Crisis de las relaciones turco-árabes. La conexión Al Hasa-Basora (1913-1914)

Crisis de las relaciones turco-árabes. La conexión Al Hasa-Basora (1913-1914)

Crisis on the Turkish-Arab relations. The Al Hasa-Basra connection (1913-1914)

Departamento de Ciencias Sociales,

Universidad Nacional de Quilmes (Argentina)

robertorodriguezfloresrf@gmail.com

https://orcid.org/0009-0009-2809-5295

 

Resumen

El retroceso de la autoridad de la Sublime Porte sobre sus territorios árabes es un proceso que suele rastrearse a la suerte de catalizador que supuso la entrada otomana en la Primera Guerra Mundial. Excepcionalmente, se ha advertido el rol de distintos movimientos previos, tratados como aislados e inconexos. Asimismo, pocos trabajos han hecho de los mismos su objeto central. De esta forma, han pasado desapercibidas ciertas conexiones entre los distintos procesos que socavaron la presencia -al menos directa- de Estambul en los territorios árabes nominalmente sujetos a su gobierno.

Este trabajo abordará justamente la conexión entre dos procesos cuyo tratamiento académico es representativo de lo dicho: la conquista saudita de Al Hasa y los disturbios de Basora de 1913-1914. Durante los mismos, que coincidieron temporal y espacialmente (dentro de los límites políticos del Valiato de Basora) élites locales amasaron un considerable poder a costa de la Sublime Porte. Además, ambos se vieron marcados por la decisiva intervención de Talib bin Rajab al Naqib, una figura clave en la historia contemporánea iraquí.

Palabras clave: Imperio otomano; Imperio británico; arabismo; nacionalismo árabe; Primera Guerra Mundial; Talib al Naqib; Ibn Saud.

Abstract

The decline of the authority of the Sublime Porte over its Arab territories is a process that is usually traced to the sort of catalyst that the Ottoman entry into the First World War represented. Exceptionally, the role of different previous movements, treated as isolated and unconnected, has been noted. Likewise, few works have made them their central object. Thus, certain connections between the different processes that undermined the presence - at least directly - of Istanbul in the Arab territories nominally subject to its rule have gone unnoticed.

This paper will precisely address the connection between two processes whose academic treatment is representative of the above: the Saudi conquest of Al Hasa and the Basra riots of 1913-1914. During them, which coincided temporally and spatially (within the political boundaries of the Basra Valirate) local elites amassed considerable power at the expense of the Sublime Porte. Moreover, both were marked by the decisive intervention of Talib bin Rajab al Naqib, a key figure in contemporary Iraqi history.

Keywords: Ottoman Empire; British Empire; Arabism; Arab nationalism; First World War; Talib al Naqib; Ibn Saud.

Durante su Segunda Era Constitucional, el Imperio otomano se sumergió en profundas crisis y transformaciones. Entre estas últimas, las que afectaron a las relaciones turco-árabes fueron especialmente importantes, sobre todo después de que a la Sublime Porte le fuera arrebatado el control de la mayor parte de sus territorios europeos. Los cambios en cuestión fueron abordados tanto por separado, de manera aislada y especializada (Tauber, 1989; Goldberg, 1982), como en conjunto, mediante su puesta en relación con o sin intenciones teóricas de por medio (Tauber, 1993; Kayalı, 1997). Asimismo, estos últimos abordajes se nutrieron especialmente del concepto de arabismo, popularizado por la fundacional obra revisionista de Ernest Dawn (1973) y empleado para distinguir al movimiento reformista árabe de su contemporáneo y predominante otomanismo. Sin embargo, Dawn señaló precisamente que ambas corrientes estaban lejos de ser mutuamente excluyentes. De hecho, una de sus principales hipótesis es que, antes de la Primera Guerra Mundial, solo una minoría arabista podía considerarse secesionista. Desde entonces, nuevos abordajes han echado luz acerca de las distintas organizaciones, generalmente de base urbana, que compusieron el denominado movimiento reformista árabe, y sobre las muy diversas reivindicaciones que las diferenciaron.

El impacto del arabismo en la península Arábiga suele reducirse a la Revuelta árabe de 1916, y a los contactos de los hachemíes del Hiyaz con los nacionalistas sirios. Este trabajo sugiere una penetración más temprana, pero también más sutil, del arabismo en esa región; una que vinculó a Basora con el Nejd, pasando por Al Hasa. La Sociedad Reformista de Basora (Jam'iyyat al-Islah al-Basriyya o Jam'iyyat al Basra al-Islabiyya), activa entre 1913 y 1914, ha sido objeto de varios estudios especializados; muchos de estos enfocados en su líder, Talib bin Rajab al Naqib (Tauber, 1989; Haddad, 1991; Schlaepfer, 2021). Mientras la Sociedad sacudía Basora, fuerzas del Emirato de Riad bajo el mando de Abdulaziz bin Abdulrahman al Saud atacaron y expulsaron a la guarnición otomana del Sanjacado del Nejd. La invasión de Al Hasa, como se conocía al territorio del Sanjacado del Nejd, ha sido escasas veces abordada de manera especializada (Goldberg, 1982; Rodriguez Flores, 2023), y varias en calidad de ascenso del poder saudita en la región (Goldberg, 1986; Troeller, 1976; Vassiliev, 2000). Los sucesos de Al Hasa y de Basora, sostenemos, no sólo fueron contemporáneos, sino que también compartieron elementos comunes y estuvieron estrechamente vinculados.

Ambos procesos constituyeron esencialmente intentos de poderes locales de afirmarse frente a presiones centralizadoras (Basora), o bien frente a la presencia directa del gobierno central como un todo (Al Hasa). Para probarlo, atenderemos fundamentalmente tanto a las reivindicaciones árabes como a la dinámica de las negociaciones con Estambul. Además, analizaremos un controversial aspecto de la política de Talib y los saudíes: sus llamados a la intervención extranjera. Mientras que los vínculos entre árabes y británicos han tendido a ser asociados a ambiciones separatistas, nosotros proponemos una hipótesis alternativa, cuya utilidad no se agota en los casos en cuestión. Aquí sugerimos que, independientemente de sus ambiciones originales, los árabes instrumentaron sus contactos con los británicos como un medio de presión en sus propias negociaciones con Estambul. Por otro lado, sostenemos que estas similitudes pueden explicarse por los numerosos y sólo superficialmente advertidos vínculos que existieron entre Talib y Abdulaziz, a los cuales hallamos dispersamente cubiertos en las ricas fuentes británicas, producidas principalmente por el entonces cónsul británico en Basora, F. E. Crow, y por los agentes subordinados a la Residencia Política en el golfo Pérsico.

Este trabajo se encuentra dividido en dos partes. La primera describirá el devenir sociopolítico de los escenarios en cuestión (Basora y Al Hasa), principalmente (y de allí ciertos límites), con el objetivo de dar cuenta de las condiciones en las cuales los actores en cuestión intervinieron. Para ello, nos situamos laxamente en las últimas décadas del siglo XIX y recuperamos hechos de importancia. La segunda parte, mucho más precisa en términos temporales, aplica una escala temporal mucho menor y más precisa, equivalente al corto período entre el golpe de Estado que llevó nuevamente al poder al Comité de Unión y Progreso en enero de 1913, y la entrada otomana a la Primera Guerra Mundial. Los episodios de conflicto en cuestión son aquí abordados en detalle. La tercera parte, como aproximación conclusiva, estará dedicada a cubrir y explicitar sus similitudes y, más importante, sus conexiones.

Estructuras sociopolíticas heterogéneas: gobierno, notables y tribus

Debemos empezar situándonos políticamente en el Valiato[1] de Basora, cuyas relaciones con la Sublime Porte estaban fuertemente marcadas por la distancia. “Incluso desde Bagdad alguien equivocado debería volver” reza un viejo proverbio turco, aludiendo a la remotidad de este centro iraquí. Basora estaba todavía más lejos y conjugaba, simultánea y trágicamente, una tremenda importancia estratégica y una débil presencia del gobierno central. Por un lado, albergaba el principal puerto otomano hacia el golfo Pérsico, donde, para recelo de Estambul, el Imperio británico ostentaba una fuerte y creciente influencia. Por otro, la Sublime Porte sólo pudo establecer y mantener una presencia directa (burocrática y/o militar) en las áreas geográficas y administrativas “prioritarias” de Basora. En consecuencia, sostienen varios autores, distintas fuerzas “no-gubernamentales” ejercían una considerable influencia (Visser, 2005, p. 18).

Gökhan Çetinsaya (2017) ha ilustrado claramente la importancia de los notables en la política de Irak entre 1890 y 1908. Entre estos actores, los Naqib de Basora, un linaje ashraf[2], representan todo un paradigma. Primero, porque reclamaban descendencia del profeta Muhammad y, en su calidad de naqib-al-ashraf (de la cual derivaba su nisbah[3]), se encargaban de preservar la nobleza de su linaje, registrando las muertes y los matrimonios entre sus descendientes. Segundo, en tanto habían amasado considerables riquezas gracias a la Ley de Tierras otomana de 1858. No es extraño que hacia esa época devinieran en aliados de la Sublime Porte y, particularmente, del principal responsable de la aplicación de la Ley de Tierras en Irak, el pachá Midhat (Schlaepfer, 2021, p. 237-239).

Midhat, quien se convertiría más tarde en valí de Bagdad, trajo consigo a la fuerza reformadora del Tanzimat a la región, fortaleciendo la presencia de la Sublime Porte e impulsando profundos cambios socioeconómicos. Por eso, cuando los saudíes, vasallos nominales de los otomanos, se sumergieron en violentas luchas internas en la década de 1870, el valí de Bagdad les arrebató militarmente el control de Al Hasa. La anexión se concibió fundamentalmente para prevenir una posible intromisión británica en la periferia de Irak. Estambul temía que Londres, cuya creciente presencia en el golfo Pérsico recelaba, aprovechara el conflicto en ciernes para expandir su influencia (Anscombe, 2009, p. 263). Al Hasa se convirtió entonces en el Sanjacado del Nejd, subordinado primero al Valiato de Bagdad y, después, al Valiato de Basora (escindido del anterior en 1875) (Çetinsaya, 2017, p. 15).

Talib bin Rajab al Naqib, haciendo honor a la trayectoria de su familia, no tardó en capitalizar la expansión política de Basora, asumiendo en 1902 el puesto de mutasarife del Nejd. Su nombramiento suele relacionarse al apoyo de poderosas personalidades en la capital (como un tal Abu al Huda) y en el entorno árabe, como el jeque de Kuwait, Mubarak bin Sabah al Sabah, y el jeque de Arabistán[4], Khazal bin Jabir al Kabi (Tauber, 1989, p. 4).[5] No obstante, el contexto sociopolítico regional y la posición particular de su familia en el mismo podrían haber sido más importantes. A lo largo de los primeros años del siglo XX, los Naqib de Basora se habían involucrado como mediadores en varios conflictos entre sus vecinos de la península Arábiga y la Sublime Porte.

Luego de que en 1896 Mubarak bin Sabah al Sabah se convirtiera en jeque de Kuwait mediante el asesinato de su hermano, la conflictividad regional se había disparado. Al igual que Al Hasa, Kuwait se incorporó al Valiato de Basora en 1871, en calidad de kaza[6] y por medio de un acuerdo que investiría con el título de kaimakam[7] a sus jeques. No obstante, Mubarak concluyó en 1899 un acuerdo con los británicos que hizo al primero un protegido de facto de los segundos. A su vez, el flamante jeque aprovechó esa posición para saldar cuentas con los rashidíes, gobernantes del Emirato de Hail e importantes aliados del gobierno otomano, sin temer represalias de esta última (Anscombe, 2009, pp. 269-271; Çiçek, 2017). Mubarak recurrió también a los saudíes, exiliados en Kuwait desde su expulsión del interior del Nejd a manos de los rashidíes. Gracias al apoyo kuwaití, en 1902 Abdulaziz bin Abdelramán al Saud, sobre quien volveremos después, arrebató a Hail el control de la estratégica ciudad de Riad, en la que fundó un nuevo emirato. Aunque la Sublime Porte consideraba súbditos suyos tanto a los rashidíes como a los saudíes y kuwaitíes, su capacidad para coaccionarlos era claramente limitada. Los conflictos tenían lugar más allá de Basora, donde llegaba su presencia efectiva, y el factor británico constituía otra limitación en el caso de Kuwait. Por eso, Estambul recurrió constantemente a la mediación de los Naqib, y a sus amplias conexiones en la península Arábiga (Çetinsaya, 2017, pp. 20-21).

Talib se convirtió entonces en mutasarife de una Al Hasa completamente rodeada por territorios en los cuales el gobierno otomano carecía de presencia efectiva, en donde sus intereses habían sido representados en numerosas ocasiones por los Naqib (Rodriguez Flores, 2023, p. 206). Su nombramiento llegó también en un momento en el que la fama mediadora de los Naqib sería especialmente valorada por la Sublime Porte. El conflicto saudí-rashidí había recrudecido, y las fuentes otomanas indican que en Estambul se consideraba que nominar a Talib mutasarife del vecino sanjacado podría contribuir a aplacar los ánimos de los kuwaitíes (aliados de los saudíes) y lograr una desescalada (Çetinsaya, 2017, p. 20; Çiçek, 2017, p. 121).

Todavía, la principal fuente de problemas del Sanjacado del Nejd no eran sus belicosos vecinos, sino más bien la limitada presencia militar otomana, agravada por su virtual aislamiento terrestre, y de la cual resultaban fuertes brotes de inseguridad. Hacia 1913, las tribus Ajman (35.000 miembros), Bani Khalid (10.000 miembros) y Al Murra (7.000 miembros), asaltaban continuamente las rutas entre Uqair y Hofuf y entre Hofuf y Riad; “the state of the former route was indeed one of chronic insecurity”, apreciaban los británicos.[8]

Ante tal problema, y con escasos recursos, los mutasarifes del Nejd podían implementar complejas estrategias de asociación con los actores locales, “to play groups off one another”.[9] Talib encontró la forma de dar una respuesta más ortodoxa al problema de la inseguridad: avivar las preocupaciones otomanas acerca de la injerencia británica en la región (Anscombe, 1997, p. 151). Así lo prueba un memorándum por él emitido respecto a la situación en el sanjacado, en el que advertía que los británicos se interesaban crecientemente en los territorios árabes del golfo Pérsico, y que toda la región terminaría bajo protección británica si Estambul no reaccionaba (Goldberg, 1986, p. 55). Pronto, la guarnición “was increased by 500 infantry, 200 cavalry and 4 light guns”, y Talib dio duros golpes a los grupos asaltantes.[10] Que la hipotética presencia de Londres determinara la reacción de la Sublime Porte, y no los padecimientos de la población local, da cuenta de uno de los más serios defectos de su gobierno en la región.

Con todo, reducir el gobierno del sayyid a su aplacamiento del bandidismo beduino sería excesivamente generoso. Al igual que la inseguridad, desmedidas exacciones, legales como ilegales, eran otra consecuencia de la limitada capacidad de Estambul para controlar los acontecimientos en Al Hasa, y otro gran padecimiento de su población. Talib, apreciaban los británicos, “showed considerable energy in dealing with tribal disorders; but his illegal exactions were boundless, and culminated, early in 1903, in his plundering the house of Haji Mansur”. Haji Mansur, administrador de las propiedades sanniyah[11] en Qatif y “probably the richest merchant in the whole province”, fue acusado de actividades sediciosas y de ser un agente de Londres por el mutasarife, quien aparentemente buscaba chantajearlo (Tauber, 1989, p. 4).[12] De nuevo, Talib recurría al “fantasma” británico para fortalecer su posición. Luego de que Mansur huyera a Basora, el mutasarife hizo allanar su residencia, de la cual extrajo enormes riquezas, y arrestó a su hermano, Abdul Hussein al Juma (Ahmad en otras fuentes). Pese a su enorme poder económico, Haji Mansur era chiita (como la mayor parte de la población de Al Hasa), lo que contribuiría a explicar la escasa intervención institucional a su favor.[13] Sin embargo, el descontento local contra el mutasarife creció tanto después de esta expoliación que el mutasarife fue relevado de su cargo y obligado a retornar a Basora.[14]

Aunque su papel fuera bastante cuestionable, Talib se las arregló para continuar escalando posiciones en la política otomana. El revolucionario cambio de régimen posterior a 1908 no lo obstaculizaría: en 1909, el sayyid sería electo diputado por Basora.[15] Ya para 1910, se había convertido en el gobernante de facto del valiato. En efecto, el sayyid se las ingeniaba para remover a los valíes que pudieran opacarlo, circulaba escoltado por una considerable guardia armada, tenía los periódicos locales bajo su control, extorsionaba a los ricos y distribuía generosamente entre los pobres (Tauber, 1989, pp. 4-5). Incluso los vecinos jeques de Kuwait y Arabistán, y el emir de Riad estaban sujetos las exacciones de Talib para la protección de sus posesiones en Basora.[16] Talib, sentenciaba un reporte británico que reseñaba su reelección como diputado en 1912, “is said to be, to-day, the most influential man in the Basrah Vilayet”.[17] 

Entretanto, el Sanjacado del Nejd sería gobernado por sucesivos mutasarifes de escaso renombre, y sufriría drásticas reducciones de su guarnición militar, especialmente como consecuencia de la Guerra de Libia y de las Guerras de los Balcanes. Antes de las mismas, el espía y diplomático alemán Wilhelm Wassmuss sostenía, Al Hasa y Qatif sumaban la presencia de aproximadamente ocho mil soldados. Luego, este número habría llegado a tan solo unos setecientos.[18] En ese contexto, no es de extrañar que la inseguridad hubiera tenido un brote tan pronunciado. Para peor fortuna de los otomanos, los saudíes, de ambiciones bien conocidas sobre Al Hasa, asistían a un período de ascenso.

Si bien los rashidíes eran considerados socios estratégicos de la Sublime Porte en el Nejd, los saudíes (enemigos de los primeros) eran también considerados súbditos otomanos, y varios de sus miembros recibían subsidios gubernamentales.[19] Así era como Estambul procuraba resguardar la paz entre las tribus del Nejd vinculadas a los saudíes y mantener a los propios rashidíes a raya (Çiçek, 2017, pp. 116-117). Abdulaziz bin Abdelramán al Saud, quien había arrebatado a los rashidíes el control de Riad y se había convertido en su emir, infligió nuevas y devastadoras derrotas a estos últimos, que le permitieron hacerse, en 1906, con el control total de Casim; pero también evitó cuidadosamente provocar a la Sublime Porte, cuya intervención militar temía y de cuyos subsidios dependía. Para ello, el emir saudita llegó a limitar sus ataques contra los rashidíes, y hasta a entregar pacíficamente Casim a una fuerza expedicionaria otomana que la ocupó entre 1905 y 1906. De esta forma, Abdulaziz pudo continuar recibiendo subsidios de Estambul, que lo reconoció como su kaimakam en el Kaza del Sur del Nejd (que incluía Al Washm y Sudair, y tenía a Riad como centro), subordinado formalmente al Valiato de Basora, pero de facto autónomo.[20]

Abdulaziz dio un fuerte impulso a la incorporación de Al Hasa a su jefatura en agosto de 1905, cuando la visitó para tratar los feudos entre el jeque de Catar, y las tribus Al-Murra, Ajman y Bani Hajir. Allí, el emir reunió a los jeques tribales, impuso reconciliaciones, y castigó a algunos beduinos con mutilaciones y ejecuciones, tratando a las tribus como súbditas suyas. Asimismo, Abdulaziz nombró a tres jeques para que atendieran las quejas de los habitantes de Al Hasa, a los cuales convocó “and issued bills on them”. Según un testigo, los soldados otomanos presentes obedecían las ordenes del emir. Pese a que este último era considerado un súbdito del sultán, que afirmaba actuar en nombre de la ley y el orden, y que dispensó buen trato a los representantes de Estambul presentes, la situación habría resultado bastante embarazosa para los funcionarios gubernamentales.[21]

El panorama sociopolítico del Valiato de Basora era fuertemente heterogéneo y dinámico: notables, jefes tribales y funcionarios de un gobierno central con una presencia bastante limitada pujaban continuamente hacia una continua redefinición de sus muy distintas jurisdicciones. Por otro lado, la presencia británica y los recelos de Estambul respecto la misma, elementos tan ilustrativos de la llamada Era del Imperialismo, eran claramente considerados por todos los actores en cuestión, pero no necesariamente determinaban su política.

Entre cambios y continuidades. Reacciones al golpe del Comité de Unión y Progreso en la periferia árabe del imperio

Para Feroz Ahmad (1993, p. 125), el impacto del régimen constitucional otomano inaugurado en 1908, “is almost comparable to that of the revolutionary governments in France after 1798”. Al mismo tiempo, el autor resalta las pérdidas territoriales sufridas por la Sublime Porte como el cambio más dramático de aquellos años, cuya significancia “is difficult to exaggerate”. Ni siquiera la pérdida de Libia, un territorio que generaba a Estambul más gastos que beneficios económicos, puede ser subestimada, dado el fuerte desencanto que despertó entre una población árabe de creciente importancia (Ahmad, 1969, p. 153). En general, las derrotas militares y diplomáticas fuerzan a la sociedad derrotada a analizar sus fortalezas y debilidades, a hacer mejor uso de sus recursos y a remover los defectos de su estructura social; la reforma se pone a la orden del día. Tal era el panorama hacia el 23 de enero de 1913, cuando la derrota otomana en la Primera Guerra de los Balcanes se hizo evidente y el Comité de Unión y Progreso retomó las riendas del poder mediante un golpe de Estado; sólo entonces, “could they implement a program of reform and reorganization” (Ahmad, 1993, p. 127-128). Ahora bien, los unionistas no fueron los únicos que encontraron el panorama propicio para pujar por las reformas que consideraban necesarias para salvar al imperio.

De acuerdo con los reportes británicos contemporáneos, los iraquíes reaccionaron con frialdad e indiferencia a las apasionadas apelaciones de los periódicos del CUP. Apenas tres días después del golpe, numerosos notables se congregaron en la casa del sayyid Talib al Naqib, en Basora, y resolvieron dejar a la región fuera de la terna entre el CUP y sus principales opositores, colectivamente denominados “liberales”.[22] En consecuencia, los clubes unionistas y liberales fueron clausurados, y el 28 de febrero se fundó la Sociedad Reformista de Basora (Tauber, 1989, p. 4). Al igual que la organización homónima establecida antes en Beirut, esta exigió la conformación de un Consejo General, en el que los notables se nuclearían para discutir las necesidades del valiato. Además, la Sociedad denunció una tremenda miseria entre los habitantes de Basora, y demandó que se retuviera una porción de los ingresos provinciales para su reinversión en el bienestar de los locales.[23] La descentralización, política pero también económica, era claramente demandada.

La respuesta inicial del gobierno fue tibiamente conciliadora. Las reformas propuestas por la Ley de Valiatos, publicada en marzo, decepcionaron a Talib y sus seguidores. Si bien esta constituyó un Consejo General electivo, había reservado gran parte del poder no a este, sino al valí, que podía declarar la Ley Marcial, comandar las fuerzas militares, cancelar reuniones del Consejo General o incluso solicitar su disolución. La medida era ciertamente descentralizante (fortaleciendo a una autoridad provincial, el valí), especialmente para lo que se esperaría del supuestamente centralista CUP, no descentralizaba en los términos que la Sociedad esperaba (en favor de los notables, representados en el Consejo General). Las quejas al respecto no tardarían en llegar tanto a las autoridades locales como al gobierno central. [24] Por otro lado, el 23 de abril, un grupo de notables protestó ante el valí, acusando a la gendarmería local “of dereliction of duty and abuse of power, and a lamentable insecurity now prevailing […] was attributed to their bad conduct”. Para el cónsul británico en Bagdad, el verdadero pecado de estos oficiales “seems to have lain in their political opinions”.[25] Su remoción fue demandada por los notables, que amenazaron también con acometerla ellos mismos violentamente (Tauber, 1989, p. 9).

Un segundo foco de oposición al CUP, aparentemente inconexo, se abrió en el Sanjacado del Nejd, que el 5 de mayo fue atacado por un ejército comandado por el emir de Riad, que desalojó a la guarnición otomana presente. Abdulaziz capitalizó tanto la débil presencia militar otomana en el sanjacado, resultante de las sucesivas reducciones de su guarnición, como el descontento de sus habitantes, hastiados de la inseguridad (Rodriguez Flores, 2023, p. 210). Aun más, el emir tenía motivos particulares para aprovechar la ocasión. Al Hasa había pertenecido a sus ancestros, antes de que los otomanos se la arrebataran, y sus ricos puertos podían ser aprovechados por el Emirato de Riad, cuya situación económica era “gloomy in the extreme” (Philby, 1955, pp. 265-266). En adición, algunos autores sugieren que Abdulaziz avanzó contra el sanjacado para irrumpir en la esfera de influencia de Londres (el golfo Pérsico), con el objetivo de volverse su protegido (Goldberg, 1982). En efecto, el emir había mantenido contactos con un agente británico antes y después de la invasión.[26] Empero, Abdulaziz contactó inmediatamente a las autoridades otomanas en Basora, por medio de nada menos que Talib, declarándose como un leal sirviente de la Sublime Porte. En ese sentido, presentó sus acciones como una respuesta a la mala administración de Al Hasa por sus corruptas autoridades locales (a las cuales destacó haber dispensado un buen trato) y a los consecuentes pedidos de intervención de su población. Asimismo, aseguraba que esta última ya se encontraba bajo su autoridad, siendo la invasión “merely a return to the normal condition of affairs which had previously existed there”. Por último, proponía convertirse en valí, para mantener el orden en la región en nombre de Estambul (Rodriguez Flores, 2023, p. 211). Esta propuesta representaba no sólo un considerable aumento del rango gubernamental de Abdulaziz (de kaimakam a valí, dos niveles), sino también del territorio en cuestión (de sanjacado a valiato, un nivel).

La respuesta del CUP se tornó esencialmente coercitiva. La presencia militar en Basora fue incrementada y se reemplazó al comandante militar y al valí. Asimismo, los unionistas entablaron contacto con enemigos locales de Talib para elinarlo.  Ajeymi bin Sadun, jeque de la poderosa confederación tribal Muntafiq y enemigo personal del sayyid, pronto se puso a disposición, y amenazó públicamente a Talib, denunciándolo por incitar los disturbios de Basora y Al Hasa. Aun más, Ajeymi hizo un llamamiento a los rashidiíes de Jabal Shammar, rivales de los saudíes en el Nejd, para “break the backbone of the enemies of the State […], and to deliver Hassa out of the hands of the rebels”.[27] Cuando el sayyid protestó la presencia armada de Ajeymi en las afueras de Basora, encontró al nuevo valí, “unwilling or unable to drive away the unwelcome visitor”.[28] A su vez, el 26 de mayo se ensayó una recaptura militar de Al Hasa, con una invasión naval desde Bahréin. Ambas empresas terminaron en rotundos fracasos. El intento de asesinar a Talib terminó con la confusa muerte del flamante comandante militar de Basora. El caos llevó al nuevo valí a exigir la desmovilización de Ajeymi, quien se vió obligado a anunciar públicamente las paces con el sayyid (Tauber, 1989, p. 13).[29] Futuros intentos de asesinato contra Talib serían igualmente infructuosos y mucho menos espectaculares.[30] El intento de recuperar Al Hasa no corrió con mejor suerte, y las fuerzas saudíes derrotaron y expulsaron fácilmente a la partida otomana.[31]

En ese contexto, los adversarios del gobierno central se radicalizaron. Por su parte, la Sociedad exigió el 22 de agosto que el Consejo General tuviera jurisdicción total sobre los asuntos administrativos internos del valiato, reservando para la Sublime Porte el control de las áreas estratégicas de política exterior, legislación, seguridad, impuestos, correo y telégrafo. Para el valí, quien debía ser un iraquí, se sugería un mero rol de ejecutor de las decisiones de Estambul y del Consejo General, pudiendo este último votar su deposición. Otras demandas, como el uso del idioma árabe en los asuntos administrativos y educativos locales, eran claros ecos del arabismo de la época.[32]  Varias proclamas inflamatorias se sucedieron a fines de agosto, acusando al CUP de hereje, usurpador del califato y turquificador, y responsabilizándolo de las más recientes pérdidas territoriales otomanas (Haddad, 1991, p. 135). Estas también saludaban a otras organizaciones árabes, y convocaban a los soldados iraquíes a presionar al gobierno. [33] Abdulaziz hizo lo propio en sus negociaciones con la Sublime Porte, mostrándose intransigente contra las pretensiones gubernamentales de restituir la guarnición desalojada de Al Hasa.[34]

Entretanto, el sayyid y el emir saudita entraron en controversiales contactos con los agentes británicos en la región. Talib sondeó el apoyo de estos a la causa de la descentralización árabe, pero no encontró ninguna simpatía en Londres, donde se lo consideraba un “slippery customer” (Kayalı, 1997, p. 130). Y el emir fue más allá, solicitando a los británicos desde mediación en su terna con Estambul, hasta la concreción de un tratado de protección. Abdulaziz llegó incluso a amenazar a los jeques de Catar y de la Tregua, otros protegidos de Londres en la región, para obligar a los británicos a tomar en cuenta sus solicitudes, pero sólo obtuvo respuestas negativas de estos. Con todo, el emir y Talib continuaron protestando su lealtad a la Sublime Porte (Rodriguez Flores, p. 2023, 209; 212).

Esta nueva realidad demandó replanteos al CUP. Su política sería entonces de “palo y zanahoria”, combinando presiones coercitivas con concesiones. Importantes proyectos reformistas fueron comunicados al valí de Bagdad en agosto -que coincidió con el ramadán del calendario islámico- por el ministro del Interior, el pachá Talaat. Estos estaban muy en sintonía con las demandadas por la Sociedad y otras organizaciones arabistas.[35] Ante la continuidad de la intransigencia de la Sociedad, el pachá y ministro de Guerra, Enver, ordenó el arresto de Talib. Cuando el comandante militar Izzat al Kirkukli, cercano al sayyid, declaró su incapacidad de acometer el arresto (probablemente sin mentir), Talaat lo degradó y ordenó su remoción, junto a la del valí de Basora, y anunció castigos para todos los oficiales que hubieren simpatizado con Talib (Tauber, 1989, p. 17). [36]

Talib comenzaba a verse acorralado. Su influencia sobre las tribus era demasiado laxa como para contrarrestarlo. Intentó compensarlo invitando a los principales gobernantes árabes -los emires saudí y rashidí, el jerife y emir de Meca y Ajeymi, entre otros- a una conferencia, pero las rivalidades entre estos hacían muy poco probable su concreción.[37] Las elecciones parlamentarias de principios de 1914 tendrían al sayyid como claro vencedor en Basora, pero concurrir al parlamento en Estambul resultaba tremendamente inseguro, inclinándolo a resignar el cargo.[38] Finalmente, decidió negociar, solicitando a los pachás Enver y Talaat que suspendieran los castigos contra los militares iraquíes, y que se comprometieran a conceder las reformas reclamadas por la Sociedad. . Por su parte, los ministros solicitaron al sayyid que recolectara fondos para la Armada otomana y, más importante, que mediara entre el emir saudita y la Sublime Porte (Tauber, 1989, p. 17). Talib se apresuró a donar y recaudar el dinero necesario, y Enver ordenó a los valíes de Bagdad y Basora que consultaran con el primero todo lo que hicieran. En adición, el 31 de enero de 1914 anunció públicamente que sus diferencias y malentendidos con el CUP estaban terminados, y que trabajarían juntos para promover la felicidad y la unidad. El arreglo representó, como apreció el cónsul británico en Basora, el fin del movimiento árabe mesopotámico.[39]

Ahora restaba Al Hasa, donde los unionistas procedieron similarmente. Un lote de rifles y munición fue enviado en abril por el CUP a los rashidíes de Jabal Shammar, los históricos enemigos de los saudíes. Al mismo tiempo, Estambul presionó a Londres para que se apartara definitiva y explícitamente de la terna con Abdulaziz, aislándolo. Las negociaciones, que ya contaban con la mediación de Talib, se destrabaron y concluyeron el 29 de mayo. El consecuente tratado estipuló, entre otras cosas, que el Sanjacado del Nejd pasaría a ser el Valiato del Nejd, cuyo valí sería Abdulaziz (Art. 1 y 2); se desplegaría en puertos como Qatif y Ojair una cantidad de soldados y gendarmes “as deemed fit by the aforementioned [Abdulaziz]” (Art. 4); y que el saudita no tendría permitido “to interfere with or correspond about foreign affairs and international treaties, or to grant concessions to foreigners” (Art. 9). De esta forma, la Sublime Porte pacificaba sus remotos dominios, y otro poderoso notable local acrecentaba su poder y consolidaba su autonomía. Para cerrar con broche de oro, Talib recibió un telegrama del sultán, quien lo felicitó por su mediación, y al menos sesenta mil rupias de Abdulaziz, posiblemente en el mismo concepto (Rodriguez Flores, 2023, 214-215).[40]

Allende la frontera: los vínculos entre Talib y los saudíes

Podemos advertir claras similitudes en los procesos abordados, y conexiones que contribuyen a explicarlas. Talib tenía claros vínculos con Al Hasa, sobre la que gobernó un corto pero intenso período; una clara manifestación de los subestimados nexos entre la periférica Basora y su respectivamente periférico Sanjacado del Nejd. Era una relación dialéctica. Mientras que Al Hasa había tenido más de un gobernante proveniente de Basora (llamativamente, un jeque de los Muntafiq y un notable), los acontecimientos en la primera, como los de la más vasta y homónima región del Nejd, determinaban los nombramientos de autoridades para el Valiato de Basora (Longrigg, 1968, p. 16; Çetinsaya, 2017, p. 149). Recordemos que el ascenso de los Naqib tuvo mucho que ver con su mediación en conflictos regionales.

Gracias a ello, las conexiones de Talib en el Nejd eran amplias. Allí se encontraba la base de poder del emir saudita, con quien el sayyid compartía aliados, como los jeques de Kuwait y Arabistán. Al igual que estos últimos, Abdulaziz pagaba a Talib impuestos de protección. Ajeymi bin Sadun no tardó en relacionar estos vínculos con la simultaneidad de los acontecimientos de Basora y Al Hasa. Luego de analizar varios reportes que llegaron a sus manos, William Shakespear, el capitán y agente político británico en Kuwait, también concluiría que el sayyid parecía ser “regarded as ‘deus ex machina’ or solver of all local ills in Arabia and Mesopotamia”.[41] Que el emir saudita rápidamente recurriera a la mediación de Talib y acordara bajo sus auspicios con Estambul les da a Ajeymi y a Shakespear una buena cuota de crédito. Por lo general, los investigadores han relacionado la mediación del sayyid entre Estambul y Riad únicamente con los pedidos de los pachás Talat y Enver, desestimando o ignorando los propios contactos entre los árabes (Tauber, 1989, p. 18; Kayalı, 1997, p. 130). Abdulaziz y Talib también compartían enemigos. Ajeymi, el viejo rival de Talib, no tardó en invocar el apoyo de los rashidíes, y Abdulaziz reciprocó haciéndoles saber a ambos “that he is no longer their friend, and that he will take hostile measures against them”.[42]

Abdul Hussein al Juma, que se contaba entre los más ricos mercaderes y más importantes notables chiíes de Al Hasa, fue otra víctima de esta alianza. Durante los primeros días de ocupación saudita en Qatif, Abdul Hussein envió cartas a las autoridades otomanas en Irak y al agente político británico en Bahréin, llamándolos a acudir en rescate de los chiíes de Al Hasa. Cuando Abdulaziz tomó conocimiento de estas comunicaciones en 1914, ordenó la ejecución del primero, y confiscó sus considerables bienes y los de su familia (Steinberg, 2001, p. 245).[43] La disputa tenía un trasfondo religioso innegable, pero también económico: en sus solicitudes a los británicos, Abdul Hussein había reprochado las exacciones del nuevo soberano de Qatif, de las cuales se encontraba entre las principales víctimas.[44] Según informó a los británicos el poderoso mercader bahreiní Yusuf bin Ahmed Kanoo, las cartas habrían llegado a manos del emir por medio de nada menos que Talib. Esto sería confirmado por el medico misionero estadounidense Paul Harrison, quien se encontraba en el cercano Bahréin.[45] Kanoo advertiría también rumores de que Abdulaziz habría escrito al sayyid informándole “that he did his duty about Abdul Hussein bin Juma and that now he should do the same with Abdul Hussein bin Juma’s relatives and sons who are in Busreh and Baghdad”.[46] El hecho atestigua tanto los contactos entre Abdulaziz y el sayyid como el tremendo poder de este último, no sólo en Basora, sino también en Bagdad.

Por último, pero no menos importante, el emir saudita, en una reunión que mantuvo con el mencionado Shakespear inmediatamente antes de invadir Al Hasa, criticó al CUP evocando, llamativamente, algunos de los elementos discursivos típicos de la Sociedad Reformista de Basora y de otras organizaciones arabistas. Sus críticas habían apuntado contra las derrotas en Libia y en los Balcanes, la subversión del califato y la ruptura de toda ordenanza del Corán. De esta forma, explicitaba una temprana penetración del arabismo en la península Arábiga. Abdulaziz también reconoció frente a Shakespear que los disturbios en Irak (Basora) y Siria hacían menos probable una reacción otomana en su contra.[47] Estos vínculos políticos entre Irak, Arabia y el golfo Pérsico tienen un correlato económico. Hala Mundhir Fattah (1997) ha relevado la existencia de una gigantesca red comercial en el sur de Irak, la península Arábiga y el golfo Pérsico que compró, vendió y trasbordó mercancías hacia la India.

Conclusiones

Los conflictos de Basora y Al Hasa iniciaron y se mantuvieron como manifestaciones de rechazo, estrechamente conectadas, a una presencia más directa del gobierno otomano en sus más remotos dominios árabes. En Basora, el objetivo del descontento fue el conjunto de prerrogativas que adquiriría la figura del valí, contra las ambiciones políticas de los notables, encabezados por Talib y su Sociedad, y nucleados después también alrededor del Consejo General. En Al Hasa, la guarnición otomana se volvió un obstáculo y una amenaza a la consolidación de la jefatura tribal saudita. Los arreglos pasaron justamente por la disolución de los medios que hacían más directa la presencia de Estambul en estos territorios. Talib anunció la paz tan rápido como los valíes fueron subordinados a su autoridad. Abdulaziz hizo lo propio cuando la Sublime Porte aceptó que su presencia militar en Al Hasa fuera sólo simbólica, y que el emir se convirtiera en su representante oficial en un distrito cuya importancia administrativa fue elevada cualitativamente (de sanjacado a valiato).

Lo que estos gobernantes árabes lograron fue postularse como los mejores garantes de los intereses del imperio en sus territorios; mejores incluso que los propios funcionarios designados por Estambul. Recordemos que Talib y Abdulaziz criticaron abiertamente el estado de cosas de Basora y Al Hasa antes de su intervención, y que las autoridades locales fueron especialmente responsabilizadas. Aun más, en diciembre de 1913 los notables habían publicado que lamentaban que las autoridades prestaran atención “to the false reports of evil detractors and intriguers”. La mazbata también destacaba “the loyalty of the inhabitants […], the services they have constantly rendered, and […] the pecuniary assistance they have ungrudgingly given”.[48] Una tendencia similar, “localista”, fue registrada en la época entre los diputados árabes del parlamento otomano (Ahmad, 2014, p. 115).

Los contactos anglo-árabes merecen una mención aparte, ya que han sido objeto de numerosas interpretaciones por la historiografía. Aunque se los ha tendido a adscribir a supuestas intenciones separatistas árabes (y a intenciones imperialistas británicas en las miradas menos atentas), nuestro abordaje sugiere una interpretación alternativa. Estos parecen más bien fruto del intento de los gobernantes locales árabes de explotar en su propio beneficio las ansiedades de la Sublime Porte en la región. Recordemos que nada menos que la anexión de Al Hasa en 1871 fue para Estambul una forma de salvaguardar a Irak de posibles intromisiones británicas. Luego del acuerdo de 1899 entre el jeque de Kuwait y los británicos, no sólo se renovó la vigencia de esos miedos y los intensificó; también se demostró el peligro de aplicar la coerción a un gobernante autónomo cercano a la esfera de influencia británica (el golfo Pérsico), como los propios Talib y Abdulaziz. Pero, hacia 1913, Londres y Estambul ultimaban los detalles de un importante tratado, que incluían el reconocimiento de la influencia británica en la costa árabe del golfo Pérsico (históricamente reclamada por la Sublime Porte como propia), y el reconocimiento, muy explícito, de la soberanía otomana sobre el Nejd y Al Hasa. Estas negociaciones hicieron que las quejas de Estambul respecto a los contactos anglo-árabes fueran especialmente efectivas. Pese a ello, las apelaciones de Talib y Abdulaziz a Londres no dejaron de preocupar al CUP, y motivaron parcialmente su predisposición a realizar concesiones. Terrence Keyes, el agente político británico en Bahréin expresó en un reporte su certeza de que el emir se enorgullecía de haber hecho creer a los otomanos que estaba asociado con los británicos, logrando obtener “better terms than he would otherwise have obtained” (Rodriguez Flores, 2023, p. 216).

Las reacciones unionistas ofrecen todavía más patrones comunes. Al principio, el CUP respondió coercitivamente a sus rivales, pero no tuvo demasiado éxito. Algunas de sus acciones remiten incluso a la faceta del unionismo que Ahmad (1969) caracterizó como una “brutalization of political life”. Sin embargo, el unionismo también supo conciliar. Esto revalida importantes avances historiográficos hechos por otros autores en abordajes más generales. Kayalı (1997) ha probado que el CUP hizo varias concesiones a las demandas de las organizaciones arabistas más importantes, incluyendo a las referentes a la descentralización política, tan importantes en Basora.

Las narrativas tradicionales, todavía quizá las más populares, han tendido a resaltar el rol de los europeos, y especialmente de los británicos, en los conflictos que antecederían a la desintegración del Imperio otomano. Se trata de una lectura eurocéntrica, que superpone forzosamente las lógicas de un proceso histórico a sus antecedentes. Estos acontecimientos prueban lo contrario: el gobierno otomano y sus súbditos árabes por igual fueron los principales agentes de cambio en su entorno más inmediato, y contaron con una innegable agencia en la agresiva competencia entre potencias que caracterizó a la llamada Era del Imperialismo. Como sabemos, ese período se acercaba a un catastrófico fin, sucedido por tremendos cambios en el panorama político regional e internacional sobre el que estos sujetos sociales habían construido su posición.

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Fuentes primarias

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Records of the British Residency and Agencies in the Persian Gulf (R/15):

1/556

1/710

1/724

2/31

Recibido: 10/03/2024

Evaluado: 10/05/2024

Versión Final: 29/05/2024

páginas / año 17 – n° 45/ ISSN 1851-992X /2025                           


[1] Unidad provincial de primer nivel, subdivida en sanjacados.

[2] Cualidad que denota la descendencia del profeta Muhammad.

[3] “Atributo”. Adjetivo que indica el lugar de origen, la afiliación tribal o la ascendencia familiar de una persona, usada típicamente en la onomástica árabe y musulmana.

[4] Distrito actualmente conocido como Jorramchar (Provincia de Juzestán, Irán).

[5] Arab Bulletin, 17 en: IOR/L/PS/10/657.

[6] Unidad subprovincial de segundo nivel, subordinada a un sanjacado.

[7] Gobernante de un kaza.

[8] Admiralty, 1917 en: IOR/L/PS/20/E84/1 f. 151. Lorimer también registra en su Gazetteer of the Persian Gulf (1915) una cuantiosa cantidad de disturbios causados por las tribus, en orden cronológico para el período 1878-1907. IOR/L/PS/20/C91/1 ff. 558-560.

[9] Por ejemplo, en 1895, el mutasarife del Nejd demandó incrementos en los tributos de las tribus beduinas, pero la tribu Ajman negó poder pagarlos como consecuencia de un ataque previo de la tribu Mutair. Luego, esta última fue atacada por fuerzas combinadas del sanjacado y la tribu Ajman, que se llevaron varios animales como botín. Lorimer, 1915 en: IOR/L/PS/20/C91/1 f. 559.

[10] Lorimer, 1915 en: IOR/L/PS/20/C91/1 f. 559.

[11] Tierras de la corona, pertenecientes al sultán.

[12] Lorimer, 1915 en: IOR/L/PS/20/C91/1 ff. 557-558.

[13] Saldanha, 1904, p. 61 en: IOR/R/15/1/724.

[14] Lorimer, 1915 en: IOR/L/PS/20/C91/1 ff. 557-558.

[15] Arab Bulletin, 17 en: IOR/L/PS/10/657.

[16] Shakespear, 26 de junio de 1914 en: IOR/L/PS/10/385 f. 26.

[17] Scott, 1912. Summary of Events in Turkish ‘Iraq for the month of October en: IOR/L/PS/10/212

[18] Wassmuss, 18 de mayo de 1913 en: IOR/L/PS/10/624 ff. 131-132

[19] Lorimer, 1915 en: IOR/L/PS/20/C91/1 f. 566.

[20] Lorimer, 1915 en: IOR/L/PS/20/C91/1 ff. 640-644.

[21] Cox, 1906 en: IOR/R/15/1/710 f. 50. Al Saud, 22 de agosto de 1905; Al Suwaidi, 29 de agosto de 1915; Ibn Sha’ban, s. f. en: IOR/R/15/1/556 ff. 4-8.

[22] Scott, 1913. Summary of Events in Turkish Iraq for January en: IOR/L/PS/10/212.

[23] Scott, 1913. Summary of Events in Turkish ‘Iraq for the month of February en: IOR/L/PS/10/212. Crow, 24 de febrero de 1913 en: Burdett, 1996, p. 213

[24] Lorimer, 1913. Summary of Events in Turkish ‘Iraq for the month of May en: IOR/L/PS/10/212.

[25] Lorimer, 1913. Summary of Events in Turkish ‘Iraq for the month of April en: IOR/L/PS/10/212.

[26] Lowther, 25 de junio de 1913 en: IOR/L/PS/10/384 f. 70.

[27] Lowther, 25 de junio de 1913 en: IOR/L/PS/10/384 f. 70

[28] Arab Bulletin, 17 en: IOR/L/PS/10/657. Lowther, 17 de junio de 1913 en IOR/L/PS/10/384 f. 80; Lorimer, 1913. Summary of Events in Turkish ‘Iraq for the month of April en: IOR/L/PS/10/212; Lorimer, 1913. Summary of Events in Turkish ‘Iraq for the month of May en: IOR/L/PS/10/212.

[29] Lorimer, 1913. Summary of Events in Turkish ‘Iraq during July. Arab Bureau, 1917. The Muntafik en: IOR/L/PS/20/63 f. 4.

[30] Lorimer, 1913. Summary of Events in Turkish ‘Iraq during October en: IOR/L/PS/10/212.

[31] Lorimer, 1913. Summary of Events in Turkish ‘Iraq during June. Lorimer, 1913. Summary of Events in Turkish Iraq during July en: IOR/L/PS/10/212.

[32] Marling, 25 de septiembre de 1913 en: Burdett, 1996, pp. 222-223.

[33] Marling, 25 de septiembre de 1913 en: Burdett, 1996, pp. 224-225. Lorimer, 1913. Summary of events in Turkish ‘Iraq during September en: IOR/L/PS/10/212.

[34] Hardinge, 11 de abril de 1914 en: IOR/L/PS/10/385 f. 194.

[35] Lorimer, 1914. Summary of Events in Turkish Iraq during August. Erskine, 1914. Summary of events in Turkish ‘Iraq during November, December 1913 and January 1914 en: IOR/L/PS/10/212.

[36] Arab Bulletin, 17 en: IOR/L/PS/10/657.

[37] Erskine, 1914. Summary of events in Turkish ‘Iraq during November, December 1913 and January 1914 en: IOR/L/PS/10/212.

[38] Erskine, 1914. Summary of events in Turkish ‘Iraq during November, December 1913 and January 1914 en: IOR/L/PS/10/212.

[39] Crow, 4 de febrero de 1914 en: Burdett, 1996, p. 227. Erskine, 1914. Summary of events in Turkish ‘Iraq during February and March en: IOR/L/PS/10/212

[40] Knox, 24 de junio de 1914 en: IOR/L/PS/10/385 f. 38.

[41] Shakespear, 26 de junio de 1914 en: IOR/L/PS/10/385 f. 26.

[42] Mallet, 17 de junio de 1914 en: IOR/L/PS/10/385 f. 46.

[43] Lorimer, 1914. Summary of Events in Turkish ‘Iraq for the month April en: IOR/L/PS/10/212.

[44] Keyes, 14 de julio de 1913 en: IOR/R/15/2/31 f. 22.

[45] Knox, 8 de agosto de 1914 en: IOR/L/PS/10/385 f. 13.

[46] Kanoo, s.f. en: IOR/R/15/2/31 ff. 164-168.

[47] Shakespear, 15 de mayo de 1913 en: IOR/L/PS/10/384 ff. 108-110.

[48] Erskine, 1914. Summary of events in Turkish ‘Iraq during November, December 1913 and January 1914 en: IOR/L/PS/10/212.