización político-militar al servicio de una potencia extranjera” como Alemania (C, 05/05/1939, p. 4), Crítica encontraría, por esos meses, en el fiscal Paulucci Cornejo, un aliado que daba sustento jurídico a las denuncias sobre la penetración nazi, aunque en última instancia el principal acusado, Alfred Müller, terminaría siendo sobreseído por el juez Jantus (C, 06/05/1939, p. 3). Con todo, y atenta a la imposibilidad de obtener una condena judicial, Crítica seguiría solicitando que los Poderes Ejecutivos y Legislativos se ocuparan de realizar medidas conducentes a una mayor represión de las actividades denunciadas.

Mayo de 1939 significó, en ese sentido, la consolidación de la imagen del presidente Ortiz como el promotor de dos tareas indispensables según Crítica: la lucha contra el fraude (al condenar las elecciones apañadas de San Juan) y las medidas contra la “infiltración nazi” (al prohibirse la actividad de los partidos políticos extranjeros, una medida que el diario se adjudicaría al titular “Con la represión de las actividades nazis triunfa una campaña de CRÍTICA” –C, 16/05/1939, p. 3. Mayúsculas en el original). Así, desde el diario se expresaría en forma de editorial, que

“si trascendental es la declaración del presidente relacionada con la verdad del sufragio, no menos importancia adquieren las enunciaciones que ha formulado sobre la necesidad de desterrar de nuestra vida el influjo de los regímenes exóticos, que vienen desnaturalizando la política argentina” (C, 12/05/1939, p. 3).

Luego de esa jugada decisiva de Ortiz, la primera mención significativa que haría Crítica del gobernador Fresco sería más bien informativa, al cubrirse su participación en la inauguración del XVI Congreso Rural (C, 23/05/1939, p. 7). Sin embargo, ya sumada la tarea de la Comisión legislativa de actividades antiargentinas, la presunción de promoción del totalitarismo sobre la dirigencia conservadora bonaerense se replicaría a los pocos días, al definir como de “corte fascista”, un manifiesto de la Junta Reorganizadora del PDN provincial (07/06/1939, p. 4). Ese mismo día, empero, Crítica daba a conocer una nueva solicitada del gobierno provincial, esta vez, acerca de las funciones del Registro General Bonaerense (Ídem, p. 9) y a los pocos días, otra, sobre los institutos oficiales de protección a la infancia (C, 19/06/1939, p. 8).

El camino hacia la elección y la intervención

Luego de desatada la guerra mundial, los partes bélicos reemplazarían, en gran medida, las noticias sobre la “penetración nazi”. A pesar de la primacía de la información “europea”, quedaba lugar para la política local, y ya en octubre de 1939, Crítica comenzaría a ocuparse de los debates internos en relación con la sucesión de Fresco.

Curiosamente, luego de años de condena de las prácticas fraudulentas por parte del gobernador bonaerense, el diario parecía ahora dispuesto a creer en- las “manifestaciones formuladas por el propio gobernador de la provincia y por sus colaboradores más inmediatos, quienes expresan reiteradamente el propósito de dar comicios limpios” (C, 13/10/1939, p. 6).

Sin embargo, esta creencia se revertiría pocos días después, reconociéndose el triunfo de la “tendencia antilegalista” y pronosticándose que “se haría una finta con la corrección electoral y sorpresivamente se realizaría el fraude en Bs. Aires” (C, 15/10/1939, p. 6), en vistas de haber triunfado, a ojos de los editorialistas, la tendencia “oligárquica y fascistizante del partido conservador” (C, 16/10/1939, p. 9). Así, el diario llamaría a enfrentar “los intentos reaccionarios de un sector más vinculado a las ideologías fascistizantes que a nuestra tradición liberal” (C, 18/10/1939, p. 6).

En ese clima, sin dejar del todo la denuncia de actividades nazis, como las que llevaría a cabo en Banfield el “nacionalista” Partido Social Argentino, sindicado como afín a las ideas hitleristas (C, 20/11/1939, p. 6); el diario se iría entusiasmando con la reversión del fraude, ante lo que consideraba la mejora de las perspectivas que otorgaría la candidatura de Alberto Barceló, caudillo de Avellaneda, al que se lo juzgaba entusiastamente como el líder de un sector democrático dentro del partido que abogaba “por la realización de comicios libres”, levantaba “la bandera de la conciliación nacional” (C, 07/12/1939, p. 5) y había “resuelto romper públicamente con la orientación fascistizante que se imprimió al partido desde 1930 a la fecha” (C, 22/12/1939, p. 5), siendo a todas luces el “candidato de la democracia” (C, 23/12/1939, p. 5). Aunque resultaba indudablemente sobrevalorado el celo democrático de Barceló, nuevamente, como con Justo, las relaciones personales del director Botana le garantizaban, sino el abierto apoyo (vedado por las buenas relaciones establecidas con Alvear y con Siri, el candidato radical), sí una mirada de conformidad a dicha candidatura.

En estos dilemas de la coalición oficialista, no dejaba de presentarse la posibilidad que el gobernador Fresco fuese, a consejo de Ortiz, con quien siempre tuvo relaciones tirantes (López, 2011:122) prescindente en el armado de la candidatura de su sucesor (C, 08/12/1939, p. 5) ya que de no hacerlo la siempre temida intervención del Ejecutivo nacional sobre la provincia estaría asegurada. Por otro lado, la posible división partidaria ante las elecciones, también planteaba la posibilidad de una renuncia por anticipado del gobernador.

Lo paradójico era que, finalmente, el propio diario terminaría por plantear que para Fresco, no había mejor candidato en el conservadorismo, aun con sus bemoles, que el que ya se había adelantado en ser proclamado, ya que según el propio gobernador sostendría: “a esta altura de la campaña pre electoral ningún candidato podría reemplazar con eficacia al Sr. Barceló” (C, 26/12/1939, p. 5)

Por otro lado, al menos según algunos testimonios, parecía que Ortiz había finalmente visto el lado positivo de una candidatura que no le complacía inicialmente, como la de Barceló. Justamente por ser un candidato reprobado por la opinión pública en general, esto le permitiría realizar –seguro como estaba Ortiz, que el fraude electoral iba a ocurrir en la provincia- la intervención a la misma, a diferencia de lo que pasaría si el más “respetable” Santamarina fuera el electo de manera fraudulenta (Luna, 1999:147-148). Con todo, restaba saber cómo podrían asimilarse estos dilemas en el marco de la divisoria “fascismo/democracia y fraude/legalismo” que había venido planteando el diario durante todo el tiempo de gobernación fresquista.

Finalmente, tal lo deseaba Crítica, el “pleito” conservador se definiría a principios de enero de 1940, a favor de Barceló. Pero ello suponía la no del todo cómoda tarea de considerar satisfactoria la candidatura del binomio Barceló-Míguez, como representantes de un espacio oficialista que se consideraba “democrático”, a pesar de la defensa que el propio candidato a vicegobernador haría de la gestión de Fresco, “tan injustamente atacado” y encargado, a juicio de Míguez, de haber “transformado la provincia y engrandecido la administración” (C, 30/01/1939, p. 7). Por otro lado, a medida que se acercaba la fecha eleccionaria, los cruces entre Fresco y el candidato a gobernador, Obdulio Siri, en relación con el hostigamiento policial a los militantes radicales en algunos lugares como Pehuajó, volvían a poner esta tensión en primer plano en el diario (C, 19/02/1940, p. 4).

Quizás previendo eso, debajo de la noticia de la proclamación de Barceló, se había presentado una humorada en referencia a los fuertes calores veraniegos, que permitía al diario –ya liberado de los intríngulis de la interna conservadora- volver a asociar al fresquismo con el fascismo, recordando la “marcha sobre Buenos Aires” que hiciera Fresco en 1935 en el marco de su campaña política (González Alemán, 2016).

EL PORTEÑO: ¡Esta es la única ocasión en que me gustaría que Fresco hiciese su marcha sobre Buenos Aires! C, 10/1/1940, p. 5. Colección digital Biblioteca Nacional.

Cuando finalmente llegó el día de la elección, Crítica tituló que los comicios bonaerenses se habían efectuado en “un ambiente de nerviosidad pero sin incidentes graves” (C, 25/02/1939, p. 1). En medio de las denuncias cruzadas de los partidos, el diario publicaría otra propaganda del gobierno bonaerense, bajo el título de “Examen de las finanzas de la Prov. de Buenos Aires en el gobierno del Dr. Manuel A. Fresco” realizado nada menos por el Dr. Mario Segre de la Universidad de Ciencias Económicas de Milán (C, 28/02/1939, pp.14-15). Que el responsable del informe fuera un judío antifascista expulsado por Mussolini no deja de llamar, por otro lado, la atención, complejizando aún más la imagen de la administración fresquista[18].

Finalmente pasados los días, y frente a la certificación del fraude realizado en la provincia, el presidente Ortiz intervendría la gestión del gobernador Fresco, bajo el cerrado aplauso de diario Crítica. El ciclo de gobierno concluido sería certificado por el diario con una entrevista a un Fresco al que se definía, ahora, como un hombre “amante de la vida hogareña y de las pequeñas comodidades domésticas”, aunque a lo largo de la entrevista se lo presentase como apasionado y resentido por la intervención (C, 09/03/1939, p. 6).  

Conclusión

Crítica está con la oposición pero no ataca al presidente Justo,

que es el enemigo mortal de la oposición.

 Crítica defiende a los antifascistas pero no ataca a la persona de Fresco,

 que es la avanzada del fascismo en la Argentina.

Ricardo Setaro La vida privada del periodismo (1936)

Resultan llamativas, y muy iluminadoras para el análisis, estas líneas de Ricardo Setaro (1936:71), él mismo periodista de Crítica, para definir la ambigüedad de la línea editorial seguida por Natalio Botana. Probablemente esas líneas fueron pensadas en un momento previo a la asunción de Fresco. Ya que, como hemos visto, por fuera de las fluctuaciones, en el mismo año que fue publicado el libro de Setaro, el periódico había sido particularmente fuerte en la definición que ligaba al gobernador electo por la provincia de Buenos Aires con el repudiado fascismo.

Más allá de eso, Setaro –ligado al comunismo- percibía la ideología de Botana, como inconsistente, al no ver desarrollada desde el periódico una línea que al menos desde la ortodoxia militante se necesitaba más “consecuente”. Setaro atribuiría esa cuestión a que a Botana lo que más le interesaba era aumentar el tiraje de venta y rendir a la vez, a sus redactores, a la “tiranía de la Oficina de Publicidad” (p. 72). Sin embargo, quedaría resolver porqué esa disposición comercial se había labrado desde una marcada apelación antifascista que en teoría podría haber reducido su capacidad de atracción comercial hacia otras esferas.

Es que, precisamente, esa característica de intereses múltiples, que la militancia de izquierda podía lamentar, no pareció de ninguna manera afectar la capacidad de influencia y volumen del periódico a la hora de decidir sus estrategias y, sobre todo, al momento de concentrarse en las batallas que decidía luchar. Las variables que Botana manejaba en relación a la conducción periodística (no sólo pensada en términos económicos), resultaban, así, indudablemente diferentes a las que estimulaban la “directa” militancia político-ideológica.

Esto, no significaba que el de Botana fuese un antifascismo “incompleto”, como podía verse desde la panorámica de algún militante o del “político profesional”, sino simplemente, uno alcanzado por reglas de juego diferentes. Sabemos bien, todos los antifascismos que pueden caber en el antifascismo.

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Recibido: 16/05/2025

Evaluado: 25/06/2025

Versión Final: 02/07/2025

páginas / año 17 – n° 45/ ISSN 1851-992X /2025                           


[1] Un ejemplo de este intento por desentrañar las características de un fascismo “pampeano” ante el que había que reaccionar se daría, por ejemplo, desde la revista socialista Claridad, con un artículo centrado el norte de Santa Fe, escrito por Juan Jorge Menéndez (1937).

[2] En la biografía del director de Crítica, Álvaro Abós (2013: 273) define a Barceló como “quizás uno de los hombres más cercanos a Natalio Botana”.

[3] Ese convencimiento se iría reproduciendo en cada instancia electoral que se organizara en el ámbito provincial, como la de las suplementarias de agosto de 1937, definidas como “una pantomima netamente fascista en la que ningún miembro del elenco gubernativo dejó de participar” en una “exhibición delictuosa del voto público como acaso si fuéramos ya una reproducción dolorosa de la Italia de Mussolini o de la Alemania nazista”. C, 31/08/1937, p. 3.

[4] De esta manera, Guillermo Korn declaraba que “el gobierno de Fresco en la provincia… representa el fascismo decantado y sin rebozos” (C, 21/04/1936, p. 3) Por un desarrollo de la construcción de la figura del “fascista criollo”, ver Bisso, 2007c.

[5] El dirigente comunista Luis Sommi (1938) describía a Fresco como la “particularidad argentina del fascismo, [el] peor enemigo del proletariado, de la causa de la democracia y de la liberación económica de nuestro país… el exponente, hoy por hoy, del fascismo ‘criollo’ y ni la farsa ni la mistificación podrán impedir que el pueblo argentino reconozca en él al peor enemigo de la democracia argentina”.

[6] Por ejemplo, ya en 1937, Crítica no podría dejar de sorprenderse por los dichos de Fresco en una entrevista dada a Los Principios de Córdoba, en los que se repudiaba abiertamente el voto secreto como “el voto del felón, del traidor” y al cuarto oscuro como el responsable de “la cobardía” y “la miseria moral”. Esto llevaba al diario a titular que Fresco tenía un “plan para destruir la ley Sáenz Peña” (C, 30 de marzo de 1937, p. 7).

[7] Sobre esta cuestión puede verse el apartado “El periódico Defensa Popular” (Setaro, 1936:150-153) donde se acompaña la idea de la campaña de descrédito de la policía bonaerense (“al servicio del gobierno  fascista Fresco (sic)”) contra dicho diario, a causa de su “defensa de los presos sociales y políticos”, su “lucha por la derogación de la monstruosa ley de residencia” y su auspicio de “un frente común de lucha en defensa de las libertades democráticas y de la ley Sáenz Peña”.

[8] “Cuál no sería la sorpresa de los periodistas cuando vieron bajar de los camiones muchachas bonitas, coquetas, alegres, luciendo las mejores prendas, lo mismo que los muchachos, lo que provocó bromas muy agudas de su parte y críticas burlonas a los represores”. Edelman (1996:28).

[9] Mostrando la repercusión que tuvo este suceso como atropello a las libertades públicas y denunciando la ambigüedad de La Nación en la condena de la actitud policíaca, referimos a Setaro (1936:31-32) quien repite la imagen expresada por Crítica acerca del “allanamiento injustificado de la quinta del ex diputado nacional Doctor Augusto Bunge” donde se “detiene a un centenar de personas entregadas al baile”. Setaro señala que frente a un “atropello (sin) precedentes”, el diario La Nación optó –en la cobertura del hecho- por dar “satisfacción a la opinión pública indignada, relatando la verdad de los hechos”, pero satisfaciendo “a la vez a sus lectores fascistas o fresquistas, dando a entender que efectivamente los reunidos eran comunistas” y “dejaba sobreentendido que profesar ideas comunistas es un delito. Pero lo callaba, no lo decía expresamente, para satisfacer también a aquellos que, no siendo comunistas, siguen siendo respetuosos de la libertad de pensamiento”.

[10] Así, recordando su infancia, en una familia situada en esos momentos “del otro lado” –específicamente en los “Legionarios Civiles”, el sociólogo José Luiz de Imaz escribiría que: “Yo aprendí a leer con la guerra civil, porque junto a mis libros de escuela deletreaba los grandes titulares de los diarios de la tarde –para nosotros ‘La Razón’, para otros ‘Crítica’- que durante esos años nos brindaron los nombres de pueblos y lugares de España” (1977:20).

[11] Es el caso, por ejemplo, de “Provocaron escándalo en un mitín leal, los fascistas en Bahía Blanca” (C, 20/02/1938, p. 4)

[12] Villa Ballester volvería al centro informativo, precisamente en la andanada informativa sobre la “penetración extranjera” que se daría en abril de 1938. Así, Crítica titularía –en referencia a la Bismarck Schule: “En un colegio de Villa Ballester se comprobó la infiltración nazi” (26/04/1938, p. 3).

[13] Crítica denunciaría la concurrencia, en ese distrito, de grupos fascistas uniformados a “los locales en que se vota dispuestos a entrar en acción en cualquier momento o, haciendo ostentación de armas de fuego” (C, 05/09/1937, p. 3). Incluso, aprovechando la interna conservadora, el periódico lograría que hasta un dirigente local de esa formación, el diputado Aquiles Guglialmelli, ratificara la identificación del gobernador con el fascismo de manera directa, al señalar que “Fresco se declara antidemocrático porque tiene un propósito: toda esta acción de Fresco, que es conocida y a la que se han referido los señores diputados Cisneros y Rozas, tiende a implantar el fascismo, no sólo en Buenos Aires sino en la República entera” (C, 01/10/1937, p. 6).

[14] Justo, además de ser amigo de Botana, se había encargado de garantizar su salida del país durante la represión ejercida por la dictadura de Uriburu y de mantener en pie –asumiendo él mismo la presidencia de la sociedad editora Crítica- la estructura del periódico clausurado por el gobierno de facto (aunque, ahora, bajo el nombre de Jornada). Ver Fraga (1993:232-233).

[15] Por esa misma época, circulaba una propaganda de la Unión Universitaria Argentina, que rezaba: “¡No pasarán! No pasarán el Riachuelo. NO entrarán en la Capital Federal (…) No podrán sancionar la legislación reaccionaria y fascista que preparan”. Noticias Gráficas, 25/03/1938, p. 9. Mayúsculas en el original.

[16] Esta campaña daría lugar a una serie de artículos de Ernesto Giúdici (director de Contrafascismo) bajo el título: “La verdad sobre la penetración nazifascista en la Patagonia”, publicados por Crítica desde el día 13 de marzo de 1939 y extendida durante los días siguientes.

[17] La relevancia que le dio Crítica a esta denuncia se demuestra en la nota realizada al mes siguiente, informando la creación en el Consejo Superior de la UNLP, de una Comisión de Investigación –presidida por el decano de la facultad de Derecho, Eduardo Giuffra- y dirigida a dictaminar sobre las actividades docentes de la profesora Lovera, a la que se sindicaba de usar con “crudeza y desenfado (…) el alto sitial para ir desviando las jóvenes conciencias de las niñas estudiantes” (C, 07/05/1939, p. 6). Crítica iría, incluso, más allá y denunciaría a la directora del Liceo, Juana Cortelezzi (declarada desde 2023 una de las “cinco sabias de la Universidad” platense) por “complicidad” con la “profesora nazi” al sostener que esta “dictaba su curso con objetividad histórica”. Cortelezzi venía de realizar estadías en Heidelberg y había sido una invitada especial a los Juegos Olímpicos de Berlín, lo que no dejaba de aumentar la verosimilitud de la denuncia a los ojos del diario de Botana, sobre todo porque la prestigiosa geóloga ya había tenido una incidencia previa con el diario local El Día en relación con cursos de idioma alemán que se dictaban en el colegio. Días después, Crítica titularía “se estaría probando que la profesora Lovera daba a su curso orientación fascista” (09/05/1939, p. 10). Cuando el Consejo votó que la profesora fuera suspendida por un año, a instancias de un proyecto de Emilio Ravignani, el hecho sería vivido como “un triunfo de CRÍTICA” y “una confirmación de la justeza de la campaña que tesoneramente ha venido sosteniendo CRÍTICA para denunciar la penetración nazi” (C, 20/05/1939, p. 3. Mayúsculas en el original). Al día siguiente, Cortelezzi, apodada por el diario como “la jefa de la Lovera”, renunciaría a la dirección del Liceo de la UNLP en protesta por el fallo.

[18] De hecho, desde su llegada a causa de la aplicación de las leyes raciales en Italia, Segre no ocultó su perfil ideológico. Como dice Marcelo Rougier (a quien agradezco especialmente por acercarme, ante mi pedido, su trabajo): “Al contrario de otros economistas coterráneos con perfil más académico, Segre se afincó en la ciudad capital y se integró al círculo de intelectuales socialistas. Participó de la fundación de Italia Libre, un semanario bilingüe que se editaba en la imprenta de La Vanguardia” (Rougier, 2020:130).