Una sociabilidad diferente para el tango. Las sociedades recreativas en el entresiglo porteño
Una sociabilidad diferente para el tango. Las sociedades recreativas en el entresiglo porteño[1]
A different sociability for tango. Recreational societies in the mid-century of Buenos Aires
Osvaldo Atilio Verrastro
Universidad Nacional de Tres de Febrero (Argentina)
https://orcid.org/0009-0004-1950-226X
Resumen
Se suele asociar las primeras prácticas del baile del tango a ciertos lugares del bajo fondo porteño, sin embargo, una indagación más precisa sobre su primera expansión debe consignar que también se dio en teatros y sobre todo en los salones que poseían o rentaban las sociedades recreativas. Este fue un movimiento que impulsó el baile social como forma de entretenimiento entre amplios sectores populares y medios que habitaban el Buenos Aires de entresiglo. Este artículo aborda la expansión y características de ese movimiento recreativo entre los años finales del siglo XIX y el centenario, la sociabilidad que imperó en sus reuniones danzantes, así como las particularidades que asumió la práctica del tango en esos ambientes.
Palabras clave: Sociedades recreativas; Buenos Aires; Sociabilidades; Bailes; tango.
Abstract
The first practices of tango dancing are usually associated with certain places in the Buenos Aires underworld, however, a more precise investigation into its first expansion in the mid-century should record that it also occurred in theaters and especially in the halls that owned or rented the venues recreational societies. This was a movement that promoted social dancing as a form of entertainment among broad popular sectors and the media that inhabited mid-century Buenos Aires. This article addresses the expansion and characteristics of this recreational movement between the final years of the 19th century and the centenary, the sociability that prevailed in its dance gatherings, as well as the particularities that the practice of tango assumed in those environments.
Keywords: Recreational societies; Buenos Aires; Socialites; Dance; Tango.
Se suele asociar las primeras prácticas del baile del tango a ciertos lugares del bajo fondo porteño, (Caride Bartrons, 2019). Sin embargo, hay una historiografía reciente que ha cuestionado esa mirada sesgada sobre los orígenes del género (Cibotti, E. 2014-2015; Cañardo, M. 2014-2015). Una indagación más precisa sobre su primera expansión en el entresiglo porteño debe consignar que también se dio en teatros, bares y en los salones que poseían o rentaban las sociedades recreativas (Binda & Lamas, 2008, pp.110-144; Cuello, 2001). Este fue un movimiento que impulsó el baile social como forma de entretenimiento entre amplios sectores populares y medios que habitaban el Buenos Aires de esos años. Este artículo aborda la expansión y características de ese movimiento recreativo entre los años finales del siglo XIX y el centenario, la sociabilidad que imperó en sus reuniones danzantes, así como las particularidades que asumió la práctica del tango en esos ambientes. También se detiene en un cierto sector de sociedades que mostró un comportamiento diferenciado respecto a su sociabilidad y al gusto por tango, que se orientaba por objetivos lucrativos.
Aunque la creación de sociedades recreativas puede ser incluida dentro del proceso denominado como “fervor asociativo”(Sábato, 2002), la historiografía sobre este tipo de entidades es escasa. Habrá que esperar a las investigaciones sobre los orfeones que organizaron las comunidades gallegas y asturianas en Buenos Aires, (Garabedian, 2009; Nuñez Seixas, 2001) al trabajo de Alicia Chust (2008) sobre su papel en la expansión del tango y en la descripción de Laura Caruso (2020) sobre el entramado de entidades recreativas en el barrio de La Boca para tener aproximaciones sobre las características de este movimiento. La investigación de Chust en particular, abrió el camino para ahondar en el vínculo entre este tipo de sociedades y la emergencia del Tango. El presente trabajo profundiza en esa relación y la problematiza en torno a los estilos de baile del género.
Dos aportes teóricos son recuperados en este artículo. Con referencia a la sociabilidad se la encuadra dentro de la perspectiva de Maurice Agulhon (2009, pp. 30-44), cuando la entiende como modalidad de interacción social, particularmente aquella que se producen en las asociaciones voluntarias. Estas son vistas como relevantes espacios de indagación de los sentidos que adquiere el comportamiento de los grupos sociales, de sus costumbres y moralidades. Y en este caso vinculada al ocio como “momento de observación privilegiado” (Agulhon, 2016, p.113).
Para indagar en los gustos musicales, retomamos un conjunto de aportes de Antoine Hennion (2010) quien plantea la centralidad que adquiere las mediaciones en el proceso de conformación de los mismos. Para nuestro caso, estas sociedades voluntarias y en especial las reuniones de danza que organizaron, constituyeron el espacio donde se establecieron las preferencias de músicas y coreografías, marcando una situación de interacción colectiva que incidió sobre las elecciones de los miembros. Establecieron un “vinculo” (ibíd., p.26) determinado con la música y el baile.
En un primer acápite reconstruye la expansión del movimiento recreativo así como sus características comunes y heterogeneidades que presentó. Luego, se realiza una aproximación a la composición social de las asociaciones y de sus comisiones directivas. Con posterioridad se indaga en la sociabilidad dominante en los eventos que organizaban, el estilo de baile que se dio en estos espacios y en mensurar su impacto social de los eventos que realizaron. Por último, se estudia un sector del movimiento que se apartó de sus premisas básicas en cuanto al tipo de organización que suponían y a la moralidad que predominaba en sus reuniones.
Las fuentes utilizadas para este artículo se centran en el censo de 1904 que realizó la Municipalidad de la Ciudad de Buenos, en su capítulo sobre el asociacionismo; que se complementa con crónicas e información que proviene de la prensa de la época, tanto la generalista como la de asociaciones y de la literatura secundaria que se ocupó del tema.
Expansión y características del asociacionismo recreativo
En las dos últimas dos décadas del siglo XIX varias comunidades de inmigrantes de distintas procedencias crearon organizaciones que tenían a la música y al teatro como centro de sus actividades. Entre las sociedades que nuclearon a inmigrantes de origen español, predominó el formato de orfeón como modelo organizativo, siguiendo una tradición que imperó con fuerza en varias comunidades regionales de la península ibérica en la segunda mitad del siglo XIX [2] (Carbonell i Guberna, 2003; Nagore Ferrer, 2001). Otras entidades en cambio, se definieron como recreativas, impulsando diferentes actividades de distracción para sus socios, que también reconocía antecedentes en el mundo mediterráneo, con particularidad en la España de la Restauración (Villena Espinosa & López Villaverde, 2003).
En este panorama, también deben contabilizarse algunas asociaciones que tenían por objetivo primario el socorro mutuo, que también solían realizar bailes y fiestas para sus socios. Más allá del modelo de asociación, esta actitud de organizarse para la realización de eventos recreativos alcanzó también a los nativos desde los años finales del siglo XIX.
El censo que realizó la Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires en 1904 brinda una aproximación cuantitativa en un momento de expansión de este movimiento, ya que muchas surgieron entre los años finales del siglo y los primeros del siguiente. Es menester aclarar que el relevamiento no fue exhaustivo, ya que según aclaraciones efectuadas en la propia publicación del censo, no se pudo recabar información sobre aproximadamente 50 sociedades (Municipio de la Ciudad de Bs As, 1906, pp. 163-165).
Posiblemente una cantidad significativa de las sociedades no censadas fueran recreativas dado que según el censo de 1904 predominaba esa modalidad entre aquellas creadas después del cambio de siglo (Ibíd., p. 226-232). Las crónicas en la prensa de la época sobre diversos eventos muestran varias sociedades no registradas en el relevamiento; entre las cuales tenían mayor presencia aquellas que actuaban en los barrios de más reciente conformación, así como también las asociaciones residentes en las zonas de Belgrano y Flores de reciente incorporación al entramado de la ciudad.
Según el censo, sobre 291 asociaciones asentadas en la ciudad que persiguen distintos fines, se puede destacar 62 que se asumen como recreativas y musicales como cometidos principales. Estas se presentan en el siguiente cuadro (Tabla 1) en donde las sociedades están clasificadas por objetivos que persiguen, su año de fundación y la nacionalidad predominante de sus integrantes (agrupamos las extranjeras en una categoría global de inmigrantes). Los criterios de distinción de las asociaciones que se discriminan son los utilizados por el censo, sin dejar de expresar que las denominadas recreativas suponen en realidad un conglomerado más heterogéneo en cuanto a sus fines y actividades.
Tabla 1: Sociedades corales y recreativas en Buenos Aires (1904). Según año de fundación y nacionalidad | ||||||
Tipo de Sociedades | Corales /musicales | Recreativas | ||||
Nacionalidad | Inmigrantes | Argentinos | Inmigrantes | Argentinos | ||
Año de Fundación | Total | |||||
> 1890 | 3 | 1 | 8 | 2 | 14 | |
1894 | 1 | 1 | 2 | |||
1895 | 1 | 1 | 4 | 6 | ||
1896 | 1 | 1 | 2 | |||
1898 | 1 | 1 | ||||
1899 | 1 | 2 | 3 | |||
1900 | 4 | 2 | 6 | |||
1901 | 1 | 2 | 3 | 6 | ||
1902 | 2 | 2 | 7 | 11 | ||
1903 | 1 | 8 | 9 | |||
1904 | 2 | 2 | ||||
Totales | 7 | 13 | 10 | 32 | 62 | |
Fuente: Elaboración propia sobre el censo de la Ciudad de Buenos Aires (1906). (Sección Sociedades pp. 212-235) | ||||||
La primera observación que se desprende del cuadro es que el movimiento inmigratorio tuvo un papel central en la fundación de estas asociaciones previo al año 1890. Este es el caso de los tres orfeones de origen español (Orfeón Español, Orfeón gallego y Orfeón Gallego primitivo), que tendrán un papel central en la difusión de este modelo de asociación. Pero también entre aquellas que se definieron como recreativas, la mayoría de las fundadas en ese periodo pertenecieron a comunidades de inmigrantes.
Durante la última década del siglo XIX, veremos una activación de sociedades de nativos tanto de aquellas que siguieron el modelo del asociacionismo coral como aquellas que se propusieron un objetivo genérico de prácticas recreativas. Si miramos con detalle es particularmente visible que hacia los primeros años de siglo, se verifica una aceleración de la fundación de asociaciones donde predominan aquellas que tienen una inscripción barrial o vinculada a oficios o referencias ideológicas. [3]
Este fervor asociativo se prolongó en los años siguientes al censo, ya que la prensa registró nuevas denominaciones de sociedades que organizan actividades. Ello podría ser consecuencia del hecho que nuevos sectores urbanos que se incorporan a la práctica recreativa organizada o divisiones de alguna asociación previa. Una constatación es que esta expansión asociativa es contemporánea al explosivo crecimiento demográfico y al surgimiento de barrios en Buenos Aires de entresiglos (Scobie J. 1977, pp. 205-266). De hecho, entre aquellas que nacieron en los primeros años del siglo, varias pertenecían a esos nuevos aglomerados urbanos que se alejaban del centro de la ciudad.[4]
Comparadas con las sociedades mutualistas que dominaron el espectro asociativo en aquellos años, las entidades recreativas tuvieron en promedio una cantidad menor de socios y presupuestos financieros más acotados, lo cual muestra que la mayoría de estas asociaciones poseía un desarrollo institucional menor (González Bernaldo de Quirós, 2013).
Pero ello no obsta a que una mirada panorámica nos revele una heterogeneidad al interior del movimiento recreativo. En efecto, en un segundo cuadro se puede observar una amplia dispersión en cuanto a tamaño y capacidad financiera de las sociedades incluidas (Ver Tabla 2). Al introducir las variables de cantidad de socios y gastos anuales, vemos que sólo algunas logran agrupar varias centenas de socios y presentan un volumen de gastos de varios miles de pesos argentinos. En cambio, la mayoría de asociaciones agrupó a varias decenas de socios y el monto de su presupuesto fue muy inferior (menor a mil pesos anuales). Un dato adicional que surge del censo es que si bien algunas logran establecer una biblioteca, mostrando una ampliación de actividades hacia propuestas culturales, la mayoría se circunscribió a la realización de actividades recreativas.
Tabla 2: Sociedades recreativas según tamaño y fortaleza económica | |||||||
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Asociaciones corales |
| Gastos Anuales |
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| <1000 | >1000 | total |
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Inmigrantes | Cantidad de Socios | < 100 | 2 | 1 | 3 |
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| > 100 |
| 4 | 4 |
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Argentinos | Cantidad de Socios | < 100 | 5 | 1 | 6 |
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| > 100 | 4 | 3 | 7 |
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| Total | 11 | 9 | 20 |
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Asociaciones recreativas |
| Gastos Anuales |
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| <1000 | >1000 | total |
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Inmigrantes | Cantidad de Socios | < 100 | 3 | 3 | 6 |
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| > 100 |
| 4 | 4 |
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Argentinos | Cantidad de Socios | < 100 | 20 | 3 | 23 |
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| > 100 | 4 | 5 | 9 |
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| Total | 27 | 15 | 42 |
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Fuente: elaboración propia sobre el censo de la Ciudad de Buenos Aires de 1904. (Sección Sociedades, pág. 212-235) |
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Los gastos anuales están volcados en pesos moneda nacional. |
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Al introducir la variable por objetivo societario se advierte que mientras que los orfeones se distribuyen casi en partes iguales entre asociaciones más grandes y aquellas más pequeñas, las recreativas predominan las que presentan menores dimensiones. Las sociedades de inmigrantes presentan un estándar de socios y financieros más alto, mientras aquellas que agrupan a argentinos predominan organizaciones más chicas y menor porte económico. Se puede así generalizar que dentro de este movimiento asociativo nos encontramos con grados de fortaleza institucional disímiles, que tiene una relativa vinculación con la nacionalidad de sus socios y el objetivo perseguido.
Esta dispersión en la solidez institucional de las distintas asociaciones no debe ocultar que la mayoría estaban organizadas formalmente, solían poseer un reglamento interno y definían en asambleas sus comisiones directivas. Otra característica central que surge del censo, es que todas las sociedades admiten sólo a varones como socios, ello se tradujo en la composición de sus comisiones directivas, manteniendo una matriz patriarcal que continúa una tradición asociativa española decimonónica.
Sin embargo, en algunos contados casos la prensa difundió la existencia de subcomisiones de mujeres, que organizaron algún evento en especial (28 de marzo de 1908, La Prensa, p.11).[5] Aunque la invitación a los eventos se realizaba a los socios, la participación comprendía a toda la familia, que luego era reconocida como tal cuando se la mencionaba en las crónicas de las reuniones (5 de julio de 1906, El primitivo, p. 17).
Incluso en un contexto más modesto, la revista criollista Tradición (21 de febrero de 1904, p.13-15) en su sección de “Centros y sociedades”, cuando relata los eventos que organizan sociedades de menor porte, no dejaba de nombrar a las familias concurrentes al baile, mostrando la importancia que asumía el dato para esta corriente asociativa, una modalidad más propia de las reuniones de la elite.
La cuestión del salón propio brinda un indicador clave de la vulnerabilidad o fortaleza institucional que presentaron la mayoría de estas asociaciones, ya que muy contados casos lograron poseer espacios de su dominio donde realizar sus reuniones. En efecto sólo aquellas que tenían una trayectoria previa al cambio de siglo, y que en general estaban vinculadas a una comunidad inmigrante, son las que alcanzaron a constituir un edificio donde realizar sus eventos. La gran mayoría debió alquilar salones para realizar sus reuniones, en general pertenecientes a las sociedades mutuales ya establecidas. (por ejemplo Unione e Benevolenza, Colonia Italiana, Casa Suiza, Eppur si Muove, etc.). Algunas asociaciones funcionaron en casas de los directivos o conventillos, mostrando la precariedad de recursos en que se movían (Caruso, L. 2020, p. 349).
Una observación que surge de las crónicas periodísticas es que aquellas que agrupamos como asociaciones conformadas por nativos, de más reciente creación y definidas como recreativas estaban centradas en la realización de bailes sociales durante la mayor parte del año y muchas “salían en comparsas” durante el carnaval. Se puede inferir, entonces, que estaban movilizados por la práctica de la danza social, ya que según reiterados indicios esta práctica había ganado en consideración entre los sectores medios y populares porteños. Para ello, se organizaban para dar el paso desde la informalidad de reuniones en conventillos o almacenes, hacia formas asociativas que permitiera un mayor control sobre los bailes, que evitará la concurrencia de aquellos que por sus actitudes pudieran ocasionar peleas.[6]
Según la prensa también hubo sociedades que nacieron para organizar comparsas en ocasión del carnaval y que luego derivaron hacia constitución de orfeones o sociedades que realizaron eventos recreativos durante el resto del año (1 de marzo de 1903, La Prensa, p.4).
Una aproximación a la composición socio-ocupacional de la masa societaria de estas asociaciones es siempre problemática, dado por una lado que la inscripción predominante fue por origen inmigratorio o por residencia barrial, lo que se suele traducir en un perfil heterogéneo desde ese punto de vista. Un dato que debe ponderarse también es la falta de información sobre la mayoría de las asociaciones que tuvieron un ciclo de vida efímero. Sobre los orfeones de origen español, los estudios señalan un predominio de ocupaciones vinculadas al comercio o referencias muy generales sobre una composición predominante de clase media o media baja, sin dejar de señalar la presencia de socios de ocupaciones de menor calificación (Núñez Seixas, 2001). Este paisaje social podía ser trasladado hacia algunas sociedades de argentinos, que alcanzaron un cierto desarrollo como por ejemplo el Orfeón Argentino del Sud o Unión de la Boca (Caruso, 2020).
A consecuencia de la escasez de indicadores que brinda el censo, en muchos de los casos solo es posible inferir ciertas características de las sociedades de argentinos. Un dato que surge es la baja cuota que determinaron la mayoría de las asociaciones, que muy presumiblemente estaba dirigida a captar ocupaciones que percibían menores ingresos. En este sentido, el censo nos advierte que entre las sociedades compuestas por nativos, los socios efectivos podían ser menos que los declarados, por la dificultad para mantener el pago de las cuotas (Municipio de la Ciudad de Bs As, 1906, p. 164).
El contexto de un mercado laboral caracterizado por la inestabilidad para ocupaciones de menor calificación debía repercutir sobre estas situaciones de participación intermitente (Cortés Conde, 1979, pp. 204-209; Salvatore, 2000). Los presupuestos más acotados también nos hablan de similares dificultades de ingreso de estas organizaciones. Esto solo permite suponer que la composición mayoritaria entre los socios era de ocupaciones de menor calificación en estas sociedades más modestas, pero no puede hablarse de presencia significativa de sectores populares o marginales; las fotos de las reuniones que se reiteran en los magazines son ilustrativas al respecto (Ver Imagen 1 y 2).
Similar situación se halla cuando se intenta describir la composición social de las comisiones directivas, ya que los estudios sobre las organizaciones de inmigrantes, han venido señalando la existencia de notables que se reiteran en el liderazgo de las mismas. Algunos investigadores han hablado de “mesocracia”, haciendo referencia que se visualiza un predominio de comerciantes medianos y chicos, en menor medida profesionales que acaparan los puestos directivos (Nuñez Seixas, 2006).
Las investigaciones sobre otros orfeones convalidan esa descripción (Garabedian, 2009, pp. 136-139). Lo que permite sustentar que si bien estas asociaciones eran democráticas en sus estatutos, existía una tendencia oligárquica más o menos imperante en la dirección de sus acciones. Sobre la mayoría de asociaciones recreativas solo se puede conjeturar que los liderazgos pudieron ser más endebles sustentadas inserciones económicas más modestas, vinculadas a notabilidades barriales que alimentaban asociaciones de menor porte así como ciclos de vida intermitentes.
La sociabilidad en las veladas y en los bailes
Revisando la prensa porteña hacia fines de siglo, se constata que en las crónicas sobre el accionar de las sociedades recreativas (entendidas en términos amplios) pueden distinguirse varios tipos de actividades: la participación en comparsas durante el carnaval, la organización de romerías, la representación de obras teatrales, las veladas y los bailes sociales. Pero las fuentes muestran que estas dos últimas actividades tuvieron un claro predominio entre las actividades de las asociaciones.
El movimiento recreativo estuvo cruzado por algunas disputas desde que comenzaron a desarrollar sus actividades. El estudio que realiza Marcelo Garabedian (2009) sobre el Centro Orfeón Asturiano, presenta dos conflictos que ilustran estas tensiones que signaron a este movimiento asociativo en el Buenos Aires del novecientos. Primero en los comienzos del accionar del centro en 1894, presenta una discusión en la comisión directiva, sobre la posibilidad de realizar un baile familiar como evento inicial, ante lo que surge una opinión mayoritaria que plantea la necesidad de llevar adelante veladas que contengan diferentes manifestaciones artísticas. Esta se asienta en el libro de actas
“se apoya esta moción por creerla la más encuadrada con los fines de la sociedad, que dar un baile sin función dramática o concierto, podría creerse que fuera meramente de bailoteo, cuando entre sus laudables propósitos registra el de propender a despertar las aficiones a la música que eleva el espíritu y purifica los sentimientos, y el teatro que ilustra la inteligencia y enseña a conocer el mundo. Es necesario que evitemos se le de ese carácter de sociedades de baile…” (Garabedian, 2009, 102-103).
Una segunda característica que destaca el autor, es el papel de censor moral que se reserva la Comisión Directiva para con la actividad de los socios o invitados que concurren a los eventos que organiza la sociedad. En su afán de procurar respetabilidad ante propios y ante las otras sociedades, los directivos cercenaban conductas de los socios o no permitía el ingreso a ciertos invitados por no corresponder con ciertas características físicas o sociales. Entre las amonestaciones que realiza, aparece una nota hacia un socio por su comportamiento en una velada
“existiendo varias quejas al señor Legaspi por su mala manera de bailar, se acordó pasarle una nota pidiéndole sea más moderado, de lo contrario la C. D., se vería en el caso de obrar de la manera que se crea conveniente”. (ibíd., 130)
La contraposición entre fines pedagógicos y recreativos en estas sociedades en ocasiones surgió de parte de aquellos que pretendían privilegiar la funciones educativa y morales, estas se expresan en la realización de veladas que buscaban satisfacer una diversidad de expresiones artísticas. La velada como el evento central de los orfeones, aunque puede detectarse variaciones según las características de cada sociedad, solía incluir música clásica y popular (cuando era de origen inmigrante vinculada al nacionalismo o regionalismo que el orfeón sustentaba), ejecutada por una orquesta con dirección de un músico con formación clásica, la actuación del orfeón propio y de otras asociaciones, la declamación de poemas, a veces se incluía pequeñas obras teatrales (generalmente zarzuelas), lo que no faltaba era el discurso del presidente de la entidad organizadora y un baile familiar de cierre.
Pero dentro del movimiento también existieron presiones para desarrollar actividades dirigidas a momentos de distracción y de socialización como suponía la realización de bailes que reuniera a los socios. Los formatos asociativos de sociedades corales o recreativas, mostraron esa diversidad de concepciones, sin descartar que entre las primeras se pudiera organizar solo bailes en algunas ocasiones o las segundas incorporan funciones dramáticas en sus reuniones.
Estas tensiones, entre las propuesta de elevación cultural y actividades recreativas también se pudieron visualizar en organizaciones vinculadas a nacionalismos regionales. Como fue el caso de los gallegos, así la comisión directiva del Orfeón Gallego Primitivo tuvo que ceder ante una subcomisión de jóvenes de la entidad que solicitaban la realización de reuniones solo de bailes que se alternarán con la veladas que era organizaba regularmente por la asociación. (1 de agosto de 1908, El Primitivo)
Juan Suriano (2008, pp. 152-153) en su estudio sobre el anarquismo señaló similares tensiones en las veladas ácratas entre los programas de difusión de la doctrina y los deseos de los participantes por impulsar momentos más informales como el baile. Desde el socialismo de fin del siglo, también se mostraban reacios al entusiasmo de los jóvenes obreros por las reuniones de danza social; en cambio desde un sindicato, se plantea la necesidad de estas “fiestas obreras” como expansión compensatoria a las fatigas del trabajo. (1 de mayo de 1900, ABC del socialismo, p.7; 15 de noviembre de 1902, El Gremio, p. 10)
A partir del registro sobre la prensa de la época, se puede verificar que la gran mayoría de las reuniones de fin de semana que organizaban estas sociedades estaban dedicadas a la realización de bailes, siendo escasas las veladas o funciones dramáticas que se ofrecían. Esta tendencia se fue consolidando con el avance del siglo XX, en tanto las nuevas asociaciones que surgen se dedicaban casi con exclusividad a ese fin. Incluso, una asociación como el Orfeón Argentino del Sud, la más antigua e importante entre aquellas compuesta por nativos, fue variando el formato de sus reuniones, ya que predominaron las veladas durante los años finales del siglo, mientras que unos años después el baile familiar era la actividad central de sus encuentros.[7] Desde la comisión directiva del Centro Gallego de Barracas al Sud, hacían notar que los socios pagaban las cuotas en ocasión de los bailes que se organizaban, en especial durante el carnaval mostrando cuál era el interés que los movilizaba (Farías, 2006).
Con respeto al papel de las comisiones directivas, crónicas de la época y varias memorias resaltan el papel vigilante que cumplían en las reuniones que organizaban. En muchos casos los directivos eran notables locales o barriales que buscaban trasladar una situación de holgura económica o un mayor capital social direccionando el accionar de las entidades. Una de las restricciones que impusieron los directivos en los bailes que organizaron fue la prohibición del baile con corte, considerado impropio de esos ambientes recreativos. El tango en esos ambientes solo pudo practicarse en su estilo liso (5 de diciembre de 1907, La Vida Moderna, pp. 23-24; Lastra, 1965, p. 73; Saldias, 1968, p. 163).
Habrá ocasiones donde ese accionar derivará en conflictos o será contestado por concurrentes que intentaron llevar conductas que no se ajustaban a pautas prescritas por los directivos. Los casos que registra la prensa, surgen de esas situaciones de peleas o disputas que desbordan los marcos de las reuniones danzantes, lo que generaba la intervención de la Policía de la Ciudad (3 de noviembre de 1902, El País, 23 de octubre de 1906, La Razón; 3 de marzo de 1907, El Diario).
El discurso desde la prensa de las asociaciones, que legitimaba este accionar era construido a partir de pautar que sus veladas eran “completamente familiares”, donde no podían ingresar elementos extraños que suponían una compañía indeseable en esas reuniones. Las comisiones directivas se comprometían en la efectividad de las medidas necesarias, como garantes de la moralidad de las entidades en cuestión.
“C.D. ha luchado y lucha para que esta Sociedad fomente la educación y la enseñanza guardando sus asociados todas las formas sociales y además sea una garantía de moralidad y respecto a las dignas familias que concurren asiduamente a las fiestas.” (1 de noviembre de 1908, El Primitivo, p. 14).
En otras ocasiones se planteaba la contraposición de sociabilidades era reiterada como sustento del accionar asociativo, denunciando aquellos “que frecuentan almacenes y casas de mal vivir” (2 de agosto de 1908, Boletín del Centro Gallego).
Desde la prensa generalista se enarbolaba un discurso similar cuando alentaban el accionar de estas sociedades. De hecho el matutino La Prensa se felicitaba del concurso que realizaba durante los carnavales de principios de siglo, donde premiaba la presentación y performance de las comparsas que estas asociaciones organizaban durante esas fiestas, ya que
“Se afina la nota social, se afina la nota artística. Gracias al estimulo de los premios, a la necesidad de presentarse en parangón con otras sociedades y al deseo de sobrepasarlas, el carnaval es hoy entre nosotros algo más que la expresión de alegría popular. …
Sirve a un fin estético, a un objeto educador, que no va a buscar ni conmover al pensador en su bufete, ni al pintor en su estudio, sino a las más humildes clases sociales, a las que se agitan en el tole, tole del conventillo, en los talleres de la fábrica. “(1 de marzo de 1903, La Prensa, p. 4).
Pero también desde un magazine se podía señalar irónicamente las conductas de censura coreográfica.
“La comisión quiere, en suma, que el baile sea un ejercicio puramente gimnástico que pudiera ser presidido por un anacoreta y jaleado por una comisión de padres de familia en presencia y bajo la inspección de las más celosas mamás, etc..” (27 de junio de 19088, PBT Nº 189)
Una relación de vital importancia para las asociaciones fue entonces la que establecieron con prensa, ya que les permitía alcanzar la visibilidad social, publicitar los eventos que programaban y legitimar su accionar dentro de pautas respetables. Sólo muy contadas asociaciones lograron establecer algún medio propio, como Orfeón Gallego Primitivo o Centro Orfeón Asturiano. La gran mayoría debía apelar a los diarios y magazines generalistas o a la prensa comunitaria en el caso de pertenecer a alguna.
Tanto la mayoría de los diarios como los magazines reservaban secciones fijas donde anunciaban las reuniones programadas y realizaban breves crónicas. Un ejemplo particular de este comportamiento lo tenemos con el semanario Caras y Caretas, con la incorporación en su edición de 27 de agosto de 1904, de una sección fija semanal “Sociedades” que reflejaba la “creciente importancia que entre nosotros alcanzan hoy las sociedades recreativas” (Ver imagen 1 en página siguiente). Esta se mantendrá durante la primera década del siglo XX, donde con el transcurrir de los años será predominante en la página dedicada a la sección, la fotografía antes que la crónica escrita de los eventos.
Un análisis de la imágenes publicadas en el semanario (ver Imagen 2) nos advierte que éstas en general, más que una ilustración del baile, se las puede catalogar como una presentación ante el medio, donde la pose que se observa en la mayoría de los fotografiados es una mirada a cámara, mostrándose como predispuestos para “salir en Caras y Caretas”, de verse representado en ese medio (Rogers, G. 2005, p. 297). Ese sentimiento llevó a algunas asociaciones a designarse con el nombre de algún semanario de importancia, así apareciendo sociedades que se denominaron con el nombre de magazines, que les garantiza una fácil publicidad (16 de julio de 1904, Caras y Caretas; 8 de agosto de 1907, Vida Moderna, p. 32).
También se debe considerar que las fotografías que se publican trasuntan un ambiente familiar y la utilización de una vestimenta (abundan los trajes para los hombre y vestidos largos para las mujeres) por parte de los socios que refuerzan la imagen de asociaciones respetables que buscaban alcanzar, trasuntando una visibilidad social que certifica esa etiqueta.
Imagen 1: Nacimiento de la sección “Sociedades” en Caras y Caretas
Fuente: Caras y Caretas, 27/08/1904.
Si bien los bailes sociales que organizaban las sociedades tenían un fuerte componente familiar, ello no obsta a que se desarrollara en sus salones, situaciones de cortejo entre los jóvenes que concurrían a esos eventos. En crónicas periodísticas, se percibe que en los comportamientos previstos en los salones sobre la seducción entre los bailarines, son un andamiaje de formas que resguardaban el honor femenino como valor que traduce “un respeto profundo a la respetabilidad del club” (5 de diciembre de 1907, La Vida Moderna, p. 24.). Se encuentra entonces, el papel legitimador del discurso del “sexo débil” como justificador de acciones moralizantes, que se asumen como naturales dentro de una percepción biologicista sobre quienes deben ser protegidas (Scott, J. 1996).
Imagen 2: Bailes en las sociedades Recreativas
Fuente: Caras y Caretas, 18/2/1905 Fuente: Caras y Caretas, 20/4/1907
Fuente: Caras y Caretas, 11/7/1908
Fuente: Caras y Caretas, 19/12/1908
La vida de estas asociaciones entonces producía una sociabilidad de contención moral, alternativa y en oposición a la que se practicaba en el café o en el almacén, desarrollando un estilo “obediente” de las normas de urbanidad (Agulhon, 1998, pp.35-36). Desde otra perspectiva sus directivos parece estar impregnados por el modelo de salón burgués decimonónico, de reproducir sus buenas maneras, que intentaba ser replicado por los emergentes sectores medios (González, p. y Rolle, C., 2004, p.79).
Una manera de aproximarnos a la importancia de la movilización social que generaban estos eventos recreativos, es mensurar la cantidad de reuniones que realizaban los fines de semana según registraron los diarios. Así a mediados de la década del noventa del siglo XIX, los periódicos más importantes (La Prensa y La Nación) solían publicitar una decena de reuniones semanales que organizaban está asociaciones, mientras que hacia 1903 los eventos semanales que se registraban podrían hasta cuadruplicar esa cifra (4 de enero de 1896, p.6 y 27 de febrero de 1896, La Nación, p.6; 9 de marzo de1903, p. 6 y 19 de marzo de 1903, p.9 La Prensa). Esta cuantificación se mantiene con oscilaciones durante el resto de la década, según las enumeración de eventos de los diarios consultados. [8]
Esta estimación puede ser contrastada con la medición que realizó en su tesis Alejandra Aragón (2021, pp. 119-122). En su investigación describe los bailes en los teatros durante el carnaval (solo se realizaban en esos días), en donde se visualizó a través de la prensa el predominio del tango entre los bailarines a principio del siglo XX. En su análisis del impacto cuantitativo de estos eventos, la autora da cuenta de un incremento entre mediados de la década de noventa del siglo XIX y mediados de la primera del siglo XX, en la cantidad de salas involucradas que pasan de 5 a 9 y de asistentes que subieron de 7324 en 1895 a 93807 en 1906 según registros municipales (Aragón, 2021, p. 120).
Para el caso de las reuniones recreativas si bien en promedio debían tener una concurrencia menor a la que convocaban los teatros céntricos, hay que destacar que estas se realizaban durante todo el año y la cantidad de eventos no solía ser menor a los 30 semanales desde los primeros años del siglo. Ello muestra el impacto social de este movimiento. Sin duda, el baile social se convirtió en el entresiglo en uno de los esparcimientos preferidos de amplios sectores porteños.
Por otro lado, el tango venia convirtiéndose en un baile de moda, desplazando a otros géneros de origen europeo como la polca, la mazurca y en menor medida al Vals (20 de febrero de 1904 y 11 de marzo de 1905, Caras y Caretas). Pero también mostro al doblar el siglo XX una diferenciación de estilos de baile, uno se denominó criollo que se distinguió por los cortes y quebradas que realizaban los bailarines en sus desplazamientos y otro caracterizado por movimientos regulares de la pareja enlazada que se bautizó como liso (Cuello, 2001) Al estilo criollo se lo asocio con personajes de los bajos fondos porteños y por ello se lo combatió. [9]
También en los salones que regenteaban las sociedades recreativas el tango ganaba preferencia entre los bailarines, aunque bajo ciertas particularidades que diferenciaban su vínculo con el género. Como se mencionó en párrafos anteriores, el estilo de baile de tango liso fue el único permitido en esos ámbitos, delimitado por una escucha colectiva que estaba mediada por reuniones danzantes donde debía primar la moderación en los gestos y usos del cuerpo (Henion, 2010, p. 32).
Las sociedades de “negocio”
Pero esta expansión del movimiento recreativo también comenzó a generar reacciones ante la aparición de algunas sociedades que presentaron un comportamiento en sus bailes que se alejaba de las características típicas descritas en el punto anterior. Los diarios capitalinos y la prensa vinculada a la Policía de la Ciudad serán quienes impulsen estas denuncias, aunque con mayor o menor alcance según cada medio, estos señalamientos serán episódicos. En cambio, la prensa tenderá a mostrar a las asociaciones recreativas en su faz positiva de entidades “progresistas” como se denominaban en esa época.
En los días finales del siglo XIX en una nota ubicada en la sección policial, el diario La Nación advertía a las autoridades
“Llama necesariamente la atención la tolerancia que la policía y la municipalidad tienen con ciertos centros recreativos de la peor especie que hoy abundan en la ciudad, teniendo en conflicto a las familias, que no saben por dónde llegar a sus casas sin tropezar con algo desagradable”(21de diciembre de 1899, La Nación).
En la nota se vinculan a los bailes que algunas sociedades organizaban, que generalmente terminaban de madrugada con una enumeración de “escenas de tajos y puñaladas” que se venían produciendo en los días previos. Es un primer señalamiento sobre las actividades de algunas sociedades recreativas que presentaban vínculos con “la mala vida”, como se denominaba en esos años aquellos ligados a una sociabilidad del delito.
Pero fue el periódico La Argentina (CABA) quien inició una campaña de desprestigio de algunas asociaciones, denunciando aquellas sociedades que según el medio eran una máscara, ya que eran impulsadas por “empresarios de bailes” y que en sus reuniones se permitían danzar con corte. Este medio venía registrando con cierta amplitud, las noticias que generaban las sociedades recreativas, e incluso se planteaba funcionar como portavoz de las mismas ya que “los centros recreativos[…] tienen derecho a publicar en La Argentina todas las actividades y reuniones que estas realicen” (22 de diciembre de 1903, La Argentina, p. 12).
En los días previos a celebrarse el carnaval de 1904, comienza el periódico a denunciar a algunas sociedades que según sus criterios no resguardaban la moralidad en sus reuniones. El señalamiento más reiterado era que en ellas se permitía el “baile con corte” (4 de febrero de 1904, La Argentina, p. 13). Se las acusaba de tener fines comerciales en la realización de los eventos y que en ellos no imperaba una moralidad estricta como caracterizaba al resto. El periódico las denominaba “sociedades de negocio”, acentuando el afán de lucro que creía percibir en esos emprendimientos (4 de febrero de 1904, La Argentina, p. 13.).
Las entidades denunciadas se pueden ubicar dentro aquellas más nuevas y de menor porte que se describieron en el acápite anterior. Incluso se critica a los diarios La Nación y a La Prensa por publicitar las reuniones que estas sociedades realizaban. Si bien estas denuncias no se mantuvieron en el tiempo, algunas de las sociedades más nuevas y pequeñas hicieron explícito su apoyo a la campaña, en tanto presentían que la existencia de estas “sociedades que afectan la moral pública, que tendra en nosotros un aliado mas.” (30 de enero de 1904, La Argentina, p. 12).
La Revista de Policía también mostró su preocupación por lo que entendía como una degeneración de los fines de estas asociaciones ya que: “ahora hay sociedades que tienen por único fin el baile[…] y lo que se persigue con estos bailes es el lucro” (1 de mayo de 1904, Revista de Policía, pp. 362-363). Por esa razón, esgrimía dicha publicación en su número de mayo de 1904, estos encuentros debían ser combatido por las autoridades, entre las cuales incluía la institución policial que debía ser más estricta con aquellas sociedades “que no estén organizadas con la seriedad debida”, ya que se trataba de evitar
“la reunión de gentes de malas costumbres, el lucro ilícito de los organizadores y la inmoralidad de que hacen gala en esas reuniones, ya sea con el corte y la quebrada, o con otros ademanes, o de palabra” (1 de mayo de 1904, Revista de Policía,pp. 362-363).
En una segunda nota la revista informó que la dirección de la Policía de la Ciudad de Buenos Aires había tomado nota de la situación instruyendo a la Comisaría de Investigación para que persiguiera aquellas sociedades que mostraran estar motivadas en el lucro, ya que infringía la normativa vigente (16 de mayo de 1904, Revista de Policía, p. 379).
Desde un diario de reciente aparición, se señalaba que en los bailes que realizaban algunas sociedades se dejaba ingresar con mucha facilidad a cualquier tipo de personajes, entre los que mencionaba a “compadritos de chambergo”, pero también a “la muchachada diabla”, que provocaban todo tipo de incidentes y procedían a “decir todo clase de impertinencias a las bailarinas”. Ante lo cual se imponía según el vespertino, una severa reglamentación que las separe de “aquellas muchas otras, que efectúan bailes periódicamente sin el fin de lucro y con el único fin de pasar un instante de expansión franca y sincera, en un ambiente familiar y culto" (23 de octubre de 1906, La Razón).
Este señalamiento de que algunas asociaciones no ejercieron el derecho de admisión, posiblemente estuviera centradas en conseguir una concurrencia mínima que permitirá sufragar los gastos que ocasiona la organización del evento (centralmente el alquiler del salón). Para pequeñas asociaciones que necesitan recursos, esta cuestión no debería ser un tema menor.
Sobre el acusación del carácter comercial que habían asumido ciertas sociedades, bajo la dirección de líderes que se incorporan a la expansión del baile social, no hay información adicional sobre quiénes fueron estos líderes barriales, que mostraron un comportamiento diferente. Una hipótesis es que aquellos que organizaron clandestinamente bailes en los trasfondos de cafés o almacenes, que fue una modalidad habitual en el entresiglo porteño utilizaran como máscara institucional la realización de los mismos como si fueran organizados por asociaciones para evitar sanciones o multas.
Desde un periódico se señalaba que algunos directivos enfocaban su tarea organizadora de bailes sociales, centrados en la cantidad de danzarines (se señalaba que podían llegar a ser hasta 25000) que concurrían a los eventos los sábados y domingos, lo que era visto como un mercado lucrativo (3 de marzo de 1907, El Diario, p.1).
En su expansión el movimiento recreativo parece haber abarcado nuevos contingentes de porteños, algunos de los cuales ya no se movilizaban por impulsar una recreación de acuerdo a códigos de urbanidad, sino simplemente procurarse un espacio para la práctica de baile social, una diversión en expansión en el entresiglo, sin preocuparse por determinar normas de una sociabilidad “decente”. En cualquier caso, lo que dejó en evidencia la frecuencia de denuncias realizaron desde distintos medios de prensa, es que este fenómeno de las “sociedades de negocio” aunque no es fácil cuantificar su importancia, no parece haber alcanzado más que un pequeño aunque discordante grupo de asociaciones recreativas.
Conclusiones
La expansión del baile social en general y del tango en particular desde fines del siglo XIX en Buenos Aires, estuvo marcada por una multiplicación de espacios de esparcimiento. Entre estos merece mencionarse a las sociedades recreativas, que a pesar de su amplio alcance social ha recibido escaza atención en la literatura, en especial cuando se describe su papel en la evolución del tango.
Si bien se fundaron organizaciones de orfeones y recreativas desde la segunda mitad del siglo XIX, en particular vinculadas a comunidades inmigratorias, este movimiento asociativo tuvo un fuerte crecimiento en los años del entresiglo. Las nuevas asociaciones se caracterizaron por ser más pequeñas y menos estructuradas, con predominio de socios nativos y alentar objetivos más circunscritos, ligados principalmente a la organización de baile para sus asociados.
Más allá de la heterogeneidad en cuanto a dimensiones y presupuestos de las diferentes asociaciones, las modalidades de interacción desarrollada por estas entidades serán similares, centrada en la participación de las familias como núcleo de los encuentros y cumplir normas de civilidad en las reuniones que organizaban. Esto se alcanzó a través de una activación de las comisiones directivas para hacer efectiva esta moralidad práctica. Se trató de disposiciones que buscaban generar un entretenimiento controlado. Los bailes debían conducirse asumiendo comportamientos y coreografías con moderación. Hubo algunas sociedades que se comportaron de manera diferente, centrándose en generar espacios de diversión sin restricciones morales estrictas, presumiblemente orientadas al lucro, pero su peso fue minoritario.
El tango ingresó a esos espacios desde fines del siglo XIX, como lo también lo hizo en otros ámbitos, pero el vínculo que se estableció con el género en estas reuniones recreativas fue diferente, en tanto se permitió solo al estilo de baile liso, censurando las figuras coreográficas del estilo criollo, connotadas de mal gusto e inmorales. En las reuniones de las sociedades recreativas se fue conformando una mediación del gusto, una “apreciación colectiva e instrumentada” distinta del tango (Hennion, 2010, p.32).
Este artículo se muestra que esta elección fue congruente con el tipo de sociabilidad específica que desplegaron en sus eventos sociales, signada por pautas morales y de urbanidad. Dado la amplitud social que alcanzo el movimiento fue un impulso significativo en la masividad que estaba logrando el nuevo género musical. La historiografía tradicional del tango (Cañardo, M. 2014-2015, p 148) no solo ha producido una relato sesgado sobre los distintos lugares donde el baile de tango incursiono en sus comienzos, sino que desconoció que el camino de su ampliación social de sus escuchas se logró incorporando distintas apropiaciones de sus músicas y sus coreografías.
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Recibido: 15/03/2024
Evaluado: 19/05/2024
Versión Final: 25/05/2024
páginas / año 17 – n° 45/ ISSN 1851-992X /2025
[1] Agradezco las correcciones y propuestas a la primera redacción de este artículo, que realizo Dra. Guillermina Guillamón, así como también a los dos evaluadores de la revista que indicaron y sugirieron cambios para mejorar su comprensión.
[2] El orfeón es una sociedad de cantantes en coro, sin instrumentos que los acompañen.
[3] Ejemplos de nombre de sociedades con referencias a barrios son Los Unidos de Barrancas al Norte, Juventud unida del Norte, Unión Maldonado, Juventud Unida de Barrancas, Sobre los oficios Marinos Leales, Obreros Curtidores; en cuanto a los que se identifican con referencias ideológicas podemos citar a Centro recreativo Unión Liberal, Adelante los que quedan y Centro Los democráticos.
[4] Entre las registradas en el censo se puede mencionar Orfeón del Oeste, Orfeón de Almagro, Unión Maldonado, Los Amantes del Oeste, todas nacidas en el nuevo siglo.
[5] Otros casos en el mismo sentido la comisión auxiliar de señoritas de la sociedad José Petray (29 de marzo de 1908, La Prensa, p. 9). También la comisión de señoritas de la sociedad El progreso de Villa Crespo (12 de octubre de 1904, La Argentina, p. 12). En todos los casos se organizan bailes o se hacen bailes en su honor.
[6] Hay reiterados indicios de reuniones de bailes informales durante esos años, que registra la policía. Ver en Revista de la Policía (16 de abril de 1902, A puertas cerradas, p. 376; 16 de junio de 1902, Música, p 29-30; 1 de enero de 1903, Sobre órganos y detenciones, p 240).
[7] Ver por ejemplo la sección “sociedades” (14 de marzo de 1903, La Prensa, p.7); lo que se dice en la sociedades (11 de diciembre de 1903, La Argentina, p. 13); y “sociedades” (21 de febrero de 1903, 18/2/1905, 12 de agosto de 1905, 20 de abril de 1907, 25 de abril de 1908, Caras y Caretas). En todos los casos solo se realizan bailes solamente.
[8] Ver por ejemplo la sección “Centros sociales” los días 22 de marzo de 1908, pág. 11; 23 de marzo de 1908, 28 de marzo de 1908, p. 11; 29 de marzo de 1908, p.9; 13 de abril de 1908, p.9 del diario La Prensa y la sección “En las sociedades o sociedades”, los días 5 de febrero de 1910, p. 10, 12 de febrero de 1910, p.9; 13 de febrero de 1910, p. 9; 5 de marzo de /1910, p.11 de La Nación.
[9] Era una imputación reiterada que realizo parte de la prensa porteña, un ejemplo en ese sentido por la importancia como periodista y crítico teatral es la que realizo J. P Echague (1908).